PROPUESTAS: Reinventar el kirchnerismo

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Estaba mirando El Aguante Populista (mirar el blogroll) y me encontré con esta nota de Gustavo Marcelo Sala. El Aguante decía…»el más valioso post que he leído últimamente». Y es verdad que es muy bueno. Aquí va:

No me voy a referir al tan mentado y banal fin de ciclo. Hiriente y malévola propuesta dialéctica que viene circulando por entre los titulares y copetes del establishment desde hace una buena cantidad de años. Tal cosa no existe para los que creemos en una continuidad histórico/política con quiebres más o menos significativos, o acaso sin ellos. Me refiero a instalarnos dentro del análisis de los fenómenos políticos siguiendo rigurosamente el vector causa/efecto. Y allí la teoría del fin de ciclo muere por peso propio ya que todo es continuidad, debido a que existen nexos ineludibles laborando para dicha  conexión.

En primer lugar quiero resaltar que desde el comienzo del gobierno Kirchnerista observo una gran confusión ideológica en muchos de sus cuadros políticos y en su espectro militante en general. Bueno sería plantearse si hubiera sido posible el desarrollo de tamaño proyecto político sin ese tangible “caos” ideológico. En política me gusta la ausencia de pureza iluminista. La transversalidad y la horizontalidad tienen sus riesgos; lo sabía Néstor, lo sabe Cristina. Mientras algunos creían fervientemente que estaban frente a un proceso de carácter revolucionario, radicalizado tal vez, otros sostenían que se trataba de un proyecto eminentemente capitalista que venía a colocar paños fríos y placebos ante tanta conducta desdorosa neoliberal, vale decir, era necesario un laxante popular que expulse la porquería para que el sistema siga indemne. Por entonces algunos otros mantuvimos cierta prudencia analítica, observándolo críticamente como un severo corrector de vicios capitalistas, una suerte de proceso reformista que no modificaba en el fondo las reglas del juego occidental, pero que en buena medida no se conformaba solamente con ser un analgésico, planteando la novedosa e incierta (arriesgada) idea de un capitalismo humanitario. Y me atrevo a inferir que esa confusión del primer grupo mencionado es ciertamente lógica teniendo en cuenta nuestra contemporaneidad. No los culpo, trato buenamente de debatirlo. Desde hacía varias décadas la derecha tradicional ejercía con libre albedrío el poder sin solución de continuidad de modo que aquel modelo inclusivo que le hiciese un poco de frente y le recortara algún privilegio llamaría inevitablemente a la puerta de la ilusión socialista.

Por eso creo que esa explosión de fe, acaso más deseada que constatada en la praxis política, no le permitió observar a este colectivo radicalizado que ciertas medidas y herramientas hablaban más de un proyecto moderadamente distribucionista, industrializador y evolutivo en el mediano plazo, con determinante presencia del Estado, que de un modelo revolucionario, jacobino y cortoplacista. Justamente el gran error conceptual de estos es que ese montaje ilusorio propio les impidió observar la existencia en la toma de decisiones de una buena cantidad de gestores del segundo grupo, colectivo que con éxito llevó a cabo la tarea de asear tras bambalinas el orden capitalista. No es para nada sorpresivo que esta derecha gatopardista se excluyera del Gobierno apenas logró su cometido comenzando a operar a su favor de cara a un futuro político, a cuenta y orden del ya no tan desprestigiado modelo neoliberal encabezado por las corporaciones.

Luego de octubre del 2011 y la tremenda victoria electoral conseguida por Cristina Fernández de Kirchner, ya sin el ala neoliberal dentro del gobierno, la militancia más radicalizada comenzó a reclamar por la profundización del modelo. Cosa que considero también fue mal interpretada ya que en ningún momento se habló de profundización por izquierda. Vale decir, ese latiguillo no tuvo un correlato político hacia ningún marco ideológico apoyándose dialécticamente en la histórica y rica tradición pragmática del peronismo. ¿Acaso estos sectores vieron que era la oportunidad para profundizar por izquierda una vez que el ala neoliberal se retirara? En lo personal no creo que ni siquiera hayan visualizado un ala liberal dentro del Kirchnerismo. La ruptura era una cuestión de tiempo. 

Lo realmente curioso es que los dos sectores ideológicos que huyeron del oficialismo tienen en común el discurso, y ese discurso está edificado sobre titulares mediáticos corporativos y contradicciones propias. El Kirchnerismo sigue estando en el mismo lugar. Continúa siendo –  y reitero – a mi entender un severo corrector de vicios capitalistas, una suerte de reformismo que no modifica en el fondo las reglas de mercado, pero que en buena medida no se conforma solamente jugar como analgésico, planteando la novedosa e incierta idea de un capitalismo humanitario, laborando como un aislante del capitalismo salvaje

Me falta analizar a un grupo de adherentes. Los que aún estamos dentro y seguiremos estamos en tanto y en cuanto nada nos indique que el proyecto llegó a su fin. Somos la preexistencia del modelo. Los que estábamos dentro antes de su praxis política tangible, antes de su propia existencia material. Los que esperábamos a la política, los que éramos considerados como vencidos, los que finalizaron junto con el fin de la historia…
Me atrevo a proponer entonces que comencemos a pensar al Kirchnerismo en términos históricos. Cosa que no significa pensarlo como pasado, sino repensarlo políticamente como futuro utilizando la motorización de su propia historia.

Luego de once años de gobierno ya sabemos lo que somos y los que somos, para qué y para quién estamos. Sabemos además cómo desarrollar planes a corto, mediano y largo plazo y fundamentalmente conocemos, porque las vivimos, cuáles son las limitaciones, internas y externas, que conviven en la Patria Grande para poder desarrollar políticas inclusivas. De modo que en función de dicho capital nos debemos obligar a que la historia se vuelva a transformar en movilización y presente, justamente para poder concentrarnos y resolver los problemas del presente. 
Me refiero a refundar el kirchnerismo.

Mencionamos que la militancia kirchnerista, lo que vulgarmente se denomina núcleo duro, sigue siendo tan heterogénea como entonces. Más allá de las fugas por izquierda y por derecha su columna está compuesta por vértebras moderadas (hacia ambos lados del espectro) de carácter popular y nacional, encauzadas dentro de un pensamiento en donde el dogmatismo ideológico no juega partido alguno. Creemos fervientemente en un Estado actor, motor y protagonista, al igual que en las libertades individuales y empresariales, en tanto y en cuanto éstas no choquen de frente con los intereses de la sociedad en su conjunto. El paradigma de una sociedad plurinacional, integradora e intercultural. Deseo advertir que en ningún momento hice mención a aquellos operadores que mutan su militancia en función de sus intereses personales, motivados por desplantes, promesas incumplidas o prebendas nunca cobradas. Para mí no forman parte de la política/ciencia aunque en ocasiones tienen un inusitado estrellato mediático.

Por febrero del 2012 manifestábamos nuestro acuerdo con la interpretación de aquellos que sostienían que sin el Peronismo el Kirchnerismo era impensable, no existiría, ni siquiera hubiese arribado a ese 22% que hoy nos resulta risible cada vez que al mirarnos críticamente pensamos en nuestras taxativas percepciones pasadas y en aquellas viejas sabidurías de café.

De modo que aquellos soñadores con un Kirchnerismo aséptico de Peronismo ya deberían darse cuenta que tal pretensión no sólo es imposible de concebir teniendo en cuenta los actores políticos contemporáneos sino que además sería nefasta ya que conspiraría contra la pieza política más determinante que tiene el movimiento: Su descomunal vocación por detentar el poder, herramienta indispensable para efectivizar los cambios que nuestra sociedad mayoritariamente reclama. Esto es algo que el ala radicalizada nunca supo asumir como realidad  política. De hecho tampoco la pone en práctica cuando de construcción política interna se trata.

Sin dudas que se puede adherir fervientemente al Kirchnerismo sin ser Peronista, pero lo que no es posible es cometer la torpeza estratégica y política, cuando no intelectual, de pretender que el Kirchnerismo deje de serlo porque soy yo quien no puedo sostener ciertas contradicciones históricas y menos aún debido a que puntuales dirigentes me resultan detestables.

¿Es posible profundizar políticas sin elevar el tenor del debate? De ninguna manera. Allí lo vemos a De Mendiguren solicitándole a los medios darle contenido y continente político al discurso del FR. Y esto no sólo es responsabilidad de los que no quieren escuchar también es responsabilidad de los que se rinden fácilmente a los deseos de quienes no quieren escuchar.  Cabe preguntarse si ese no querer escuchar no guarda íntima relación con ciertas flaquezas dialécticas que el propio kirchnerismo ha exhibido últimamente. Por eso me parece interesante recrear una nueva cosmogonía política kirchnerista a partir de la comprensión de su propia historia entendiendo que a los pueblos nos les gusta demasiado que les reiteren en cada discurso lo que ya saben, lo que pasó, sino que desean saber que sucederá con ellos de cara a lo que no saben: el presente y el futuro inmediato.  

Tomemos entonces la teoría de fin de ciclo como el comienzo de un nuevo ciclo en donde los efectos de las políticas desarrolladas se transformen en nuevas causas (políticas asentadas) que necesariamente deben desembocar en efectos superadores. Este proceso evolutivo, esta suerte de encadenamiento, conspira de manera concreta en contra de aquellos sectores y grupos de poder que pretenden una sociedad anestesiada y manipulable.

Ya lo dijo Perón y están como testigo las remeras …

…de algo estamos seguros. Las revoluciones que se hicieron con sangre no sólo se han devorado a sus propios hijos, además en algún caso esa sangre aún no ha caogulado y sigue corriendo…


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