La relación Macri-Palacios: SECRETOS EXPLOSIVOS

LA CONEXIÓN ISRAELÍ

Secretos explosivos

Macri no mintió al decir que el Fino Palacios gozó del apoyo de Israel (ver foto de la entrada anterior). En cambio, lo hace cuando sostiene que conoció a Palacios en 2006. Por qué el Estado hebreo le soltó la mano al policía y, de rebote, al Jefe de Gobierno de la Ciudad.

Por Juan Salinas

Mauricio Macri se obstina en repetir que recién conoció al comisario Jorge “El Fino” Palacios en 2006, o en 2005 –ni en eso logró ser preciso–, cuando lo llevó a Boca. Gabriela Michetti y el propio Palacios habían dicho antes que se conocen desde septiembre de 1991, cuando “El Pibe”, secuestrado por una banda de policías y ex policías federales a la que la prensa bautizó “La banda de los comisarios”, fue liberado.

Y varios periodistas dijeron y escribieron que fue Palacios quien, en septiembre de 1991, liberó a Mauricio de las garras de los que lo habían secuestrado dos semanas antes, ante lo cual Macri puntualizó con desgana que hay un error, que quien lo liberó fue el comisario Carlos Alberto Sablich y no Palacios.

Tuvo la suerte de que nadie le repreguntara nada, porque sino hubiera tenido que deshacerse en explicaciones. Y no sólo porque alguna vez verbalizó su propósito de nombrar a Sablich al frente de la entonces proyectada Policía Metropolitana, de lo que debió desistir cuando éste fue condenado por haber torturado a dos ex suboficiales de la repartición, Carlos Benito y Juan Carlos Bayarri, precisamente para que confesaran su participación en el secuestro de Mauricio. También porque su liberación y el pago de un multimillonario rescate que supuestamente la hizo posible están envueltos en un denso halo de sospechas.

Porque, además de los seis millones de dólares que se supone que pagó Franco para conseguir que pusieran en libertad a su retoño, también se habría pagado por el mismo concepto una suma mucho mayor, ésta proveniente del erario público vía “gastos reservados”. Este desembolso se habría efectuado gracias a un oportuno decreto secreto instituido por el presidente Carlos Menem, so pretexto de no desalentar las inversiones extranjeras.

El pago se habría efectuado a través de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia que presidía el fallecido senador Eduardo Vaca, secundado por el diputado Miguel Ángel Toma, siendo su director y encargado de sus rutinas el diputado justicialista Alberto Melón, que solía departir asiduamente con el por entonces joven oficial Palacios, quien fungía como uno de los enlaces, acaso informales, entre la Jefatura de la Policía Federal y tan estratégica comisión.

La hipótesis de un antiguo colaborador de la misma es que Palacios intervino en estas diligencias, y que fue en gran medida gracias a su prolija intervención que todos, el secuestrado y su padre, así como los funcionarios intervinientes, quedaron conformes. Los rostros sonrientes de Mauricio, Franco y el entonces ministro del Interior José Luis Manzano a la hora de anunciar en rueda de prensa la aparición del raptado y la solución del caso así parecen corroborarlo.

Fugas y desvíos

Ahora bien, ese flujo de dinero no habría llegado a los secuestradores, algunos de los cuales, sin embargo, parecen haber obtenido la gracia de que los dejaran escapar. Ya entonces había trascendido que, apremiados, Benito y Bayarri habían soltado los datos necesarios como para llegar a la casona de la calle Garay 2882 –en la confluencia de los barrios de San Cristóbal y Boedo–, en cuyo sótano permanecía secuestrado Mauricio.

También, que Sablich y el jefe de Defraudaciones y Estafas, comisario Vicente Palo, habían conseguido llegar hasta Bayarri y Benito a través de la colaboración de un antiguo miembro de la banda, el subcomisario Alfredo “Poroto” Vidal, quien se había especializado, ya en 1975, en perpetrar secuestros extorsivos en propio provecho, de modo de financiar sus pretensiones de dandy. Y que en pago a su colaboración, a Poroto se le permitió saltar a España.

Del mismo modo, y luego de que el jefe operativo de la banda de secuestradores, Camilo Ahmed, cayera desde un piso 12 de un edificio del centro marplatense con un tiro en la sien, y su hermano, el subinspector José, marchara preso (al igual que había ocurrido en 1979, en ocasión de presentarse a cobrar el rescate por el primer secuestro de Osvaldo Sivak), el hermano mayor de ambos, el comisario general retirado Ismael, antiguo superintendente de Comunicaciones de la PFA y, según algunos periodistas, jefe natural de la banda, jamás fue molestado.

En este contexto, la reaparición del secuestrado al lado de un sonriente ministro Manzano fue cuidadosamente guionada, y Mauricio mintió descaradamente al decir que lo habían liberado en Lomas de Zamora.

Fue muchos años después, gracias a la insistencia de Bayarri (que en su queja por denegación de justicia llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos), que la opinión pública supo que él y Benito habían sido tan nítidamente torturados que los jueces habían anulado sus condenas, poniéndolos en libertad. Sablich y compañía no se habían conformado con someter a suplicio a Bayarri en el viejo centro clandestino de detención conocido como Garaje Olimpo, sino que también habían arrastrado hasta allí a su padre.

Al anunciar el desenlace, el periodista Horacio Cecchi concluyó que en esas condiciones cualquiera hubiera acusado a su propia madre de la peor felonía, pero también recordó que Benito había afirmado que mientras le clavaban pinchos debajo de las uñas, Sablich le insistía en que tenía que declarar “lo que había aprendido” y que si no lo hacía así “mataría a su esposa delante de su hijo”.

En boca cerrada…

¿Qué es lo que debían a aprender? A callar. Porque según admitió por entonces uno de los principales colaboradores del ministro Manzano, era vox populi en la Federal que “La banda de los comisarios” había secuestrado a una docena de personas (casi todos empresarios judíos o sus familiares) pero, aseguraba, sólo se le había podido acreditar la mitad.

Entre los secuestrados que Benito y Bayarri debieron olvidar estuvo Rodolfo Clutterbuck, un ex vicepresidente del Banco Central (cuando Domingo Cavallo era su presidente, en 1982) y directivo del Banco Francés y de Alpargatas que fue uno de los introductores en la Argentina del banquero saudí Gaith Pharaon. Éste, un socio habitual de Monzer al Kassar, construyó el hotel Hyatt (hoy Four Seasons) en uno de los barrios más paquetes de la Ciudad poco antes de que la Justicia de los Estados Unidos lo acusara de narcolavador, obligándolo a disolver su Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI).

Al parecer, Clutterbuck fue víctima de un asesinato por encargo, disfrazado de secuestro extorsivo. Y por alguna razón Sablich y compañía no estaban interesados en que su desaparición se les atribuyera a sus prisioneros, lo que recién habría de ocurrir pasada una década.

Aparece el FBI

Macri gusta repetir que su agradecimiento estuvo depositado desde su liberación en Sablich y que recién conoció a Palacios por su intermedio muchos años después, cuando era presidente de Boca. Los barrabravas lo tenían a maltraer y necesitó poner al frente de la seguridad del club a alguien que les infundiera “un poco de miedo”. Y que Palacios llevó consigo a la Bombonera a Ciro Gerardo James pero que él y James jamás fueron presentados y que no recuerda haberlo visto nunca.

Del mismo modo, alguna vez el Jefe de Gobierno dijo haberle confiado a Palacios la seguridad de su familia, pero luego lo negó. Y agregó que el encargado de esos menesteres es el estadounidense Richard Ford, a quien afirmó haber conocido, sí, en ocasión de su liberación, hace ahora 19 años. Explicó que Ford –allegado y socio de Palacios y de William Godoy, quien nauguró en tiempos de Menem la oficina del FBI en Buenos Aires– era parte de un grupo de expertos de la firma Ackerman Group, que su padre contrató en agosto de 1991, cuando él fue secuestrado, para que lo ayudaran a encontrarlo.

Pero hete aquí que Ford mal podía trabajar entonces para Ackerman porque era un agente especial del FBI, y recién se retiró del FBI luego de haber servido en El Paso, Texas, en 2005, año en que Macri dijo haber contratado a Palacios para que les infundiera julepe a los desacatados barrabravas xeneizes.

Es más: Richard Ford era nada menos que el oficial del FBI encargado de supervisar las investigaciones de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, como le consta a quien esto escribe, que en su condición de investigador contratado por la propia mutual hebrea lo visitó dos veces en la sede del bureau en Washington, a mediados de 1997 y principios de 1998.

¿Por qué el FBI acudió presto al llamado de Franco Macri si no había ningún ciudadano norteamericano involucrado? Un rumor que corrió entonces entre los investigadores aseguraba que Franco había querido disputar en los Estados Unidos (se hablaba de Philadelphia) el pingüe negocio de la basura que tantos réditos le había dado aquí con Manliba, y que al hacerlo había chocado con las familias italoamericanas que controlaban ese metier, quienes habrían contratado a «La banda de los comisarios» para que raptara a su vástago de modo de hacerlo entrar en razones. Lo cierto es que un equipo del FBI se hizo presente en Buenos Aires varios días antes de que Mauricio fuera liberado y que en ese grupo se encontraba Richard Ford, que es hoy, además del encargado de la seguridad de La Famiglie, el representante del Ackerman Group para Sudamérica.


En boca del mentiroso…

Dicho todo esto, conviene agregar, nobleza obliga, que ni Macri ni su secretario general de Gobierno Marcos Peña mienten al decir que Palacios –que siempre gozó del entusiasta apoyo del FBI, la DEA y la Embajada de los Estados Unidos– contó también hasta hace no mucho con el de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), la representación política de la colectividad judeoargentina.

Hasta el punto de que su actual presidente Aldo Donzis y José Hecman, el delfín que dejara en su lugar Rubén Beraja cuando se vio arrastrado por el doble escándalo de su complicidad con el encubrimiento de los asesinos de la Embajada de Israel, encubrimiento puesto en ejecución por el gobierno de Menem, y del derrumbe fraudulento del Banco Mayo, acudían a felicitarlo a la sede del Departamento Unidad de Inteligencia Antiterrorista (DUIA) que Palacios dirigía desde su creación, cuando reemplazó al Departamento de Protección al Orden Constitucional, que fue disuelto precisamente por encubrir a los asesinos que demolieron la AMIA.

Incluso lo invitaron a Israel, donde fue condecorado, tal como confirmó en diálogo con Noticias Urbanas, Daniel Schnitman, editor y director del periódico La Voz y la Opinión.

El PRO ganó el Gobierno de la Ciudad con el apoyo poco disimulado de la DAIA y el beneplácito del Estado de Israel. ¿Qué es lo que pasó para que lo perdiera? Noticias Urbanas se comunicó con la DAIA, donde le informaron que el presidente Donzis estaba en Israel, ante lo cual pidió hablar con el vicepresidente 1º, Ángel Schindel. Una amable secretaria aseguró que Schindel devolvería el llamado tan pronto llegara, pero esto no sucedió.

Un directivo laico de la AMIA, por su parte, dijo en off que los sectores ortodoxos que ahora conducen la entidad no tienen nada que ver con aquellos tejes y manejes y que son Donzis y compañía quienes deben aclarar su situación.

Conexiones raras

Así las cosas, no puede más que concluirse que la pérdida del respaldo que tenía Palacios se debe a que se percibe que éste se encuentra en caída libre, y que los más poderosos grupos empresarios judíos (Elzstain, Midlin, Werthein) respaldan a la Casa Rosada, que no sólo se alinea retórica y un tanto esquizofrénicamente con Israel en el conflicto de Medio Oriente, sino que, también, respalda las acusaciones contra Irán que formula el fiscal Alberto Nisman en tándem con el ingeniero Horacio Antonio Stiusso, monje negro de la Secretaría de Inteligencia, archienemigo de Palacios (entre otras cosas, porque son competidores en materia de artículos de espionaje electrónico) y principal interlocutor del Mossad israelí.

Nisman es el marido de la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, quien lleva la causa por la apropiación de dos niños, presuntos hijos de desaparecidos, por parte de Ernestina Herrera de Noble. En gran medida, los Kirchner dependen de ella. Israel está empeñado en arrancar de cuajo las centrales nucleares que Irán construye. En este empeño, que como denuncia el resucitado Fidel Castro, puede aparejar la completa destrucción del planeta, le es más funcional el vasallaje del Estado argentino que las zalamerías de un recomendado del FBI como Palacios.

El Fino tenía una tarea a realizar, ordenar el encubrimiento, y ya la hizo. La dupla Nisman/Stiusso, en cambio, se encuentra en plena fase maníaca y aprovechando la pasividad kirchnerista para empujar a la Argentina hacia el bando belicista. No importa que la historia que han pergeñado sea aún más endeble y fantasiosa que la indigerible erigida por el juez Juan José Galeano. Lo que hoy importa es si se le echa la culpa de lo de la AMIA a Irán o no. Y en este punto, Israel lleva las de ganar.

Colofón

El círculo termina de cerrarse con un hecho sorprendente: los mercenarios que colocaron los explosivos que volaron la Embajada de Israel y la AMIA parecen haber estado íntimamente vinculados a la parte de La banda de los comisarios que sobrevivió a su desarticulación parcial en ocasión de ser liberado Mauricio. Ésa fue la principal conclusión a la que llegó en apenas un mes y medio, a fines de 1994, un equipo de investigación dirigido por Pedro Brieger y financiado por la propia mutual hebrea a un costo de 40 mil pesos/dólares mensuales. De inmediato, el presidente de la AMIA, Pedro Crupnicoff (que había impulsado su conformación), fue convocado a Israel. Viajó junto con Beraja, entonces presidente de la DAIA, y tan pronto regresaron, la oficina que en absoluta reserva se había alquilado para servir de sede del grupo fue cerrada, y los investigadores contratados resultaron despedidos. Con todas estas cosas se cruza una y otra vez Mauricio. Al parecer sin demasiada conciencia. Como en un film de Jacques Tati. O de Mr. Beam.

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