Esta publicación de la revista digital Hegemonía me resultó interesante porque tratándose un medio cercano a Guillermo Moreno, hace una corrección importante a su discurso chupamedias de Donald Trump y enemigo declarado de China y de los BRICS. Mejor así.
Espero que Moreno no esté cinchando para que Villacruel reemplace a Milei. Ojalá.
No es infrecuente que acá tratemos la hipótesis de una guerra abierta entre las superpotencias y siempre concluimos lo mismo: dicha guerra es técnicamente inviable.
También decimos que lo de China no es tirar tiros, sino hacer negocios. Eso es solo parcialmente cierto. China puede tirar tiros y no lo hace justamente porque la única guerra que podría interesarle a Beijing es contra los Estados Unidos, la que no es viable.
Las armas, como las muestra China acá, no están para usarse en una guerra mundial entre potencias. Desde 1949 a esta parte, que es cuando Stalin obtiene su RDS-1 y empata con los Estados Unidos en capacidad nuclear aplicada a lo bélico, la guerra mundial no puede ser porque si fuera sería una guerra nuclear.
Y nadie puede ganar una guerra nuclear. Nadie la quiere ni nadie la va a hacer porque nadie la puede ganar.
Entonces esta exhibición de fierros que hicieron los chinos ayer solo tiene por objetivo decirle al mundo lo siguiente: “Lo nuestro son los negocios, pero también tenemos esto. Tenemos un misil nuclear que puede caer sobre Washington en 18 minutos y un montón de juguetes infernales más”.
La Guerra Fría entre 1949 y 1991 fue fría porque las superpotencias sabían lo que saben hoy y es que no puede haber tiros entre ellas. Puede haber guerras proxy en Vietnam o en Ucrania, en Irak y en Libia, en cualquier parte, pero nunca un enfrentamiento entre potencias nucleares.
Hoy de nuevo la guerra es fría y por eso vemos estas demostraciones de fuerza militar, vemos a Putin paseándose entre Alaska y Beijing con la aguja de coser en la mano para tejer un nuevo orden mundial sin tiros.
Acá alguien va a tener que ceder más temprano que tarde y van a ser los yanquis para que se les respete el rango y se les permita sentarse pacíficamente en una mesa chica de un ordenamiento multipolar de tres patas.
Esta es la “paz armada” que tendrá la humanidad mientras exista la bomba atómica.