LÍBANO – COVID-19. Líder de Hezbolá insta a seguir las recomendaciones de la OMS y a mantener una moral de combate

En Líbano, el Ministerio de Salud está a cargo de Hezbolá. Su secretario general, Hassan Nasrala, se dirigió el pasado 13 de marzo a la opinión pública del país, ocasión en que definió al coronavirus como un enemigo de la humanidad, contra el cual no hay otro camino que luchar, y dijo que aunque esto parece obvio, en muchas partes del mundo hay gente que discute esta obviedad. Destacó que abordar problemas como esta pandemia, requiere ética y un alma llena de sentimientos humanitarios. Puso como ejemplo contrarioal presidente de EEUU, al cual “le importa más el dólar y el barril de petróleo, que la vida de la gente, incluso que la de él mismo”. Nasrala hizo un llamamiento a los libaneses “que tienen sumas de dinero absolutamente colosales, y desde 1993 han acumulado ganancias astronómicas”  y “les digo que son los primeros que tienen el deber de extender una mano amiga al gobierno libanés, a las finanzas del Estado libanés, al sector de la salud, así como de ser solidarios para que la gente pueda aguantar, perseverar y el país pueda salir victorioso de esta batalla”. Dijo también dijo que podría haber una incautación forzosa de fondos por decreto, si  el gobierno y el Parlamento así lo vota y el Ejecutivo lo promulga. Hezbolá ha movilizado a más de 20.000 personas y dedicado un nuevo hospital ya operativo al Covid-19, así como vuelto operativos cuatro hospitales que estaban en desuso y que fueron renovados y equipados. También estableció 32 centros médicos y 3 hospitales de campaña, y alquiló hoteles completos para la cuarentena de los infectados menos graves. Refiriéndose a la experiencia militar de la organización, Nasrala dijo que, como en todo combate, hay que fijar objetivos, y que contra el coronavirus son dos: evitar que se propague y atender lo mejor que se pueda a los que resulten afectados. Señaló que la experiencia de China, demostró que lograr estos objetivos es posible tanto teórica como prácticamente. Recordó que evitar contagiar a otras personas es una cuestión de ética, y que se los líderes religiosos chiítas han emitido decretos sobre la obligación moral de los fieles de cumplir las medidas de confinamiento y distanciamiento social con el fin de no propagar el virus y evitar la muerte de otros ciudadanos.  Nasrala advirtió que puede pasar mucho tiempo hasta que aparezca una vacuna o un medicamento eficaz, y llamó a mantener la moral alta en la lucha contra el coronavirus, poniendo el ejemplo de las guerras en que ha participado Hezbolá: “El mayor peligro en cualquier batalla, ya sea política, militar o esta en el ámbito de la salud, es cuando uno de los dos beligerantes en el frente de batalla se ve afectado por el miedo, el terror, la sensación de impotencia, debilidad, o desesperación. Cuando la mentalidad derrotista se apodera de nosotros, todo se arruina, incluso si se trata de un ejército poderoso, incluso si tiene armas nucleares, incluso si sus capacidades son colosales. Porque la base de la victoria está en el corazón, en el ser interno. Durante las diversas guerras luchadas por Hezbolá,  nos dijeron que teníamos 100 mártires, 200 mártires, 1.000 mártires, 5.000 mártires, 10.000 heridos, 100.000 casas destruidas… Pero no decaímos.Y es por eso que siempre hemos salido victoriosos. Y hoy es lo mismo. Cualesquiera que sean las pérdidas causadas por esta epidemia, debemos enfrentarla con fuerza y ​​determinación”.

Hassan Nasrala: la batalla del coronavirus es una guerra social y de salud

 

Hassan Nasrallah: the coronavirus battle is a health & social war, Western leaders are lying

Discurso del Secretario General de Hezbolá, Sayed Hassan Nasrala, el 13 de marzo de 2020, dedicado casi exclusivamente a la crisis de salud global causada por Covid-19 y las medidas que cada individuo debe tomar para protegerse a sí mismo y a los demás.

 

“Entre los temas prioritarios que voy a abordar, que preocupan al mundo en esta etapa, el primero es el del Coronavirus. La lucha fundamental en la que todos participan hoy, no sólo el Líbano y los pueblos de nuestra región, y que ocupa las mentes de todos. Me refiero a la batalla contra  la pandemia de coronavirus. Hoy, en los países de nuestra región, en Europa, en los Estados Unidos, ésta es la primera preocupación que eclipsa a todas las demás. Naturalmente, no me detendré en las preguntas específicas reservadas para especialistas en el campo científico y médico, ya sea dentro del Ministerio de Salud, a nivel de médicos, OMS, etc., y todo lo que se ha dicho sobre gestos de barrera, distanciamiento social y confinamiento, etc, no volveré ni lo repetiré.

El coronavirus es un enemigo mortal para toda la humanidad

Primero, debemos considerarnos en el centro de una batalla. Hoy, ya no es una batalla limitada a un país, sino una guerra mundial. Una batalla global librada por todos los países y pueblos del mundo. Esta es la prioridad de todos los gobiernos para actuar y la preocupación de las personas de todo el mundo.

Debemos considerarnos en el corazón de una batalla y librar esa batalla. Esto es algo muy importante para comprender el tema y abordarlo como se debería, y encontrar la solución adecuada. En esta batalla, hay un enemigo y hay objetivos potenciales. Y todos los que están amenazados, es decir, toda la población mundial,  deben enfrentar a este enemigo.
En cualquier batalla —porque debemos aprovechar la experiencia de Hezbolá, de todos los movimientos de Resistencia y de todas las guerras en el mundo—, el enemigo debe ser claramente identificado y conocido. El problema en esta batalla es que el enemigo, que se llama nuevo coronavirus, sigue siendo en gran parte desconocido en el mundo, la mayoría de sus aspectos aún son desconocidos para la comunidad científica.  Este enemigo, por lo tanto, sigue siendo fundamentalmente desconocido pero sus peligros se han vuelto claros para todos en las últimas semanas. Representa una amenaza considerable para todo el mundo.

¿Cuál es la amenaza que representa el coronavirus para nosotros? Es mortal para las personas y puede acabar con sus vidas. Ciertos enemigos pueden destruir nuestros hogares, quemar nuestros campos agrícolas, representar un peligro para la seguridad, librar una guerra psicológica para desestabilizarnos, etc. Pero ahora, el peligro es diferente: este enemigo quiere matarnos y matar a muchas personas. Y su amenaza no sólo pesa sobre un pueblo, una ciudad, un país o incluso en un solo continente: se extiende a todo el mundo, a todo el globo terrestre.

Y este enemigo no se detiene frente a ningún número: ni los cientos, ni los miles, ni las decenas de miles, ni los millones, este virus puede infectar absolutamente a todos. Hoy, algunos medios estadounidenses están considerando estadísticas colosales, hablando de decenas de millones de personas potencialmente infectadas, de 160 a 225 millones -cifras del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades citadas por el New York Times-. Estas estadísticas se refieren sólo a los Estados Unidos y sugieren el riesgo de más de un millón de muertes.

En consecuencia, nos enfrentamos a un enemigo cuya amenaza es clara, considerable y universal. Digo esto porque debemos conocer al enemigo en toda su verdad, y la verdad de la amenaza que representa para nosotros, para poder asumir nuestras responsabilidades y enfrentarlas. No digo esto para alentar la rendición, el miedo o el terror, o la psicosis.

En cualquier caso, lo más peligroso de esta amenaza es que no sólo pesa en la economía, en los años escolares que se interrumpen o en diferentes aspectos de la vida. Como dije, es una amenaza para la vida misma. Porque todo se puede recuperar: podemos recuperar un año escolar, podemos compensar un declive económico, todo se puede recuperar. Pero en cuanto a aquellos que pierden la vida, a nuestros seres queridos a quienes perdemos y que abandonan este mundo terrestre, no volverán, y los hemos perdido para siempre. Por lo tanto, este es el enemigo y esta es la amenaza.

Frente a esta amenaza, y frente a este enemigo, ¿cuál debería ser nuestra decisión? ¡Debemos decidir luchar! Es obvio. Quizás algunos dirán que repito lugares comunes. Pero en nuestro país y en muchos lugares del mundo, hay debate sobre las cosas más obvias.

Por ejemplo, cuando el enemigo israelí atacó el Líbano, invadiendo y ocupando nuestro territorio, apropiándose de nuestras aguas, nuestros cielos y nuestra soberanía para satisfacer sus apetitos, la evidencia de la Resistencia fue un tema amargamente disputado. Lo mismo ocurre con el coronavirus: la elección debe ser la resistencia contra este agresor y enemigo invasor que nos amenaza, que ocupa siempre más territorios y contamina a más y más personas y se ha convertido en una epidemia global. Sobre todo, no deben rendirse, desesperarse o sentirse derrotados de antemano e indefensos o incapaz de actuar, o subestimar este peligro, en cualquier caso. Debemos decidir resueltamente enfrentar y pelear contra este virus, pelear esta batalla y asumir nuestras responsabilidades, con una moral victoriosa.

Tercero, cuando hablamos de esta lucha, la responsabilidaddebe ser global y universal.

Si considero el ejemplo del Líbano pero este punto es válido para todo el mundo, la responsabilidad recae en el Estado en todos sus casos: los Presidentes , los Parlamentos, el gobierno con todos sus ministerios, y no sólo el Ministerio de Salud, que es responsable de solo un aspecto de esta batalla, sino que todos los ministerios están involucrados, así como la Justicia, el Parlamento, el ejército, las fuerzas de seguridad, los pueblos y ciudades …

Todos los libaneses también deben asumir esta responsabilidad, ya sean adultos o jóvenes, y en todas las regiones. Del mismo modo, todos los no libaneses que se encuentran en territorio libanés, ya sean refugiados palestinos, sirios desplazados y otros residentes, sean árabes o no. Cualquier persona en el territorio libanés debe participar en esta lucha y asumir su parte de responsabilidad, por supuesto en la medida de sus medios y lo que se requiera de ellos. Y resulta que en esta batalla, absolutamente todos tienen tareas específicas que cumplir, un papel que desempeñar. Esta batalla es global y requiere todos los esfuerzos de cada uno y la participación de todos los individuos, quienes deben asumir una o más responsabilidades.

A este respecto, las responsabilidades de cada uno no son las mismas que para las batallas políticas o militares. En la batalla militar, la responsabilidad recae en algunos de nosotros, y a otros se dispensa de ella, como en la batalla política. Pero en esta batalla, todos son responsables, y todos tienen una función importante y un papel que desempeñar.

Ahora en este tipo de batalla contra un virus, el Ministerio de Salud y los otros ministerios involucrados, hospitales públicos y privados, médicos, enfermeras, cualquier persona que trabaje en salud, atención y ambulancias estarán en primera línea en esta batalla . Y debemos verlos como oficiales de primera línea, soldados y combatientes de la Resistencia, y comportarnos con ellos como deberíamos en los frentes moral y psicológico.

Establecer los objetivos correctos para esta batalla 

El siguiente punto es el objetivo de la batalla: ¿cuál debería ser nuestro objetivo?

Hasta que el mundo descubra una vacuna, una cura para esta pandemia, el objetivo debe ser detener la propagación de esta epidemia, evitar que progrese, limitar las pérdidas humanas tanto como sea posible. Si en lugar de tener 100 muertos, podemos tener sólo 20, ese debe ser el objetivo. La prioridad es proteger a las personas, su existencia, su salud, su supervivencia. Este es el objetivo.

Este objetivo se divide en dos partes. La primera parte es prevenir la propagación de la epidemia tanto como sea posible, y la segunda parte es tratar a aquellos que están infectados. Es cierto que no hay vacuna, pero hay maneras de curar, para aliviar el sufrimiento de los enfermos. ¿Se puede lograr este objetivo? Sí, podemos alcanzarlo. No es un objetivo teórico ilusorio o imposible.

Con respecto a la prevención de la propagación del virus, teóricamente, todas las autoridades médicas, sanitarias y especializadas, desde la OMS hasta las personas comunes que conocen bien el asunto debido a las noticias diarias, saben que gracias a algunas medidas que debemos repetir todos los días (distanciamiento, confinamiento, lavado de manos, etc.), si son respetados escrupulosamente por cada persona, cada individuo, todas las familias, los gobiernos y las personas, es posible prevenir la propagación de este virus o limitarlo en gran medida. Por lo tanto, esto es posible tanto teórica como prácticamente, porque tenemos la experiencia china y sus resultados que se han hecho públicos hasta ahora. Por lo tanto, tanto la teoría como la práctica demuestran, gracias a experiencias extranjeras, que la progresión de la epidemia se puede detener.

En cuanto a la segunda parte del objetivo, es decir, proporcionar la mejor atención a las personas afectadas por la enfermedad, todos los especialistas, desde la OMS hasta todos los niveles siguientes, afirman que la curación es posible e incluso que la tasa de curación es muy alta. Del mismo modo, en términos concretos, según los datos disponibles, decenas de miles de personas se han recuperado en China, miles más en Irán y cientos de personas en otras partes del mundo, como se anuncia regularmente. Por lo tanto, la curación es posible en teoría y en la práctica, así como detener la propagación del virus.

Por lo tanto, el objetivo que establecemos para esta batalla nacional es un objetivo realista, pragmático y alcanzable. Ciertamente, requiere esfuerzo, decisiones fuertes, fuerza de voluntad, resistencia, paciencia, eficiencia, precisión en la aplicación y responsabilidad.

Así que hemos establecido que estamos en el corazón de una batalla, parte de una guerra mundial, porque los libaneses no estamos solos en esta lucha. En cuanto a las medidas a tomar, las autoridades competentes las repiten diariamente.

En el contexto de la batalla que acabamos de describir, debo aconsejar varias cosas y enfatizar varios puntos.

Primero, en esta batalla, necesitamos cooperación y ayuda mutua. Todos debemos luchar esta batalla con un humanidad, ética y patriotismo. Y lo mismo es cierto para todos los demás países. No es exclusivo de Líbano. Las personas deben ayudarse entre sí, ya sea el Estado, el gobierno, las fuerzas de seguridad, la gente, los medios de comunicación, las redes sociales, las asociaciones, absolutamente todos, sin excepción, deben ayudar y cooperar en esta batalla. Y el espíritu dominante tiene que ser positivo y constructivo. Esta batalla no es el contexto adecuado para establecer puntajes, ataques políticos, venganza o ganar puntos contra los oponentes. No quiero entrar en ningún debate.

Desde los primeros momentos, ha habido debates en el país, sobre ciertos puntos y ciertas elecciones. No hay problema con los desacuerdos sobre las mejores opciones a tomar, pero el lenguaje utilizado por algunos en el Líbano es inapropiado, inadecuado e injustificable. Quiero decir que no quiero entrar en un debate con nadie. Quiero estar por encima de todas estas disputas vanas. Todos deben actuar de manera positiva y constructiva.

Esto no significa que no podamos oponernos, criticar, por el contrario: debemos criticar, expresar nuestra opinión, dar consejos, ya sea en los medios de comunicación o en otros lugares, contactando a los ministerios, organismos gubernamentales y gestores involucrados, en las diferentes posiciones de responsabilidad, esto es algo natural. Nadie le pide a otros que cierren la boca.

Abordar y resolver este tipo de problemas requiere un alma llena de ética y humanidad. Las descalificaciones sin más, no tienen lugar aquí, y reflejan un fracaso moral. Se requiere un espíritu de ayuda mutua y cooperación, y todos deben comportarse con un alto sentido de responsabilidad.

Quiero decir que no hay problema para que nadie exprese sus objeciones o críticas, su opinión, su enfoque, pero debemos alejarnos de cualquier lenguaje que cree animosidad, resentimiento, odio, hostilidad y división (se refiere a las palabras del Líder Maronita de las fuerzas libanesas Samir Geagea que pedía poner en cuarentena los campos palestinos).

Respetar las instrucciones de higiene y seguridad es un deber religioso sagrado

Este coronavirus, no discrimina raza, continente, región, religión, secta, partido, etc. Esta epidemia ataca a todos, sin preguntarle nada a nadie antes de golpearlo. Este virus no respeta ni las fronteras de las razas, ni las de los continentes, ni las de los países, ni las de las nacionalidades, regiones, religiones o creencias. Estamos enfrentando una batalla exclusivamente humanitaria sin ninguna consideración partidista, y debemos librarla con un alma llena de humanidad.

El segundo punto es confirmar la responsabilidad humanitaria, ética, nacional y legal de todos en esta batalla y esta confrontación. Pero lo que quiero agregar de manera personal, ya que pertenezco a la esfera de las ciencias religiosas, es insistir en la responsabilidad religiosa, desde punto de vista del islam.

En el Líbano, en general, somos musulmanes o cristianos. Tanto los musulmanes como los cristianos, incluso si no son practicantes, se consideran adheridos al Islam o al cristianismo, y todos creen en Dios, en el Día del Juicio, en el Día de rendir Cuentas. Todos creemos que seremos interrogados ante Dios y seremos responsables de nuestras acciones. Tanto los musulmanes como los cristianos, saben que Dios ordenó preservar la vida humana y la consideró de mayor y más alto valor. Incluso en juicios legales y jurisprudencia islámica, cuando se enfatiza la necesidad de preservar la propiedad y el honor, la etapa más alta y más convincente es preservar la vida humana, las personas, sus vidas y su salud. Es el escalón más alto de los deberes, el más sagrado, el más imperioso, el más categórico.

¿Cuál es la traducción práctica de esta declaración? El primer deber es hacer todo lo posible para protegerse, para proteger su vida y su salud, así como a su familia y las personas que lo rodean (vecinos, etc.). Es un deber religioso, divino, legal. Cada hombre, cada mujer, todos están sujetos a este requisito primordial. Todos serán responsables de respetar este deber sagrado. Cualquiera que no haga esto comete un pecado, no un pecado venial, sino uno de los pecados más grandes.

Todos nuestros grandes ayatolás han emitido declaraciones y fatwas enfatizando el deber de respetar las regulaciones sanitarias y medidas sanitarias. No dijeron que era un acto recomendado o supererogatorio que uno tendría la opción de respetar o no, y que se permitiría la desobediencia. No, en absoluto. Estipularon el deber de respetar escrupulosamente las instrucciones del gobierno y las autoridades sanitarias oficiales interesadas en liderar esta batalla. Estas instrucciones deben ser observadas.

Una de las grandes autoridades en la ciudad santa de Qom, bajo ciertas condiciones específicas, emitió este fatwa: quien transmite el virus a otra persona y lo mata debe pagar el precio de la sangre (indemnizar a los familiares del fallecido). Esta es la magnitud del asunto, y nadie debe subestimar su seriedad en términos de responsabilidad religiosa.

Cuando las mayores autoridades religiosas del Islam le piden que cancele la oración del viernes, normalmente obligatoria, e incluso todas las oraciones colectivas, es porque hay cosas que cuentan más que otras: la supervivencia y la salud cuentan más que los ritos religiosos, y todo lo que no es una prioridad, debe dejarse de lado sin ningún tipo de vergüenza o vacilación. Cuando las autoridades cristianas cancelan las oraciones en las iglesias, lo hacen con el mismo orden de prioridad. Porque es un acto humanitario al que empujan la jurisprudencia y las religiones que tienen por vocación preservar la vida.

La total honestidad y transparencia son de suma importancia

El tercer punto es que en esta batalla, necesitamos franqueza y honestidad. El Ministerio de Salud ha estado haciendo esto hasta el día de hoy, y debe continuar haciéndolo. Y le digo que tiene que continuar así sin importar cuáles sean las verdades, por difíciles que sean de decir y escuchar. Hasta ahora, las cifras permanecen bajo control, pero si Dios no lo permite, y llegamos a un gran número de enfermos o muertos, está prohibido ocultar cualquier realidad a la gente. Toda la verdad debe ser revelada diariamente, ya que esto ayuda a aumentar el sentido de responsabilidad, el grado de preparación y la seriedad de las reacciones. Y las personas tienen derecho a saber. Nadie debería poder acusar al Ministerio de Salud ni a ningún otro organismo gubernamental de mentira o negligencia. (N.de la E. el Ministerio de Salud en Líbano es desempeñado por Hezbollah)

Los líderes occidentales mienten

Naturalmente, esta cuestión de franqueza y transparencia es un gran problema en el mundo. Por ejemplo, si consideramos a los países descritos como los países del primer mundo, las grandes potencias mundiales o los democracias occidentales, ¿qué vemos?

¿No ha ocultado el Reino Unido la verdad? El gobierno británico no fue sincero: todos los días reportó 5, 10, 15 o 20 casos como máximo, pero ayer habló de 7.000 a 1.000 casos.

En los Estados Unidos, Trump, hasta hace solo unos días (9 de marzo), publicó un Tweet en el que decía que el año pasado, 37.000 personas murieron a causa de la gripe común en los Estados Unidos, y que una gran cantidad de personas fueron víctimas cada año, para denigrar los comentarios alarmistas y minimizar la importancia de los pocos cientos de casos detectados oficialmente en los Estados Unidos, con “sólo” unas pocas docenas de muertes. Y al final de su Tweet, escribió “Piensa en eso”. No hago caricaturas, es la realidad. Dijo que a pesar de estas 37.000 muertes, la economía continuó funcionando porque la economía tiene prioridad sobre todo para él.

La verdad es que Trump enfrenta un desastre en los Estados Unidos. Su discurso de ayer tuvo efectos muy negativos en los mercados, con el sorprendente anuncio del cierre de Estados Unidos a los viajeros europeos. Y en el momento en que minimizó la pregunta, el gobernador de Ohio y el responsable de salud en esta provincia declararon en CNN que Ohio tiene alrededor de 11.5 millones de residentes, y estima que tiene 100.000 personas infectadas con coronavirus, y que el sistema médico no podría manejar tal flujo de personas.

El Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo acusó, con toda su arrogancia y presunción, a los funcionarios iraníes de mentirle a su pueblo y no decir la verdad, mientras que los funcionarios iraníes anunciaron desde el principio las cifras reales, el número de muertos, el número de enfermos y el número de curados. Si el Viceministro de Salud iraní, o personas como Sayed Ali Akbar Welayati se vieron afectadas por el virus, no es porque él sea el Consejero de la Guía Suprema sino porque dirige un hospital en Teherán que está en la primera línea de la lucha contra el coronavirus.

Cuando los ministros, funcionarios o médicos, personalidades iraníes prominentes se ven afectadas por este mal, es porque se han quedado en el país y en sus puestos, y no han abandonado o huido a otros países, otros lugares donde estarían seguros, empacando sus bolsas y llevando a sus familias. Se quedaron en su país, con su gente y en sus puestos, asumiendo todas sus responsabilidades. De todos modos, cuando Mike Pompeo declara que el gobierno iraní le miente a su pueblo, sus instrumentos en el Líbano hacen lo mismo y acusan al Ministerio de Salud y Hezbolá de mentir, de ocultar la realidad y de minimizar el alcance de la crisis.

El Presidente de EEUU declara al mismo tiempo que está listo para ayudar a Irán. Primero, ayúdese y trate de salir de su propia situación y de la catástrofe debido a su administración, su arrogancia, su locura y su incompetencia, su ignorancia de la verdad y su desprecio por las personas (incluida la suya) y para la humanidad, porque sólo el dólar, el barril de petróleo, el precio de la gasolina y el gas cuentan en sus ojos.

Y segundo, si realmente quisiera ayudar a Irán, podría levantarle las sanciones. Irán no necesita su ayuda. Sería suficiente levantar las sanciones, aunque solo fuera para la importación de medicamentos y equipo médico, lo que ayudaría a Irán a hacer frente a la crisis. En cualquier caso, es una de las manifestaciones de la hipocresía estadounidense.

El gobierno lidera la batalla, todos deben obedecerla y respetar escrupulosamente el autoaislamiento

El cuarto punto es la necesidad de respetar escrupulosamente las medidas y disposiciones gubernamentales. Y no solo estoy hablando del Ministerio de Salud. Si el Ministerio de Educación Nacional decreta que no hay más clases, todas las escuelas deben cerrar. Las escuelas privadas no deberían eximirse de respetar estas medidas con el pretexto de que son privadas. Si se decreta que las universidades cierran, entonces todas deben cerrar. Del mismo modo para las decisiones del Ministerio de Trabajo y otros ministerios: todas las disposiciones decididas por el gobierno y por cada uno de los ministerios deben respetarse escrupulosamente. Si se decreta que los restaurantes deben cerrarse, los restaurantes deben cerrarse respetando las condiciones. Todas estas medidas deben observarse y aplicarse escrupulosamente.

Todos se deben imponer el más estricto confinamiento o aislamiento. Todos deben quedarse en casa, con su esposa e hijos. Excepto para aquellos que no tienen otra opción.
Sólo requiere un poco de fuerza de voluntad y disciplina. Sí, nos estamos sofocando, estamos aburridos encerrados en nuestros hogares. ¡Pero esto es una guerra! ¡Considérate en la guerra! Durante la guerra, ¿vamos a tomar aire fresco o hacer turismo? ¿Vamos a esquiar? ¿Vamos a hacer una barbacoa junto al agua? En tiempos de guerra, todos toman medidas de guerra. Sea razonable y compórtese de manera responsable; considérelas como medidas de guerra.

Incluso con respecto a los funerales, Dios no lo quiera, si hay mártires de Siria, Irak, etc., no vamos a pedir ningún acto religioso: estamos anunciando claramente que queremos lo mínimo para los funerales. Si una persona muere, que Dios tenga piedad de su alma, y ​​si hay un mártir, que Dios acepte su sacrificio, pero sólo debe haber un número muy pequeño y modesto de miembros de la familia que participen en su entierro.

Debemos poner fin a la cultura que requiere que una aldea entera participe en el funeral para no avergonzarse frente a la familia del difunto y que toda la aldea siga la procesión del funeral: es un hábito hermoso de nuestras ciudades y pueblos, pero en estas circunstancias, debe ser olvidado, porque lo que fue noble ayer pierde toda su nobleza y su belleza en esta batalla y se vuelve detestable hoy. Lo que es noble y bello es que un mínimo número posible de personas asistan al funeral, ya sea el día del funeral, la tercera semana, la séptima semana, la apertura de los husseyniyas y las ceremonias de condolencia, todas estas tradiciones deben olvidarse.

La regla absoluta es: sin agrupaciones, sin asambleas, sin ceremonias, etc. Las personas deben mantenerse lo más aisladas posible, y nunca hacer más de lo que es absolutamente necesario.

Por ejemplo, en algunos lugares la gente ha dejado las grandes ciudades para regresar a sus pueblos, pero eso es algo bueno si no se mezclan con nadie. Si van a un pueblo y se mezclan con la gente y tiene reuniones o asambleas, comidas grupales, visitas, turismo, es muy malo. Si volvemos al pueblo, debemos ir directamente a nuestra casa y encerrarnos. Porque el virus puede propagarse en los pueblos como lo hace en las ciudades. Es cierto que se propaga más en las ciudades porque hay más gente, pero no debe propagarse en las aldeas por negligencia.

Como en Irán, nuestros huérfanos de coronavirus deben ser provistos por el Estado

El sexto punto concierne tanto al Estado y sus instituciones como a las personas en general, es decir, la consideración que debemos al personal sanitario.

Dije que estaban en la línea del frente, y en este sentido, es nuestro deber expresar gratitud a todas las personas que asumen sus trabajos en este crítico contexto, en particular en el Ministerio de Salud y el grupo dedicado a la lucha contra el coronavirus, así como en hospitales públicos; pero debe hacerse una distinción especial para el Hospital Público Presidente Rafik Hariri en Beirut que recibe pacientes libaneses con Coronavirus [230 hasta la fecha, y 4 muertes]), ya sea su administración, médicos, enfermeras: les damos nuestras gracias y felicitaciones, porque están en primera línea.

Debemos apoyarlos moralmente y rezar por su salud y su preservación. Y debemos hacer todo lo que pueda ayudar a este personal, y también a todos aquellos que trabajan en ambulancias, en todas las instituciones: Cruz Roja, varios centros médicos para análisis y detección, todo el personal de salud, etc., a todos debemos agradecerles.

Asimismo, aconsejo, recomiendo y propongo al gobierno libanés que tome medidas excepcionales para apoyar a este personal. Desde hace algún tiempo debido a la crisis económica y financiera en el Líbano, han tenido problemas con sus salarios y medios de subsistencia, y no debemos retrasarnos más para pagarlos en esta batalla que se libra hoy.Todos los demás gastos -no médicos- deben retrasarse a favor de éste, vital en esta batalla para proporcionar seguridad al personal de atención médica a este respecto.
Aún más, no es suficiente darles lo que les debemos, y debemos pensar en una gratificación adicional por sus esfuerzos y cargas adicionales, porque la magnitud del peligro, el peso y las presiones que pesan sobre ellos es mucho mayor que lo normal.

Por lo tanto, agradecemos calurosamente a todo este personal, y todos deben hacerlo y darles toda la debida consideración, apoyarlos moral y psicológicamente, así como material y financieramente. Todos debemos tener un gran respeto por ellos, agradecerles y ser conscientes del alcance de los sacrificios que hacen por la nación.

Del mismo modo, espero que el Líbano haga lo que Irán ha hecho. No sé lo que hacen en otros países. En Irán, se ha implementado el plan del Líder Supremo, basado en la sugerencia del Ministerio de Salud: cualquier médico, enfermera, paramédico u otro personal sanitario que, en el ejercicio de sus funciones, se infecte por el coronavirus y muera por ello, es considerado como un mártir del trabajo y de la Nación. Y, por supuesto, esto implica no sólo obligaciones morales, sino sobre todo materiales hacia su familia. Las obligaciones morales se le deben a él, y las obligaciones morales y materiales (financieras, etc.) se deben a su familia (en caso de fallecimiento, el Estado se encarga de su viuda e hijos).

Espero que en el Líbano, ya que estamos hablando de una batalla contra el coronavirus, este personal médico y sus familias tengan acceso a estos honores y recompensas financieras. En cuanto a los soldados o las fuerzas de seguridad, los empleados y los funcionarios estatales, si mueren en el servicio, existen obligaciones morales y materiales del Estado hacia su familia (viudas y huérfanos) porque ya son considerados automáticamente como mártires, ahora debemos hacer lo mismo con los cuidadores de la salud.

Deberíamos prepararnos para lo peor, las capacidades de Hezbolá están totalmente movilizadas

Séptimo. Deberíamos prepararnos para lo peor. Todos tenemos que ayudarnos unos a otros para evitar que el virus se propague, pero imaginemos que se propaga sin control de todos modos por alguna razón. El Ministerio de Salud, otros ministerios, instituciones, la gente, todos tenemos el deber de prepararnos para lo peor. Hay países en el mundo, incluso países que se consideran los más desarrollados del mundo y los mejor dotados en términos de salud, que han requisado hoteles y habilitado escuelas y universidades para dar cabida a los enfermos. Tales medidas no deberían ser un problema ni estar sujetas a dudas: deben tomarse, en este momento, sólo como medida de precaución.

Debemos preparar los lugares, el equipo y los recursos para una fase más avanzada de la epidemia si, Dios no lo quiera, nos dirigimos a lo peor. El entorno humano debe estar preparado (personal médico, voluntarios, etc.): todos los estudiantes de medicina … Y debemos aprovechar esta oportunidad para agradecer a todos los estudiantes de las universidades libanesas, ya sea en medicina o en otras disciplinas, que han tomado iniciativas voluntarias para ayudar contra la pandemia. Todos los estudiantes de medicina, enfermería o todas las profesiones de la salud, etc., deben movilizarse como precaución, como reservistas, para ayudar y proporcionar personal médico si la situación empeora. Es necesario preparar los lugares de recepción de los pacientes, el equipo médico y de la vida cotidiana, los recursos humanos, para el escenario más pesimista.

No debemos sentarnos ociosamente y cruzar los brazos. Por supuesto, las acciones ya están en marcha, pero quería resaltar esta idea y pedir que se implementara lo más posible.

A este respecto, debo decir que Hezbolá, y lo estoy anunciando ahora, ponemos a disposición del Estado todas nuestras posibilidades y todos nuestros servicios médicos, de salud y otros recursos humanos, absolutamente todos, ya sean nuestros combatientes, nuestros hombres, nuestras mujeres, todo lo que tenemos en términos de capacidad humana, asociaciones y equipos. Todo esto está completamente a disposición del gobierno y del Ministerio de Salud para librar la batalla que están librando. Ellos son los que lideran esta batalla, el gobierno está a la vanguardia y en la posición de mando, y no aspiramos a nada a este respecto, nos arremangamos y estamos a su servicio.

Es la actitud correcta, porque esta batalla es diferente de la militar, y todos sus instrumentos no están en nuestra posesión sino en manos del Estado. Nosotros y los demás sólo podemos ser una fuerza de respaldo [Para combatir la epidemia, Hezbolá ha desplegado a más de 20.000 personas, ha dedicado un hospital ya operativo al covid-19, así como otros cuatro hospitales en desuso actualmente renovados y equipados, ha creado 32 centros médicos y 3 hospitales de campaña, y alquilaron hoteles completos para la cuarentena. Compare estas acciones con las 30 camas del hospital de campaña promocionado por Macron … mientras que Líbano tiene una población 14 veces menor y 100 veces menos casos de covid-19 que su antigua colonia, ¡a pesar de la detección sistemática!].

Octavo, debemos aprovechar las experiencias de otros países: China, Italia, Corea, Japón, Irán y ahora Francia, Alemania, Bélgica e incluso -por qué no- Estados Unidos, que no debería ser un problema en absoluto. Debemos aprovechar la experiencia de otros países para ahorrar tiempo y ahorrar energía. No debemos cometer los mismos errores, porque el tiempo es muy valioso. En esta batalla, el tiempo es un factor decisivo: cada hora, cada día es precioso y crucial.

Noveno punto, debemos dar prioridad absoluta a esta batalla, ya sea por parte del gobierno, el Estado o el pueblo libanés, cualquier persona en el Líbano, los medios de comunicación, cualquiera que tenga influencia y pueda hacer esfuerzos debe dar prioridad absoluta a esta batalla.

La pobreza es tan peligrosa como el coronavirus: la solidaridad social y el cuidado de los necesitados son indispensables

Décimo, se necesita solidaridad social. Los puntos que planteo son claros en sí mismos y consensuales, y sólo los enfatizo como puntos importantes. Se necesita solidaridad social real y efectiva. Naturalmente, hoy, el gobierno sabe que cerrar restaurantes, turismo, etc., etc., etc., implica que muchas personas pueden no tener lo suficiente para vivir, ya que no tendrán un salario o ingresos. Quizás crearemos otro problema: al querer escapar del coronavirus, caeremos en la inanición y pondremos en peligro la seguridad de la sociedad. Antes de llegar a las soluciones para resolver los problemas de seguridad que podrían surgir, a saber, que el ejército, las fuerzas policiales y la justicia asumen todas sus responsabilidades para evitar cualquier grieta en la paz y la seguridad, primero es necesario tomar medidas preventivas. Las capacidades del Estado son bien conocidas, y más bien mencionaré las responsabilidades de las propias personas con respecto a la solidaridad social.

En cada pueblo y en las ciudades de cada distrito, en cada familia, en cada lugar, hay personas que viven más cómodas que otras. Hay personas que tienen mucho dinero. Hay personas que pagan impuestos religiosos que se redistribuyen entre los pobres. Pero incluso independientemente de que paguen los impuestos religiosos, hay personas comunes que viven cómodamente, que son ricas, que son capaces y deberían ayudar. Todos debemos protegernos mutuamente. Las familias deben ayudarse mutuamente, los residentes de la misma aldea deben ayudarse mutuamente, los residentes del mismo vecindario deben ayudarse mutuamente, etc. Comenzó hace unos meses, pero hoy la necesidad se ha vuelto muy apremiante.

Quiero llamar a los ricos en todos los pueblos, en todas las ciudades, con la esperanza de que me escuchen. Cuando hay funcionarios o clérigos de Hezbollah, no necesito presentar una apelación, porque nuestras instrucciones son claras y se aplicarán de manera imperativa, pero todos deben considerar que es parte de su trabajo asegurarse del bienestar de todas las familias en la proximidad de su campo de responsabilidad, porque con el tiempo, algunos pueden no tener una sola barra de pan, no encontrarán suficiente para alimentarse u obtener los productos esenciales de una vida digna. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance, debemos ayudarnos mutuamente y estar unidos, hacer donaciones, como retrasar el cobro de los alquileres o deudas, etc. Esto debe verse como una responsabilidad de todos.

Del mismo modo, el gobierno debe hacer lo correcto al respecto. No es suficiente imponer el cierre de actividades. Algunos tienen prisa por ver un estado de emergencia declarado.

Estoy anunciando claramente que en cualquier momento el gobierno libanés considerará que es de interés nacional declarar un estado de emergencia, y que nadie considere que Hezbolá se opondrá. Es el gobierno libanés, quien lidera la batalla, a través de los Presidentes (de la República, del Consejo de Ministros), del Parlamento y los ministros, y las instituciones del Estado. Cuando el gobierno crea que es hora de declarar un estado de emergencia en el Líbano, es su responsabilidad exclusiva y debe hacerlo sin dudarlo, sin prestar atención a nadie. Pero también es necesario buscar una alternativa, porque hay personas que se encontrarán sin salario, sin medios de subsistencia.

Somos conscientes de que en el Líbano, hay muchas personas que, si no trabajan en un día determinado, no tienen suficiente para comprar alimentos para ese día. Este problema es parte de la batalla. No se trata sólo de hospitales, medicamentos, etc. Este problema es parte de la batalla. Si remediamos el primer aspecto (médico y de salud) pero ignoramos el otro aspecto (social, salarial, etc.), no sólo perderemos la seguridad de nuestra sociedad (violencia, delincuencia, disturbios, etc.), sino que incluso el primer aspecto de la batalla contra la propagación del virus, se perderá.

En este sentido, he seguido de cerca el tema en los últimos días, y vi que en muchos países del mundo, los bancos y las finanzas privadas han anunciado a sus gobiernos que están listos para ayudar, porque tienen grandes sumas de dinero a su disposición, y se declararon dispuestos a ayudar; no para otorgar préstamos a altas tasas de interés sino para ayudar a los gobiernos, al sector de la salud, a fin de brindarles los medios para enfrentar esta epidemia meteórica e insaciable. Pido a las instituciones financieras libanesas que actúen con el mismo sentido de responsabilidad.

Todos sabemos que el presupuesto del Estado se encuentra en una situación difícil. Los sectores privados en el Líbano tienen sumas de dinero absolutamente colosales, y desde 1993 han acumulado ganancias astronómicas, en decenas de miles de millones de dólares, y ahora tiene el deber de asumir esta responsabilidad, de forma voluntaria.

Si va a haber una solicitud, una incautación forzosa de fondos por decreto, es asunto del gobierno y del Parlamento que debe votarlo y promulgarlo. Pero como ciudadano libanés, me dirijo a los sectores privados libaneses, en particular al sector financiero y bancario, y les digo que son los primeros que tienen el deber de extender una mano amiga al gobierno libanés, a las finanzas del Estado libanés, al sector de la salud, así como a la solidaridad social, para que la gente pueda aguantar, perseverar y el país pueda salir victorioso de esta batalla.

Nuestras mejores armas contra el coronavirus

Esta batalla requiere paciencia, determinación, resistencia, esperanza; no debemos desesperarnos. Se necesita persistencia, fuerza de voluntad, resolución. Esta batalla necesita orientación, incluida la orientación espiritual, científica, médica, de centros internacionales de especialización e investigación.

Es posible que incluso después de 1 o 2 meses, o incluso 1 o 2 años, no logren ningún resultado, ni encontrar una vacuna o medicamento. Escúchenme, el mayor peligro en cualquier batalla, ya sea política, militar e incluso en el ámbito de la salud y la medicina, es cuando uno de los dos beligerantes en el frente de batalla se ve afectado por el miedo, el terror, la sensación de impotencia, debilidad, callejón sin salida, desesperación. Cuando la mentalidad derrotista se apodera de nosotros, todo se arruina, incluso si se trata de un ejército poderoso, incluso si tiene armas nucleares, incluso si sus capacidades son colosales. Porque la base está en el corazón, en el ser interno.

Hoy, asustando a la gente, inspirándole terror, dándoles la impresión de que estamos frente a una pandemia insuperable, para la cual no se puede encontrar remedio y no se logrará ningún éxito, y ante lo cual debemos admitir la derrota, darse por vencido y deprimirse; es hacer un verdadero desastre, e incluso es un crimen. Este crimen es quizás tan grave como el de sembrar corrupción en la Tierra, uno de los pecados más grandes en el Islam.

Cualquiera que hable, comente o escriba en las redes sociales debe estar particularmente atento al hecho de que asustar a las personas, aterrorizarlas, difundir mentiras, difundir el espíritu derrotista, la desesperación, el desánimo, la debilidad, etc.; sepa que  esto conduce a la derrota y a la pérdida.

Tenemos que superar esta crisis. Tenemos el deber de hacer todo lo posible para preservarnos. ¡No debemos rendirnos sin luchar, nunca! Nuestra obligación espiritual es hacer todo lo que pueda proteger nuestras vidas y las de los demás. Pero aunque la muerte golpea a unos y otros, debemos continuar viviendo.

Al igual que en la guerra: en la guerra, nuestros hogares son destruidos, así como nuestros bienes y recursos, nuestros seres queridos son asesinados, heridos, refugiados, afectados por todo tipo de enfermedades, pero nos aferramos. Cuando nos resistimos, ganamos la delantera y ganamos. Pero si nos quedamos en la muerte, las heridas y la destrucción, eso nos conducirá a nuestra derrota y habremos perdido todo.

Lo mismo ocurre con esta batalla contra el coronavirus. Es la fe la que nos da esta fuerza. Todos pueden hacerlo a su manera, de acuerdo con sus creencias, porque la relación con Dios es abierta y se puede expresar de diferentes maneras. Todos pueden invocar a Dios en el idioma que quieran, de la manera que quieran, de la forma en que lo consideren conveniente. Habla con él como hablas con cualquiera. Es por eso que necesitamos esta fe, y esta alma fuerte. No tenemos derecho a dejar que nuestra resolución decaiga. Debemos ser fuertes frente a este desafío, incluso si las verdades son difíciles.

Durante las diversas guerras luchadas por Hezbolá, nos dijeron que había 100 mártires, 200 mártires, 1.000 mártires, 5.000 mártires, 10.000 heridos, 100.000 casas destruidas … Pero no decaimos. Y es por eso que siempre hemos salido victoriosos. Y hoy es lo mismo. Cualesquiera que sean las pérdidas causadas por esta epidemia, debemos enfrentarla con fuerza y ​​determinación. Los moralmente fuertes son los que sobrevivirán y saldrán victoriosos. Le pido al  Dios Altísimo salud y salvación para todos, y que nos conceda la victoria en esta batalla, con Su gracia. […] “.

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