TUCUMÁN-2. Las próximas batallas se librarán en las calles… y en los medios, claro.

Debajo, un artículo de Gabriel Fernández, director de La Señal Medios. JS

(Por TB y JS).- Todos vimos la maniobra de Clarín, que lleva de la nariz a una oposición cada vez más anodina e irresponsable: una reproducción, aplicación o copia burda de las estrategias de desestabilización consignadas por Gene Sharp. Lo de Tucumán es un ejemplo clarísimo: cuatro lúmpenes (que son tan lúmpenes que dejaron pegada a la oposición) quemaron dos urnas, lo que bastó para que se cuestionara la elección. Si hasta se trasmite, televisada en plano corto, una manifestación de protesta en Tucumán, a la que le faltaba la reacción policial, motivada váyase a saber si por su propia bestialidad o por connivencia con la oposición El propósito: una réplica en Buenos Aires, un cacerolazo.

Está claro lo que quieren hacer (Clarín, el poder económico concentrado, el «capitalismo financiero internacional», si se prefiere) Si pueden, que el FPV pierda las elecciones. Si no lo consiguen, deslegitimarlas y a partir de marzo (o de antes, si no se respeta, como ya ha sucedido, la pausa veraniega) exigirle a Scioli que renuncie o acepte sus exigencias: negociación con los fondos buitre, devaluación y ajuste. En otras palabras, renuncia a la soberanía y acatamiento a las reglas del capitalismo financiero, reducción del poder adquisitivo de los salarios, merma del mercado interno, clausura del proceso de sustitución de importaciones y vuelta al endeudamiento.

Un veterano compañero, Juan Carlos D., también conocido como «Teo», comparaba días atrás la actual situación con la del 73 y destacaba, lúgubre, que entonces los argentinos fuimos los últimos en caer, haciendo hincapié en que, ya desde la época de la Independencia, los nativos habíamos mostrado gran capacidad de resistencia, y que la última dictadura (que como las demás que asolaron el subcontinente reconoce un patrón común: el excedente de petrodolares en los bancos norteamericanos) fue la más corta de la región. Se dirá que no cayó por el paro general del 30 de marzo de 1982, pero recordemos aquella dictadura, la más siniestra, en la que los secuestros y desapariciones se prolongaron hasta 1983 y dónde (más allá de la limpieza generalizada de delegados y comisiones internas, que fue su primer objetivo) el primer amago de paro fue contestado con el secuestro y desaparición del secretario general de Luz y Fuerza, Oscar Smith, igualmente hubo dos paros generales, un reclamo constante de Las Madres de Plaza de Mayo y de los organismos de derechos humanos y un par de marchas de la multipartidaria y la multisectorial.

Nada parece capaz de hacer reflexionar a los golpistas, nada parece importarles. Es notable que dirigentes políticos y gremiales medios o aun altos, no consigan calibrar los efectos posibles de lo que está impulsando el stablishment. Pienso, por ejemplo, en tipos sensatos como Facundo Moyano o Juan Carlos Schmidt, no ya en Marcela Durrieu o Felipe Solá, demasiados percudidos por tantas idas y vueltas. Porque como solía decir Julio Bárbaro (otro que mejor ni nombrar ya que se ha vuelto un empleado de Magnetto), «lo que realmente corrompe no es el poder, sino la falta de poder».

Si no consiguen terminar de enloquecer y estupidizar al pueblo argentino, van a intentar apretar al próximo gobierno hasta el estrujamiento. Y lo van a hacer en un contexto mundial y regional cada vez más complicado: préstese atención a lo que está ocurriendo en Brasil.

Puesto que el enemigo es un capital financiero cada vez más concentrado e íntimamente relacionado con la capacidad de presión de Estados UNidos, nuestro destino está íntimamente relacionado al de nuestra región. Y, la verdad, no se ve que la mayor parte de la dirigencia regional, con la excepción de Bolivia y acaso de Ecuador, tenga la lucidez y la voluntad suficientes.

Vamos a una confrontación muy dura con gentes que han descartado la política como modo de dirimir o administrar los conflictos ideológicos y sociales.

De doblarle la mano al próximo gobierno, el resultado no puede ser más que el de un aumento exponencial de la violencia social, que suele caratularse como delito. Pero lo más preocupante es que simplemente por aceptar (aunque sea a medias) los reclamos de los buitres, nos abrocharán para toda la eternidad.

Porque ceder nos puede llevar de un saque a deber más de 500 mil millones de dólares, lo que nos pondría en la senda de Grecia: Tsipras renunció, pero en un abrir y cerrar de ojos Grecia se quedó sin 14 aeropuertos, que eran del pueblo, porque esas cosas se construyen con el ahorro de la sociedad.

Es una escalada que no va a terminar por si misma, de manera que hay que hacerse a la idea de que no bastará con el voto: habrá que ganar las próxima batallas en las calles.

TUCUMÁN

Los argumentos, la realidad y los proyectos

Por Gabriel Fernández *
Tras varias horas de los sucesos acaecidos en Tucumán, cabe realizar algunas reflexiones de fondo. En principio, a los denunciantes de un eventual fraude y a los que se sintieron convocados por el machacar mediático, no les importa el resultado electoral.
Sólo admiten democracia cuando orienta los destinos del país un gobierno ligado al sector financiero internacional, dispuesto a aplicar planes de ajuste. Saben, sabemos, todos entienden perfectamente, que no hay posibilidad alguna de fraude en una diferencia del 14 por ciento.
Muchas personas, que suelen canalizar sus frustraciones responsabilizando al gobierno nacional, estaban esperando un punto de encuentro y los grandes medios, utilizando la jornada electoral como epicentro, se lo brindaron. Podría haber sido una denuncia altisonante, un asesinato de falsa bandera, hasta un error o un desajuste gubernamental genuino.
Lo que anhelaban y anhelan, es movilizarse contra el gobierno. Han odiado, odian y odiarán a los gobiernos nacionales y populares. Desprecian el voto popular que los lleva al gobierno legítimo del Estado. Aún cuando -tal vez especialmente- esa gestión mejore su vida cotidiana hasta niveles que hace una década no imaginaban.
Por eso hablamos de frustraciones: nada hay más duro para un mediocre que una nación en marcha. Allí la queja no tiene lugar y las gateras aparecen abiertas para los que puedan aprovechar el crecimiento económico. Mientras millones de personas han aprovechado este período para estudiar, formarse, construir un sueño, el opositor rezongón promedio se ha estancado en su propia impotencia.
Creemos que este es el modo argumental sincero que hay que desplegar.
Ingresar en un terreno detallista, tratando de demostrar que no hubo fraude mesa por mesa, es vano. Dirán que no, que los controles están arreglados. Insistimos, conociendo la historia electoral argentina: es preciso señalar que no hay posibilidades de fraude ante una diferencia de esa naturaleza.
Bien ha señalado Artemio López  que el macrismo, sobre todo en su versión bonaerense, está siendo inflado en las encuestas. ¿El objetivo? Decir, en octubre, que había paridad de fuerzas pero que el Frente para la Victoria operó sobre los resultados.
Es una práctica para deslegitimar los comicios nacionales. Una acción antipolítica para proponer una salida anticonstitucional orientada… por los que hundieron el país los 30 años precedentes. Vale repasar las portadas de los grandes diarios y raspar un poco para atisbar su interior en materia de contenidos. Todos hablan de déficit fiscal, del Banco Central, de dificultades estructurales.
En realidad, nuestro país padeció un sisma integral con el ciclo José Alfredo Martínez de Hoz – Domingo Felipe Cavallo. Allí se desnacionalizó, se desindustrializó, se endeudó y se resquebrajó a la Argentina. Dicho sea de paso, con una gigantesca corrupción como la registrada durante la entrega de las empresas públicas. El saldo fue millones de desempleados, la anulación del aparato productivo, el aislamiento internacional.
Hemos presenciado un ejercicio antipopular hacia Octubre. Y aunque no incida tanto en el análisis, queremos señalarlo: con la participación en altavoz de varias fuerzas de izquierda, entre ellas el Partido Obrero. Esta formación denunció, sin un dato en la mano, un «escandaloso fraude» en el distrito tucumano. A decir verdad, escandaloso es argumentar que se defiende a los trabajadores mientras se promueve el intento oligárquico más intenso de los años recientes.
* Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica.

 

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