ATENTADOS – Juan Gabriel Labaké: la disonante otra campana

Foto: Introducciòn de dos fulminantes en panes del explosivo plástico C-4.

Nicolás Wiñazki se despachó el sábado y el domingo con largas notas basadas enteramente en informes de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos e Israel que constituyen la remake de una vieja novela con algunos agregados que hubieran dejado boquiabierto al mismísimo Ian Fleming, padre del mítico James Bond. Así, si Daniel Santoro, El Apretador, se atrevió hace ya muchos años a escribir en una nota de tapa de Clarín que el detonador utilizado para volar la AMIA había ingresado por la triple frontera muchos años antes, en tiempos de Raúl Alfonsín, ahora el majadero Wiñazki hace que se lo haya enterrado también varios años antes… en Parque Centenario, lo que es para llorar de risa. Sentí la pulsión de salirle al cruce pero me ganó la pereza. Y es que estoy cansado de recordarle a los distraídos que siendo la Argentina un país minero y los detonadores o fulminantes muy pequeños, estos son muy abundantes, y por lo general caben entre 30 y 40 en un atado de cigarrillos. Recuerdo que alguna vez se encontró abandonado todo un container lleno de detonadores (también llamado fulminantes) supuestamente ingresados al país de contrabando, por lo que tratar de determinar su trazabilidad (es decir, cual fue su recorrido desde su fabricación) del que por haber detonado ha dejado de existir (y ni siquiera pudo determinarse de qué tipo era) es imposible. Así las cosas, me encuentro con esta entrevista de Enrique Romero a Juan Gabriel Labaké que me parece oportuno compartir con los lectores de Pájaro Rojo. Y es que Labaké (que en su libro AMIA-Embajada ¿Verdad o fraude? me trató poco menos que de agente del Mossad) esta vez no miente (aunque si exagera, por ejemplo, cuando dice que la ministra Bullrich fue “comandante” montonera) ni yerra… aunque si omite cualquier referencia a sirios, argentinos de origen sirio y, lo que es peor, a que la autoría material de ambos asesinatos colectivos, contratados por aquellos, fue de mercenarios locales, vinculados con la Policía Federal. Y tampoco lo hace respecto al tráfico de armas a Croacia y Bosnia, ni al lavado del producto de la venta de cocaína en Italia… Me parecen muuuuuuchas omisiones. Hechas estas salvedades, recomiendo se lo escuche. Y paso un chivo: todo lo concerniente a la implicación de agentes de inteligencia israelíes en los atentados y en el asesinato de Isaac Rabin está en mis libros Caso Nisman: Secretos inconfesables y La infAMIA.

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