Hernán Arbizu: guía para fugar capitales y sobrevivir a la cárcel en Estados Unidos

 

POR JULIO DE BONIS / ALMAGRO

ILUSTRACIONES: LU PONTEVILLE

A Hernán Arbizu, el arrepentido del JP Morgan, están a punto de negarle la renovación del registro por fallar en el test psicológico. No puede imitar simples figuras, ni alinea bien los puntos. Si bien siente angustia, cuando le preguntan si acaba de vivir alguna situación traumática no se anima a decir la verdad. Es que no sabe por dónde empezar. Quizás, pudiera comenzar a contar cuando quedó detenido en el juzgado de Manhattan y experimentó lo que para él fue un descenso al infierno, su primer día en la cárcel, el principio de su estadía en el San Onofre neoyorkino.

Fines de junio del 2016. El ex banquero argentino entra en el juzgado del Distrito Sur de Nueva York en Manhattan. Está acusado de haber realizado 13 transferencias ilegales bajo una carátula que presenta un rival complicado: Estados Unidos contra Hernán Arbizu. Ya existe un preacuerdo con la fiscalía, pero ésta todavía debe comprobar si su testimonio es relevante para aceptarlo como arrepentido. Durante el período que dure el análisis de su colaboración quedará preso, él ya lo sabe, y como la cárcel donde se alojará hasta que dicten sentencia está frente al juzgado, no es necesario salir del edificio para que el martirio comience.

Por eso, tras escuchar que en inglés le dicen que “queda bajo custodia”, el contraste no pudo ser mayor. Del edificio de la corte federal con su piso de madera antiquísimo, sus ventanales que pintan el hermoso paisaje de Manhattan, los relucientes asientos vacíos de los jurados y la imponente tarima del juez, Arbizu atraviesa una puerta en compañía de un Marshal (la policía judicial norteamericana) y tras bajar por un ascensor con rejas, diferente a aquel por el que había subido, recibe una bocanada de lo que será su estadía en prisión.