“Fibertel no es el campo, es una empresa”

Interesantísima nota de Nacho Fidanza. Mientras muchos de este lado piensan que el Gobierno metió la pata al tirarse a la pileta con Fibertel, él, que está del otro, advierte que la oposición está cayendo en una trampa, y que nadie dará la vida por Fibertel, una empresa que se embolsa ganacias de 240 millones de dólares anuales.
Me la manda Caíto, que apostilla con su habitual escepticismo. “Es cierto que Fibertel es una empresa, pero la Telefónica (speedy) también”.

Publicada en www.lapoliticaonline.com el 21/08/2010

Fibertel no es el campo, es una empresa

La oposición se aferra a la pelea de Fibertel, con la esperanza de repetir la épica anti kirchnerista de la resolución 125. La apuesta, totalmente funcional al gobierno, facilita el discurso oficial de estigmatización de las “corporaciones”. El error de buscar en el pasado lo que no logra construirse en el presente.
Por Ignacio Fidanza    
Fibertel no es el campo,         es una empresa

Margariti Stolbizer, Silvana Giudice, Oscar Aguad, Patricia Bullrich, Federico Pinedo y Ricardo Gil Lavedra, ayer al rechazar la emdida contra Fibertel.
Si acaso algo le faltaba a la oposición para terminar de desdibujar su rol en el conflicto político, es levantar la bandera de una empresa privada como si fuera la toma del Palacio de Invierno. Delicias de la post modernidad, “Fibertel” viene a reemplazar utopías como “Justicia Social” o “Democracia”.

Evolución de “pueblo” al más pausterizado “ciudadanos” y ahora, coronación final del capitalismo, la defensa política de los “abonados”. Maniobra de judo opositora para subirse a la presunta masa electoral construida por los esforzados gerentes de la prestadora de Internet, que alcanza la friolera de 1.100.000 posibles votantes. Si es que van a votar.

Vacío esencial de la agenda opositora que corre detrás de la última provocación de Kirchner, como Hansel y Gretel recogiendo miguitas que difícilmente conduzcan al ¿ansiado? Sillón de Rivadavia.

Dejá vu de la ley de medios, profusión de lobbystas desencajados, conferencias de prensa de diputados indignados, movilizaciones empujadas a través de los medios y al final, previsibles desencantos y mirada suspicaz de la platea.

Es que aún en este siglo XXI virtual, la pasión por la web no parece dar para tanto. “Proveedor o Muerte”, remix forzado de una épica de minorías. Incluso a nivel global, son muchos más los millones que viven sus días en un mundo de “apagón” digital, que los que disfrutan del twitteo. Africa casi completa, por citar un caso.

¿No debería acaso la oposición indignarse de igual manera por todos los que NO tienen la posibilidad de ser clientes de Fibertel? ¿De aquellos que ni siquiera poseen un enchufe para conectar una netbook, que tampoco tienen?

Y es ahí donde crece el kirchnerismo, pese a las notables desproporciones que se permite. Es esa orfandad de propuestas superadoras, esa pulsión por la previsible reacción gritona, indignada, a lo Silvana Giudice, lo que le facilita la pelea al Maquiavelo de Olivos.

Esta muy claro que más allá de que “Pino” Solanas se vuelva “loco” si le sacan su Fibertel, la defensa de esa compañía es apenas una excusa para tapar la dificultad opositora para entrarle a una agenda “progresista”, que secretamente muchos comparten y otros temen impugnar a viva voz. No sea cosa que los llamen “derechosos”. Notable complejo para asumir la propia identidad.

En definitiva, se trata de robarle algunos puntitos más de clase media a los Kirchner, de emparentarlos con Hugo Chávez, justo cuando venían repuntando. Y es posible que lo logren, pero lo que suman con cuentagotas por un lado, lo pierden a baldazos por el otro.

Porque lo que revelan -una vez más- es tan serio como puede serlo para quien se pretende opción de gobierno, la incapacidad de forjar una agenda propia más allá de la que fija la pelea Kirchner-Clarín. Refriega muy interesante -para su selecto público-, pero ubicada a años luz de las preocupaciones centrales de la mayoría.

En ese sentido, es notable la dificultad opositora para abordar el tema que grita en todas las encuestas: el crecimiento del delito de proximidad. No la corrupción, no los subsidios truchos de la ONCCA de Echegaray o la incomprensible trama impositiva de Skanska. No, lo que duele, lo que molesta en serio, es el robo común, el asesinato, la violencia callejera.

Inmenso flanco del Gobierno que hasta ahora no recibió más que un silencio incómodo o palabras de ocasión de los principales líderes opositores.

Si hasta la revista británica The Economist reconoce el crecimiento de la economía Argentina y duda de su colapso antes de las elecciones del 2011, está bastante claro cual es el filón que se está descuidando. Por falta de propuestas, de audacia o acaso de prejuicios ideológicos. Por lo que sea, el resultado es el mismo. Aparecer ajenos a los preocupaciones centrales de una sociedad que a medida que avanzan los meses empieza a valorar cada vez más, lo poco que el contexto económico le ofrece. Porque aunque parezca que no a veces no existe, hay memoria.

Lilita lo dijo más claro: “No estoy dispuesta a volver a transitar el fracaso estrepitoso de la Alianza”. Es una de las líderes de la oposición la que lo dice.

Hoy la opción que aparece con más proyección –todo puede cambiar- es Ricardo Alfonsín con el radicalismo más el socialismo y el GEN atrás ¿Es acaso lo que ofrece algo distinto a un kirchnerismo con menos gobernabilidad, pero más ética y buenos modales? ¿Alcanza para relevar del gobierno al matrimonio presidencial? ¿Cuál era aquella glándula más sensible de los argentinos que citaba Perón?

En todo caso, la cruzada para que una operadora no pierda sus abonados, que le reportan una ganancia anual declarada de 240 millones de dólares, suena al menos modesta como próxima gran marcha. Extraña voluntad opositora de ubicarse en la silla que les reservó el kirchnerismo, esto es, la defensa de las “corporaciones”.

Por supuesto, no hay que descartar que los Kirchner de aquí a octubre del año próximo recaigan en su pulsión auto destructiva y se embarquen en otro rush incinerador al estilo de la pelea de la 125. Pero pese al entusiasmo que le ponen desde la oposición, no parece que Fibertel sea el caso.

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