LIBROS – Las islas del tesoro: los paraísos fiscales y los hombres que se robaron al mundo, de Nicholas Shaxson

Shaxson

Nicholas Shaxson, el autor.

La lista de Hervé Falciani y la del argentino Hernán Arbizu echaron luz sobre la misma práctica dentro de dos de los grupos bancarios globales como son el HSBC y JP Morgan respectivamente. Falciani habló recientemente de la Argentina y elogió que su lista haya impulsado una persecución contra los fugadores de divisas nacionales, algunos de los cuales figuraban entre los primeros con más fondos del HSBC suizo. Por su parte, Arbizu visitó la comisión bicameral que investiga estos hechos – que no contó para su creación con el voto opositor – y declaró que entre otras cuentas que él manejaba desde Buenos Aires figuraba una del Grupo Clarín, que tenía 1300 millones de dólares en activos fugados ilegalmente.

Cada banco, cada sucursal, tiene sus prácticas rasantes en la legalidad o ilegales, en cada país, en todo el mundo. El dinero va por rutas aéreas, mientras los pueblos del mundo deben esperar la aparición de políticos que, por medio de recursos ciudadanos, emprendan la casi imposible tarea de poner límites al dinero transnacional. Esa carrera contra los aviones supersónicos del dinero ilegal se corre por caminos de tierra, y en patas.

Este problema fue abordado por un libro de imperiosa lectura y que desde ya recomendamos leer si lo que buscan es entender el mundo en el que viven. “Las islas del tesoro: los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo”, del inglés Nicholas Shaxson, se editó en Argentina bajo el sello Fondo de Cultura Económica y puede conseguirse fácilmente en librerías o en la Feria del Libro, en el stand del sello editor.

Sospecho, después de leerlo, que fue leído – o al menos un resúmen del mismo – por la presidenta CFK, ya que hace poco adoptó un cambio en su forma de referirse a estos distritos financieros que el mismo autor propone: dejar de decirles paraísos – algo que connota experiencias agradables – y empezar a traducir correctamente su nombre. En inglés, los financial havens son guaridas fiscales, no paraísos.

Por estos caminos circula nada menos que la mitad de los activos del mundo y un tercio de las inversiones, nos cuenta el autor. Shaxson nos explica que estas jurisdicciones están pensadas para la elegante ilegalidad desde sus constituciones y que por ese motivo es tan difícil ponerles un fin. Dice el autor:

” Las estructuras financieras extraterritoriales típicamente involucran el “escalonamiento”, un ardid también conocido por el término francés saucissonage, que literalmente significa “cortar un salchichón en tajadas”. Cuando una estructura se reparte en tajadas entre diversas jurisdicciones, cada una de ellas brinda un nuevo “envoltorio” legal o contable a los activos, que suelen estar localizados en otra parte. (…) El escalonamiento ahonda el secreto y aumenta la complejidad. Un narcotraficante mexicano puede tener 20 millones de ólares en una cuenta bancaria de Panamá, por ejemplo, pero la cuenta no está a su nombre sino que pertenece a un trust establecido en las Bahamas. Los administradores del trust podrían vivir en Guernesey y su beneficiario podría ser una corporación de Wyoming. Aun cuando lográramos descubrir cómo se llaman los directores de esa empresa y hasta consiguiéramos fotocopias de sus pasaportes, no llegaríamos muy lejos: seguramente se trata de directores nominales que se dedican a dirigir cientos de compañías similares. Están ligados al siguiente peldaño de la escalera a través de un abogado corporativo que no puede brindar detalles debido al secreto profesional entre abogado y cliente. Incluso si consiguiéramos atravesas esa barrera, nos encontraríamos con que la corporación es propiedad de un trust con sede en las islas Turcas y Caicos, provisto de una cláusula de escape: apenas se detecte una indagación, la estructura se trasladará precipitadamente hacia otra jurisdicción confidencial. Aun cuando alguna de las jurisdicciones accediera a cooperar con la pesquisa, el asunto podría demorarse a lo largo de meses o años.”

Después de leer este párrafo, podemos llegar a muchas conclusiones. La primera es que los piratas del Caribe que asolaron esas mismas islas a finales del s. XVII eran nenes de pecho al lado de estos abogados y contadores. La segunda, que si fuera cierto el caso Hotesur, Lázaro Báez tiene contadores de muy bajo vuelo a los que debería despedir inmediatamente, por no lograr una estructura como la descrita en el párrafo anterior.

En todo caso: el libro de Shaxson vale cada peso, y se lo recomienda enfáticamente para tratar de entender dónde operan y cómo se mueven algunos de los enemigos de la Patria.

Link a la web de la editorial.

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