OPINIÓN – ALIMENTOS: El problema más acuciante: los precios siderales del pan, la carne y la leche

Hay dos temas centrales a resolver sin lo cual el Gobierno no podrá tener éxito, el más acuciante es el del aumento desmedido y continuo de los alimentos, y el segundo el Lawfare instrumentado por el imperio y sus aliados locales, comenzando por una Corte Suprema corrompida hasta los tuétanos.

Aqui, Aníbal Fernández se refiere al primer tema, y Teodoro Boot (foto de presentación) hace un certero análisis de las dificultades que se presentan y que no es posible eludir.

Cliqueén primero aquí: https://www.facebook.com/anibalfernandezpaginaoficial/videos/731445867490846/

Y después lean a Boot:

Esto sólo puede resolverse a, con suerte, mediano plazo. No se resolvió durante el gobierno de Néstor ni, mucho menos, en el de Cristina, ni esos aumentos desproporcionados de los alimentos se pudieron frenar ni con la estrategia de Guillermo Moreno ni con la de Augusto Costa, así como ahora tampoco se pueden resolver con la de Paula Español. Lo que sí ocurrió durante los gobiernos de Cristina fue que los aumentos de los ingresos populares fueron, en general, mayores a los de la inflación, pero me parece que no fueron superiores a los aumentos de precios de los alimentos. En todo caso éstos alimentaron la inflación, que fue el principal problema económico, al menos visto con los ojos de la mayoría de la población. El punto, me parece, es que todas las estrategias de control de precios llevan a profundizar las causas de la arbitrariedad porque aumentan la concentración de la estructura productiva. No me parece un asunto sencillo, pero es imprescindible empezar de una buena vez por desmontar la implacable trampa armada por el menem-cavallismo, tanto la del Mercado Central como la de la prohibición de la faena de animales en los mataderos municipales, decisión que llevo a la quiebra de la mayoría de los frigoríficos existentes en la década de los ’80. A la desconcentración la ayuda, un poquito, la ley de góndolas, pero no los acuerdos de precios que se anuncian pero jamás se ven, ni los gritos de Moreno ni las apelaciones de Aníbal: hay que ir a la raíz del asunto, y esto es la democratización de la estructura productiva, para lo cual es necesaria legislar, pero también es imprescindible la activa intervención de los intendentes así como la del Ministerio de Agricultura. Para lograr la organización de los productores, la simplificación de la comercialización y establecer líneas de crédito, capacitación y auxilio técnico.

Un ejemplo de hace dos días: tuve que pagar por un pimiento rojo y uno verde, para una comida que hice para Nochebuena, casi cien pesos, el doble de lo que costaba hace quince días, en medio de la época de la temporada, la de mayor oferta de  pimientos. Pero no volveré a comprar ninguno más, por lo menos hasta dentro de 15 días, cuando volverá a costar la mitad o menos de lo que cuesta hoy, porque de otro modo se lo meterán donde la espalda pierde el nombre. Pero eso no ocurrirá con la carne, porque los precios los manejan un cartel de unos 15 frigoríficos que te venden a precios de exportación los cortes que no se exportan.

Si no se elimina la intermediación especulativa y no se reflotan los cientos de frigoríficos cerrados, si no se facilita a los carniceros de pueblo comprar directamente en el remate y no se fomentan las asociaciones de carniceros de las ciudades pequeñas para comprar lotes de vaquillas en la feria y carnearlas en los mataderos de las ciudades (que hay que volver a abrir, y en muchos casos, volver a montar) no das ni el primer mínimo pasito para resolver el problema. ¿Por qué no se hace? Sospecho que por lo mismo que no se hizo entre el 2003 y el 2015: Porque lo urgente impide llegar a lo importante y presumo que porque siempre hay alguna mano negra interviniendo, de un modo u otro.

Es necesario reformular el ministerio, o gran secretaría o superprograma y poner al frente del mismo a Paco Durañona o algun otro que como él, entienda el problema y haya hecho, en pequeña escala, algo para resolverlo.

En síntesis: que hay que organizar la producción y la comercialización desde la propia producción y no desde el consumo concentrado.

 

 

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