El síndrome de la gata Flora. Un economista no K se sorprende de la estulticia y mala fe gorilas

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Y ya que estábamos con La Voz del Interior y de pura casualidad (porque el "recorte" me lo mandó Oscar Balestieri) publico esta nota de un economista cercano al radicalismo que le concede la razón al gobierno nacional. Quizá Néstor Kirchner haya estado en las antípodas de la perfección, pero cada vez que veo su rostro asimétrico pienso en la inconmensurable suerte que hemos tenido que un hombre con sus virtudes y defectos haya conducido la política económica con una mano izquierda de seda y un puño derecho de hierro, librándonos de la pesada mochila que ahoga a las demás naciones. Es una suerte comparable a la de que Messi sea argentino y no deja de sorprenderme que haya tantos ingratos (no a Kirchner, sino a la vida) con anteojeras que consideran que su progreso material es obra del cielo y justa recompensa a sus presuntos merecimientos.       

Todo es del color del cristal con que se mira

La Argentina reducirá el pasivo contraído con acreedores privados a una cifra muy baja, que en 2013 exigirá disponer a ese efecto nada más que 4.500 millones de dólares.

Por Salvador Treber* / La Voz del Interior

La vigencia de distintos enfoques, no siempre expuestos con la rigurosidad necesaria, hace bastante difícil al lector no especializado sobre aspectos básicos de la situación y política económica adoptar con fundamentos una posición propia sobre ciertas facetas que le incumben en muy alta medida.

Esta situación es bastante frecuente en el ámbito de las ciencias sociales, pues no son exactas y permiten asumir diversas posiciones, según los principios liminares a que se adhiera, sea racionalmente o por mera intuición.

Es lo que está sucediendo actualmente en la valoración del programa de desendeudamiento que viene cumpliéndose en la Argentina. Este proceso, después de cancelar el importante compromiso de 3.400 millones de dólares, que vence el 7 de diciembre próximo, reducirá el pasivo contraído con acreedores privados a una cifra muy baja, que en 2013 exigirá disponer a ese efecto nada más que 4.500 millones de dólares en todo su transcurso.

Por otra parte, el monto que quedará pendiente para ser atendido en los años subsiguientes totaliza apenas 19.300 millones de dólares.

Era de suponer que, al margen de errores, ambigüedades y hasta ciertas torpezas, esta acción del Gobierno satisfaría las expectativas de todos. Sin embargo, sorpresivamente, aparecen acerbos críticos que no la aprueban.

Conviene tener en cuenta que a nivel internacional, la magnitud de las respectivas deudas –tanto pública como privada– está ahogando a la mayoría de los principales países del Hemisferio Norte sin permitir una recuperación, pese a que han transcurrido algo más de cuatro años.

Los planteos críticos antes señalados son muy poco comprensibles. Argentina, durante el lapso 2003-2011, ha logrado que su producto interno bruto (PIB) crezca en un inusitado 87,9 por ciento –lo cual no tiene antecedentes en ninguna época de nuestra vida independiente–, pero son más los objetores de la gestión que quienes la consideran buena o, por lo menos, aceptable.

Semejante juicio de valor, que se expone como si fuera la única verdad admisible, aparece como consecuencia de prejuicios e intencionalidad que procuran desvalorizar todo lo que haga el Gobierno, sin excepción. Y ello resulta problemático para el país.

La deuda en el mundo

En oportunidad de establecerse las condiciones para la creación del Eurozona, se resolvió imponer a los componentes que sus respectivas deudas públicas no debían ser superiores al 60 por ciento del producto bruto interno, para que no pusieran en riesgo la estabilidad de un país.

Dado que había varios miembros que excedían con amplitud ese virtual «techo», debían comprometerse a corregir esa irregularidad.

En ese momento el caso más conflictivo parecía ser Italia, donde dicho indicador llegaba al 117,4 por ciento, seguido por Bélgica, con un 107,9 por ciento.

Transcurridas dos décadas desde la formación la Eurozona, tales relaciones no han bajado un ápice y es obvio que la conducción centralizada actuó con un alto grado de tolerancia, lo cual, en buena medida, coadyuvó a hacer más grave los desajustes que sufren en la actualidad.

A nivel mundial, Japón constituye el testimonio paradigmático, pues esa relación es la más elevada. Asciende a un insólito e inusitado 229,8 por ciento.

El proceso por el que llegó a semejante distorsión fue paralelo a la pérdida de presencia internacional y a las condiciones logradas en el período 1950-1990.

Por entonces, protagonizó una transformación tan extraordinaria, ubicándose como segunda mayor potencia, incluso con aspiraciones de llegar a la cúspide.

La situación pasó luego a revertirse y, al cabo de 10 años de estancamiento, tuvo inicio una caída que no encuentra límites. Su enorme pasivo sectorial es la máxima evidencia.

En cuanto a Estados Unidos, hasta la eclosión de septiembre de 2008, dicha deuda de 7,8 billones equivalía al 54,9 por ciento del PIB. Pero desde entonces, comenzó una acelerada suba, a punto tal que hoy supera los 15,3 billones. Y, según surge de los anuncios del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, acrecería próximamente en un billón más, pues la administración intentará inyectar liquidez y reactivar el mercado.

En nuestro continente, Brasil, que poco antes que nosotros canceló su deuda con el Fondo Monetario Internacional, ha logrado bajarla tanto en términos absolutos como relativos, de forma tal que para fines del presente año, la relación se ubicaría en el 66,2 por ciento del PBI. La particularidad es que todas las obligaciones son pagaderas en moneda local.

Otro ejemplo digno de especial atención es el de Perú, donde la actividad económica ha venido creciendo a un ritmo promedio del 5,2 por ciento y paralelamente se verifica un descenso de su deuda externa, que a la fecha registra un notable índice del 21,6 por ciento del PIB.

Bastante parecida es la realidad de Colombia, llegando la antes mencionada relación a un 34,7 por ciento.

Los comentarios relativos a estas conducciones, sin excepción, han sido muy elogiosos y dignos de gran encomio.

La realidad argentina

No hay en todo el planeta antecedentes de haber logrado una evolución tan rápida y positiva como la de nuestro país en este aspecto. Sin embargo, son muchos los críticos que formulan una catarata de objeciones. Sostienen que había que conservar más reservas y endeudarnos nuevamente.

¿Por qué será que lo mismo que tan calurosamente elogian para Brasil, Perú o Colombia merece un juicio tan adverso cuando se trata de Argentina? Cabe recordar que el tema fue muy álgido entre 1974 y 2002, pues en ese lapso dichos pasivos se elevaron de 7.850 millones de dólares a casi 200 mil millones. Es decir, ¡más de 25 veces¡

Resulta evidente que muchos seudoespecialistas integran grupos económicos hegemónicos que nada tienen que ver con los legítimos intereses del país. Son los mismos que impulsaron y siguen manteniendo la vigencia del tipo de cambio denominado » blue «, en procura de forzar una macrodevaluación.

Desde la primera, en diciembre de 1958, hasta la última, ocurrida en 2002, las devaluaciones siempre han traído miseria y mayor concentración de la riqueza en la cúspide, lo cual es genuinamente patriótico evitar que vuelva a reiterarse.

*Profesor de posgrado de Ciencia Económicas de la UNC.


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