PENTAGONISMO / 1: La Guerra Fría nunca acabó, advertía hace ya medio siglo el ex presidente dominicano Juan Bosch

La doctrina político-económica que reemplazó a la del imperialismo clásico

 

El ex presidente dominicano Juan Bosch (1909-2001) -derrocado por un golpe de estado tras siete meses de gobierno democrático en 1963- explicó ya entonces la nueva doctrina político-económica que venía a sustituir el imperialismo. La llamó “pentagonismo” y la definió a partir del dominio que ejerce el complejo industrial-militar estadounidense en la política exterior y doméstica de Washington desde la II Guerra Mundial, cuyo  eje se expresa en la frase “La paz no es rentable”. Así, en el exterior el Pentágono genera conflictos para crear mercados donde colocar la producción de armamentos, y en el interior instaura un ambiente de temor e inseguridad  señalando continuamente potenciales enemigos del país para que los estadounidenses accedan a sufragar con sus impuestos un astronómico presupuesto de defensa en detrimento de los gastos destinados al bienestar de la población. Una nota publicada por la revista electrónica Sputnik y seleccionada por Monserrat Mestre. Dibujos de El Roto.

 El Pentagonismo como sustituto del imperialismo, según Juan Bosch

 

 

GEOVANNY VICENTE ROMERO / SPUTNIK

Desde una panorámica más amplia, podemos ver el pentagonismo como el sustituto del imperialismo clásico porque este último queda cubierto por la sombra del pasado, aunque por una razón de lenguaje político algunos continúan hablando de imperialismo como un sistema que aún existe, sin darnos cuenta de que es la versión atrasada de una que ha sido mejorada. El pentagonismo viene a constituirse en un capitalismo industrial sobredesarrollado que más que el expansionismo le interesa el “Business de la Guerra”.

‘El Pentagonismo como sustituto del imperialismo‘, es la obra que motiva este análisis y es considerada como uno de los mejores trabajos escritos por el profesor y ex presidente dominicano Juan Bosch, uno de los pensadores más reconocidos por la historia latinoamericana moderna. En su texto, el profesor Bosch hace referencia a un sistema, que va desde lo político a lo económico, pero sin dejar de estar revestido del poder militar. Estamos hablando de la influencia del Pentágono en la política norteamericana, aunque en lugar de ubicar nuestra imaginación en un espacio geométricamente pentagonal, más que en las paredes de un edificio, mejor pensemos en un sistema de política exterior,

En mis años en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), primada de América, hacía este análisis con Fabián Díaz Casado, profesor de Política Mundial Contemporánea, y decíamos que era necesario destacar claramente un aspecto: el factor militar. Es por esto que tenemos que diferenciar el pentagonismo del imperialismo en lo relacionado a la conquista de territorios con fines de explotación, pues al sistema que dirige esta corriente no le interesa explotar pueblos, sino más bien, establecer y mantener su ámbito de influencia en la política mundial y en un orden planetario monista de cara a proteger sus intereses.Aquí tenemos que hablar de los aparatos productivos de Estados Unidos y sin duda se hace obligatorio ver la importancia del desarrollo de la industria armamentista como medio generador de recursos, que viene a sustituir el interés de explotación colonial por la colocación de mercados que compren las armas producidos en la nación del norte.

Básicamente, cuando analizamos la historia a posteriori de la Segunda Guerra Mundial vemos cómo Estados Unidos se establece como una superpotencia de la industria bélica, generándole esto de igual manera, la condición de ser una potencia económica. No tenemos duda alguna en asegurar que el profesor Juan Bosch supo de manera fina describir el contexto coyuntural en que se da este salto de Estados Unidos a superpotencia.

Resulta sorprendente ver cómo el poder militar de un país puede llegar a desplazar cualquier noción tradicional de modelo económico y en este caso en específico, como el modelo del imperialismo viene a ser sustituido por un enfoque económico y político totalmente nuevo. Bosch explica esto de manera magistral y con conocimiento de primera mano, pues en el 1963 sería derrocado luego de ser el primer presidente en ganar unas elecciones libres después de la dictadura de Rafael Trujillo Molina que había durado 31 años. En 1965, luego del golpe a Bosch y durante el Gobierno provisional de Héctor García Godoy, durante la  segunda ocupación norteamericana a la República Dominicana, con  el país en plena guerra civil, Bosch es entrevistado por el periodista uruguayo Hiber Conteris del semanario Marcha, entrevista donde adelanta por primera vez la tesis del pentagonismo.

Han pasado varias décadas desde la germinación de esa tesis y en la actualidad Estados Unidos cuenta con un presupuesto militar mayor que el presupuesto total de muchos países que vienen emergiendo, llegando a destacarse el hecho de que sólo en lo militar se contemple una partida de $611.000.000 millones y, sobre todo, que la tendencia de este presupuesto sea de aumento a partir del Gobierno de Ronald Reagan.

Por lo tanto, debemos marcar un antes y después en el rompimiento del concepto tradicional del imperialismo. Podríamos decir que ese punto de partida lo marca la Segunda Guerra Mundial, es aquí donde se produce la ruptura del modelo imperialista clásico para dar la bienvenida al modelo del pentagonismo.

Luego de tener claro cuál es el origen, debemos destacar que en cuanto al entorno histórico, el mundo vivía el fenómeno de la Guerra Fría en su momento más intenso, suscitándose una guerra de ideologías más que de balas, pero en ciertos momentos se recurría a lo bélico para imponer su poderío e influencia de lo poco que quedaba del imperialismo clásico para la época. Recordemos que el planeta experimentaba tensiones tales como la Revolución cubana, la Crisis de los Misiles, la Guerra de Vietnam, la intervención militar en República Dominicana, entre otros episodios de tensión para la paz mundial.

Luego de estos sucesos bélicos es que nace la corriente económica del pentagonismo, desarrollando la industria de las armas, donde incluso perdiendo la guerra se ganaba crecimiento para la economía norteamericana. Vietnam es un buen ejemplo de esto, luego en épocas más recientes lo serían Panamá, Nicaragua, Irak, Afganistán, Siria, entre otros países sobre los cuales se continuaría ese mismo patrón militar. Durante la Administración de Barack Obama se extendería la presencia de las tropas estadounidenses en territorios como Afganistán.

En pocas palabras, resulta más beneficioso y rentable para el pentagonismo garantizar la promoción de sus negocios en el exterior, al mismo tiempo que logra contratos ventajosos para los empresarios estadounidenses, estableciendo de esta manera un ambiente favorable para la venta de sus armas.

Bajo el nuevo paradigma, el interés no es ya de conquista territorial, sino de mercados, pues el objetivo surte mayor impacto cuando se logra vender un arsenal de producción norteamericana como aviones, especialmente en estos tiempos de Donald Trump que se promueve la política de “compra americano, contrata americano”. En todo caso, el territorio solo es apetecible si tiene un valor estratégico de carácter geopolítico para la colocación de una base militar a través de la construcción de alianzas confiables.

El profesor Bosch plantea que uno de los factores que ha influido en que una sociedad tradicionalmente democrática como la norteamericana, acepte y asimile como tal esta política exterior militar, ha sido obviamente el uso de los mecanismos de difusión y publicidad para vender la percepción de que Estados Unidos como potencia mundial se encuentra en constante estado de amenaza, por lo cual se hace necesario mantener su Ejército con carácter permanente. ¿Qué pensaría Costa Rica, que no tiene Ejército?

La promoción de estos valores e ideas bélicas ha desarrollado un despliegue de sentimientos patrióticos donde se le impregna un alto grado de honor al servicio militar y se distingue a los veteranos como una manera de mantener constante la cadena de afiliación de los jóvenes a las fuerzas militares estadounidenses. Es un país donde ser militar brinda honor a la familia, esa es la idea interiorizada.

A lo anterior, podemos agregar que tan pronto Estados Unidos logra este rol de liderazgo mundial, ejerce el papel de ‘policía del mundo’ para los procesos democráticos globales y se convierte en ‘exportador de democracia’, lo que no ha funcionado en todos los lugares, por diversas razones. No debemos olvidar que esta nación no ha sufrido de inestabilidad política interna por golpes de Estado, pues a nivel doméstico parece que las cosas marchan sobre ruedas y permiten que el presidente se ocupe de las cuestiones domésticas, mientras el Ejecutivo comparte la política exterior con los poderes fácticos del neoimperialismo que ha mutado a lo que se conoce hoy como pentagonismo.

Para nuestro autor  la sociedad norteamericana, en su lucha por lograr el bienestar, ha llegado a pentagonizarse con la carrera por obtener mayor ganancia económica y ha provocado que en medio de esa competitividad se produzca la enemistad de los hombres en pos de lograr sus objetivos individuales, cuestión que desnaturaliza la humanidad misma. Esta sociedad pentagonista es toda una estructura instaurada que va desde los banqueros y empresarios hasta la clase media y finalmente los contribuyentes que aportan al sistema. El pentagonismo, más allá de un edificio llamado pentágono y más que una estructura que tenga la figura geométrica de este nombre, es realmente una manera de pensar, es una doctrina político-económica.

Ya a su salida del poder, el presidente Dwight Eisenhower advertía sobre la alianza industrial entre el sector armamentístico, el Pentágono y el Departamento de Defensa, de la que algunos economistas llegaron a decir que la verdadera razón de la recuperación de Estados Unidos de la Gran Depresión no fue el New Deal implementado por el presidente Franklin Delano Roosevelt, sino más bien el estímulo económico de la Segunda Guerra Mundial. La paz no es rentable.

Desde una panorámica más amplia, podemos ver el pentagonismo como el sustituto del imperialismo porque este último queda cubierto por la sombra del pasado, aunque por una razón de lenguaje político algunos continúan hablando de imperialismo como un sistema que aún existe, no nos damos cuenta que es la versión atrasada de una que ha sido mejorada. El pentagonismo viene a constituirse en un capitalismo industrial sobredesarrollado que más que expansionismo le interesa el ‘Business de la Guerra’.

El profesor Bosch va más lejos cuando asegura que el pentagonismo, para lograr su sostenimiento, primero trata de explotar su propio pueblo para luego aventurarse a los negocios de ultramar, se está refiriendo en este punto a la carga sobre los contribuyentes. En cierto modo, con esta doctrina lo que se busca es la generación de más capitales para producir más elementos de guerra, como artículos de consumo, y así de esta manera poder financiar el alto costo de los salarios de los empleados.

Vale destacar que se pensaba que la desintegración de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín iban a poner fin a la denominada Guerra Fría entre el antagonismo de dos potencias ideológicamente diferentes y que a partir de ahí se iniciaría un proceso paulatino de desarme o de puesta en reserva de los Ejércitos, incluyendo el de los Estados Unidos. No ha sido así, tal como he destacado en la parte inicial de este análisis, la tendencia presupuestaria militar de los países es de crecimiento y en cierto modo, los nuevos tiempos exigen este fortalecimiento defensivo.

La realidad es que la Guerra Fría nunca acabó, pero, ¿acabará con nosotros?

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