JOSÉ LEÓN «PEPE» SLIMOBICH. A tres años de su desaparición

No suelo registrar las fechas de los fallecimientos, ni siquiera la de mis padres y me figuro que tampoco tendré registro de la mía. Si estoy consciente, supongo que pasaran por mi mente cosas más importantes. Así que me sorprendió recibir de su hermana Irma este enlace para ir a Facebook. Por constatar el tiempo que ha pasado desde que dejé de gozar de la siempre cálida amistad de Pepe y más desde nuestra última cena en Pepito, cuando nada me permitió presagiar que ya no lo vería más. Y es que Pepe fue muy pudoroso y no me comentó en absoluto la gravedad de la evolución de la enfermedad que padecía. Fue después de su deceso que comprendí que esa fue su manera de despedirse. Recuerdo, si, que entonces se condolió conmigo de la reciente partida de Raúl Enrique Blanco (Teodoro Boot) al que apodaba «el gaucho». Abogué con éxito para que sus cenizas fueran arrojadas al río como lo habían sido antes las de Raúl, las de mis hermanos Luis y Pablo, las de Spinetta y John William Cooke entre otros muchos compañeros. Y dónde espero también que vayan a parar las mias pues como dijo el poeta «nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar»… y aún de no llegar a ella, me parece más lírico servir de alimento a los peces de agua dulce y no a los gusanos.
Pepe era un ser extraordinario, polifacético. Plenamente consciente de que sus talentos, de no haber sido una buenísima persona, le podrían haber permitido convertirse en un gurú y vivir del cuento (y eso que todavía no había visto a jóvenes y viejos pelotudos votar a Milei) fue un psicoanalista poeta con marcada inclinación política y en sus últimos años gran animador de Carta Abierta. Y, sobre todo, insisto, un amigo de extraordinaria perspicacia para intuir, casi adivinar estados de ánimo y causas de sus altibajos ofrecer posibilidades de superación de los baches y compartir alegrías.
Si importancia en mi vida fue sustantiva. Fue el editor asumiendo todos los riesgos de mi primer libro (escrito junto a Julio Villalonga, que también no había dejado, ya no recuerdo si antes o después), el Gorriarán, La Tablada…
Lamento en su despedida, a la que pertenecen las fotos subidas por Irma a FB, no haber grabado la sentidas, emocionadas y elocuentes palabras de Ricardo Forster a quien Pepe había secundado en la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura.
En las fotos se encontrarán con sus hijes y amigues, entre los cuales veo de vez en cuando al abogado y escritor Carlos Tobal. Precisamente fue Tobal quien me envió el pasado 20 de julio este tango de Hugo Gutiérrez entonado por la voz cavernosa de Edmundo «Leonel» Rivero.
Pepe era un gran tanguero y este «Amigos que yo quiero» sintetiza muy bien nuestro sentimientos.
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