JULIO DE VIDO: Su injusta, arbitraria y vengativa prisión so pretexto de una causa prescripta nos pone en un brete

La pasividad del campo nacional y popular alienta el revanchismo del gorilaje macrimileista. Si no reaccionamos, se nos aplicara lo del cocodrilo que amaneció cartera. Por lo que convocamos a hacernos presentes frente a los tribunales federales de la avenida Comodoro Py (lugar al que un abogado judío llamaba con vitrólico humor negro «La casa de Caifás», mañana. martes a partir de las 11.
Por suerte, como se verá, el peronismo está reaccionando, y en las últimas horas lo han hecho, entre otros, sus senadores nacionales, el gobernador Kicillof y la práctica totalidad de los intendentes bonaerenses.

Julio De Vido es el símbolo ineludible de la ingente obra pública de los gobiernos de Néstor y Cristina. Haber dejado que se le quitaran los fueros de diputado cuando no había ningún motivo valedero para ello ha sido, a mi juicio, uno de los mayores errores –por no decir horrores– del peronismo, pues equivalió tácitamente a dar por buenas las acusaciones que Elisa Carrió y otres hacia por la supuesta corrupción de las obras públicas de los gobiernos kirchneristas, lo que nunca se probaría.
Que De Vido haya sido devuelto a la cárcel sólo ratifica la corrupción terminal del fuero federal porteño y del obsceno triunvirato que conforma el máximo tribunal. El mismo que ha justificado que Macri ordenara espiar a los familiares de los infortunados marinos del ARA San Juan por «razones de Estado» (?).
En este caso, por una causa que está prescripta.

Que el peronismo en sus distintas vertientes no haya puesto todavía un «grito en el cielo» en su defensa (y en la de Guillermo Moreno, condenado a instancias y presión de Héctor «papimafi» Magnetto) y que haya sido institucionalnente tan avaro para solidarizarse con Amado Boudou y Luis D’Elía cuando fueron encarcelados, abonó, a mi juicio del hecho de que no se armase ningún quilombo cuando se efectivizó la injusta proscripción y detención de Cristina.
Es más: la flojedad de los reclamos por la libertad de Milagro Sala creo un nefasto antecedente. En este puntom el pusilánime Alberto Fernández (que no quiso indultarla arguyendo que eso contrariaría la Constitución cuando había ofrecido indultar a Cristina, lo que las dos veces Presidenta rechazó) encabeza el podio, pero hubo muchos otros que miraron al costado, haciéndose los distraídos.
La ex diputada nacional y esposa de Julio De Vido Alessandra Minnicelli estuvo el jueves por la tarde en el Hospital del penal de Ezeiza adónde había sido conducido Julio por la mañana, luego de ser detenido.
«La situación es gravísima :
– No había tenido acceso a sus pertenencias . Estaba con una camiseta térmica y hacía 30 grados . Todavía no le habían entregado su bolso que estaba en revisión.

«Los pueblos son grandes cuando tienen hombres que no se arrodillan»

Escribe Artemio:
Salvador Mari del Carril le escribe a Lavalle en una carta de esas que «se leen y se rompen» -según recomienda- que fusile a Dorrego. Un nadie en la historia. Tres ignotos que la historia les tiene reservado el rincón más oscuro del olvido confirman la condena a Julio De Vido. Es una condena que también la alimentaron los cobardes mentecatos que se permitieron dudar de él por su mala prensa, sin elementos. Hay hombres que encarnan, con su sola presencia, la historia viva del peronismo. Hombres de acción, de pensamiento y de coraje. Hombres que no se doblan ni se venden. Julio De Vido es uno de ellos.

Fue injustamente perseguido, sometido a una maquinaria judicial y mediática diseñada para disciplinar a quienes nunca se arrodillaron. Lo hicieron blanco de imputaciones alevosas, de operaciones que buscaron manchar su nombre, pero no pudieron quebrar su convicción.Ni el odio de los poderosos ni la traición de los tibios lograron alterar su compromiso con el proyecto nacional y popular. Lo vi bancar la parada cuando el viento venía en contra y muchos se escondían detrás del “yo no fui”. Lo vi caminar con la frente alta mientras le arrojaban piedras los que nunca levantaron una pared. Lo vi resistir, sin pedir permiso, la persecución más vil y descarada de los últimos tiempos. Y lo hizo como hacen los hombres de convicción: en silencio, con dignidad, sin renegar de su historia ni de sus compañeros.
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De Vido es, en el sentido más jauretcheano del término, un hombre del pueblo que supo manejar la herramienta del Estado sin perder la esencia de obrero militante. No vino a administrar la miseria ajena, sino a proyectar grandeza colectiva. Creyó —y sigue creyendo— que el progreso no es un número en un PowerPoint, sino una ruta asfaltada, una fábrica abierta, una casa con luz, un país de pie. Por eso lo castigaron: porque no se dejó domesticar, porque no pidió disculpas por ser peronista, porque no cambió de idioma cuando cambió el viento. En esta tierra, los mansos suelen recibir premios y los valientes, causas judiciales.
Pero la historia no se escribe con editoriales ni con fallos a medida: la escribe el tiempo, y el tiempo suele darle la razón a los que resistieron por amor a la Patria. Gracias, compañero, por la entereza, por la lealtad sin dobleces, por demostrar que ser peronista sigue siendo, a pesar de todo, un oficio peligroso pero hermoso. Estas rejas pretenciosas pueden alojarlo en la tristeza por los propios; pero son un oropel que lo distingue de todo el resto porque semejante revancha se explica por los intereses que tocó. En tiempos donde abundan los opinadores de café y escasean los patriotas, tu figura es faro y trinchera. Y como decía Don Arturo, “los pueblos son grandes cuando tienen hombres que no se arrodillan”. Julio De Vido es, sin duda, uno de ellos.
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Por su parte, escribió Roberto Feletti:
«Julio de Vido fue el brazo ejecutor de la gran transformación de la Argentina que condujeron Néstor y Cristina. Miles de kilómetros de gasoductos, la puesta en órbita de un satélite, la Red Federal de Fibra Óptica, centrales nucleares, fueron sólo algunos de los hitos que marcaron su gestión. Estamos hablando probablemente del mejor ministro que tuvo el país desde 1983 a la fecha. Hoy es víctima de la persecución judicial y un preso político peronista, que está siendo sometido al maltrato y el abandono en el hospital penal de Ezeiza, según nos cuenta su compañera @institucional1.
Muy elocuente fue también Gustavo Paura («El mensajero del zar») y es bueno destacar que a diferencia de otros comunicadores estuvo siempre y desde un primer momento ejerciendo una tenaz defensa de Julio, que siempre tuvo oportunidad de explayarse en su programa:«Dicen que en cada pueblo hay un silencio que pesa más que las palabras.
Un silencio hecho de puertas que se cierran, de causas que nadie explica, de nombres que se repiten en los pasillos oscuros de los tribunales como si fueran un eco eterno. En nuestra historia reciente, ese silencio volvió a crecer. Creció sobre hombres y mujeres que un día dedicaron su vida a construir, a imaginar un país más digno, y que encontraron, en vez de reconocimiento, un tribunal dispuesto a torcer la verdad.
En el corazón de esa injusticia se encuentra la figura de Julio De Vido, pero no solo él: detrás hay historias, familias, corazones que laten todavía con la esperanza intacta. Hay miradas que saben que el país se hace con aciertos y errores, pero nunca con persecuciones. Que la república no se defiende fabricando culpables, sino garantizando derechos.
Cada compañero que hoy sufre la sombra de una acusación infundada lleva consigo una parte de la historia argentina. Son ladrillos vivos de una patria que se construyó con obra pública, con planificación, con sueños colectivos. Y verlos caer bajo un poder judicial que no siempre mira con la misma vara es ver caer algo más profundo: la fe en aquello que llamamos justicia.
Pero este pueblo tiene una memoria larga.
Tiene espalda, tiene voz, tiene corazón.
Y cuando uno de los nuestros cae injustamente, no cae solo: lo sostiene la solidaridad, la comunidad, la convicción de que nadie debe ser abandonado ante la arbitrariedad.
Por eso hoy, más que nunca, se levanta una demanda simple, pero poderosa: JUSTICIA.
Justicia para los perseguidos.
Justicia para los encarcelados sin pruebas.
Justicia para todos los que llevaron adelante proyectos que cambiaron la vida de millones y que hoy enfrentan un aparato judicial que no perdona la lealtad al pueblo.
No es un pedido partidario: es un pedido humano.
Es el reclamo de un país que sabe que sin igualdad ante la ley no hay república posible.
Es la voz de quienes no naturalizan la persecución.
Es el abrazo que se da entre compañeros, amigos, vecinos, ciudadanos que no aceptan que la democracia conviva con la arbitrariedad.
La historia argentina está hecha de luchas.
Y esta, la lucha por la justicia verdadera, es una de las más dignas.
Se ilumina con la épica de los que no bajan los brazos, con el coraje de quienes denuncian lo que otros callan, y con la esperanza de que un día la verdad, simplemente la verdad, vuelva a ocupar el centro de la escena.
Hasta que eso suceda, no habrá silencio capaz de apagar esta voz del pueblo peronista.
Acompañame.
Por suerte, Esteche, Feletti, Iramain y Paura no estuvieron solos y aparecieron otras adhesiones, entre ellas las de los senadores nacionales peronistas y práctica totalidad de los intendentes peronistas de la Provincia de Buenos Aires y de su gobernador:

Vamos por partes



Otra víctima del Estado Profundo. Parece que en LA, como en España, el poder judicial se ha convertido en la estrella del Estado Profundo. Y es una nueva situación para la cual, la sociedad no está preparada para hacerle frente.