Los olvidos del abogado Gil
Olvidadizo Gil. No me acuerdo.
Ricardo Gil Lavedra se postula como ariete de oposición en un épico combate contra Amado Boudou y para evitar que el Congreso nombre procurador a Daniel Reposo. Ayer, dos diarios de signos opuestos lo tuvieron en sus portadas. Mientras en La Nación Carlos Pagni lo parafraseó: «Reposo es un militante K que carece de antecedentes profesionales y académicos para ocupar un cargo estratégico», en su pirulo de tapa, Página/12 lo incineró al puntualizar que la propuesta que había hecho -tras citar a una conferencia de prensa- de modificar el procedimiento para elegir al Procurador, era abstracta y al divino botón porque ya había sido efectivizada por el presidente Kirchner por decreto 558 del 2003.
Que Gil Lavedra desconozca decretos, leyes y jurisprudencia no es algo nuevo. Quien escribe hizo junto a Julio Spina la nota de tapa de «El Porteño» nº 100, allá a comienzos de los ’90, cuando la hiperinflación amenazaba al gobierno de Menem, antes de la convertibilidad. El título fue «Alí Babá y los cuarenta» y en el texto, entre otras muchas cosas, se confirmaba que el senador Eduardo Menem depositaba valijas llenas de billetes en un banco de Punta del Este. Ello no estaba tipificado entonces como delito, pero el tartufo de Eduardo proponía en el Senado no sólo que fuera incluído en el Código Penal sino que también que especificara que su pena tenía que ser de cumplimiento efectivo, en cárcel común y no conmutable ni redimible por multa.
Sintiéndose ofendido por la exhibición pública de su hipocresía, Eduardo Menem nos hizo juicio a Spina y a mi. El abogado de la cooperativa que publicaba El Porteño era un tal Aníbal Ibarra y el juicio lo ganamos por paliza, y el juez Irurzun hizo a la hora de redactar el fallo un encendido alegato en defensa de la libertad de expresión. Yo me enteré por Página/12, dónde Horacio Verbitsky dio la noticia. Otros medios se refireron a continuación a ese fallo que consideraron emblemático.
En el ínterin, en la revista Humor, su director, Tomás Sanz, había escrito un largo artículo enumerando los «Cien casos de corrupción» que arrastraba el gobierno de Carlos Menem. Del de las valijas del esteño Banco Pan de Azúcar apenas consignó su existencia en tres renglones. Ténganse en cuenta que era una enumeración de cien casos, no una investigación.
Pues bien, Eduardo Menem le hizo juicio y Tomás Sanz fue condenado en primera y segunda instancia sin que su abogado Gil Lavedra atinara a argumentar que se se trataba de un asunto ya juzgado. Y es que ni siquiera se había enterado de la existencia del juicio que eduardo Menem nos había hecho.

