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EL CASO BRIEGER / 2. Reparando un error: era exhibicionista y abusador nomás

PS: La publicación de esta nota provocó un llamado de Carlos Balmaceda, escritor y artista polifacético de innegable talento, empeñado en una lucha contra lo que considera abusos del feminismo. Balmaceda compartía el sentido de mi nota anterior y criticó amargamente ésta. Le dije que publicaría lo que me mandase, pero no recuerdo haber recibido nada. Sin embargo, dejó un largo y sustancioso trabajo como «comentario» al pie de esta nota.

Ayer escribí una nota en la que relativicé la condición de acosador de Pedro Brieger. Estaba equivocado. Y es que no conocía el cúmulo de testimonios recopilados y dados a conocer hoy por un colectivo de mujeres periodistas encabezado por Nancy Pazos y Agustina Kämpfer, una de las denunciantes. Hay testimonios de mujeres que aseguran que Pedro les exhibió su pene e incluso que se masturbaba en su presencia. En fin, queda claro que es un enfermo y que bien denunciado está para que no continúe con sus tropelías.

Si hay algo todavía más repulsivo que el exhibicionismo, es el abuso de poder. Todos hemos presenciado alguna vez en los ámbitos laborales o en casas de estudio quienes se aprovechan de su posición para avanzar  sin tapujos ni límites sobre sus subordinados o subalternos, casi siempre hombres sobre mujeres, aunque haya algunos pocos casos de mujeres sobre hombres, hombres sobre hombres y mujeres sobre mujeres.

Tengo facilidad para ponerme en lugar de las mujeres acosadas porque yo, que me llevaba mal con mi padre y a los 15 años me había ido de casa a la de un muchacho diez años mayor que vivía solo me vi obligado a resistir su asedio nocturno sin tener otro sitio a dónde ir.

El colectivo Periodistas Argentinas, con mucho tino, pidió a todas las instituciones involucradas que arbitren los medios para combatir estas prácticas indecentes. Quizá sea antiguo y demodé, no lo sé, pero para mi siempre fue obvio de toda obviedad que, por ejemplo, si un hombre cree haberse enamorado de una mujer de la que es jefe, debe arbitrar los medios para que ella deje de depender de él: es humano ilusionarse creyéndose cazador a condición de no pretender cazar adentro de una jaula.

Aquí el informe completo presentado en el Senado de la Nación.

No borré la nota anterior porque la escribí y publique de buena fe.  Y no tengo empacho en reconocer que he cambiado de opinión. Como dice el refrán, «el que tiene boca se equivoca».

Y, por cierto, tengo prevenciones sobre la llamada «cultura de la cancelación», la pretensión de que en toda circunstancia la palabra de una mujer ha de prevalecer sobre la de un varón y la criminalización de todos tipo de embate masculino para conquistar féminas. Y aunque nunca fue piropeador, conozco mujeres que se han deprimido cuando, por razones de edad u otras, dejan de recibir comentarios halagüeños y pasan a ser «transparentes» a las miradas masculinas. Cosa a la que todos los varones de edad provecta nos vemos obligados a acostumbrarnos, aunque a algunos,  como Pedro, les cueste muchísimo.

Recuerdo que hace unos años, cuando trabajaba en Télam, hubo no una sino varias asambleas en las que se abordó el caso de un delegado del Sipreba que quería volver con la mujer de la que se había separado y que según ésta se había puesto violento en el que había sido antes el hogar conyugal sin que esa violencia llegara a la agresión física. Ese periodista dejó de ser delegado por decisión de sus compañeres pero algunes, opositores a esa comisión de delegados, pretendían sanciones mayores, ejemplificadoras. Hete aquí, sin embargo, que la denunciante, también periodista como su ex, no sólo no había hecho ninguna denuncia ante la justicia, sino que tampoco quería hacerla por escrito, a pesar de su oficio, ante las autoridades del sindicato… lo que a mi juicio hacia que el contencioso no saliera del ámbito de lo privado y que la insistencia en tratar el asunto en asambleas de trabajadores fuera inconducente e impedía tratar temas más perentorios y menos abstractos.

No tiene nada que ver con el caso abordado por el colectivo de Periodistas Argentinas, de cuya rueda de prensa hecha hoy en dependencias del Senado de la Nación les dejo abajo varios enlaces. En ellos está el video de la misma.

Por lo que, respecto a la nota anterior pido sinceras disculpas, especialmente a aquelles que puedan haberse sentido injustamente aludides.

https://www.eldestapeweb.com/sociedad/acoso/periodistas-argentinas-realizaron-una-denuncia-publica-contra-pedro-brieger-piden-reparacion-historica-y-penalizar-el-acoso-en-ambitos-privados-20247212330

https://www.pagina12.com.ar/748988-una-a-una-todas-las-denuncias-a-pedro-brieger-por-acoso

https://www.perfil.com/noticias/sociedad/periodistas-argentinas-denunciaron-a-pedro-brieger-por-19-casos-de-acoso-sexual.phtml

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/periodistas-argentinas-denunciaron-a-pedro-brieger-por-19-casos-de-acoso-sexual-nid02072024/

 

 

 

 

 

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4 comentarios

  1. Creo que Brieger tiene algun trastorno mental pero no acosó. Revisemos el concepto de acoso sexual.

    Fuente: http://www.conceptosjuridicos.com/ar/delito-de-acoso

    «En términos generales, el acoso se puede definir como una conducta persistente e indeseada que causa hostigamiento o intimidación a una persona que puede manifestarse de diversas formas, incluyendo acoso físico, verbal, psicológico o digital.

    El acoso se caracteriza por ser repetitivo y sistemático, es decir, no se trata de un hecho aislado sino de una conducta reiterada que busca intimidar o controlar a la víctima.

    En Argentina, el acoso suele estar relacionado con la violencia contra la mujer, aunque las diferentes conductas de acoso pueden darse en diversos ámbitos como el familiar, escolar (bullying), laboral (mobbing), callejero, virtual, etc. No siempre constituye un delito penal.»

    Las condiciones necesarias las puse en negritas. Mi evaluación:
    ¿persistente?. NO (lei 3 o 4 casos, fueron eventos unicos con la victima dde su trastorno)
    ¿indeseada?, SI. Obvio
    ¿hostigamiento?, SI en los casos que repitió la conducta (mirar insistentemente piernas y tetas) NO cuando recibió desnudo o masturbándose y la víctima dio media vuelta y se fue (por tanto no pudo insistir). Hostigar en el diccionario de la RAE
    ¿repetitivo y sistemático?, SI en el caso de la alumna que cuando llegaba tarde se sentaba en primera fila y Brieger la miraba. En otros casos NO pues fueron eventos únicos
    ¿buscó intimidar?. Intimidar significa «Causar o infundir miedo, inhibir.» si la mujer que lo vio desnudo o mastubandose se asustó entonces sería SI pero es NO pues Brieger no buscó ese resultado. Inhibir significa «Impedir o reprimir el ejercicio de facultades o hábitos» No imagino que facultad no se puede ejercer o que hábito perder por ver lo que hacia Brieger. Por esta acepción es NO.
    ¿Buscó controlar a la víctima?. NO. Imposible controlar a una mujer adulta mirandola lascivamente o masturbandose en publico. Tampoco recibiendola desnudo.

    Conclusión: no se configura la figura legal de acoso.

    1. No sé en si en Argentina (o si usted es letrado y lo sabe a ciencia cierta) el accionar de ese sociópata no entrará en la figura legal del acoso, pero del acoso laboral no se libra ni del exhibicionismo, ni de un largo etcétera. Además, los psicópatas y sociópatas aunque tengan una patología mental no se libran de responder ante la justicia porque pueden distinguir entre lo que es correcto y lo que no lo es. Por otra parte, habría que investigar seriamente si la conducta exhibicionista se dio solamente ante mujeres adultas y si se quedó solamente en eso. El grado de compulsión y falta de autocontrol del sujeto ante mujeres adultas que podrían haberse defendido, hace pensar que puede haber sido un auténtico depredador ante menores o personas vulnerables. Habría que investigar más, en todos los entornos donde haya podido tener acceso a menores (familiares, vecinos, hijas de amigos, etc). Además, se sabe que los exhibionistas evolucionan hacia agresiones sexuales, violación, y hasta el asesinato. Tienen mucho que investigar. Esto que ha salido ahora debe ser la punta del iceberg.

      1. Albert, no soy abogado, solo cotejé lo que se denunció que Brieger hizo con lo que dice la ley. Es nada mas que eso mi escrito de mas arriba. Me enfoqué en lo que se sabe no en lo que Brieger podria haber hecho y no se sabe. No tiene inun valor hipotetizar y condenar en base a hipotesis no probadas.

  2. Las intervenciones en el muro son muy respetuosas y atinadas.

    No hay ninguna evidencia de lo que estas mujeres dicen.

    Es, una vez más, el «yo te creo hermana» contra la vida completa de un hombre-

    A continuación, la nota que debería haberse publicado por este medio pero que, vaya a saber por qué, no se publicó.

    PEDRO BRIEGER, VARÓN LINCHADO POR EL FEMIRULISMO

    Pedro Brieger lo perdió todo en cuestión de días.
    Diecinueve testimonios acabaron con décadas de trabajo y estudio; sus sistemas vinculares colapsaron, al punto de que, compañeros de toda una vida lo abandonaron a su suerte, aterrorizados por destino similar en caso de guardar un silencio que los inquisidores pudieran estimar como signo de complicidad.
    Pero para que quede claro:
    Pedro Brieger no fue acusado en la justicia.
    No cometió, según las propias diecinueve narrativas, ningún delito.
    Sin embargo, a Pedro Brieger no se le permite derecho a defensa alguna.
    Es decir, se ha suprimido su presunción de inocencia.
    Al arrebatarle la presunción de inocencia, se acaba con las mínimas garantías de defensa y con el estado de derecho, como ocurre con otros miles de casos.
    No obstante, se le pide a Pedro Brieger que pida disculpas públicas.
    Se lo exige C5N después de despedirlo, se lo reclama Agustina Kampfer, se lo señala la propia agrupación Periodistas Argentinas.

    Los autos de fe eran actos celebrados en una plaza pública, sin derecho a la defensa para el acusado pero con la obligación de abjurar de sus pecados y mostrar su arrepentimiento, para reconciliarse así con la Iglesia y al mismo tiempo servir de ejemplo para todos los presentes.

    Con reemplazar mandato imperial del capital financiero por Iglesia, plaza por recinto de la Cámara de Senadores y concurrentes por democracia de audiencias, nos encontramos, con una diferencia de grados, frente a la misma hoguera.

    Al pie de ese fuego nos dirigimos, pero para que el lector decida si acercará su antorcha o no a los pies de Brieger, daremos un largo rodeo para comprender cómo llegamos hasta aquí.

    EL FEMIRULISMO: UNA SANTA Y POSMODERNA INQUISICIÓN

    Las peores taras del fascismo, capitalismo y comunismo han sido retomadas y aplicadas por un movimiento que se presenta a los ojos del mundo como igualitario y emancipador; que reúne fascio, gulag y listas negras macartistas bajo un difraz eternamente victimizado.
    Todo su accionar remite a instituciones represivas instauradas por estas expresiones políticas: las hordas fascistas en los ataques virtuales y a veces cuerpo a cuerpo cada vez que se ejecuta un «escrache», las listas negras de señalados, a los que se aparta de trabajos y sistemas vinculares, y que incluye al modo macartista, a los que no se suman a la lapidación, y finalmente, la figura de la «editora de género», presente en todos los medios de comunicación, que a la manera de los comisarios políticos estalinistas, decide qué decir o publicar.
    Para definirlo sin ofensas, algunos le llamaron feminismo radical, otros, punitivista y el que escribe lo ha definido un poco en solfa como «femirulismo», con la intención de distinguirlo del feminismo, una corriente que, combatida y vampirizada por el transfeminismo, no vacila en perseguir a las propias feministas, suprimiendo sus cátedras, como en el caso de María José Binetti, apartándolas de alianzas políticas, como le ocurrió a Lidia Falcón en España, o empujándolas lisa y llanamente a la muerte, tal lo sucedido a María Luz Baravalle, docente universitaria, feminista y lesbiana.

    Ese accionar salvaje, sin embargo, ha encontrado su presa predilecta, perseguida sin descanso ni piedad, en el varón heterosexual.

    Aproximadamente diez mil varones cumplen condena por falsas denuncias en las cárceles de todo el país, medio centenar, en el que incluimos a Luz, han recibido «escraches» que los llevaron al suicidio, cientos de miles han sido apartados de sus hijos empleando la difamación y la mentira, miles de docentes de nivel inicial, una cifra que la propia CIDH considera una «pandemia» que no tiene comparación en la Argentina con ningún país de América Latina, fueron procesados y condenados, linchados en algunos casos y vandalizadas sus casas y lugares de trabajo, producto de especies inoculadas en el tejido vincular de la sociedad argentina del estilo «yo te creo, hermana» o «los niños no mienten».

    Una de las objeciones a las afirmaciones precedentes es que no se citen estadísticas fiables de los eventos denunciados. En la ausencia de cifras públicas, dado el desinterés del estado nacional en esta tragedia social, el que escribe acudirá a expedientes judiciales, historias de vida, crónicas periodísticas, testimonios de víctimas y deudos, reportajes realizados a reclusos, e incluso, cartas abiertas oportunamente enviadas y hechas públicas al Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación dirigidas a las señoras Elizabeth Gómez Alcorta y Ayelén Mazzina, a la agrupación Actrices Argentinas y a la Defensora del Público, señora Miriam Lewin, que dicho, sea de paso, jamás fueron respondidas ni dieron lugar a ningún tipo de debate público.

    Aún así, dado el halo de sospecha arrojado sobre cualquier varón heteronormativo y patriarcal, el autor de estas líneas hará aquí una aclaración personal y pertinente, antes de invitarlo, lector, a sumergirse en estas páginas.

    EL MACHIRULO EN PRIMERA PERSONA

    Como se verá a lo largo de este escrito, lo que se conoce como «cancelación», y que en realidad es eufemismo de persecución, censura, prisión y muerte, se instaló en la sociedad argentina desde por lo menos 2015, institucionalizándose definitivamente con el gobierno de Alberto Fernández.

    Convertido en dispositivo disciplinario, el propio femirulismo está advertido de que términos como «escrache» y «cancelación» portan en la actualidad un sentido aberrante para el grueso de los argentinos, y así es que en el propio ámbito de «Periodistas Argentinas» se hace una fallida referencia a ellos para negarlos, cuando en verdad el episodio Brieger es una de las muestras más acabadas del arte de la persecución y el vilipendio.

    Los contados investigadores del tema, que atravesamos, no sin persecuciones y estigmatización, la barrera del terror que muchos varones no se animan a cruzar, somos inmediatamente tildados de «misóginos», «antiderechos», «fascistas», «defensores de violadores», cuando no lisa y llanamente acusados de «maltratadores» y «psicópatas», blandiendo a veces fantasmales expedientes judiciales que presuntamente desautorizarían nuestra palabra.

    Nuestro perfil ideológico, según la caracterización femirula, debe coincidir con el de un libertario, de manera que portar otras identidades políticas, como sucede con el autor de estas líneas, suele provocar negación y desconcierto.

    Curiosamente, tres de las impugnadoras más notorias y valientes de la corriente femirula se corresponden con distintas vertientes ideológicas y doctrinarias que decepcionan el cliché; así, Nancy Giampaolo, periodista, guionista y coequiper de Diego Capusotto en el ciclo «El lado B» es peronista, Valentina Ortiz, joven defensora de la causa masculina y conocida youtuber es liberal, y Roxana Kreimer, implacable refutadora de los mitos femirulos, autora del libro «El patriarcado no existe más», es marxista. Registre sus nombres, lector, porque a ellas volveremos en distintos episodios de este trabajo.

    En cuanto al autor, como comediante de stand up escribí y actué en el unipersonal «Soldado de Cristina», estrenado veinte días antes de que Cristina Fernández de Kirchner acudiera a su ya histórica citación judicial en Comodoro Py, en abril de 2016; pergeñé la pieza «Milagro encadenada» única obra en el país sobre la prisión de Milagro Sala, exhibida alguna vez en el Instituto Patria, y finalmente protagonicé y fui autor de «La noche que Pepe Arias veló al fiscal», sátira unipersonal sobre el fiscal Nisman, que no solo describe el encubrimiento sionista del atentado a la AMIA-DAIA, sino que además menciona, entre otras cuestiones, el uso extorsivo del memorándum con Irán y la persecución al canciller Timerman, y a la propia Cristina Fernández de Kirchner. En la segunda función, cuatro policías y una subcomisaria se presentaron en el teatro con una orden para secuestrar el guión de la pieza, siguiendo directivas de la DAIA.

    No está demás observar que soy autor y actor en «Vagamente familiar», pieza del ciclo Teatro X la Identidad 2001, que acompañó «escraches» de la agrupación HIJOS. Es pertinente el dato, sobre el que volveremos, cuando nos refiramos a la corrupción del «escrache» como instrumento político y a la desviación sufrida por agrupaciones de Derechos Humanos como la mencionada, volcadas en un sino trágico e irónico a la persecución del varón heterosexual.

    Con todos estos datos el autor está diciendo a los gritos que no se parece en nada al perfil requerido por el femirulismo para encontrar su hombre de paja. Es decir, no soy Dannan, El Presto, Laje o Márquez. Lo cual vuelve todo un poco más incómodo.

    TODO EMPEZÓ EN EL NORTE
    «Los derechos LGTB son centrales en la política exterior de los Estados Unidos», anuncia el almirante John Kirby, portavoz del Departamento de Estado, y de paso agrega: «y son derechos humanos». De manera que irrespetarlos equivale a una violación, equivalente a un crimen de lesa humanidad.

    Esta definición explica por qué Amnesty International flanqueó a Thelma Fardín en la conferencia posterior al fallo adverso contra el actor Juan Darthés; de esta manera, a un delito de alcoba, ocurrido en la intimidad, se lo parangonó con un crimen de lesa humanidad. Préstele atención a este desplazamiento, estimado lector, porque aparecerá varias veces en nuestro análisis.

    Amnesty no se pronunció por Christian Díaz, preso político del sionismo encarcelado ocho meses por la denuncia anónima de un funcionario de la embajada israelí, pero sí fue entusiasta acusadora del gobernador Gildo Insfrán durante la pandemia, en sintonía con la oposición que pronto sería la base política del libertarismo, así como estuvo presente en todo el proceso que determinó la condena, no confirmada aún, del actor Juan Darthés.

    No es inusual este maridaje entre la cuestión de género y la defensa de los Derechos Humanos que postula el Departamento de Estado; en mayo de 2022, Thelma Fardín anunciaba que iría a la ONU junto a Estela de Carlotto, presentando su caso como una violación a los derechos del niño. Aquel encuentro no se concretó porque la vocera de la ONU atravesaba un período complicado de su vida: Amber Heard, que de ella se trataba, era expuesta por entonces como una patológica embustera y probada violenta en el juicio que le inició Johnny Depp.

    Pero no es lo único que reúne al imperio genocida con las políticas de género: de hecho, el mismísimo Anthony Blinken ha sugerido a las embajadas yanquis de todo el planeta que la bandera multicolor de las siglas interminables ondee junto con las barras y estrellas durante el festejo del Mes del Orgullo.

    El cable enviado a todas las delegaciones diplomáticas indicaba que «la autorización no es un requisito y que los jefes de misión que dirigen cada embajada o consulado pueden elegir si ondear la bandera o mostrar otros símbolos que demuestren el apoyo a los derechos LGBTQ en función de lo que sea “apropiado a la luz de las condiciones locales”.

    No es inusual este interés por la cuestión de género, que, como ha dicho Kirby, representa un eje central en la política exterior del imperio: BlackRock y Lockhhed Martin participan activamente, incluso portando banderas arcoiris con sus marcas en las marchas del orgullo; pero la alianza más paradigmática entre capital financiero global y género se da en Pipa O Phllip Bunce, Jefe de Programas Estratégicos de Ingeniería Central de Tecnología de Mercados Globales en Credit Suisse.

    Según como se despierte, Bunce será Pipa o Phillip, cambiando su género aunque no su capacidad de depredar el planeta: el Credit Suisse, tradicional lavador de dinero nazi, produjo un «refresh» en su apariencia con la imagen de su gerente de género fluido, aunque no dejó de lado los viejos hábitos: los papeles que ahora introduce en su lavarropas son los de una red de narcos búlgaros.

    EL DÍA QUE CRISTINA LAS ECHÓ DEL INSTITUTO PATRIA

    «No soy feminista», dijo apenas empezó su discurso, y las redes se conmocionaron por un grito que, según quien lo interpretara, sonó a «Sos igual» o «Conchuda». Bien mirado, lo conveniente para la ex presidenta era el anatema que los libertarios creyeron escuchar y que como tal difundieron por las redes.

    Porque ese día, en una amable repetición farsesca de la tragedia setentista, Fernández de Kirchner sacó a las femirulas del Patria como Perón echó a los Montoneros de la Plaza.

    Ese acto solo puede entenderse si se lo observa bajo el prisma geopolítico. Cristina decide «mudar» el Salón de las Mujeres que Karina Milei, en su única intervención pública hizo hasta la fecha, reemplazó en la Casa Rosada por el Salón de los Próceres.

    Contra lo que pueda suponerse, en cierto modo hay una coincidencia en la bajada de cuadros libertaria y el gesto de la muchacha de Tolosa. Los cuadros que no fueron emplazados en el Patria corresponden a las transexuales Claudia Pía Baudracco, Lohana Berkins y Diana Sacayán, es decir, Cristina decidió apartar, tardíamente, al transfeminismo del feminismo, tarea de improbable ejecución, porque, como se ha dicho al inicio de este trabajo, las primeras vampirizaron a las feministas tradicionales, y así, referentes como la diputada nacional Mónica Macha, se definen hoy como «transfeministas». En tal carácter, es de las más intolerantes y crueles que podamos encontrar en el muestrario femirulo. En septiembre de 2022, cuando se produjo una sorprendente marcha contra las falsas denuncias, las mujeres que ocuparon por primera y única vez el edificio del desaparecido ministerio, fueron tildadas por la legisladora de «defensoras de violadores». Eran las hermanas, mujeres, hijas y novias de varones de la clase trabajadora injustamente presos, en el marco de la arbitrariedad transfeminista.

    Pero en aquel acto, CFK hizo algo más: mencionó su deseo de emplazar a la Virgen de Luján en el salón, algo que a las 48 horas ya estaba cumplido, y sin duda decidido mucho antes. El regreso a la religión fue un portazo al transfeminismo que pugna por una imposible separación de iglesia y estado, y suele atacar templos católicos de distintas localidades cada vez que celebran alguno de sus ya tradicionales «encuentros».

    Acotación pertinente al respecto: el «Encuentro Nacional de Mujeres» se convirtió en «Encuentro Plurinacional de Mujeres, Diversidades» y a continuación, la consabida retahíla de siglas; el guiño al capital financiero global es evidente: en la atomización de presuntas identidades étnicas y en la miriada de géneros inventados. Este desplazamiento, imperceptible para el hombre y la mujer de a pie, es similar al cambio de firma, -de Malena Pichot a Florencia de la V-, en Página/12.

    ELE SÍ, PROGENITOR 1 y 2, NO

    En las elecciones que llevaron a la presidencia a Jair Bolsonaro, la cuestión de género fue determinante. Los raids televisivos del candidato burlándose de los manuales de Educación Sexual Integral, a veces distorsionando sus contenidos, y a veces sin necesidad de hacerlo, más la fallida campaña del PT, que destacó su género por sobre sus propuestas con la consigna «Ele nao», lo proyectaron como favorito en cuestión de días.
    Lula, advertido de aquel fracaso, rechazó de plano en el último debate presidencial la paridad en el gabinete de género, se pronunció contra el aborto, y en los días que siguieron, se fotografió con un niño evangelista.
    En 2019, con la llegada del evangelismo sionista al gobierno de Brasil, nos preguntábamos en qué candidato se encarnaría la reacción argentina. De hecho, lo hicimos como una advertencia explícita en nuestra Carta Abierta al colectivo Mujeres Argentinas, que circuló en las redes con carácter viral a principios de ese año.
    «Ayer mismo Bolsonaro asumió en Brasil, favorecido por un eje de campaña fuertemente influido por la ideología de género: el lema “Ele nao”, disparó sus preferencias electorales no bien se realizó una multitudinaria convocatoria bajo esa consigna». De esta manera, el transfeminismo introduce «una polémica estéril, ajena a las necesidades nacionales, y al mismo tiempo crea su propio cuco reaccionario».
    Un año después, Vladimir Putin anunciaba públicamente: «Mientras yo sea presidente no habrá ‘progenitor 1’ y ‘progenitor 2’, sólo papá y mamá». Aunque se lo presente como un giro conservador, y de hecho lo sea, el líder ruso expresa de modo tajante un «No pasarán» a las políticas de género que pretenden debilitar al estado nación ruso y disolver sus lazos comunitarios.
    Desarrollaremos este punto al describir el marco teórico que trabaja en tándem con el geopolítico. Ambos confluyen, como verá usted lector, en el linchamiento de Brieger y en otros miles de casos. A ellos vamos, para concluir esta primera parte.
    +++
    La tragedia atraviesa miles de familias argentinas, destruyó la vida de decenas de miles de varones y rasgó el tejido social de la comunidad, poniendo una cuña en el vínculo entre hombres y mujeres, apocando a ellos en sus lugares de trabajo y volviendo impunes a ellas, desautorizando a padres y madres cuando la niña de la casa trama una denuncia falsa y el completo edificio familiar se derrumba ante apotegmas como «yo te creo, hermana» o » todos los varones son hijos sanos del patriarcado».

    FALSAS DENUNCIAS: UN LADRÓN ES VIGILANTE Y OTRO ES JUEZ
    BOLIVIA
    En Bolivia, se plantea una reforma de la 348, la “Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida libre de Violencia”, después de que las falsas denuncias se volvieran plaga y miles de varones pasaran a purgar en la cárcel delitos jamás cometidos. No es un libertario uno de los más entusiastas impugnadores de este abuso, sino Andrónico Rodríguez, presidente del senado y hombre cercano a Evo Morales.
    URUGUAY
    En Uruguay, una mujer trans inventó una falsa denuncia para perjudicar al dirigente del Frente Amplio Yamandú Orsi. Ya veremos que en la Argentina, esta herramienta arrojadiza es moneda corriente en el ámbito político. En este caso, hasta el mismísimo Lacalle Pou defendió al denunciado, y propuso una reforma de la Ley 19.580, similar a la 348 de Bolivia.
    El episodio no es excepcional entre los paisanos de la Banda Oriental. Tal como aquí, las falsas denuncias se cuentan de a miles. Lo que sí los ha distinguido es el grado de movilización alcanzado.
    El 2 de marzo de este año una multitud se plantó frente al Palacio Legislativo, con consignas como “No a la dictadura de género, ser hombre no es delito” y “Basta de denuncias falsas”.
    “No había solo hombres. Había madres, abuelas, tías que nos decían que había muchos artículos que perjudicaban al denunciado”, se sorprendió Mariana Cabrera, prosecretaria del Gobierno, y encargada de redactar las reformas a la normativa.
    Cuando ocurrió algo similar aquí, durante el albertismo, el Ministerio de Mujeres bajó sus persianas con violencia a las mujeres que fueron a protestar. Fue entonces que a esas madres, esposas, novias e hijas la diputada Mónica Macha las llamó «defensoras de violadores».
    En este universo dislocado, se suceden desgracias como las de la Abuela Betty o Nahiara Godoy, el director técnico Diego Guacci o el adolescente Bautista, distintas en su desenlace, iguales en su origen: la mentira lisa y llana, atizada por la histeria colectiva, una androfobia que se desató en la Argentina bajo el patrocinio de George Soros y el capital usurero y global, y la rapiña voraz de los cuervos que aletean alrededor del caído para colgarse medallas, quedarse con su puesto vacante o ascender dentro del propio universo femirulo.
    En el siguiente apartado desarrollaremos algunos de estos casos.

    «YO TE CREO, JOHNNY»

    El juicio iniciado por el actor Johnny Depp a su ex pareja Amber Heard señaló el inicio de la decadencia femirula. Cara visible de la multinacional sionista «Lóreal», y, como ya hemos visto, funcionaria destacada de la ONU en cuestiones de género, además de favorita de la ACLU (una suerte de CELS estadounidense) luego de que accediera a esa organización de Derechos Humanos por su militancia en el «Me Too»; el resultado adverso del proceso no solo terminó con su carrera, sino con los bríos de un movimiento globalista y atlantista, que femigenocidas como Hillary Clinton alentó y al que le cantaron las neonazis de Pussy Riot.
    El episodio puso en duda la consigna «Yo te creo, hermana» y demostró que una mujer puede mentir sin remordimiento ni culpa.
    Esa ola hegemónica desató los siguientes tsunamis familiares.

    NAHIARA GODOY
    Ya había mentido una vez a los trece, cuando dijo que la habían secuestrado para poder salir con un chico, pero esta vez su papá fue un poco más riguroso, así que cuando encontró que había envidado unas selfies desvergonzadas a un pretendiente, le puso un límite.
    Nahiara ya era una piba de dieciséis, atravesada por su época, trabajada la cabeza por los discursos dominantes, cuando fue a la comisaría y lo denunció por abuso porque «pensé que lo tendrían unos días nada más».
    La picardía terminó en trece años de condena, una vez que la maquinaria judicial puso en marcha su narrativa. Entienda, lector, que la falsa denuncia es una construcción social, animada por una justicia con sesgada «perspectiva de género», a la que concurren una caterva de narradores: fiscales ávidos de encaramarse en la cúspide del sistema, jueces temerosos de que un jury termine con su carrera ante un «fallo patriarcal», y sobre todo, peritos sobrealimentados con la ideología oficial, que harán decir en cámara Gesell lo que ese mandato espera.
    Cuando, ante el desastre, Nahiara se desdiga en los estrados, se le advertirá, cínicamente, del riesgo que implica una falsa denuncia.
    El señor Godoy sigue preso, con graves problemas de salud. No es ocioso señalar un efecto colateral aunque sin duda buscado por el dispositivo imperial: la caída de la autoridad paterna y la destrucción de los lazos familiares. Después de todo, el objetivo de disolver a la humanidad en miles de géneros, átomos perdidos en el mar de la historia, cumple el adagio de la Thatcher cuando afirmaba «La sociedad no existe, solo hay individuos sueltos».
    ABUELA BETTY
    Escribió un libro durante los dos años que estuvo presa en Santa Fe. Ya pasó los sesenta, y de ellos, casi la mitad se los dedicó a sus nietos, obligada a criarlos por la propia justicia que la encarceló. Es que la hija de Betty y su pareja, carcomidos por la droga, jamás pudieron hacerse cargo de Y.M., la menor que la denunció y que un buen día se quebró en sede judicial: “Todo lo que dije e hice, desde que me fui de la casa de mi abuela, fue para herirla. Hice la vida, me drogaba, estaba en la calle, para no hacerle caso a ella que siempre quiso otra cosa para los cinco. Yo no tuve el amor de un papá, de una mamá y yo le hice esto. Estoy acá para pedirle perdón y que la dejen salir, porque la necesito, mis hermanas la necesitan. Ella es la única que puede unir a la familia”.
    Como se ha dicho antes, el plan imperial, que incluye un destino lumpen para la Argentina, necesita la ruptura del núcleo familiar. El femirulismo, que exaltó la victimización de las mujeres, se cebó con las más jóvenes, y el «yo te creo, hermana» hizo el resto. Eso, y los fiscales Matías Broggi y Alejandra del Río, dos que han elegido la escalera del género para trepar por el edificio judicial. No podían encontrar un lugar mejor: la provincia de Santa Fe es conocida como «la capital nacional de las falsas denuncias».
    Se preguntará el lector qué tiene que ver la Abuela Betty con Pedro Brieger. Le aseguro que a medida que vea el paisaje completo, su duda quedará satisfecha, aunque no su estupor.
    DIEGO GUACCI
    Más nítida, más cercana, similar a la historia de Brieger es la de Diego. Entrenador de fùtbol femenino, tan pionero y reconocido era este hombre en aquel ámbito, que Ingeniero Jacobacci entregaba la «Copa Diego Guacci» a las ganadoras del torneo de Futfem de la ciudad.
    Eso fue hasta 2019, porque al año siguiente, una denuncia motorizada por la periodista y relatora Agustina Vidal terminó con su carrera. Ella y cinco futbolistas lo acusaron de maltrato, violencia simbólica e incluso pedirles fotos indecentes.
    Mientras las denunciantes recurrían al FIFPRO, una instancia extrajudicial para difundir el caso, la Vidal hacía lo suyo en los medios, con tanto ahínco, que en su página oficial, «Diego Guacci» era una pestaña más de sus novedades.
    Y podrían haberse salido con la suya, con Diego tras las rejas y foto de caritas compungidas aunque guerreras victoriosas contra el patriarcado de no mediar un pequeño detalle: otra mujer.
    Andrea Guacci es, como se deducirá, la esposa del director técnico, una ingeniera convertida en activista de su propio drama, pero que abrazó el de otros; así, el video que circula por las redes con el testimonio de Nahiara Godoy, se lo debemos a su incansable trabajo, que incluyó revitalizar el Observatorio de Falsas Denuncias, y a través de él, contar con proyectos de ley sobre el tema en Argentina.
    El caso Guacci es único, y un punto de partida: es la primera vez que la justicia admite la falsa denuncia, aunque no castigue, como debería hacerlo, a las difamadoras. Ni Agustina Vidal perderá su trabajo en ESPN, en el que se afianzó gracias a sus mentiras, ni las jugadoras abandonarán sus carreras. Sin embargo, y a pesar de la histórica reivindicación, Guacci se fue del país, porque no hay quien lo contrate. Es que, por si no quedó claro, el femirulismo es un dispositivo que disciplina al resto de los varones, que incluso ante la evidencia de la desmentida judicial y la reivindicación del falsamente denunciado, aparta al que alguna vez fue un leproso social.
    El fútbol es una vidriera de talentosos, mediáticos y millonarios, que convoca el morbo del público ante estas denuncias. No se niega aquí la veracidad de algunas, pero sí se cuestionará, por falsas e inconsistentes a la mayoría. Sin posibilidad de un análisis detallado caso por caso, hacemos notar que en la Selección Argentina campeona del mundo, según medios y justicia, el 20% de sus jugadores son violadores. En efecto, de entre los veintiséis seleccionados, Thiago Almada y Montiel, aquel del último penal en que «todos éramos Montiel», han sido acusados de abuso. En el caso de Almada, de mínima participación en la Copa, cuando se anunció que sería parte de la Finalísima contra Italia, su acusadora, la abogada Hermida Leyenda, declaró “Vamos a presentar la denuncia en todas las delegaciones de la FIFA. Thiago Almada posee una causa abierta ante la fiscalía de género de Marcelo Fuenzalida, que es un fiscal suplente y que informó que esa causa está archivada. Esa causa la archivó para permitirle jugar en Londres”.
    Durante el Mundial, la difamadora Thelma Fardín declaró “el corazón roto con que esta Selección que amamos haya hecho jugar a Thiago Almada, imputado en la Justicia de San Isidro por ‘abuso sexual agravado con acceso carnal y abuso grupal. Y nadie dice nada’”.
    Las otras cuatro vidrieras que aseguran que el dispositivo disciplinario funcione con eficacia son el mundo de la música, con preferencia en el ámbito rockero; el escenario intelectual, privilegiando a las universidades donde los buitres disputarán horas, concursos y becas; el teatro y el periodismo, hoguera en la que están quemando a Pedro Brieger.
    Si el lector compara el caso Guacci con éste, verá que hay más de una similitud y varios puntos en contra para el entrenador de fútbol femenino. Las imputaciones a Guacci, en menor cantidad, señalan sin embargo, delitos tipificables en la justicia; la difusión en ambos casos corrió pareja: el recinto de la Cámara de Senadores dota a la denuncia de una «institucionalidad» que el otro no tiene. La hecha ante la FIFA es de una potencia mediática y exposición global superiores, en tanto que el caso Brieger, debido al efecto manada de Periodistas Argentinas consiguió intimidar a empleadores, colegas y amigos, consiguiendo el despido inmediato de todos sus lugares de trabajo.
    Pero se insiste, y cito aquí a Andrea Guacci en diálogo con el que escribe: «Si hubiesen ido a la justicia, Diego quedaba preso». Obviamente, no porque fuera culpable, sino porque el entramado narrativo que se teje en el poder judicial, con su represiva arbitrariedad y su parcialidad ideológica, consigue el objetivo dictado por el capital global y financiero: cárcel segura para el varón heterosexual y nueva hechura del tejido social para la sociedad argentina.
    BAUTISTA
    Cuando el adolescente quiso entrar a la escuela, se encontró con una horda gritándole «violador», «hijo de puta» y «hay que quemarle la casa».
    Las chicas reunidas en la plaza central de Pergamino no dejarían lugar a dudas entonces, y no deberían dejárselas a usted hoy mismo, lector, a más de dos años de producido el hecho.
    Le ruego entonces que mire estas imágenes antes de seguir con la lectura del artículo https://www.facebook.com/watch/?v=5149647815150153.
    ¿Ya lo hizo? Bien, habrá notado que se habla de dieciséis jóvenes abusadas, habrá visto los carteles y la indignación de la jovencita que las comanda, y habrá sentido su misma rabia.
    Sin embargo, todo esto es falso.
    Aquel día, la mamá de Bautista tuvo que sacarlo del baño en el que se refugió después de que un padre le encajara un trompazo por «violador». La escena, repetida sobre todo en las falsas denuncias a los profesores de jardines de infantes, se extienden por todo el país, y potencian el dispositivo disciplinario del femirulismo a través de la justicia por mano propia aplicada por lumpenes. Baste un solo ejemplo de entre cientos: en unas semanas se iniciará el juicio contra Juanchi Trigattti, docente de nivel inicial de Santa Fe, que, en horas, tuvo que escapar con la familia de su casa, finalmente vandalizada e incendiada, con el resultado atroz de dos mascotas muertas.
    El dispositivo no solo manda a la cárcel o empuja a la muerte, sino que además, carcome la confianza de los más cercanos. La mamá de Bautista dirá que «él me decía que todo surgió porque se había peleado con una de sus compañeras, mientras yo, por dentro, pensaba que había pasado algo más. Siempre insistí que contara la verdad, y él siempre reiteraba que se había peleado con esa chica que es la que organizó todo junto con otra».
    La sospecha que orientó a un padre a revisar los mensajes de su hija dio por tierra con todo lo planeado.
    Ahora, lector, mire un poco más tranquilo el video. Dieciséis abusos, como quien podría decir diecinueve y la exposición pública en una plaza de pueblo como si se tratara de un recinto en la Cámara de Senadores.
    Todavía no hemos recorrido el marcó teórico, lo que algunos llaman «teoría queer», que nos permitirá entender el porqué de este ensañamiento y nos ayudará a comparar patrones y matrices de cada caso que, con su repetición, presentarán el panorama completo del asuno.
    Creemos que la defensa de un varón linchado por el femirulismo, -hoy es Brieger, mañana puede ser usted-, lo merece.
    Si el dispositivo disciplinario no aterra al editor de esta página, nos veremos en una segunda parte.

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