El fútbol es, además de un deporte, el reflejo de las luchas, los anhelos y la identidad de quienes lo juegan y lo siguen. Juan Román Riquelme, idolo del club Boca Juniors, emerge como una figura que va más allá del campo de juego. Es un líder negro, que desafía el statu quo con su orgullo negro, con su conciencia y la búsqueda de poder para su gente.

Riquelme sabe muy bien quién es. Es Román, hijo de María y de Cacho, de Don Torcuato, bostero gracias a su papá, un villero, un negro que llegó a donde llegó sin chuparle el culo a nadie (dixit). Román lleva consigo el orgullo de ser negro. No es solamente una cuestión de piel, sino la esencia misma de su identidad. En sus palabras y acciones, destaca la importancia de la familia, la comunidad y sus raíces. En un mundo que a menudo intenta desdibujar las líneas que definen las identidades, Román nos recuerda que la conexión con nuestras raíces es crucial para una existencia significativa.

 

Román, además, es un negro que no baja la cabeza, que se sabe igual a cualquiera y manda a pasear a todo aquel que pretenda insinuarle lo contrario y le hace frente a los que pretenden pisotearlo. Por eso definió el boicot a las elecciones del club perpetrado por la fórmula del establishment, como “la batalla de nuestras vidas”.

En abril de 2001 Román hizo el ahora famoso gesto del Topo Gigio, desafiando al poder blanco del fútbol argentino. Reclamaba primas y premios adeudados y renegociación de ingresos en vistas del alto rendimiento que se le exigía y los sobresalientes resultados conseguidos. El poder lo había mandado a quedarse en el lugar que “le corresponde a los negros” y a agachar la cabeza. Román contestó con el Topo Gigio. Reclamar lo que era suyo se convirtió en un gesto de rebeldía, de resistencia, de orgullo negro. La batalla comenzó entonces. Román expuso el maltrato y las arbitrariedades de una dirigencia compuesta de prepotentes hombres de traje que no se acercaban a la pelota pero que se adjudicaban los triunfos; que hacían negocios con el trabajo ajeno pero no socializaban las ganancias con los jugadores que ponían el cuerpo y ganaban los partidos. Algunos intentaron desmerecer la postura ética y política de Román de desafío al poder, llamándolo “resentimiento de clase”. No es resentimiento, es conciencia negra. El intelectual sudafricano Steve Biko definía a la conciencia negra como algo más que un reconocimiento superficial de la pigmentación de la piel. Es una actitud mental, es saberse perseguido políticamente, explotado económicamente y marginado socialmente.

Riquelme haciendo el mitico “Topo Gigio”.

Mucho se ha hablado de no mezclar las cuestiones del club con la política, como si la política fuese algo malo en sí mismo. La política es la vida de la polis, la vida en sociedad, por lo que a todos y todas nos compete comprometernos con ella. En este caso la polis vendría a ser el club y, para todo socio y socia la política del club resulta fundamental ya que define el proyecto institucional. Qué tipo de club, para quiénes, con qué fines, etc. Román ha decidido disputarle la hegemonía al poder blanco, un poder traficante de influencias que controla grandes medios de comunicación y una parte del poder judicial. Han allanado el club, diseminado fake news y ahora hasta han mandado al poder judicial a cancelar las elecciones. Román se mantiene firme. Su capacidad para movilizar a la comunidad boquense, para hacerles ver que pueden organizarse y ejercer su poder, trasciende los límites del fútbol. Es un llamado a la unidad y a la autonomía. En palabras del intelectual afrodescendiente Stokely Carmichael (Kwame Ture) en su libro “Poder negro” (libro prohibido por la última dictadura militar en el Decreto S 268/1977, con firma del propio Videla), “La gente negra debe orientar y dirigir sus propias organizaciones. Sólo gente negra puede sustentar la idea revolucionaria -y es una idea revolucionaria- de que la gente negra puede hacer las cosas por sí misma. Sólo ella puede contribuir a crear en la comunidad una conciencia negra despierta y constante que proporcione la base para la fuerza política.

La llegada de Juan Román Riquelme a la presidencia de Boca consumará la máxima del poder negro: una organización negra es aquella que no solo vela por los intereses de los negros y está integrada por negros, sino que, fundamentalmente, es dirigida por negros. Negros con conciencia negra, negros con orgullo negro, eso es Juan Román Riquelme. Él es poder negro. Su ejemplo se erige como un faro que irradia dignidad. Es un llamado a la autonomía y a la resistencia que va más allá de las canchas de fútbol.