Faltaba más de un año para el golpe de Estado, ya había muerto Perón y depuesto el gobernador Miguel Ragone. Los horrendos asesinatos de un canillita gremialista y de un periodista iniciaron una larga lista luctuosa que pronto sería engrosada por el propio Ragone. Testigo de que Fronda había estado detenido antes de que apareciera su cadaver con un brazo roto y visiblemente torturado, en represalia por sus notas sobre el caso, Jaime fue secuestrado, torturado, atado a un árbol con un cinturón de trotyl y despedazado.
