MATE COSIDO – ANIVERSARIO. Un 3 de marzo dieron por bien nacido a Segundo David Peralta

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“1897 en Monteros, Tucumán,
el día 3 de marzo lo dan por bien nacido
Segundo David Peralta (…)”
Alias Mate Cosido

Vino al mundo en un hogar proletario y numeroso. Su salteada educación la completará en la imprenta donde trabajaba su padre, quien logra conchabarlo como aprendiz. Allí aprenderá el oficio de tipógrafo pero, más importante aún, adquirirá la afición a la lectura. Es probable que la experiencia como obrero gráfico le proporcione sus primeras ideas acerca de cómo se está organizando la sociedad a comienzos del siglo XX en un país periférico como la Argentina. Esas ideas se completarán con su experiencia vital al confrontar con las fuerzas del orden.

A fines de 1918 es acusado, por primera vez, de robo. Sin embargo, el verdadero crimen de Segundo parece haber sido enamorarse de la misma mujer que pretendía un oficial de la policía provincial, y ser más correspondido que éste por su querer. Sin antecedentes, recupera pronto la libertad, para volver a caer víctima del hostigamiento policial.

A lo largo de 1919 será detenido en 4 oportunidades por distintos delitos contra la propiedad. Acerca de sus recorridas por comisarías, tribunales y unidades penitenciarias escribirá, más adelante “donde la policía conozca sus antecedentes, lo primero que hacen es quererlo conquistar como delator, si no acepta vienen las persecuciones…”.

Luego de haber intentado establecerse en Córdoba, Santiago del Estero y Corrientes sin éxito, en 1926 Segundo David Peralta se instala en el Territorio Nacional del Chaco. A la constante persecución policial, hay que agregar, como causas de su migración, la muerte de su padre y la participación en una huelga que queda consignada en su prontuario.

Con su partida, Peralta cierra un capítulo de su vida. Si su destino está escrito en partes policiales y fojas judiciales, él hará lo posible por que su propia voz aparezca, aunque sea entre líneas, en su expediente. Años más tarde recuperará la figura materna como un factor más en ese año bisagra de 1926 cuando recordará que ella lo empujó a marcharse.

“Aunque es grande mi dolor de madre, mi hijo, debes irte de mi lado y de Tucumán. (…) aún a costa de toda mi vida no permitiré que esos esbirros sigan jugando con tu libertad (…). Ese mismo día preparé un reducido equipaje, y al siguiente me marché rumbo al Chaco. Rumiaba ya en mi partida un plan de desquite y en el viaje lo completé (sería asaltante), y como la policía no me dejaba otra alternativa, iba a vengar las lágrimas de mi madre con otras lágrimas”.

Mate Cosido

Hacia mediados de 1920, la acción depredadora de la Compañía de Tierras, Maderas y Ferrocarriles La Forestal Limitada, más conocida como La Forestal, va dejando grandes claros en el monte de quebracho chaqueño. En esas tierras ganadas al bosque comienza a imponerse el cultivo de algodón. Braceros, cosecheros y colonos se incorporan a los hacheros como mano de obra para grandes emporios como Bunge & Born; Dreyfus; Anderson, Clayton & Co., que se suman a la ya mencionada Forestal en la expoliación de los recursos naturales y la explotación del obrero.

Junto a los trabajadores, llegan al Chaco bandoleros en busca de hacerse con una parte de las riquezas que se generan y circulan por ese Territorio Nacional antes de ser remitidas como utilidades a sus casas matrices. Llegan, también, militantes obreros, mayormente anarquistas, en busca de recuperar una parte de las riquezas que generaban los obreros –y que les era expropiada, en forma de plusvalía, por las firmas comerciales–, para lo cual se darán a la tarea de organizar sindicalmente a la clase. Llega, por último, Segundo David Peralta, alias “Mate Cosido”, a mitad de camino entre bandido y anarquista, para despojar a distintos agentes comerciales de las empresas con intereses en el Chaco y realizar una particular redistribución entre los condenados de la tierra.

Centinela de la patria

A lo largo de una década, Mate Cosido irá perfeccionando sus habilidades; se reunirá con compañeros tan decididos como él y que compartirán sus ideas expropiadoras, lo que se traducirá en golpes cada vez más audaces, más espectaculares y más redituables en términos económicos. También será capaz de elaborar y poner por escrito un par de “normas de conducta” que considera centrales en su accionar, “la primera, evitar la violencia todo lo que sea posible (…) para alejar toda posibilidad de homicidios y comentarios desfavorables, desprestigiándome a mí y a los camaradas que me acompañan, y esta otra: extremar las energías en el combate forzoso cuando se trata de defender la libertad o eliminar algún delator”.

La aparente invulnerabilidad de Mate Cosido y su banda y los crecientes perjuicios económicos que producían a los grandes capitales hicieron que, a fines de 1937, la Cámara de Comercio e Industria del Territorio reuniera a productores, comerciantes, industriales y profesionales para elaborar un petitorio –que llegaría en el mes de diciembre de ese año a manos del presidente Agustín P. Justo– en el que señalaban que “la explotación forestal, ganadera y agrícola (…) mueve diariamente mucho dinero y (…) esta zona ha resultado exitosa para las fechorías de (…) bandas de gente de mal vivir que actúan (…) hace tiempo y gozan de una impunidad que está mereciendo censura”.

La respuesta de Justo será la creación de una fuerza entre policial y militar, que reemplazará a la policía provincial –que se había mostrado ineficaz, insuficiente y aún condescendiente– para combatir a los bandoleros instalados en el Chaco. A pedido del Poder Ejecutivo Nacional, el Congreso sancionará, a mediados de 1938, la creación de la Gendarmería Nacional.

 

Fue en el barrio de Barracas / y a la hora de la siesta / que hablaron de Malatesta…

Frente a este clima revuelto que se vivía en el Chaco, Mate Cosido se guardó por un tiempo; luego se calzó el traje de Segundo David Peralta y se marchó a Buenos Aires con algunos compañeros. Es posible que el viaje a la capital estuviera originado en un llamado al bandolero. Es posible, también, que el llamado ocurriera una vez que se hubiera detectado la presencia de Mate Cosido en la ciudad puerto. Lo cierto es que varios testimonios dan cuenta de que en la calle San Antonio 814, en nuestro barrio de Barracas, donde se levanta un curioso edificio adornado con motivos que remiten al antiguo Egipto y con innegables símbolos masónicos, en cuyo frontis aún puede leerse la leyenda “Hijos del Trabajo”, a fines de 1937 o a comienzos de 1938, “Se conocen dos hermanos de este barro, de esta sangre. / Dejan un pedazo del pasado aquí sellado / y deciden golpear al que se roba el quebrachal”.

Segundo David Peralta se encuentra en el edificio de esa logia masónica del sur de la ciudad de Buenos Aires con Juan Bautista Vairoleto. Los dos bandidos rurales más afamados del país, los dos hombres más buscados por las fuerzas de seguridad, se encuentran en la ciudad capital, sede de los poderes centrales de la República y llevan adelante una reunión durante varias horas. El profesor Hugo Chumbita señala que, a la hora de las presentaciones, el “maestro” de la logia se referirá al destino que va atado a los nombres de ambos hombres: Juan el Bautista como precursor de Jesucristo y su iniciador en las creencias igualitarias, y David como el pequeño que no teme enfrentarse a gigantes y poderosos. La conversación habría seguido por los canales de las anécdotas, las historias y las convicciones de cada uno, hasta que llegó el momento de decidirse a pasar a la acción.

La Forestal concitaba la animadversión de los anarquistas. La propuesta gubernamental de constituir una nueva fuerza de seguridad para proteger a la empresa de las andanzas de los bandoleros parecía poder ser contrarrestada por la unidad de Mate Cosido y Vairoleto. Si pudieran realizar un gran atraco a la empresa de capitales británicos asegurarían un importante botín para sí, para la causa ácrata y, al mismo tiempo, se burlarían de La Forestal y de los planes represivos del gobierno, multiplicando la adhesión de los sectores obreros por los bandidos y el anarquismo.

Entusiasmados ante las perspectivas que tenían por delante, al terminar la reunión, “brindaron por la unión, por la anarquía y por el reparto de las tierras entre los chacareros”.

 

“Dos valientes (dos bandidos / según los diarios porteños) / que atracaban a los dueños / de tierras y quebrachales / para remediar los males / de tanto pobre chaqueño”

Emprenden el camino hacia el Chaco. El viaje será accidentado para Vairoleto y sus hombres. Una emboscada policial los estaba esperando en Vera, al norte de Santa Fe. Vairoleto logra escapar. Llegará a destino más tarde de lo convenido, debiendo para eso cambiar de medios de transporte en reiteradas oportunidades, siempre con las fuerzas de seguridad pisándole los talones.

Es evidente que alguien los ha entregado. A pesar de esta certeza, y luego de esconderse por algunos días, deciden llevar adelante un asalto contra uno de los establecimientos de La Forestal. También allí los estarán esperando y serán repelidos. Una vez más, consiguen romper el cerco y escapan de la policía.

Antes de que los resquemores se conviertan en desconfianza, los dos bandidos deciden separarse. Quizás se prometen volver a encontrarse tiempo después. No será posible. Juan Bautista Vairoleto regresa a su territorio fronterizo, entre La Pampa y Mendoza. Un entregador dará parte de su ubicación a la policía. Resistirá el asedio hasta que le queda una última bala en el cargador. Con ella, antes de ser apresado, se suicidó.

La vida de Mate Cosido, que presenta tantas similitudes con la de Vairoleto, tendrá un rasgo distintivo en la hora final. Sorprendido por la recientemente creada Gendarmería Nacional cuando iba a recuperar a hacerse con el dinero de un rescate por un secuestro, logró escapar a pesar de haber sido herido en la cintura. Se ocultó en poblados y ranchos hasta ganar el monte. Las patrullas que van en su busca regresan con las manos vacías. Sin rastros de su paradero, se acrecienta la leyenda. Dicen haberlo visto en el Paraguay, en su Tucumán natal y en Santa Fe. Lo hacen regenteando un prostíbulo, administrando una hacienda o convertido en líder local del naciente peronismo. Nos gusta más la versión no escrita de que volvió a esa casa extraña de la calle San Antonio al 800 en nuestro barrio de Barracas. Que allí, bajo el cielorraso pintado de estrellas, esperó a Juan Bautista, para volver a intentar un último asalto a La Forestal. O a cualquier otro emporio capitalista expoliador de recursos naturales y explotador de trabajadorxs.

Redacción: Lucas Yáñez.
Investigación: Hugo Chumbita.
Poesía: Humberto Costantini.
Música: León Gieco.

 


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Un comentario

  1. Un chamamé dice:

    Esta es la historia de un gaucho bueno
    que su destino lo traicionó
    llenando su alma de tucumano
    de la injusticia que lo venció.

    Mate Cosido era el apodo
    de aquel bandido bravo y feroz
    que fue el terror del norte argentino,
    del dieciocho al cuarentaidos.

    Formó su trío de bandoleros
    con Zamacola y “El Calabrés”
    en los poblados y en los caminos
    fueron temidos yaguaretés.

    Pero fue un día, allá, en el Chaco
    un compañero lo delató
    desde entonces Mate Cosido
    huyó a la selva y nunca volvió.

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