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LOS BULGHERONI, sponsors de la dictadura

Extraído de Gorriarán, La Tablada y las «guerras de inteligencia» América Latina, libro publicado en 1993 del que soy coautor junto a Julio Villalonga.

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El documento sandinista no lleva fecha, aunque al parecer data de 1984.  Recopila la información aportada por una larga serie de desertores de la contra y sostiene que los argentinos ya hacían de las suyas en El Salvador y Honduras cuando tenían base en Guatemala. «Villegas», dice allí, conformado en Guatemala un grupo operativo que se llamaba a sí mismo Los cinco grandes del buen humor y estaba integrado por «Rene Juan Martín Sige, Savatini, el Gordo Miguel, Cornalito y Hugo», quienes encubrían su presencia en tierras mayas como empleados de la petrolera Bridas o de la hacienda El Ganadero SA., ambas empresas de los Bulgheroni.

Con el paso del tiempo resultaría obvio que «Sige» era Juan Martín Ciga Correa y «Zavatini», Fredy Zarattini, el ladero del adelantado Carlos Dürich y el mismo que había despedido en Campo de Mayo al primer contingente de ex guardias somocistas entrenado por los militares argentinos. Y también resultaría obvio que Bridas, la petrolera de los hermanos Bulgheroni, no colaboraba con los militares ofreciéndoles cobertura a cambio de nada.
(…) La petrolera Bridas, perteneciente a los hermanos Carlos y Alejandro Bulgheroni, es, con mucho, la empresa que más creció durante la dictadura militar, y siguió haciéndolo a velocidad de vértigo durante el gobierno radical (de la posición del ranking de empresas que tenía en 1975, una década después había pasado al décimo puesto: no en vano los Bulgheroni se definieron alguna vez como «cortesanos del poder de turno»).

La razones del éxito de Carlos Bulgheroni (de los dos hermanos, el que se encarga de las relaciones políticas), mucho tienen que ver con la labor de dos de sus lugartenientes, el ge­neral José Rogelio Villarreal y el mayor (R) Alberto Pedro Schilling (2).

Según narró Luis Majul en Los dueños de la Argentina,(3) Bulgheroni anudó relaciones con el dictador Videla a través de Ricardo Yofre, hermano de Juan Bautista y mano derecha de Villarreal, a la sazón secretario general de la Presidencia de Videla y chef de cuanto estofado se cocía en la Casa Rosada. Por si esto fuera poco, el mayor Schilling fortalecía, al mismo tiempo, los vínculos que tenía desde el liceo con el general Harguindeguy, ministro del Interior e íntimo del ministro de Economía, Joe Martínez de Hoz.Junto con Astra y Pérez Companc, Bridas fue la principal beneficiaría de la política petrolera de Videla, en detrimento de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la petrolera estatal. Quizá en premio a ello, el general Villarreal integraría luego el directorio de Bridas.Bulgheroni no pudo establecer, en cambio, tan buenas relaciones con el general Viola. En cambio, durante la presidencia de éste profundizó a través de Schilling las que tenía con el general Suárez Mason, quien apenas hubo dejado el primer Cuerpo de Ejército pasó, como había sucedido antes con Villareal, a formar parte del directorio de Bridas.Dos años después, en 1981, Suárez Mason fue nombrado interventor en YPF, la empresa a la que los Bulgheroni vendían más servicios, sobre todo a través de una de las subsidiarias de Bridas, la Compañía de Perforaciones Río Colorado, que producía el 50 por ciento de los servicios encargados por YPF. Como resultado de su gestión, YPF quedó fundida y los Bulgheroni más ricos que nunca.Luego de la derrota de Malvinas, Carlos Bulgheroni tocó el cielo con las manos. Ya doctorados en formar grupos de presión e influencia, Villarreal y Schilling ‘operaron’ exitosamente para que medio gabinete del general Bignone llevase su impronta. La parte más importante de la tarea le tocó a Villarreal, quien había sido compañero de promoción de Bignone en el Colegio Militar. Villareal le ofreció a Bignone a ayudarlo desinteresadamente a formar su gabinete, lo que ambos hicieron en nerviosas reuniones efectuadas en la Escuela de Guerra. No resultó pues extraño que, entre otros hombres notoriamente vinculados al grupo, obtuvieran rango de ministros Jorge Wehbe, (de Economía), y Juan Ramón Aguirre Lanari, suegro de BuIgheroni,  que fue nombrado canciller.Durante la presidencia de Bignone era Schilling quien le llevaba la agenda de contactos con los dirigentes de los partidos políticos y ello vino de perillas para que los Bulgheroni estabIecieran relaciones tanto con el justicialismo (a través de Antonio Cafiero), como con el radicalismo, a través del propio Alfonsín, del que Schilling había sido compañero en el Liceo Militar.Otro de los miembros de aquella promoción, ya lo hemos dicho, era Harguindeguy, el prototipo del «general de escritorio liberal» que odiaban los carapintadas.Según coinciden diversas fuentes, Schilling obtuvo una victoria personal cuando Alfonsín nombró al frente del Ejército a otro de sus amigos (este «peronista»), el general Jorge Arguindegui. Schilling no se limitó a presentar a Bulgheroni y Alfonsín, sino que organizó conversaciones entre ambos hombres en el piso que Bulgheroni tiene en el edificio de la aristocrática calle Gelly y Obes 2264. A dichas veladas, de las cuales a finales de 1984 surgió la idea de formar el «Grupo María» o de los «capitanes de la industria», solían asistir también el canciller Dante Caputo y Enrique Nosiglia.Desde abril de 1986, el mayor Schilling pasó a integrar también el directorio de la compañía sueco-argentina Saab-Scania, cuyo máximo directivo, Livio Kühl,5 animaba en estrecha alianza con Carlos Bulgheroni el grupo de «capitanes de la industria».Un teatral golpe maestro de Bulgheroni tuvo lugar cuando estalló la rebelión de Semana Santa y se presentó en la Casa Rosada acompañado por el general Villarreal para ofrecerle al gobierno todo su respaldo. En aquellas horas aciagas, Enrique Nosiglia, el hombre que al decir de Facundo Suárez «operaba» en las Fuerzas Armadas a fin de evitar que éstas desalojaran a Alfonsín del poder, aceptó encantado las informaciones que los calificados «amigos» militares de Bulgheroni le ofrecían.Para algunos, aquella acción (eminentemente práctica, pues Bulgheroni necesitaba de la continuidad institucional para seguir disfrutando sin contratiempos de todo lo que había conseguido del Estado), le dio, definitivamente, patente de demócrata.Por entonces, Schilling organizó una especie de «servicio de infor­maciones» en las oficinas de Bridas de Corrientes 465, tercer piso, lugar en el que por entonces también atendían sus asuntos los generales Bignone, Villarreal, Antonio Domingo Bussi y Adán José Alonso.4 De este «servicio», obvio es decirlo, abrevaba el gobierno radical, que no confiaba en las minutas que le enviaba la inteligencia del Ejército. Y no sólo el Gobierno, como puede deducirse de la caracterización de «fascista» y «carapintada» con que Gorriarán calificó al coronel Schinelli Garay, el hombre que no había querido asumir la defensa de Rico para no cargar con su reivindicación de «la guerra antisubversiva».No es difícil deducir que era Schilling quien preparaba los informes reservados de Bridas: cuando Gassino estaba al frente de la Jefatura II, su segundo era su sobrino el coronel Carlos Schilling. Con el triunfo de Menem y tras ascender a general, Carlos Schilling obtendría para sí la Jefatura II – Inteligencia.Aunque su tío Alberto Pedro se había retirado del servicio activo en 1957, tenía la mejor y más actualizada información de lo que sucedía entre los oficiales de las fuerzas armadas, pues además del estratégico vínculo con su sobrino en actividad era secundado en la tarea por el teniente coronel (R) Rolando Negro Obregón, quien había perfeccionado el clientelismo entre los militares hasta el punto de tener una lista completa de las promociones del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, nómina actualizada con los ascensos y destinos de todos los que en ella figuraban. Así, el día de los cumpleaños de los militares cuyas relaciones interesaba al tío Schilling cultivar (y también en el de sus esposas) les enviaba costosos obsequios en nombre de Bridas o Saab-Scania. Por lo demás, la lista servía para que el avispado mayor ejecutivo concertara con los militares que le interesaban almuerzos o cenas «de negocios».No sólo a militares se dedicaba el mayor. También cultivaba su relación con Nosiglia y las estableció a mediados de los 80 con el entonces presidente del bloque de diputados justicialistas, José Luis Manzano.En premio a estos y otros ignotos servicios, Bulgheroni nombró a Schilling director ejecutivo de Papel del Tucumán.El MTP «comía de la mano» de Schilling. Es decir, por vía indirecta, de su sobrino Carlos, el jefe absoluto del espionaje militar. Se empachaba con las albóndigas que colaboraban en condimentar chefs como Negro Obregón y los «generales de escritorio» Harguindeguy, Bignone, Bussi y Alonso.Con todo, ya fuera porque quizá la reacción no resultó la prevista, ya porque creyera que había quedado muy expuesto y por lo tanto «quemado», ya porque cada vez trabajaba más en beneficio de Saab-Scania y menos en beneficio de Bridas, poco después del 23-E, inesperadamente, Bulgheroni despidió a Schilling.

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