SIDE – AFI: La extradición del proxeneta Martins y el final de “La Casa” que sirvió a la dictadura

Debe ser pura casualidad, o timming del secretario de Relaciones Exteriores azteca, Marcelo Ebrard, pero no puede dejar de llamar la atención que. en coincidencia con el anuncio del Presidente acerca de que la ex SIDE ya no podrá “auxiliar” a los jueces federales, ni intervenir en operaciones contra traficantes de droga, etc. la justicia mexicana entregue, justo justo, a Raúl Martins, estrecho socio en muchos negocios non sanctos de Antonio Stiuso. En cualquier caso, es un gran éxito del gobierno de Alberto Fernández, en momentos en que procede a la reducción de la hipertrofiada Agencia Federal de Inteligencia (AFI) a lo que siempre debió ser y hace mucho que no es (si es que alguna vez lo fue); un lugar dedicado a recopilar información y elaborar en base a ella –una vez confirmada su bondad– hipótesis que permitan accionar obteniendo el mayor beneficio para los intereses nacionales. Que no son otros que los del pueblo argentino. La ex SIDE había terminado de convertirse bajo la égida de Stiuso en una franquicia cipaya de servicios de inteligencia extranjeros y, a la vez, en un aparato mitad burocrático, mitad delictivo, dedicado entre otros rubros al contrabando, las exportaciones ilegales y extorsiones variadas. El abandono de la inteligencia exterior es, quizá, el aspecto menos conocido pero más importante de tanta dejadez. Un servicio de inteligencia estatal tiene la misión prioritaria e insoslayable de mantener informado en detalle al gobierno nacional de las políticas de las potencias extranjeras de manera que a su vez pueda adoptar las políticas más beneficiosas para el país. No puede fiarse de los informes del Mossad, la CIA, el MI-6 y, en el mejor de los casos, del BND alemán. La AFI de Gustavo Arribas y Silvia Majdalani fue sobre toda una “caja negra” sin ningún control de la cual pudieron servirse Macri y sus amigos, mientras que muchas veces se destinaban como agentes en las capitales de países de relevancia a perfectos inútiles, eso si, amigos del poder. A todo esto ha venido a poner remedio la intervenciòn de la ex fiscal Cristina Caamaño, que tiene acrisolada reputación de incorruptible. Resta saber si el plazo que se le dado, de seis meses, será suficiente para remediar tanto desaguisado.

El ocaso del espía prostibulario

 

Gabriel Conde, Macri y Juliana Awada, luna de miel en un prostíbulo de Cancún.

 

Una noticia originada en México comienza a trazar el epílogo de una biografía turbia, la del exagente de la SIDE y proxeneta criollo, Raúl Martins Coggiola, cuya extradición a Buenos Aires acaba de ser concedida por el canciller azteca Marcelo Ebrard. El tipo había sido detenido el 3 de octubre en Cancún. Sobre él pesaba una orden de captura internacional a raíz de su procesamiento desde 2012 por ser el presunto jefe de una organización dedicada e explotar mujeres en Argentina y el Caribe mexicano.

Este es también el hecho más reciente de una saga de extorsiones, sexo, balas y dinero sucio, protagonizada por espías, jueces y políticos que llegaron hasta el peldaño más elevado del poder; entre ellos, Antonio Stiuso, Norberto Oyarbide y el mismísimo Mauricio Macri.

He aquí una trama que merece ser contada.

Hubo un tiempo remoto en que Martins era otro: “Aristóbulo Manghi”. Así fue rebautizado en la SIDE. Tenía 27 años, decía dar clases de Historia en un secundario y provenir de una familia acomodada. Pero a veces, entonado por el whisky en alguna sobremesa, solía revelar su verdadera ocupación.

Su solicitud de ingreso a ese organismo –avalada por un coronel amigo de la mamá– data de 1973. Poco después salió su “nombramiento condicional” con categoría C-C33IN14, que significa “agente secreto”. Y fue destinado a la Base Billinghurst. Su tarea inicial fue fotografiar militantes en movilizaciones previas al golpe de 1976. Ya bajo la última dictadura, se dedicó al seguimiento y vigilancia de posibles “blancos de la lucha antisubversiva”, así como en el argot represivo se denominaban a las futuras víctimas.

La Base Billinghurst tenía bajo su ala el centro clandestino Automotores Orletti, la filial vernácula del Plan Cóndor. Allí hizo amistad con dos insignes esbirros: Eduardo Ruffo y Aníbal Gordon. También hizo excelentes migas con Pedro Tomás Viale (a) “El Lauchón”, y “Jaime Stiles”, una joven promesa del espionaje; su verdadero nombre: Antonio Horacio Stiuso. El vínculo entre todos ellos sobrevivió al restaurarse la democracia a fines de 1983.

Tres años después Martins renunció a la SIDE para volcarse el negocio de la prostitución. Se cree que en dicha actividad pudo haber invertido dinero negro del aparato represivo. Paralelamente retomó la docencia en un colegio católico. En una ocasión invitó al secretario de un juzgado para dar una clase sobre adicciones. Era Norberto Oyarbide. Se conocían de otros claustros más festivos.

Lo cierto es que el emprendimiento de Martins marchaba sobre rieles. Y Viale colaboraba con él. En paralelo, el “Lauchón” investigaba para la SIDE cuestiones de narcotráfico, reportando directamente a Stiuso, ya al frente de la estratégica dirección de Contrainteligencia.

Por entonces Martins había expandido sus actividades hacia la ciudad de Cancún. Lo secundaba un tal Gabriel Conde como encargado del Mix Sky, el lupanar insignia del exespía en esas latitudes.

Es sabido el esfuerzo existencial de Mauricio Macri para ser algo más que “el hijo de Franco”. Así descubrió que la actividad de dirigente deportivo podría ser una llave para ello. En este punto entró en escena don Luis Conde, padre de Gabriel. Era el dueño de Shampoo, el piringundín de Recoleta, muy frecuentado por el heredero de SOCMA. Y encabezaba en Boca una línea opositora. Fue Luis Conde quien lo introdujo en el mundillo político del fútbol.

Mauricio también se hizo amigo de Gabriel, el hijo de su mentor.

Conde y Martins disfrutando de la buena vida (fresca viruta decían los porteños viejos) en el Caribe.

 

Quince años después, ya entronizado en el Gobierno porteño, Mauricio desposó a Juliana Awada. Y partió de luna de miel hacia México, y a Cancún, donde visitó a Gabriel, quien ya gerenciaba el Mix Sky Lounge. El flamante matrimonio gozó allí de una velada fabulosa.

Dos años más tarde le saltó en la cara un sistema de coimas y aportes de campaña con billetes provenientes de la trata y la prostitución. La denuncia la hizo la propia hija del fiolo, Lorena Martins.

El Mix Sky Lounge fue clausurado en 2012.

Pero la crisis policíaco-familiar de Martins era cada vez más profunda y embarazosa. Su hija lo había denunciado –en la justicia y ante la prensa– por “proxenetismo” y “trata de personas”. Aquella “grieta” arrastró al Lauchón e inquietaba sobremanera a Stiuso.

A principios de 2012 el Lauchón fue acusado por Lorena de mandarle sicarios por cuenta del papá con el propósito de callarla para siempre.

El azar jurídico quiso que la denuncia de Lorena cayera precisamente en el despacho del juez Oyarbide. El asunto quedó en la nada.

Sin embargo, aún no había sucedido lo peor.

Era 9 de julio de 2013 cuando Martins recibió en Cancún por teléfono una mala noticia: el confuso fallecimiento de Viale, acribillado por el Grupo Halcón, de La Bonaerense, al ser allanada su casaquinta de La Reja por una causa de drogas.

Stiuso no tuvo ninguna duda de que se trató de un ajuste de cuentas. Ni que los plomos que despenaron a su amigo eran en realidad para él: esa noche debía reunirse con el Lauchón. Pero canceló la cita a último momento. Problemas de agenda. Poco después fue echado de la SIDE.

Mientras Macri iniciaba su ascenso hacia el sillón de Rivadavia.

Lo cierto es que desde entonces parece haber transcurrido un siglo.

Ahora, mientras Macri ya en el llano no sabe qué hacer con su tiempo libre, Stiuso es apenas un fantasma cuyo poder está cifrado en un manojo de  secretos que aún atesora. Y Martins languidece en una celda azteca a la espera de una repatriación nada triunfal.

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