CASO $LIBRA. El colmo del ridículo: el juez Martínez De Giorgi exoneró a los hermanos Milei aduciendo que no hubo delito
Por fin alguién que valoriza como es debido el atentado mortal que contra toda noción de justicia supone la exoneración de los hermanos milei de la megaestafa Libra. Algo tan burdo que no podría parodiar ni siquiera el zarpadísimo dictador de Costa Pobre que encarnaba Alberto Olmedo. Al punto de que me había dejado casi sin palabras (ver, al final «Yapa»). Pues bien, no conozco a nadie que siga y analice lo que publica la prensa hegemónica como Hugo Muleiro, que encima solía tomarse ese trabajo como una militancia sin sacar de ello ningún rédito económico. Sus análisis, que antes me llegaban por e-mails son ahora publicados por La comunicación hace clic, medio en cuyo staff aparece junto a otra distinguida colega, Mónica Beltrán, y a veces colabora su marido, Mario Moldovan, a quien le debo haber ingresado en la agencia Télam en 1993 y con quien compartí en 1998 un intento de revivir a El Porteño, entre otras afinidades. Fue él quien en esta ocasión ligó el vergonzoso fallo de De Giorgi con aquél dictador de pacotilla.
Reseña de medios: el desquicio institucional no es noticia

La enésima confirmación de la descomposición institucional y del Estado de Derecho que expresa la absolución a la pareja presidencial en la estafa con $LIBRA pasa inadvertida en los medios más poderosos de Buenos Aires, no porque falten algunas críticas al fallo, sino porque no es enfocado en sus gravísimos significados.
Es que la exposición de la evidencia estruendosa de la colonización del sistema judicial es imposible para medios partícipes de todas las maniobras contra la oposición, para convalidar la represión, apresar a trabajadores que protestan y hasta contribuir con el asalto a la AFA, más allá de las andanzas de sus autoridades, por citar solo algunos de muchos ejemplos.
El título principal de tapa de Clarín el sábado 24 lo dice todo: “Sobreseyeron a Milei y a Karina en el caso $LIBRA: no hubo estafa con la criptomoneda”. Como es frecuente, en La Nación primó una cierta reserva de dignidad periodística que, aunque magra, llevó al diario a usar comillas: “No hubo delito”.
El significado político de la resolución del juez Martínez de Giorgi, beneficiado por el mileismo con la imposición de su esposa como jueza federal, no obtuvo espacios: Wiñazki, Miri, Roa y Carelli en Clarín no examinaron el tema en sus extensas notas de sábado y domingo. Igual que Morales Solá, Liotti y Rossi en La Nación y los análisis políticos que el domingo por la mañana estaban al tope en el portal Infobae.
Ninguno de ellos sintió necesidad de interpretar o buscar fuentes que examinaran el significado institucional del fallo, lo que dice respecto del servicio de justicia en el país y sobre qué puede esperar cualquier ciudadano para la custodia de sus derechos.
Se entiende: describir al Poder Judicial descompuesto y colonizado, incluso a partir de su máxima autoridad, equivaldría a ponerse al desnudo, confesar la vileza en tantas causas favorables a los propios, como por ejemplo el sobreseimiento a Macri y Luis Caputo por la millonada obtenida del FMI, y fatales para los adversarios, sean políticos peronistas o de izquierda, sindicalistas o dirigentes sociales.
Mas protección a los Milei
En el funcionamiento de esta matriz hay proezas difíciles de creer, y a veces hay que leer dos veces para convencerse. El jueves 22 fue noticia que la justicia resolvió indagar a empresarios por la corrupción en ANDIS. En Clarín, Lucía Salinas, una de las cabecillas del grupo de tareas judicial del diario, escribió una página sin recordar que los acusados principales, por peso político e institucional, tienen el apellido Milei.
El domingo 25 el diario publicó una página que examina el fallo que regaló impunidad a la pareja de Balcarce 50 en $LIBRA. El autor es Gambini, conocido porque en cada aniversario de la muerte de Nisman encuentra más y más kirchneristas a quienes acusar. Esto de por sí le quita toda envergadura a la nota, que desliza un enfoque crítico del fallo de Martínez de Giorgi pero no se toma la molestia de exponer qué representa para el país, su andamiaje institucional y su ilusión de justicia.
Muchos menos lavados son dos artículos publicados el domingo por Rodríguez Yebra y Rodríguez Niell en La Nación, que terminan constituyendo una excepción. Al menos destacan que el juez eludió investigar la ruta del dinero por la estafa con la criptomoneda o que los camaristas que avalaron apartar a las víctimas son los mismos que reabrieron una causa contra Cristina Kirchner al aceptar a nuevos querellantes.
En cambio, Clarín y La Nación coincidieron en lanzarse contra los trabajadores en el conflicto de estos días en los subterráneos. Ambos le colgaron el rótulo de “salvaje” al paro que en verdad fue provocado por el gobierno de la Ciudad cuandó mandó a detener a delegados porque habían liberado molinetes por una hora, para intentar que sus reclamaciones sean escuchadas. “Subtes, la huelga como extorsión”, tituló La Nación el viernes su editorial oficial.
La estigmatización de las protestas del 15 de octubre por el desfinanciamiento de las universidades, mediante la centralidad dada a los disturbios causados por infiltrados que nunca son detenidos, tiene su correlato con el tipo de cobertura que estos medios dan a las oleadas de protestas en Europa.
Títulos y fotos se centran en incendios, violencia de algunos grupos –jamás de los operativos represivos–, daños a la propiedad privada, rótulos como “violencia juvenil”. El castigo a quienes protestan con medidas como las resueltas por la neofascista italiana Giorgia Meloni nunca son contrastadas con opiniones críticas ni con un contexto que explique los motivos del malestar social.
Y seguimos en campaña…
Clarín repitió la fórmula para mantener a Milei como favorito en las elecciones de 2027, justo en los días en que el canciller le cerró la puerta de un acto público a una de sus representantes, una redactora que más que experta en temas internacionales es especialista en promocionar los intereses estadounidenses en el país.
En efecto, por segunda vez en cinco meses, armó un cóctel con encuestas hechas en momentos y con métodos diferenciados y lo puso al presidente como favorito.
La misma postura editorial expresa este título de Clarín el jueves 22: “Kicillof suspendió la cautelar que frenaba la suba de tarifas”. El enunciado quiso dar a entender que el gobernador en persona tomó la medida, que en realidad fue adoptada por la Cámara Contencioso Administrativa de Mar del Plata.
Cronistas y columnistas sí encontraron la gravedad que tiene efectivamente el deseo presidencial de mandar a la hoguera a algunos periodistas. Aquí sí hablan de desorden institucional, afrenta a la democracia, peligro para las libertades. Se enojó mucho con esto Morales Solá, el republicanista que en 2021 escribió: “A Cristina Kirchner le espera la guillotina”. Milei no podría expresarlo mejor.
YAPA 1:
Tras el «regalo» de la Justicia: Milei amenazó con «quemar» a quienes investiguen la criptoestafa
Lejos de moderarse el presidente sigue con los papelones públicos. En la cena de la fundación Faro, volvió a emprenderla con los periodistas, a quienes acusó de intentar un «golpe de Estado institucional: “Los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta», afirmó.

El cierre exprés «regalado» por el fiscal Eduardo Taiano y el juez Marcelo Martínez de Giorgi, en la investigación por la criptoestafa $Libra fue utilizado como plataforma por Javier Milei para revalidar el odio más virulento de su disputa contra la prensa. Durante la cena de la Fundación Faro en el Yacht Club de Puerto Madero, el presidente celebró el vergonzoso fallo que lo desvinculó de la causa (sin siquiera una sola indagatoria a alguno de los imputados), y volvió a arremeter con uno de sus violentos ataques públicos contra quienes no aplauden sus delitos.
En su discurso, acusó a los medios de haber montado una conspiración destituyente y sentenció que “intentaron un golpe de Estado por la vía institucional y no pudieron”.
Lejos de encauzar su descargo en términos institucionales, el economista apeló a una retórica de escarmiento físico y castigo violento contra la labor de investigación periodística. “Sepan que los hijos de puta en Argentina no van a tener piedad; tener piedad con los hijos de puta es ser injusto con los buenos”, vociferó ante la cúpula de su Gabinete, empresarios e invitados del think tank libertario que pagaron hasta 300 mil dólares para asistir al ágape derechoso. Acto seguido, remató con una advertencia que generó repudio generalizado: «Los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta».
En su alocución, el mandatario le puso nombres propios a la diana del oficialismo. Tildó de «ensobrados, corruptos y mercenarios de la mentira» a periodistas como Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Natalia Volosin, Paulino Rodrígues y Luis Novaresio, responsabilizándolos por las revelaciones sobre el caso $Libra y acusando al Grupo La Nación de intentar «extorsionar al Gobierno y evadir impuestos».
Las declaraciones presidenciales provocaron la inmediata reacción del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), que denunció una “escalada de violencia sin precedentes” y advirtió sobre el peligro real que implica recurrir a imágenes punitivas como la inquisición o el fuego público. Desde la entidad remarcaron que el sobreseimiento judicial no anula la legitimidad del interés público sobre la conducta de los funcionarios y recordaron que el Estado tiene la obligación constitucional de proteger a los comunicadores, en lugar de convertirlos en el blanco de odio del Poder Ejecutivo.
Ante los cuestionamientos que persisten en la sociedad y el inocultable impacto del ajuste económico, Milei optó por replegarse en su núcleo identitario más duro, convirtiendo el odio explícito en su principal herramienta de propaganda y combate político.
YAPA 2:
YAPA:
El jueves, indignado, escribí lo que sigue. Esperaba seguirla, pero por diversos motivos, no la seguí.
Más allá del papelón histórico del Orate en Madrid, la noticia más importante de los últimos días es la aberrante absolución de todos los estafadores del caso Libra, comenzando por el Orate, por parte del juez Martínez de Giorgi luego de que el fiscal Taiano sostuviera que los estafados no tendrían derecho a litigar contra los estafadores (lo que es todavía peor que lo resuelto por los supremos respecto a que los ex combatientes en las islas Malvinas no tendrían competencia para abogar por que no se entreguen otras tierras argentinas al extranjero). Es tal la desvergüenza de ambos habitantes de Comodoro Py que por un instante quedé perplejo y boquiabierto. Aún así, me parece más fácil que el Orate y su hermana terminen asilados en el desierto del Neguev que semejante desfalco logre evadir los tribunales ordinarios de los Estados Unidos, sobre todo si Trump, tal como parece, pierde las inminentes elecciones de medio término.
