ATENTADOS. Desafío al coro de hipócritas y encubridores que acusa a Hezbolá e Irán

Los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA y las infundadas acusaciones al Hezbolá libanés e Irán.  

Desafio: Hablen ahora o callen para siempre

 

Alberto Fernández dijo hace años una tontería respecto al memorandum firmado por Argentina e Irán para que los altos jerarca persas acusados por el juez Rodolfo Canicoba Corral -a instancias del fiscal Natalio Alberto Nisman– de haber instigado los bombazos que demolieron la AMIA y mataron a 85 personas. Dicen que dijo que la entonces presidenta CFK y su canciller Héctor Timerman, ya fallecido, habrian sido “encubridores” de dichos acusados. El inicuo juez Claudio Bonadio, perseverante perseguidor de CFK -a la que lo une una animadversión obsesiva– lo ha citado para que rectifique o ratifique la boutade. Esto sucede en momentos en que el gobierno de Israel, sus aliados y sirvientes -como lo son entre nosotros los dirigentes de la DAIA y de la AMIA- no para de decir, repetir y reiterar el sonsonete de que Hezbolá debe ser considerado por Argentina una organización terrorista por haber ejecutado aquellos bombazos y aquellos jerarcas iraníes deben ser juzgados en ausencia por haberlos instigado. Todo esto haciendo caso omiso de que no hay una sola prueba (¡y ni siquiera un indicio!) que Hezbolá -que es el principal partido del Líbano y de la coalición que gobierna ese país- haya tenido que ver con el atentado y, todavía menos, que el mismo haya sido auspiciado u ordenado por jerarcas del gobierno iraní de entonces, y si, muchísimas, de que ambos atentados (pues no debe olvidarse el anterior, contra la embajada de Israel) fueron perpetrados por mercenaria mano de obra local.

Y que Hezbolá forma parte dl gobierno de una nación con la que Argentina mantiene armónicas relaciones, y el juicio en ausencia no está contemplado sino desechado en nuestra Constitución y leyes.

Escribí tres libros que abordaron directamente esos atentados (AMIA, El atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos, Planeta, 1997; Caso Nisman: Secretos inconfesables, Punto de Encuentro, 2016, y La infAMIA, Colihue, 2018) y uno sobre su contexto y trama internacional (Narcos, banqueros & criminales, Punto de Encuentro, 2005), y en los dos últimos creo haber demostrado fehacientemente que el memorándum fue una iniciativa de CFK ciento por ciento honesta y tendiente a destrabar una causa que hacía muchos años estaba sumida en una parálisis total.

Otra cosa es si la iniciativa estuvo bien ejecutada, si no era extemporánea, etc. Recuerdo que cuando me enteré de ella soñé que CFK montaba en un brioso corcel y empuñaba una lanza de esas utilizadas en las justas o torneos medievales, arremetiendo al galope contra un gigantesco panel de avispas africanas. Tras destruirlo, amazona y equino emprendían presurosa retirada seguidos de una nube de animosos himenópteros sedientos de venganza, momento en el que me desperté. No cabe duda de que CFK no calculó debidamente la violenta reacción que tendría que enfrentar de parte de Israel y la CIA, y de una Secretaría de Inteligencia que desde hacía muchos años había sido colonizada por ellos.

Pero lo importante es, lo repito y reitero, que tanto en Caso Nisman… como en La infAMIA demostré que ambos atentados fueron consumados por mercenarios argentinos y que no hay ninguna prueba, nada de nada, que vincule ni a Hezbolá ni a Irán con los atentados. Y que los jefes de la SIDE nunca creyeron, ni por un instante, en Irán hubiese tenido algo que ver como lo demostraron la reuniones del subsecretario de Inteligencia, el videalmirante Juan Carlos Anchezar, con el embajador de Irán e incluso con el clérigo Moshen Rabbani, a quien se acusaba pour la galerie pero a quien jamás se interrogó y, por el contrario, se aprovechó una salida suya del país para no dejarlo regresar… a pedido del entonces presidente Bill Clinton, en lo que la CIA llamó Operación Cacerola.

Así que desde aquí desafio a quien sea me demuestre que hay alguna prueba, por débil que sea, de la participación de Hezbolá (no de algún antiguo miembro al servicio de una potencia enemiga de Irán, como planteé en Narcos…) o de, no digamos ya de la República Islámica de Irán sino, sencillamente, de algún iraní, en ambos atentados.

Respondan a este desafío o callen para siempre.

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