EL PAPA EN IRAK. Difundir los dichos de Francisco es contrariar al Imperio y sus lacayos

No soy religioso, pero fui católico hasta los dieciséis, y donde hubo fuego cenizas quedan. Hasta hace poco me confesaba ateo, pero Boot me convenció que era más fino decir que carezco de la gracia de la fe. Aunque, escéptico, y mirándolo desde lejos, me parece un milagro que haya un Papa argentino y peronista (y por añadidura, siendo frívolo, de San Lorenzo) y comulgo con la inmensa mayoría de sus posiciones filosóficas y políticas (no así con lo de “los niños por nacer”, que me parece un oxímoron), sobre todo en el plano internacional… más allá de no tener tampoco la menor fe acerca de que el fin de las opresiones pueda obtenerse a través de medios pacíficos. Queda claro que si en lugar de ser Jorge Bergoglio el “sumo pontífice” fuera Karol Wojtyla, sus giras tendrían amplísima cobertura de los medios hegemónicos, tributarios de un imperio que abomina de él con fundadas razones, entre otras muchas, por la mala conciencia de haber prohijado al ISIS, “Estado Islámico” o Daesh. Así las cosas, me complace servir de altavoz y caja de resonancia de los dichos de Francisco.

Encuentro interreligioso en Ur:

«La ofensa más blasfema es profanar el nombre de Dios odiando al hermano»

 

«Hostilidad, extremismo y violencia no nacen de un espíritu religioso; son traiciones a la religión», afirmó el Papa.

 

POR CRISTINA SÀNCHEZ AGUILAR / ALFAYOMEGA

En el encuentro interreligioso que ha tenido lugar en Ur, una de las ciudades sumerias más antiguas y patria del patriarca Abraham, el Papa Francisco ha recordado cómo este lugar sagrado «nos remite a los orígenes», al «nacimiento de nuestras religiones». Parece que «volvemos a casa», ha asegurado.

«Hoy nosotros, judíos, cristianos y musulmanes, junto con los hermanos y las hermanas de otras religiones, honramos al padre Abrahamn del mismo modo que él: miramos al cielo y caminamos en la tierra», ha expresado el Papa. El cielo nos da «un mensaje de unidad: el Altísimo que está por encima de nosotros nos invita a no separarnos nunca del hermano que está junto a nosotros». Pero «si queremos mantener la fraternidad, no podemos perder de vista el cielo».

A los representantes de distintas religiones presentes en el encuentro, el Papa Francisco recordó que «tenemos sobre todo la función de ayudar a nuestros hermanos y hermanas a elevar la mirada y la oración al cielo. Todos lo necesitamos, porque no nos bastamos a nosotros mismos». El hombre «no es omnipotente, por sí solo no puede hacer nada. Y si elimina a Dios, acaba adorando a las cosas mundanas». En el mundo de hoy, añadió el Papa, «que a menudo olvida al Altísimo y propone una imagen suya distorsionada, los creyentes están llamados a testimoniar su bondad, a mostrar su paternidad mediante la fraternidad».

Desde la tierra de Abraham, continuó, «afirmamos que Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfema es profanar su nombre odiando al hermano. Hostilidad, extremismo y violencia no nacen de un espíritu religioso; son traiciones a la religión. Y nosotros creyentes no podemos callar cuando el terrorismo abusa de la religión». Es más, «nos corresponde a nosotros resolver con claridad los malentendidos. No permitamos que la luz del cielo se ofusque con las nubes del odio».

Recuerdo a los yazidíes

Francisco ha recordado en particular a la comunidad yazidí, «que ha llorado la muerte de muchos hombres y ha visto a miles de mujeres, jóvenes y niños raptados, vendidos como esclavos y sometidos a violencias físicas y a conversiones forzadas. Hoy rezamos por todos los que han padecido semejantes sufrimientos y por los que todavía se encuentran desaparecidos y secuestrados, para que pronto regresen a sus hogares».

«También rezamos –siguió diciendo– para que en todas partes se respete la libertad de conciencia y la libertad religiosa; que son derechos fundamentales, porque hacen al hombre libre de contemplar el cielo para el que ha sido creado». El terrorismo, cuando invadió el norte iraquí, «destruyó de manera brutal parte de su maravilloso patrimonio religioso, incluyendo iglesias, monasterios y lugares de culto de diversas comunidades». Sin embargo, «incluso en ese momento oscuro brillaron las estrellas. Pienso en los jóvenes voluntarios musulmanes de Mosul, que ayudaron a reconstruir iglesias y monasterios, construyendo amistades fraternas sobre los escombros del odio, y a cristianos y musulmanes que hoy restauran juntos mezquitas e iglesias».

El profesor Ali Thajeel, uno de los testimonios que precedió el discurso del Papa –profesor universitario y musulmán que ha agradecido cómo la Iglesia, en los tiempos más difíciles, «siempre ha sido la primera en atender a los necesitados, sin distinción de etnia ni religión»– «nos ha contado sobre el regreso de peregrinos a esta ciudad. Es importante peregrinar hacia los lugares sagrados, es el signo más hermoso de la nostalgia del cielo en la tierra. Por eso, amar y proteger los lugares sagrados es una necesidad existencial».

Aludiendo ahora al camino en la tierra, el Pontífice ha asegurado que, como Abraham, «en el camino, estamos llamados a dejar esos vínculos y apegos que, encerrándonos en nuestros grupos, nos impiden que acojamos el amor infinito de Dios y que veamos hermanos en los demás».

En las tempestades que atraviesa el mundo «no nos salvará el aislamiento, no nos salvará la carrera para reforzar los armamentos y para construir muros, al contrario, nos hará cada vez más distantes e irritados». «No nos salvará la idolatría del dinero, que encierra a la gente en sí misma y provoca abismos de desigualdad que hunden a la humanidad». «No nos salvará el consumismo, que anestesia la mente y paraliza el corazón». «El camino que el cielo indica a nuestro recorrido es otro, es el camino de la paz. Este requiere, sobre todo en la tempestad, que rememos juntos en la misma dirección».

Qué corresponde a los creyentes

No es digno que, «mientras todos estamos sufriendo por la crisis pandémica, y especialmente aquí donde los conflictos han causado tanta miseria, alguno piense ávidamente en su beneficio personal». No habrá paz «sin pueblos que tiendan la mano a otros pueblos». Y aquí el Papa ha recordado especialmente a la «vecina y martirizada Siria», que cumple este 15 de marzo su décimo aniversario en guerra.

«¿Dónde puede comenzar el camino de la paz? En la renuncia a tener enemigos». En la historia «hemos perseguido con frecuencia metas demasiado terrenas y hemos caminado cada uno por cuenta propia, pero con la ayuda de Dios podemos cambiar para mejor». A continuación, el Obispo de Roma ha detallado qué depende de los creyentes: «Depende de nosotros transformar los instrumentos de odio en instrumentos de paz. Nos toca a nosotros exhortar con fuerza a los responsables de las naciones para que la creciente proliferación de armas ceda el paso a la distribución de alimentos para todos».

También «nos corresponde dar voz al grito de los oprimidos y de los descartados del planeta; demasiados carecen de pan, medicinas, educación, derechos y dignidad. De nosotros depende que salgan a la luz las turbias maniobras que giran alrededor del dinero y pedir con fuerza que este no sirva siempre y sólo para alimentar las ambiciones sin freno de unos pocos». A nosotros nos corresponde «proteger la casa común de nuestras intenciones depredadoras. Nos toca a nosotros recordarle al mundo que la vida humana vale por lo que es y no por lo que tiene, y que la vida de los niños por nacer, ancianos, migrantes, hombres y mujeres de todo color y nacionalidad siempre son sagradas y cuentan como las de todos los demás».

Verdugos del ISIS a punto de degollar prisioneros cristianos.

Dos jóvenes que trabajan juntos

Los jóvenes Dawood y Hasan, un cristiano y un musulmán que estudian y trabajan juntos en un negocio de venta de ropa, han dado su testimonio también ante el Santo Padre y pedido una Irak «libre de violencia y odio». El Papa se ha referido a ellos en su discurso: «Juntos construyeron el futuro y se descubrieron hermanos. Este es el camino, sobre todo para los jóvenes, que no pueden ver sus sueños destruidos por los conflictos del pasado». Esta será «la vacuna más eficaz para un futuro de paz».

Igualmente la señora Rafah, una iraquí de la comunidad sabea mandea, en su testimonio ante el Papa ha aludido al ejemplo heroico de Najy, que perdió la vida intentando salvar a la familia de su vecino musulmán. «¡Cuántas personas aquí, en el silencio y la indiferencia del mundo, han emprendido caminos de fraternidad!».

Rafah ha relatado también los sufrimientos indescriptibles de la guerra, que ha obligado a muchos a abandonar casa y patria en busca de un futuro para sus hijos. «Gracias, Rafah, por haber compartido con nosotros la voluntad firme de permanecer aquí, en la tierra de tus padres. Que quienes no lo lograron y tuvieron que huir encuentren una acogida benévola, digna de personas vulnerables y heridas».

«Nosotros, hermanos y hermanas de distintas religiones, aquí nos hemos encontrado en casa y desde aquí, juntos, queremos comprometernos para que se realice el sueño de Dios: que la familia humana sea hospitalaria y acogedora con todos sus hijos y que, mirando el mismo cielo, camine en paz en la misma tierra».

Visita a Al-Sistani

Sobre la visita del Papa Francisco al Gran Ayatolá Al-Sistani en Náyaf, en un encuentro privado, la Santa Sede ha resaltado en un comunicado que, el Santo Padre ha resaltado «la importancia de la colaboración y de la amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando el respeto recíproco y el diálogo, se contribuya al bien de Irak, de la región y de toda la humanidad».

El encuentro ha servido al Papa para agradecer a Al-Sistani que, junto a la comunidad chiita y frente a la violencia y a las grandes dificultades de los últimos años, «haya levantado su voz en defensa de los más débiles y perseguidos, afirmando la sacralidad de la vida humana y la importancia de la unidad del pueblo iraquí».

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