El rabino Uzi Sharbaf, condenado a cadena perpetua en 1984, pronuncia su discurso ante miles de supremacistas judíos.

 

POR THIERRY MEYSSAN / RED VOLTAIRE

Un evento festivo, con estrellas de la farándula local, se realizó hace 2 semanas en el Centro Internacional de Congresos de Jerusalén. Bajo la denominación «Conferencia por la Victoria de Israel – las colonias garantizan la seguridad: regresar a la franja de Gaza y al norte de Samaria», contó con la participación de 12 ministros del gobierno de coalición conformado alrededor del primer ministro Benyamin Netanyahu, quien también se hizo presente.

Es interesante resaltar que de todas las personalidades políticas que participaron de la “conferencia”, incluyendo al ministro de Seguridad Itamar Ben Gvir, ninguna fue tan aplaudida como el rabino Uzi Sharba, quien, aun siendo prácticamente un desconocido fuera de Israel, se ha convertido en un personaje central en el debate político israelí. Su sola presencia bastó para hacer renacer entre los participantes la esperanza de redimirse de lo que ellos consideran «el pecado» … cometido en 2005 con el desmantelamiento de las colonias judías de Gaza.

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En las horas que siguieron a la realización de mitín, el ministro israelí de Protección Social y Asuntos Sociales, Yaakov Margi (Shas), declaró públicamente que sus colegas ministros tendrían que haberlo pensado mejor antes de participar en ese «circo».

Por su parte, el jefe de la oposición, Yair Lapid, deploró que Benyamin Netanyahu, «quien estuvo en el centro del bando nacional, se dejara arrastrar inútilmente por los extremistas» y agregó que el primer ministro «ha tocado fondo».

Otro miembro de la oposición, el general Benny Gantz, declaró que la conferencia era «un insulto a la sociedad israelí en tiempo de guerra». Precisó que «perjudica nuestra legitimidad ante el mundo y los esfuerzos tendientes a crear un marco para el regreso de nuestros rehenes».

Al referirse a la participación del primer ministro, el general Gantz dijo: «Quien baila y divide, no decide. Y quien calla y se deja arrastrar, no es un dirigente.»

 

Sobre el fondo puede leerse: “Sólo un traslado [de los palestinos fuera de Gaza] puede traer la paz”. El mapa muestra los sitios que los colonos judíos pretenden ocupar en la franja de Gaza.

 

Al día siguiente, el presidente estadounidense, Joe Biden, asustado por el regreso de un viejo demonio, firmó un decreto que prohíbe que algunos extremistas puedan viajar a Estados Unidos. Su decreto también prohíbe la recogida y el envío de fondos a los seguidores del rabino Uzi Sharbaf. Esas sanciones se aplican no sólo en Estados Unidos, también tendrán que acatarlas los bancos extranjeros que tengan intereses en territorio estadounidense, o sea que abarcan todo el Occidente político [1] .

La administración Biden, que hasta ahora apoyaba discretamente la masacre que Israel ha emprendido en Gaza –apoyo concretado en el suministro de munición de artillería y de bombas a las fuerzas armadas israelíes–, comenzó abruptamente a buscar una salida a la crisis. Con ese objetivo, el secretario de Estado, Antony Blinken, inició una nueva gira por las capitales de la región.

¿Por qué la aparición del rabino Uzi Sharbaf provoca estas reacciones? Un regreso en el tiempo, hasta 1922, nos muestra que en el seno del movimiento «sionista revisionista» existe un grupo todavía más fanático, que no vacila en atacar a los anglosajones.

La «banda de Stern»

Los «sionistas revisionistas» son los discípulos de Vladimir “Zeev” Jabotinsky, un fascista judío ucraniano que, en 1922, estableció una alianza con los «nacionalistas integristas» ucranianos de Simón Petliura y Dimitro Dontsov para luchar contra los soviéticos. Durante esa alianza, los «nacionalistas integristas» ucranianos masacraron a los anarquistas y los comunistas ucranianos, así como a decenas de miles de judíos ucranianos. Para evitar tener que dar explicaciones al respecto, Jabotinsky renunció a sus funciones de administrador en el seno de la Organización Sionista Mundial y creó la Alianza de los Sionistas Revisionistas. En Italia, con ayuda del Duce Benito Mussolini, Jabotinsky creo la formación fascista paramilitar conocida como BETAR.

Posteriormente, el Irgún dio origen al Lehi (también conocido como «Grupo Stern» o, para la policía británica, como la «Banda de Stern» [2]). El Grupo Stern (o Lehi) estaba directamente vinculado al gobierno fascista polaco y su jefe, Abraham “Yair” Stern, participó en la primera versión del «Plan Madagascar». Después de ser arrestado por los británicos junto a los demás dirigentes de su grupo, Abraham Stern fue liberado cuando se reconstituyó un gobierno polaco, en el exilio londinense. El Lehi volvió a ponerse en contacto con los fascistas italianos y propuso a los nazis ayudarlos a expulsar a los judíos de Europa hacia Palestina. Luego de algunas vacilaciones, los nazis rechazaron la ayuda que el Lehi les ofrecía. Durante los dos primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el Lehi realizó numerosos atentados contra los británicos y también contra los judíos de izquierda. En febrero de 1942, Abraham Stern fue abatido por un miembro de la policía británica. A partir de ese momento, el Lehi fue reorganizado por Isaac Shamir, quien asesinó a sus rivales y llegó a ser primer ministro de Israel en los años 1980.

 

Isaac Shamir joven. Entonces era terrorista, llegó a primer ministro pero no alcanzó como otro terrorista de entonces, Menajem Beguin, el Premio Nobel de la Paz.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, los sionistas revisionistas siguieron adelante con su sueños fascistas, aun sin la ayuda de los fascistas italianos. Se separaron de Haganá, la milicia comunitaria judía creada en Palestina, y crearon su propio grupo paramilitar, el Irgún [3]

En una carta enviada al New York Times en 1948, Albert Einstein, Hannah Arendt y otras personalidades judías compararon el Irgún con las formaciones fascistas y nazis [4].

 

En 1944, el Lehi reanudó sus atentados contra los británicos, estuvo a punto de eliminar al Alto Comisario en Palestina, Harold MacMichael, y logró asesinar al ministro británico de Colonias, Lord Moyne.

 

En julio de 1946, las principales autoridades políticas y militares británicas en Palestina fueron asesinadas por el Irgún que dinamitó el hotel King David, donde tenían su cuartel general.
 

David Ben Gurion, quien se mantenía fiel a los británicos, inició una campaña de Hagaáa para poner coto a las acciones del Irgún y de Lehi. Muchos miembros de ambos grupos fueron arrestados entonces. Pero en 1945, Ben Gurion organizó en secreto una reconciliación con los sionistas revisionistas. Esta alianza, denominada «Movimiento de la Rebelión Hebraica», resultó efímera. El Lehi organizó el sangriento atentado contra el hotel King David, simultáneamente sede del gobierno británico de la Palestina bajo mandato y cuartel general de las autoridades militares británicas, con saldo de 91 muertos y 46 heridos.

En la Palestina bajo mandato británico, los atentados terroristas del Irgún-Lehi cesaron únicamente con el arresto de Isaac Shamir. Pero se extendieron a Londres y continuaron hasta que los británicos se retiraron de Palestina. Fue entonces cuando los árabes se convirtieron en blanco del terrorismo sionista, con la masacre de Deir Yassin, aldea donde fueron asesinados unos 120 palestinos.

En el momento de la proclamación unilateral del Estado hebreo, el Irgún y el Lehi fueron en definitiva incorporados a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Cuando la ONU envió el conde sueco Folke Bernadotte a Palestina para determinar los límites geográficos entre el Estado judío unilateralmente proclamado y el Estado árabe que habría de crearse, según las decisiones adoptadas por las Naciones Unidas, Shamir organizó el asesinato del enviado de la ONU [5]. En el mismo atentado que costó la vida al conde Bernadotte, también fue asesinado el coronel francés de los “cascos azules” de la ONU, André Sérot, quien fue reemplazado por Pierre Gaïsset (abuelo del autor de este artículo). El asesino del enviado de la ONU – Yehoshua Cohen, un veterano del Lehi– se convirtiría después en guardaespaldas del ya retirado primer ministro israelí David Ben Gurion.

Mientras tanto, los sionistas revisionistas cambiaron de etiqueta y formaron un nuevo partido, el Herut, presidido por Menajem Beguin, otro jefe del Irgún.

El rabino Uzi Sharbaf, estrella de la “Conferencia por la Victoria de Israel”.

El «Subterráneo judío»

Se pierde entonces la huella del Grupo Stern. Pero, después de la «guerra de los 6 días», el “Bloque de los Fieles” (Gush Emunim) desarrolla la idea de que Yahvé concedió toda Palestina a los judíos y que, por esa “razón”, estos tenían no sólo derecho a ocuparla sino el deber de hacerlo para que pudiese cumplirse toda una sucesión de profecías. Ese movimiento se desarrolló alrededor del rabino Zvi Yehouda Kook, quien enseñaba que si bien los primeros israelíes laicos habían comenzado el trabajo, sólo los religiosos conocían la finalidad y podían terminar de llevarlo a cabo exitosamente.

 

Es en ese contexto que Yehuda Etzion (foto de cuando era joven), hijo de un pandillero, vuelve a crear el grupo Stern, utilizando incluso el mismo logo: un puño con dos dedos levantados. El nuevo grupo se llamará el «Subterráneo judío». Después de los Acuerdos de Camp David, firmados en 1978 por el ex miembro egipcio de la Hermandad Musulmana Annuar el-Sadat y el sionista revisionista Menajem Begin, ese grupo organiza la devolución del Sinaí a Egipto y forma dos células. La primera, dirigida personalmente por Yehuda Etzion, tiene como misión destruir la Cúpula de la Roca, en el centro de la mezquita Al-Aqsa, para reconstruir seguidamente en ese lugar el Templo de Jerusalén. La segunda se encargaría de sembrar el terror entre los árabes anticolonialistas.

El rabino Uzi Sharbaf era precisamente el jefe del «Subterráneo judío». En 1984, la justicia israelí lo condenó a cadena perpetua por su implicación en una serie de mortíferos atentados contra palestinos. Pero Sharbaf fue discretamente liberado, en 1991, por dos sionistas revisionistas, el presidente israelí Chaim Herzog y el primer ministro… Isaac Shamir.

La presencia del rabino Uzi Sharbaf en la “Conferencia por la Victoria de Israel” y la atronadora acogida que le tributaron los miles de participantes en ese evento hacen temer un regreso del terrorismo sionista contra los anglosajones. La reacción de Washington demuestra que, lo que Estados Unidos tolera cuando se trata de víctimas árabes, sólo puede ser condenado cuando apunta a los estadounidenses y a sus “primos” anglosajones.