NARCOTRÁFICO. Guillermo Moreno señaló como a uno de los lavadores a Eduardo Elzstain /2. Acerca del denunciante

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Hace mucho que Moreno construyó un personaje que terminó de apropiarse de todo su ser, en espejo con lo parece haber sucedido con el Presidente, cuya psiquis Moreno se jacta de comprender. Viendo lo bien que le fue a Milei haciendo payasadas y con argumentos equivalentes a un 4 de copas, el ex Secretario de Comercio picó en punta con la voluntad –digna de encomio– de encabezar la oposición.  Con éxito, entiendo que por dos motivos, el más evidente es que tiene buen raiting en radios y canales de TV porque por una parte siempre dice cosas llamativas y a veces hasta disruptivas, pero por otra, suavizando aquello, porque propone no oponerse a Milei y sus jinetes del apocalipsis neoliberal, dejándolo hacer hasta que se aburra o deprima por el previsible rechazo de una clase media arrojada violentamente a la pobreza, y en segundo lugar porque está en las antípodas de proponer el menor atisbo de lucha de clases, elogiando a una inexistente burguesía nacional e imprecando únicamente contra una “oligarquía” supuestamente inmutable en su esencia desde hace más de un siglo (como si no tuviera puntos de contacto con los llamados capitanes de la industria) del mismo modo en que Milei lo hacía contra una evanescente “casta” que sólo se corporizó para rodearlo y dar sustento a sus dislates.

Lo que hace presumir que Moreno ha de haber llegado a un acuerdo con el Grupo Clarín (que hace mucho que dejó de atacarlo) y con Techint, es decir, a través de sus laderos, con Horacio Magnetto y Paolo Rocca.

Su pretensión de detentar el peronómetro habiendo tantas maneras de adscribirse e inscribirse en el movimiento nacional resulta tan absurda como la de seducir a los jóvenes con un look de sacos y pantalones grises y marrones y corbata con traba dorada. Su fobia por todo lo que huela a radicalismo, así sea por quienes se han integrado al movimiento nacional como Leopoldo Moreau y Leandro Santoro resulta tan incomprensible como perjudicial para los objetivos que dice perseguir, como la tirria que siente por Axel Kicillof (quien en este momento casi de acefalía, es, mal que le pese, nuestro principal campeón) ni de sus frases arrogantes y despectivas hacia Cristina Fernández de Kirchner y hasta hacia Lula.

José “Pepe” Sbatella, quien le atribuyó al ex secretario de Comercio las presiones que terminaron por provocar su eyección de la Comisión de la Defensa de la Competencia allá por 2008, y ya por entonces coincidíamos con Teodoro Boot en que tenían razón quienes criticaban la gestión de Moreno al frente de la Secretaría de Comercio: “No se puede arreglar con los formadores de precios más poderosos. (La gestión) fracasó porque se dispararon los precios, por lo que el único remedio que le quedó a la Secretaría fue matar al emisario de la realidad, que es el INDEC”, señaló entonces.

Sbatella había dicho también entonces que otro motivo por el que Moreno quería echarlo de Defensa de la Competencia fue  por diferencia acerca de “autorizaciones que involucran fusiones de grandes empresas”. Recientemente fue mucho más claro al decir que “me apretaron para aprobar la fusión de Clarín” en tácita alusión a la de Multicanal y Cablevisión.

De las pocas cosas que Néstor se arrepintió, certificó su hijo Máximo, fue de haber aprobado la fusión entre Cablevisión y Multicanal. Reconociéndolo, Cristina reincorporó a Sbatella a su gobierno como titular de la Unidad de Investigación Financiera (UIF)

“¿Saben por qué cristina echó a Moreno del Gobierno?” tuiteó retóricamente Sbatella, y el mismo lo contó: “Fue por mentirle con datos ‘inflados’ aportados por su secretaría para (confeccionar) el presupuesto 2013 ¡porque se le ocurría que lo mejor era inflarlos!”, y luego se refirió a lo que parece ser la razón de la tirria de Moreno hacia Kicillof: “A fines de 2013, el entonces secretario de Política Económica, Axel Kicillof, le demostró a Cristina que Moreno la había engañado ocultándole un retroceso en el Comercio Exterior. El Napia consideraba que había que estimar un superávit que fuera mayor a 12.000 millones de dólares, y para eso sobrestimo las exportaciones para 2013. Cuando a finales de ese año Cristina comprobó que le había mentido, termino desplazándolo. En 2013 el superávit cayó 27%, los medios destrozaron a Cristina atribuyéndole falta de previsión y nadie podía decir nada porque los datos de la retracción de las exportaciones habían sido ‘pisados’ por Moreno”, concluyó.

Dicho todo esto, y en medio de la emergencia en que se encuentra el pueblo argentino, tan grave como la sufrida en 1976, no se trata de excluir a nadie en la lucha por recuperar la Nación de quienes están desguazándola y rematándola, y bien se pueden pasar por alto boutades como los dichos elogiosos de Moreno hacia el genocida Netanyahu y su afirmación de que no hay que criticar a la Corte Suprema porque “tres de sus cuatro miembros son peronistas”.

Y es que la necesidad tiene cara de hereje. Hasta quienes apoyamos enfáticamente el muy fundamentado juicio político a los cortesanos, suspiraríamos aliviados si Milei, Villarruel y su caterva renunciaran y el presidente del máximo tribunal, Horacio Rosatti, se hiciera cargo del Poder Ejecutivo y convocara a nuevas elecciones. Más allá de todo, Rosatti, es una persona sensata y posiblemente no permitiría que se consumaran los irreparables destrozos en curso.

Del mismo modo, ojala fuera posible una alianza del movimiento nacional y una parte considerable de la industria. Hoy, ante la blitzkrieg desnacionalizadora, hasta los ya inexistentes fascistas clásicos podrían ser aliados.

En este contexto, cuando hay tantos que se esconden y no dan la cara, es imposible no reconocer que o bien Moreno es un irresponsable vende-humo, o bien hace gala de una valentía nada frecuente.

Pájaro Rojo tiende a creer esto último.

 


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