AMIA – ATENTADO. Se desmoronan las acusaciones contra Irán. El Gobierno, ansioso por evitar que sea evidente para la anestesiada “opinión pública”

Como en el caso de las delaciones pactadas de directivos de Odebrecht, el Gobierno -urgido por Stiuso y sus patrones de los servicios secretos de Israel, que tienen la cola sucia- está desesperado por quitarle el control de la montaña de documentos relativos a los atentados a la UFI AMIA (es decir, a la Procuración General de la Nación, es decir a Alejandra Gils Carbó) que permanecieron escondidos en “cuevas” de la SIDE hasta la creación del GERAD.

BONUS TRACK (yapa) La entrevista que le hicieron Eduardo Valdés y un servidor a Escude el domingo 4 de junio por la AM 750.

Comparto este excelente material institucional de la Procuración General de la Nación sobre el GERAD (Grupo Especial de Análisis y Relevamiento Documental) dependiente de la UFI AMIA, la fiscalía de la que fue titular hasta su muerte Alberto Nisman. Este material (cuyo original puede verse aquí) deja claro entre líneas los motivos por los que el Poder Ejecutivo -el presidente Macri y el ministro Garavano- dispuso por decreto quitarle la guarda de esta ingente y riquísima documentación a la UFI AMIA y pasársela la Unidad de Investigación de los atentados del propio Poder Ejecutivo cuyo titular es el ex senador Mario Cimadevilla… que entiende tanto de estas causas como Oscar El Milico Aguad, ministro de Comunicaciones, de éstas. El pase de manos permitirá, si no lo impedimos, que la AFI (ex SIDE) en la que sigue tallando fuerte el ingeniero Antonio Horacio Stiuso (responsable precisamente de haberle escamoteado la documentación hallada a la Justicia a pesar de sendas órdenes de desclasificación emanadas del presidente Kirchner y la presidenta CFK) vuelva a acceder a los originales de estos documentos y proceda a destruir los que lo incriminan a él y a sus mandantes de la CIA y el Mossad. Entre esos documentos, por lo que se sabe (sólo se ha relevado el 20 por ciento), hay hallazgos sorprendentes que demuestran que los jefes de la SIDE sabían perfectamente que los iraníes en general y el agregado cultural de la Embajada de Irán Moshen Rabbani en particular, eran completamente ajenos a los bombazos (ver a continuación, un artículo publicado por Raúl Kollmann hace casi un mes, el pasado 3 de mayo, con comentarios míos en rojo) así como que la CIA le pidió (¿ordenó?) a la SIDE (en lo que ésta llamó “Operación Cacerola”, como publicó en exclusiva Pájaro Rojo) que consiguiera que Rabbani se fuera de la Argentina, ofreciéndole dinero provisto por la CIA para ello, y que si no lo aceptaba, se lo expulsara (no se si se le ofreció dinero a Rabbani, pero lo cierto es que se espero a que Rabbani se fuera de vacaciones a su país y cuando quiso regresar, se le impidió hacerlo).

El motivo de estas maniobras es obvio: las “pruebas” contra Rabbani eran, son, más que endebles, virtualmente inexistentes: una llamada de teléfono cursada por él a la mezquita Al Tauid de la calle Felipe Vallese, en Floresta, donde cumplía su función el clérigo chií, que Rabbani cursó el viernes 15 de julio de 1994 desde las cercanías del estacionamiento Jet Parking, concesionado por la UBA, donde unos muchachos santelminos dejaron estacionada con grandes aspavientos una Trafic blanca que, sin ninguna prueba, se diría después que había servido de vehículo-bomba (ver nota de mi autoría que quienes la subieron olvidaron ponerle mi firma). Y una foto sacada medio año antes por el chofer de Rabbani (el agente de la SIDE Isaac García) mientras preguntaba precio por una Trafic usada (se me hace que si hubiera preguntado por una camioneta de otra marca, esa hubiera sido la elegida como falsa camioneta-bomba y señuelo que permiió desviar las investigaciones). Como cualquiera puede darse cuenta, ambas “pruebas” son de una insustancialidad absoluta y nada demuestran, motivo por el que desde mucho antes que Nisman muriera, sin ser adivino, yo sostenía la absoluta imposibilidad de Nisman de viajar a Irán a interrogar a los funcionarios iraníes a los que tan livianamente había acusado. Y bromeaba diciendo que antes de subir a un avión rumbó a Teherán, Nisman se suicidaría, incinerándose a lo bonzo.
Otro indicio de peso acerca de la completa ajenidad de Irán y los iraníes respecto al atentado a la AMIA lo da la investigación hecha por Carlos Escudé, insospechado de complicidad con los ayatolás o Hezbolá. Escudé, el inventor de lo que su jefe, el canciller Guido Di Tella llamó “relaciones carnales” con los Estados Unidos y converso al judaísmo, creyó inicialmente en la responsabilidad de Irán y sostuvo ácidas polémicas por ello con defensores de la inocencia de los persas como Luis D’Elía. Por entonces Escudé era invitado asiduamente a programas de televisión y radio. Pero hete aqui que, con una honestidad intelectual infrecuente, cuando tuvo dudas, inició una investigación personal que lo llevó a la conclusión de que Irán y Hezbolá no habían tenido nada que ver, y lo dejó claro en un video que fue subido a Youtube con el inequívoco título de “Luis D’Elía tenía razón”, video que publicado por Pájaro Rojo no una sino dos veces (aqui, la última). Desde entonces, no hay prácticamente medio que le preste oídos y, menos, que le ofrezca cámaras y micrófonos para decir sus incómodas verdades. Desde que sostiene que Irán no tuvo nada que ver con los atentados, Escudé pasó a ser un paria para los medios que practican un “periodismo de guerra” lleno de “posverdades” que es como los cínicos llaman ahora a sus mentiras.

Archivos de la SIDE revelan que agentes de inteligencia se reunían con el principal sospechoso del atentado a la AMIA

Las relaciones peligrosas de la SIDE

Los documentos fueron aportados por los fiscales en el juicio en el que están acusados Carlos Menem, Rubén Beraja y Fino Palacios. Estaban desclasificados desde 2006, pero Nisman nunca los revisó. El Gobierno quiere volver a controlar ese archivo.

 

Moshen Rabbani en 1995, cuando estaba en el ojo de la tormenta.

POR RAÚL KOLLMANN / PÁGINA 12

El supuesto organizador del atentado contra la AMIA, el agregado cultural de Irán en la Argentina Moshen Rabbani estuvo en la SIDE en junio de 1996, dos años después del atentado y cuando ya era considerado el principal sospechoso. También volvió a estarlo en 1997. En ambas oportunidades Fue recibido por el vicealmirante Juan Carlos Anchezar, número dos de la SIDE, con el objetivo de limar asperezas entre los dos países. Por el diálogo mantenido entre ambos funcionarios se entiende que hubo al menos otro encuentro (posiblemente un tercer encuentro) en el que Anchézar estaba acompañado por un veterano dirigente peronista e informante del Servicio de Inteligencia Naval que trabajó para el proyecto político del almirante Emilio Massera y que evidentemente la SIDE tenía en nómina, e incluso una visita a la embajada de Irán donde Anchezar quedó impactado por los pistachos que le ofrecieron. Pero, además, se concretaron otras dos reuniones con los encargados de Negocios, una de ellas con Rajavi Yazdi, el diplomático que fue baleado en Barrancas de Belgrano en una aparente tentativa de robo. La documentación sobre esas reuniones estaba en un archivo de la SIDE, en el Pasaje Barolo, y se encontraba en un estado calamitoso, en medio de una inundación. El fallecido fiscal Alberto Nisman nunca visitó el lugar ni se interiorizó sobre los documentos.

Ahora, el material –desclasificado primero por Néstor y luego por Cristina Kirchner– fue rescatado por los nuevos fiscales de la Unidad AMIA y se entregó la semana pasada en el juicio por encubrimiento que se lleva adelante en Comodoro Py. Es posible que sirvan como prueba contra Anchezar, quien se presentó en el juicio como “una persona de edad que no tuvo nada que ver con el caso AMIA”.

El presidente Mauricio Macri emitió un nuevo decreto, supuestamente de desclasificación, pero –como lo denunciaron los familiares de las víctimas– lo que verdaderamente hizo fue poner los documentos secretos, como los que revelan la reunión Anchezar-Rabbani– en manos del Ministerio de Justicia y la ex SIDE, o sea en manos del Poder Ejecutivo. La Casa Rosada se jugó a controlar el material y verificar que no aparezcan sorpresas como ésta.

Sospechas

Irán y Rabbani eran considerados máximos sospechosos del atentado bastante antes del atentado mismo. Como la hipótesis era que el ataque contra la Embajada de Israel fue perpetrado por Hezbollah –organización libanesa sustentada por Irán– hubo un seguimiento de todos los diplomáticos y hasta de empresarios persas. Eso explica que Rabbani fuera fotografiado en 1993, más de medio año antes del atentado contra la AMIA, pidiendo precios por una Trafic en la avenida Juan B. Justo. Esas fotos fueron usadas para acusar a Rabbani, pese a que parece irracional que un clérigo, vestido con la vestimenta de clérigo islámico, fuera a pedir precio por una camioneta con la que luego se cometería semejante matanza.

El periodista de este diario Horacio Verbitsky relató que tras un intercambio con el gobierno israelí el mismo día del atentado contra la AMIA se convino la acusación contra Irán en base a supuestos informes de inteligencia. De manera que cuando se concretaron los encuentros entre Anchezar y Rabbani éste último ya era considerado el organizador del ataque contra la mutual judía.

Documentos

El hallazgo de las pruebas de las reuniones entre la SIDE y los iraníes fue adelantado por el periodista Ariel Zak de Télam en noviembre de 2016. Los integrantes del Grupo Especial de Relevamiento y Análisis Documental (Gerad) convocados por los fiscales de la Unidad AMIA –Roberto Salum, Leonardo Filippini y Santiago Eyherabide– encontraron informes sobre las reuniones entre Rabbani y Anchezar y también entre el número dos de la SIDE y los encargados de Negocios de Irán. Esos documentos fueron entregados oficialmente en el juicio oral por encubrimiento en la semana que pasó. En ese proceso están acusados el ex presidente Carlos Menem, la cúpula y varios agentes de la SIDE de los años 90, el ex juez Juan José Galeano, los ex fiscales, el ex titular de la DAIA Rubén Beraja, el ex jefe de la (Departamento Unidad de inteligencia Antiterrorista, DUIA, de la Policía) Federal Jorge “El Fino” Palacios y el principal imputado de entonces, Carlos Telleldín. Todos ellos fueron imputados por Nisman, quien señaló que plantaron pistas falsas pagándole 400.000 dólares a Telleldín y frustrando el allanamiento a los domicilios de un sospechoso ligado a la familia Menem (por ambos Albertos Kanoore Edul, padre e hijo).

La documentación de la SIDE relacionada con AMIA estaba desclasificada desde 2006. Pero Nisman dejó esos papeles en manos de su alter ego Héctor (en realidad se llama Antonio) Horacio Stiuso, al punto que nunca visitó el subsuelo del Pasaje Barolo, una las sedes de la SIDE. Cuando Cristina Kirchner desplazó a Stiuso, en diciembre de 2014, las nuevas autoridades, Oscar Parrilli y Juan Martín Mena, visitaron el inmenso depósito y se encontraron con una situación escalofriante: el lugar inundado, lleno de ratas, los papeles –algunos en el piso, mojados– sin ningún orden ni clasificación. Eso motivó el despido de dos mujeres que ocuparon puestos decisivos en el área de terrorismo de la ex SIDE, M. O. y G. R.
Lo que encontraron los fiscales y el Gerad fueron dos informes sobre reuniones de Rabbani y el encargado de Negocios de Irán. Incluso estaban allí las desgrabaciones de ambos encuentros. También hay pruebas de seguimientos y escuchas a los abogados de la causa, pero falta conocer muchísimo de lo que hay en ese archivo de unos 250 metros cuadrados.
Cuando la nueva Agencia Federal de Inteligencia (AFI) reemplazó a la SIDE y se encontró la documentación, la entonces presidenta Kirchner resolvió que el material se entregara a los fiscales. Los documentos salieron de la órbita del Ejecutivo para que las cosas quedaran en manos de quienes estaban interviniendo en el juicio por las pistas falsas. Esa medida fue revertida por el gobierno de Macri: simulando una nueva desclasificación, puso el material bajo la custodia del Ejecutivo, en concreto de la Unidad AMIA del Ministerio de Justicia, a cargo del radical Mario Cimadevilla. También la digitalización y el manejo de los papeles –según el texto del decreto– pasó a esa dependencia y ya no la haría el Gerad, es decir, los fiscales.

En las últimas semanas, el Gobierno se despachó con tres medidas llamativas relativas al juicio por el encubrimiento del atentado :

  • Puso bajo su control la documentación que estaba en la SIDE y que nadie sabe muy bien qué sorpresas puede deparar.
  • Sacó del juicio a dos abogados porque estaban “demasiado activos” contra Menem, Beraja y compañía. Los letrados renunciaron dado que se les pedía, además, que se alejen de los familiares de las víctimas.
  • Se presentó el proyecto de ley de juicio en ausencia que, de acuerdo a los familiares, es una jugada para cerrar el caso AMIA.

Los objetivos del macrismo encajan con sus aliados políticos. Condenar a Irán cuanto antes –en línea con las aspiraciones de las derechas norteamericanas e israelí– y tirarle un cable a los imputados en el juicio por encubrimiento, sobre todo al Fino Palacios, Beraja y Menem. La organización Wikileaks filtró en su momento cables en los que se verificaba que el gobierno de Estados Unidos le insistía a Nisman que dejara la cuestión del encubrimiento y se dedicara a la condena a Irán.

Diálogos

Por lo que pudo averiguar este diario, el diálogo entre Rabbani y Anchezar fue más que amistoso. Ocurrió en junio de 1996, cuando se acusaba al agregado cultural de ser el organizador principal del atentado contra la AMIA. Después del ataque, Rabbani se fue a Teherán, pero luego volvió y pese a todas las acusaciones estuvo en la Argentina hasta el 19 de mayo de 1998, es decir, transcurridos cuatro años del atentado. La investigación fue tan lenta o tan pobre que el supuesto organizador se fue tranquilísimo de la Argentina 46 meses después del ataque.

En los encuentros con Rabbani y los encargados de Negocios, los iraníes le señalaron al vicealmirante Anchezar que Teherán le estaba haciendo buenas compras a la Argentina, más de 500 millones de dólares, pero que había que solucionar las acusaciones por el atentado. Durante el diálogo las dos partes evitaron hablar de atentado y recurrieron a eufemismos: “problemita”, “episodio doloroso”, “situación trágica”, “nubarrones”.

Anchezar se excusó diciendo que las acusaciones contra Irán no provenían del gobierno sino que era la prensa la que adelantaba hipótesis. El marino retirado insistía en que tenía instrucciones de mejorar las relaciones. En algún momento se planteó la idea de firmar un acuerdo de paz, algo descabellado, ya que nunca hubo guerra entre los dos países. Por lo que aparentemente surge de la documentación, los encuentros con Rabbani y los encargados de Negocios fueron gestionados por el escritor nacionalista Norberto Ceresole. Uno de los aspectos llamativos de las charlas es que los encargados de Negocios iraníes hablaban mal de Rabbani, es decir que parecía existir una interna entre los hombres de Teherán. En paralelo, Anchezar sugiere que no cree mucho (el “mucho”, a mi juicio, está de más) en las acusaciones contra Irán, algo que era producto de otra interna, esta vez en la SIDE.

Misterio

Los datos sobre la reuniones Rabbani-Anchezar indican que en el caso AMIA hubo y hay un submundo oculto, que sobre todo tiene que ver con maniobras de inteligencia. El juez Rodolfo Canicoba Corral, a cargo del expediente del atentado, dijo varias veces que la causa es muy pobre en pruebas y rica en informes de inteligencia. Wikileaks exhibió el submundo de la influencia norteamericana en la investigación y en los movimientos de Nisman. La inexplicada riqueza del fiscal, con cuentas ocultas en Nueva York y Uruguay también apunta a un financiamiento oscuro, presumiblemente de fuentes norteamericanas e israelíes.

Los fiscales de la Unidad AMIA intentan desenredar esta trama. Lograron identificar al muerto número 85 y analizaron los restos metálicos encontrados en los cuerpos de las víctimas para ratificar que el atentado se cometió con una Trafic (aqui renguea Kollmann: es muy fácil demostrar que no hubo camioneta bomba que se estrellara, como dicen, contra la puerta de la mutual, entre otros muchos motivos porque es absurdo suponer que la supuesa camioneta-bomba se volatilizó -lo que ni sucedió nunca antes ni después en ninguna parte excepto en el caso de la Embajada de Israel en Buenos Aires- a  dejando cadáveres enteros tanto en la calle como en la planta baja del edificio). 

Se consiguieron avances de importancia y ahora buscan información sobre restos que se llevó el FBI norteamericano y respecto de los cuales no está claro si se hizo o no un ADN, a escondidas, en Estados Unidos (esto es bull shit, pasa que los defensores de la existencia de la camioneta fantasma, Kollmann entre ellos, no pierden las esperanzas de que los yanquis se presten a amañar alguna pericia que “pruebe” que los hermanos del tullido finado Hussein Berro -ciudadanos estadounidenses residentes en Detroit que dijeron que su hermano jamás salió del Líbano, que estaba tullido a consecuencia de un bombardeo israelí y que murió después del atentado a la AMIA en un segundo bombardeo israelí a su casa en una aldea del sur del Líbano. Con perverso y vitriólico humor negro, Berro fue acusado por los servicios secretos israelíes de ser el supuesto chofer suicida de la Trafic fantasma). También se está trabajando en una reconstrucción de la escena del atentado. En paralelo, se analiza la documentación secreta y se descubren hechos desconocidos, como las reuniones entre la SIDE y los iraníes. La Casa Rosada busca controlar el proceso de alguna manera: la idea es condenar a Irán cuanto antes, ayudar a los amigos en el juicio por encubrimiento y evitar las sorpresas que puedan surgir en las nuevas investigaciones.

https://www.pagina12.com.ar/35322-las-relaciones-peligrosas-de-la-side

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