¿DIVORCIO? Los reclamos de Cristina a Alberto y las perspectivas del Frente de Todos

Lacónico vocero Biondi. Game over.

 

Ayer tuitié esto: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera… La deuda con el FMI, la deuda de todo un siglo que contrajo Macri, nos dejó encadenados y en el fondo del mar. ¿Cómo salimos? Ese es el debate y no el garche, los no binarios y el porro. Primero lo primero., Vayamos al grano”.

Después leí la entrevista que Biondi, el vocero mudo del Presidente tramitó con el usualmente juicioso Mario Wainfeld y que publicó Página 12. Y la respuesta de una Cristina encolerizada por las recurrentes zancadillas de Biondi (a la que no es sensato pensar que Alberto es ajeno). Es tan verdad que Biondi no puede permanecer en su puesto si es que Alberto no quiere dinamitar su relación con Cristina (es, entre otras felonías, el responsable indirecto de la filtración de las fotos en las que el Presidente aparece confraternizando con los amigos mediáticos de su pareja en plena pandemia) como que Cristina nunca explicó la permanencia del impresentable Alfredo Scoccimarro en la misma función durante su gobierno, el mismo cochino que ahora desde Radio Rivadavia trabaja muy activamente para el gorilaje. Ni, tampoco, explicó las ingentes sumas transferidas con la venia de aquel al perverso a Sergio Szpolsky, katsa del Mossad y socio de Stiuso.

Este es, un poco emprolijado, mis siguiente tuit:

La gran oportunidad es el domingo 17 (o si se prefiere, el lunes 18) de Octubre, con Alberto y Cristina en el balcón, Después que se hayan tomado las medidas que permitan revertir la situación. Hay que poner dinero contante y sonante en el bolsillo de los nuestros. Y dejarlo de poner en Clarín, La Nación y sus satélites. Hay que poner todo el aparato del Estado para difundir  urbi et orbi al pueblo que nuestros enemigos quieren acabar con el trabajo en blanco, las indemnizaciones por despido y reducir los exiguos salarios de los jóvenes a la mitad. Y aue están dispuestos a hacerlo al precio que sea, incluso el de violar groseramente la Constitución.

Hechas estas salvedades, transcribiré completa la carta (una serie de tuits) de Cristina porque descuento que habrá decenas de mercenarios dedicados a malinterpretarlas con el recurrente objetivo de profundizar los desacuerdos entre Alberto y Cristina, una obsesión recurrente del establishment y sus lacayos.

Para terminar, transcribiré una nota de Pablo Ibañez, publicada en Eldiario.ar. No sé si lo que dice Obañez es todo cierto, pero me parece que la escribió sin mala leche y es muy útil para contextualizar lo que está pasando.

Los dejo con Cristina:

Como siempre… sinceramente

Una vez más me dirijo a mis compatriotas como lo he hecho en otras oportunidades. No es la primera vez. Hace ya casi un año, el 26 de octubre de 2020, me dirigía a los argentinos y las argentinas con el documento “27 de octubre. A diez años sin él y a uno del triunfo electoral: sentimientos y certezas”.

Allí desgranaba reflexiones acerca del funcionamiento institucional, y de lo que considero el problema central de la economía argentina y la necesidad de abordarlo desde un acuerdo amplio de las distintas fuerzas políticas.

Hoy, releo aquellas líneas de inusitada actualidad en las que también mencionaba que las decisiones en el Poder Ejecutivo argentino siempre las toma el Presidente de la Nación y en las que decía sin eufemismos ni operaciones de prensa en off, que había funcionarios y funcionarias que no funcionaban.

También recuerdo el acto que se llevó a cabo en el Estadio Único de La Plata el 18 de diciembre de 2020, del cual participamos muchos compañeros y compañeras del Frente de Todos junto al Presidente de la Nación, cuando expresé textualmente: “… pero ojo, yo no quiero que ese crecimiento -el crecimiento económico del año 2021 que acertadamente pronosticara el compañero que me había precedido en el uso de la palabra- se lo queden tres o cuatro vivos nada más. Para esto, me parece que hay que alinear salarios y jubilaciones, obviamente, precios, sobre todo los de los alimentos y tarifas.”. En esa oportunidad también señalé: “por eso le digo a todos aquellos que tengan miedo o que no se animan, por favor… hay otras ocupaciones además de ser ministro, ministra, legislador o legisladora. Vayan a buscar otro laburo, pero necesitamos gente en los sillones que ocupen de ministro, ministra, de legislador o legisladora… sean para defender definitivamente los intereses del pueblo”.

Como no soy mentirosa y mucho menos hipócrita (nunca digo en público lo que no sostengo en privado y viceversa), debo mencionar que durante el año 2021 tuve 19 reuniones de trabajo en Olivos con el Presidente de la Nación. Nos vemos allí y no en la Casa Rosada a propuesta mía y con la intención de evitar cualquier tipo de especulación y operación mediática de desgaste institucional.

En las primeras 18 reuniones, la última de ellas el 07/09/2021, siempre le plantee al Presidente lo que para mí constituía una delicada situación social y que se traducía, entre otras cosas, en atraso salarial, descontrol de precios -especialmente en alimentos y remedios- y falta de trabajo, sin desconocer, obviamente, el impacto de las dos pandemias: la macrista primero y la sanitaria a los 99 días de haber asumido el gobierno. Igualmente siempre remarqué la falta de efectividad en distintas áreas de gobierno.

También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez… me cansé de decirlo… y no sólo al Presidente de la Nación. La respuesta siempre fue que no era así, que estaba equivocada y que, de acuerdo a las encuestas, íbamos a ganar “muy bien” las elecciones. Mi respuesta, invariablemente, era “no leo encuestas… leo economía y política y trato de ver la realidad”. Una realidad que me indicaba que en el año 2015 perdimos las elecciones presidenciales en segunda vuelta y por escasa diferencia, con el mayor salario en dólares de Latinoamérica -que representaba más del doble del salario actual-, con una inflación que era menos de la mitad que la actual y con un candidato, Mauricio Macri, que decía que no le iba a sacar a nadie lo que ya tenía, sino que sólo iban a cambiar las cosas que estaban mal.

Fui, soy y seré peronista. Por eso pensaba que no podíamos ganar. Y se lo decía no sólo al Presidente. Muchos compañeros y muchas compañeras escucharon mis temores.

El domingo 12 de septiembre de este año el peronismo sufrió una derrota electoral en elecciones legislativas sin precedentes. Mientras escribo estas líneas tengo el televisor encendido pero muteado y leo un graph: “Alberto jaqueado por Cristina”. No… no soy yo. Por más que intenten ocultarlo, es el resultado de la elección y la realidad. Es más grave aún: en la Provincia de Buenos Aires, termómetro inexcusable de la temperatura social y económica de nuestro país, el domingo pasado nos abandonaron 440.172 votos de aquellos que obtuvo Unidad Ciudadana en el año 2017 con nuestra candidatura al Senado de la Nación… con el peronismo dividido, sin gobierno nacional ni provincial que apoyara y con el gobierno de Mauricio Macri y su mesa judicial persiguiendo y encarcelando a ex funcionarios y dueños de medios opositores a diestra y siniestra.

Recuerdo que, cuando perdimos las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires del año 2009, con Néstor como candidato a Diputado Nacional -después de la 125 y de la crisis global del 2008-, quien Alberto considera con justicia el mejor presidente de la democracia, el día lunes siguiente a las elecciones no sólo renunció a la titularidad del Partido Justicialista, sino que yo como Presidenta de la Nación pedí la renuncia de quien fuera mi Jefe de Gabinete, entre otros. Y ¡ojo!… habíamos perdido en la Provincia de Buenos Aires pero habíamos ganado a nivel nacional. A Néstor Kirchner hay que recordarlo en versión completa y no editada.

Sin embargo ahora, al día siguiente de semejante catástrofe política, uno escuchaba a algunos funcionarios y parecía que en este país no había pasado nada, fingiendo normalidad y, sobre todo, atornillándose a los sillones. ¿En serio creen que no es necesario, después de semejante derrota, presentar públicamente las renuncias y que se sepa la actitud de los funcionarios y funcionarias de facilitarle al Presidente la reorganización de su gobierno?

El martes 14 tuvo lugar, otra vez en Olivos, mi última reunión con el Presidente de la Nación. Habían transcurrido 48hs sin que se comunicara conmigo y me pareció prudente llamarlo y decirle que tenía que hablar con él. Deje pasar 48hs deliberadamente, para ver si llamaba (debo decir que de las 19 reuniones, la mayoría fueron a iniciativa mía). Allí le manifesté que era necesario relanzar su Gobierno y le propuse nombres como el del Gobernador Juan Manzur para la Jefatura de Gabinete. Sé que sorprenderá mi propuesta, es de público y notorio las diferencias ya superadas que he tenido con quien fuera mi Ministro de Salud desde el año 2009, cuando debí remover a quien entonces era mi Ministra de Salud por el fracaso en el abordaje de la pandemia de la gripe A (H1N1). Juan permaneció en su cargo hasta que renunció para disputar la candidatura a Gobernador de la Provincia de Tucumán en el 2015, cargo que obtuvo y revalidó por el voto popular no sólo a través de su reelección, sino también en la elección del pasado domingo.

Aunque en realidad, nadie debería sorprenderse por mi propuesta: el 18 de mayo de 2019 le propuse a todos los argentinos y argentinas como candidato a Presidente de la Nación a Alberto Fernández.

¿Por qué cuento esto? Porque no voy a seguir tolerando las operaciones de prensa que desde el propio entorno presidencial a través de su vocero se hacen sobre mí y sobre nuestro espacio político: Alberto Fernández quería que el Dr. Eduardo De Pedro fuera su Jefe de Gabinete y fui yo la que no estuvo de acuerdo. Mal podría ahora promoverlo para ese cargo.

A propósito de la categoría de funcionarios que no funcionan… el vocero presidencial escaparía a aquella clasificación. Es un raro caso: un vocero presidencial al que nadie le conoce la voz. ¿O tiene alguna otra función que desconocemos? ¿La de hacer operaciones en off por ejemplo? Verdadero misterio.

Por la misma razón me comuniqué con el Ministro de Economía cuando se difundió falsamente que en la reunión que mantuve con el Presidente de la Nación, había pedido su renuncia. Las operaciones son permanentes y, finalmente, sólo terminan desgastando al gobierno. Es increíble que no lo adviertan. Es una pena tanto daño autoinfligido.

Confío, sinceramente, que con la misma fuerza y convicción que enfrentó la pandemia, el Presidente no solamente va a relanzar su gobierno, sino que se va a sentar con su Ministro de Economía para mirar los números del presupuesto. El año pasado, con ocasión de presentarse el mismo, se estableció que el déficit fiscal iba a ser del 4,5% del PBI sin pandemia a partir de marzo del 2021 -situación que no se verificó como es de público y notorio-. Cada punto del PBI en la actualidad es alrededor de $420.000 millones. A agosto de este año, a cuatro meses de terminar el año y faltando apenas unos días para las elecciones, el déficit acumulado ejecutado en este año era del 2,1% del PBI. Faltan ejecutar, según la previsión presupuestaria, 2,4% del PBI… más del doble de lo ejecutado y restando sólo cuatro meses para terminar el año… con pandemia y delicadísima situación social. No estoy proponiendo nada alocado ni radicalizado. Al contrario, simplemente estoy recogiendo lo que en este contexto global de pandemia está sucediendo a lo largo y a lo ancho del mundo, desde Estados Unidos, pasando por Europa y en nuestra región también: el Estado atemperando las consecuencias trágicas de la pandemia.

He sido Presidenta durante dos períodos consecutivos. En el 2008 nos tocó atravesar la crisis global más grande después de la Gran Depresión del año ’30. Soportamos corridas cambiarias permanentes -con muchas menos reservas en el Banco Central que en la actualidad- y el asedio de los Fondos Buitre. Sé que gobernar no es fácil, y la Argentina menos todavía. Hasta he sufrido un vicepresidente declaradamente opositor a nuestro gobierno. Duerman tranquilos los argentinos y las argentinas… eso nunca va a suceder conmigo.

También estoy convencida que será imposible solucionar los problemas que dejó el macrismo de bajos salarios, altísima inflación, endeudamiento vertiginoso con acreedores privados y la vuelta del FMI con un préstamo de 44 mil millones de dólares, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc… votando al macrismo o votando sus ideas.

Cuando tomé la decisión, y lo hago en la primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a Presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi Patria. Sólo le pido al Presidente que honre aquella decisión… pero por sobre todas las cosas, tomando sus palabras y convicciones también, lo que es más importante que nada: que honre la voluntad del pueblo argentino.

………

Y ahora lo escrito por Pablo Ibañez:

Alberto, Cristina y la ingeniería del empate

Alberto Fernández y Cristina Kirchner, tras las PASO 2021.  

 

Cristina Kirchner enfureció, en particular, con una lectura que tuvo la renuncia de Eduardo “Wado” De Pedro. Fue la que tradujo ese movimiento como una maniobra para vaciar el gobierno de Alberto Fernández, un tufillo desestabilizador, cuasi golpista. La vice interpretó que ese abordaje lo esparcieron voceros del gobierno y lo anotó entre las “operaciones” que en su carta pública atribuyó al entorno presidencial, en particular al vocero Juan Pablo Biondi.

“¿Van a acusar a Wado, al que los milicos le asesinaron a los padres, a Raverta (cuya madre fue asesinada en tortura en Lima por militares argentinos y locales en el marco de la Operación Cóndor, N.del E.) a Cabandié que nació en la ESMA de golpistas? Están locos”, enfureció, el jueves antes de la carta abierta de Cristina Kirchner, una fuente que orbita las cercanías de la vice. Fue, se entendió más tarde, una de las críticas más directa, y sin eufemismos, de la expresidente a la Casa Rosada: la referencia a las “operaciones de prensa”.

La reacción de los cristinistas aportó un extra de tensión política en medio de una pulseada, todavía no resuelta, sobre el reordenamiento del gabinete que Fernández sigue sin resolver. En el gobierno, con la carta todavía caliente, hacían una interpretación: que la vice siempre hizo observaciones y que, aun en medio de objeciones abiertas, le cedió al presidente el diseño y manejo del relanzamiento del gobierno.

“Cristina es así: dice lo que piensa y lo hace con sus modos”, tradujeron en la cima del gobierno donde afirman que no hay riesgos de fractura en el Frente de Todos (FdT) porque, más allá de los chispazos públicos -cada vez más feroces-, los dos Fernández, Alberto y Cristina, quieren sostener la unidad.

Lo que está en proceso, y ese parte es a cielo abierto, es la redacción del nuevo contrato de convivencia en el FdT. “Alberto va a manejar con sus tiempos y su perfil el relanzamiento del gobierno. Eso fue lo que charló el martes con Cristina y eso es lo que Cristina deja claro en la carta”, apuntaron a elDiarioAR desde el gobierno.

“Cristina dice que está segura que con la fortaleza con la que Alberto enfrentó la pandemia va a relanzar la gestión, y deja en sus manos la reformulación del gobierno”, es la interpretación que hacen en la cercanía del presidente en un esfuerzo, nada menor, de encontrar señales positivas en las parrafadas ásperas de la vice.

Este jueves, Fernández concentró sus actividades en la quinta de Olivos donde recibió a los gobernadores Sergio Uñac (San Juan) y Juan Manzur (Tucumán). Al atardecer, luego de pasar todo el día en Casa Rosada, Santiago Cafiero se instaló en la quinta presidencial y un rato antes habían hecho lo mismo Vilma Ibarra y Cecilia Todesca. Todo en un clima de rispidez política y sin que exista, al menos hasta el jueves a las 21, contactos directos entre los Fernández o entre el presidente y Máximo Kirchner.

Hubo, confiaron fuentes del PJ; intermediarios y enlaces. Se espera, como señal de distención, que en estas horas se retome el diálogo entre el presidente y su vice, cuyo último contacto directo fue el martes por la noche, una cena en Olivos que había trascendido de manera oficiosa pero que Cristina confirmó en su carta.

La duda que sigue abierta, y no pueden despejar en el albertismo ni aclaran en el cristinismo, es porqué si la cena entre ambos fue en buenos términos y con puntos de acuerdo sobre nombres y políticas, catorce horas después ocurrió la renuncia de De Pedro de manera intempestiva y sin que Fernández supiera que eso iba a ocurrir. “Fue sorpresivo. no lo esperábamos porque la noche antes habían tenido una buena charla”, dicen en la Casa Rosada.

Esa intriga es, en estas horas, un elemento central porque el Frente de Todos entró en una batalla en carne viva donde las diferencias se hablan por los medios, cartas abiertas o notas periodísticas, en una escalada ascendente.

Hay, sobre el doble terremoto que fueron la derrota electoral y las renuncias en cadena de los funcionarios K, varias pistas. Una es que “Wado” De Pedro no seguirá formando parte del gobierno porque el vínculo que lo unía a Fernández se rompió. El otro es que el presidente, con correcta o no interpretación, cree que Cristina le delegó el manejo de la post crisis y que los cambios de nombres y de políticas, estarán exclusivamente bajo su órbita. El tercer elemento, con esas incertidumbres, es más conceptual. Fernández advierte que no puede dejar jirones de autoridades tras esta pelea interna y Cristina, luego de mover sus piezas y exponer como nunca sus diferencias, busca un lugar que justifique, más allá de la supevivencia del corto plazo, la pureza de un proyecto de gobierno y de poder.

Sin tiempo, casi sin diálogo, los ganadores del 2019, deben tratar de construir lo más difícil, una ingeniería del empate, un equilibrio que no dañe más a Alberto y no signifique una derrota de Cristina.

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