Periodistas «Incrustrados»

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El FARC colombiano ha pedido públicamente que se debata el papel que deben cumplir los periodistas que se desempeñan como corresponsales de guerra, y en especial sobre la (a mi juicio, digámoslo de entrada, prostituida) modalidad de los «incrustados», es decir, de aquellos que aceptan salir con patrullas militares ataviados y equipados como un soldado más, sólo que sin armas.

Sostienen las FARC que el periodista francés que tomaron prisionero luego de que le tendieran una emboscada a una  patrulla del ejército regular colombiano era indistinguible de los militares. Y que no es lógico marchar al frente de combate de esa manera y después pretextar que se ha sido atacado por periodista, conculcado la libertad de expresión, etc.

Es un tema interesantísimo, como también lo es el de que la mayoría de los corresponsables directamente no van al frente sino que se quedan alojados en cómodos hoteles y aceptan recibir la información (y por supuesto, emitirla sin mayores chequeos ni comprobaciones) de uno de los bandos litigantes.

Tal como están las cosas, pareciera que no hay más corresponsales de guerra que quienes aceptan estos pactos espúreos y los que aceptan marchar incrustados e indiferenciados de los combatientes de un bando.

Este arrojar por la borda no ya una imposible equidistancia e imparcialidad sino hasta los menores atisbos de búsqueda del equilibrio y la ecuanimidad tuvo un capítulo especialmente bochornoso con la cobertura que el laureado escritor franco-estadounidense Jonathan Littell (quien se hizo famoso por una gruesa novela sobre los crímenes del nazismo, Las benévolas) hizo, en una serie de notas, sobre la guerra civil de baja intensidad ma non troppo que se está desarrollando en Siria, cobertura que se tradujo en una serie de notas que publicó en castellano el cosmopolita diario El País.

Littell definió de entrada que los terroristas financiados por Qatar y Arabia Saudita son «combatientes de la libertad» y nunca le dio la palabra a nadie relacionado o meramente simpatizante con el gobierno legalmente constituido.

Es obvio que se trata de un tema que la organizaciones internacionales de periodistas deben debatir. Y es obvio también que dichas organizaciones vienen haciendose olímpicamente las distraidas, como ya han hecho ante la evidencia de los medios del Grupo Murdoch pinchaban sistemáticamente y a troche y moche teléfonos e intervenían en el tráfico de e-mails, ciscándose en todas las leyes…

Si los que hacen estas cosas son periodistas, yo preferiría ser llamado de otro modo.


Los dejo ahora con el incipiente debate (para mi gusto muy tímido) que comenzó a darse en BCC Mundo.

Creo que, humildemente, algo podemos aportar desde estas latitudes. Porque desde que Ignacio Ezcurra (el corresponsal de La Nación en  Vietnam, que según Oriana Fallaci parece haber sido asesinado por los norteamericanos cuando intentaba tomar contacto con el Vietcong omn

 


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