Lo de YPF se caía de maduro

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Curiosamente, y en contraposición a los dos post anteriores, en los que José Pablo Feinmann y Martín Rodriguez manifiestan su sorpresa por la nacionalización de YPF, hace ya una semana me llegó esta nota de otro compañero (que no quiere dar el nombre porque dice comprensiblemente que éste no es el momento de criticar, sino de apoyar) dónde, de movida, sostiene lo contrario: que se trató de una jugada obligada, casi cantada. Lo que no quita que manifieste su alegría porque se haya producido y, de paso cañazo, proponga que se prohiba la exportación de crudos y combustibles.

Lo de YPF se caía de maduro porque de otro modo este proceso se iba al carajo. La energía no sólo está en la base de la estructura económica sino que también iba a haber una importación creciente de naftas, lo que licuaría el superavit comercial. Ese fue siempre el kharma argentino, el déficit en la balanza de pagos provocado por el aumento de la producción industrial. Kharma que por ahora se viene capeando muy bien, un poco por los altos precios de los commodities y otro por una política de detalles obsesionada por mantener el superávit.

Pero al mismo tiempo, esta política provoca grandes trastornos. Por ejemplo: el superavit comercial sale de la diferencia entre exportaciones e importaciones, pero ¿Es lícito exportar cualquier cosa?

En los granos, se impuso un cupo para consumo interno. Más allá de ese nivel, el excedente, se puede exportar todo, pero todavía no se eliminó el decreto de libre disponibilidad de combustibles ni se modificó la Ley de Hidrocarburos, cosa necesaria porque no se puede seguir haciendo lo de los últimos seis años (y en esto tienen razón los opositores cuando increpan al gobierno) que consistió en autorizar la exportación de crudo, lo que trajo como consecuencia la necesidad de importar naftas.

Fue así que el país perdió el autoabastecimiento petrolero, que nos costó 50 años de quilombos y golpes de estado

En otras palabras, que es imprescindible prohibir la exportación de crudo. Este es un país con petróleo, no un país petrolero, y los hidrocarburos no son commodities (como la Ley de Hidrocarburos todavía sostiene) sino “recursos no renovables de caracter estratégico”, como viene diciendo el MORENO desde hace 15 años.

Además, exportar crudo para importar naftas es como exportar algodón para importar camisetas o vender una vaca para comprar un par de zapatos.

Por lo demás, todo bien, pero aterra la militancia kirchnerista: ahora están todos eufóricos por esta medida del gobierno, pero hace dos meses si alguien la sugería era tachado de contrera, hinchapelotas o quintacolumnista.

Pasó lo mismo con las AFJP o la Asignación universal y hasta con la Ley de Medios Audiovisuales. Ahora nadie dice ni “A” sobre los ferrocarriles y hasta hay bobos que están encantados por el traspaso de los subtes a la ciudad. Mañana, cuando Cristina decida acabar con este sistema absurdo en el que el concesionario en vez de pagar, cobra, todos van a aplaudir frenéticamente.

En fin, que hace un par de meses De Vido y Cristina hablaron del Plan Larkin de destrucción del sistema ferroviario argentino, pero el Plan Larkin se sigue ejecutando todos los días.

Uno no pide que todas las cosas se arreglen (y no digamos “de golpe”, porque el kirchnerismo lleva nueve años en el gobierno) pero sí que entre los partidarios exista un mínimo de pensamiento crítico y una actitud elementalmente creativa. Que no estén siempre esperando todo de arriba.

Así, tenemos con que en la ciudad de Buenos Aires, sin que se supiera cómo, el ABL aumentó entre el cien y el mil por ciento, según los barrios. Y por la tormenta de hace ya quince días, barrios enteros de la ciudad sigan con árboles caídos sobre las callles y montones de ramas en todas las cuadras. Y el kirchnerismo, la militancia kirchnerista, vive mirando la luna o aplaudiendo las medidas del gobierno, perdiendo una magnífica oportunidad de hacer quilombos con problemas concretos.

Por supuesto, si Cristina hablara de los árboles caídos, recién ahí verían lo que tienen delante de las narices.

Estoy muy contento con lo de YPF, pero al mismo tiempo muy embroncado o en una de esas asqueado de un montón de gente que me viene puteando, mirando torcido o raleando desde hace un tiempo por mi insistencia en la necesidad de recuperar el manejo de la energía, o de una parte de ella, y que ahora anda de lo más enfervorizada, hasta quieren que Kiciloff sea candidato a presidente y en cualquier momento se les escapa un “Que venga el principito”.

Hace unos quince días, cuando los gobernadores empezaron a hacer caer las concesiones (TODAS hechas por fuera de la propia Ley de Hidrocarburos o violatorias de los convenios desde hace más de diez años) le comentaba a un compañero que si no se armaba una empresa en la que el Estado tuviera por lo menos el 51 por ciento, iba a votar a otro partido. Se rió y me preguntó a cuál.

Así que bien contento estoy de no tener que votar en blanco.

PD: ¿Y se pusieron a ver, los que andan por acá, el grado de colonialismo mental incluso de de la prensa oficialista? Hay más cobertura mediática de lo que opinen los medios y los lobbistas españoles que de lo que se dice o se piensa acá, o análisis de las dificultades prácticas que surgirán en el futuro. Y a mí, la verdad, me importa un pito lo que digan Rajoy, el País, el Mundo o ¡el ABC! No me imagino a los españoles ocupados o preocupados por lo que diga Crónica TV o Luis Majul.


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