BOLIVIA. El obispo Gualberti Calendrina, puntal del golpismo

BOLIVIA

Obispo Sergio Gualberti Calendrina:

La complicidad de la jerarquía católica con el golpe de Estado

Cardenal aymará Toribio Ticona, el hombre del Papa Francisco, ninguneado por los obispos blancos.

El obispo de Santa Cruz de la Sierra se desespera por la fragmentacion de la derecha boliviana

 

POR ERNESTO ETERNO (Desde La Paz)

La fe cristiana se encuentra en la sonrisa de los niños, los rostros de los ancianos y de las mujeres indígenas y no en las solemnes palabras de las homilías cruceñas en favor de una porción pequeña de la sociedad boliviana que oprime a las demás. Esas que pronuncia cada domingo o cuando la circunstancia lo amerita el arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti Calandrina (foto). Como un ágila que apunta a su presa, los pasajes bíblicos que cita le sirven de coartada para emitir mensajes como flechas incendiarias.

La historia de la iglesia católica está llena de silencios, de fidelidades ocultas, de oscuras militancias financieras y de traiciones, pero tambien de olvidados actos heroicos, como la vida estoica de monseñor Arnulfo Romero, asesinado por encargo extranjero, o la de Luis Espinal, acribillado a balazos por una dictadura ignominiosa porque sus “oraciones a quemarropa” tenían la fuerza de un tornado y el filo de una navaja.

Frente a estas historias ejemplares, de vidas al servicio de los demás, hay otras al servicio de los pocos poderosos, que necesitan la caricia episcopal de quienes proclaman dedicación a los pobres mientras permiten que se los masacre por ser “indios satánicos” o “salvajes”, como suele decir la presidenta autonombrada. Ninguna comunión ha sido más efectiva que la que se produce entre palabras despojadas de sentido, balas que asesinan y silencios que convalidan.

El arzobispo Gualberti y la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) tan propensas a dar lecciones de conducta moral al pueblo boliviano callaron cuando las FFAA y la Policía masacraron a las “hordas masistas” en Sacaba y Senkata. Fue un silencio estruendoso el que mantuvieron los obispos a pesar de que algunos de los cuerpos acribillados fueron a parar a una capilla católica de El Alto. Los 38 muertes no merecieron condena mientras la Biblia era paseada por los pasillos del Palacio de Gobierno y de los cuarteles del odio. El dios de los fusiles que escupieron muerte en las jornadas de noviembre sigue siendo el mismo que Yanine Añez convoca cada vez que se le antoja. El dios de la candidata es el mismo que el de la jerarquía católica: el que santifica el silencio cómplice.

En agosto pasado, cuando la campaña electoral ingresaba en su recta decisiva, Gualberti se explayó en misa pidiendo a los feligreses “renovación democrática” fundada en la igualdad social y política usando para ello un pasaje bíblico del profeta Isaías. Sostuvo Gualberti que el sueño de Dios exigía que en un momento de “grave decadencia social, económica y religiosa, se renovara el signo inicial de un pueblo” que, después de muchos años de mal gobierno estaba sumido en “la confrontación, la injusticia y la pobreza”.

¿No ven algún parecido con los discursos de los candidatos de la derecha más rancia?

Envuelto en una atmósfera de patricio romano, en medio de una multitud sumisa dispuesta a sacrificarse en aras de su palabra profética, Gualberti señaló la necesidad de reafirmar la adhesión a la democracia en un mundo (léase, Bolivia) en el que se “incrementan sistemas populistas, nacionalistas y soberanistas que disfrazan de democracia el autoritarismo y el caudillismo, anulando la separación de poderes y concentrando toda la autoridad en el dirigente electo” (Santa Cruz, 6 de agosto 2019).

Una parte de la iglesia exige explicar el confinamiento a las catacumbas del  cardenal indígena Toribio Ticona, nombrado por el Papa Francisco. Ticona fue virtualmente condenado por la jerarquía blanca y procomiteísta de la Conferencia Episcopal.

Los dichos de Gualberti suenan en perfecta sintonía con las que acaba de pronunciar Mauricio Claver-Carone, asesor especial para Asuntos del Hemisferio del Consejo de Seguridad Nacional (de los EEUU) a su llegada a Bolivia después del golpe de Estado. También Claver-Carone apuntó a los gobiernos “populistas”. Eel llamado populismo es incómodo para los afanes expansionistas, resulta un enorme obstáculo para la voracidad opípara de los grandes consorcios energéticos y mineros..

Los sermones de Gualberti incluyen incitaciones a la acción. Los brazos operativos de la iglesia funcionaron como soldaditos de la tropa imberbe. Radio Erbol, las pastorales sociales, Cáritas o a la misma Fundación Jubileo, se comportaron como verdaderos portaaviones de campaña. Nunca dispusieron de tantos recursos ni convicciones anómalas para enfrentar las elecciones de octubre del 2019 de cara a la “renovación democrática”.

Las homilías de Gualberti y sus arteras jugadas políticas, rezuman desprecio contra las mayorías para quienes la cotidianidad es muy parecida a un estado de excepción. Su última homilía, del domingo 26 enero, estuvo consagrada a implorar a los partidos de la derecha, su rebaño egregio, que se unan en un frente común. Señaló Gualberti que “todos los ciudadanos y en particular los candidatos, tendríamos que dejarnos iluminar y guiar por los valores de la Palabra de Dios, la vida, los derechos humanos, la libertad, el bien común, la justicia, la paz y el espíritu de servicio. Lo que tiene que primar, incluso por encima de las justas aspiraciones, es la salvaguarda de la democracia y de la unidad alrededor de programas comunes, evitando la dispersión y el peligro de recaer en sistemas autoritarios”..

En sintonía con él, Yanine Añez no se cansó de llamar a construir un frente común –ahora sabemos que en torno a su  candidatura– para enfrentar las elecciones convocadas para el 3 de mayo con el objetivo de que los “salvajes” no vuelvan al poder. Llámenlos “salvajes”, “populistas” o “autoritarios”, el mensaje es tan claro como el agua con el que se lava la copa de vino en las misas de una iglesia coludida e inescrupulosa.

Proverbial consejo, la del primado católico cruceño, para ordenar el rebaño disperso en medio de una explosiva epidemia de dengue, que el y los medios golpistas han silenciado..

El dengue ya produjo una decena de muertos y dos mil casos en observación crítica, ante la ineptitud de un gobierno dictatorial obsesionado por borrar, con la ayuda estadounidense, las  profundas huellas de la solidaridad cubana en el campo de la salud.

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