Fuera de tiempo. cuatro jovatos perukas pivotean entre Borges y Marechal. Acerca de la existencia del pueblo y la posibilidad de una revolución. JS
Escribe Ricardo Krakobsky:
El argentino Pedro S. Menares acaba de publicar en Amazon una extraña novela que cabalga entre el homenaje y la ironía. Coto de caza se inscribe en ciertas tradiciones de la literatura local: un omnipresente Jorge Luis Borges, cuya obra sobrevuela página tras página –desde el desafiante y mendaz subtítulo “esa novela de Borges”, un marechaliano viaje grupal de búsqueda por el Gran Buenos Aires– y el tratamiento por momentos caricaturesco de sus personajes, y el tono carnavalesco de situaciones más emparentadas con la prosa de Osvaldo Soriano que con la del autor de El Aleph.
Esta aparente degradación de los espíritus la aporta la época que escenifica la obra: Buenos Aires, década de los ’90. Los protagonistas son cuatro hombres sobrevivientes de la masacre y la diáspora producida por la dictadura. Los cuatro formaron parte de aquella “juventud maravillosa” surgida del peronismo y de las experiencias emancipatorias de los años ’60 y ’70, que ya en su madurez perviven sin más proyecto común, que el de sostenerse mutuamente.
El sindicato, el comité de partido y la unidad básica han sido reemplazados por el bar. El ímpetu revolucionario permanece, pero enmarcado en un tiempo en el que el propio movimiento nacional fue dado vuelta como una media parea servir de vehículo de una experiencia neoliberal: el menemismo.
Aparecieron entonces caminos alternativos en debates de café que se internan en la filosofía, la historia, la política y los destinos personales en un contexto de falta de trabajo y reconversión: la vida sentimental, la vía violenta, la psicoterapia, el pensamiento mágico, el I-Chin y, sobre todo, la literatura. Que aparece en dos dimensiones: la de la búsqueda y la del proceso de creación.
En el campo literario local, nadie reconoce a Pedro S. Menares. aunque no faltan quienes afirman haber leído hace décadas algunos de sus textos inéditos. Existen registros de obras con esa firma presentadas en distintos concursos literarios, pero este cronista, a pesar de haberlo un de diferente magnitud. Pero este cronista, a pesar de haber puesto toda su voluntad en ello, no logró ponerse en contacto con el misterioso Menares.
La forma en que se publico Coto de caza –una edición de autor distribuida por la multinacional Amazon– contribuye a que el escritor, si esa es su voluntad, pueda permanecer ignoto. De lo que estoy seguro por las escasas menciones a su persona encontradas –y por su estilo y propuesta– que no se trata de una “joven voz” que irrumpe en la literatura, sino de alguien que viene ejerciendo el arte de escribir desde hace largo tiempo.
Coto de caza. Esa novela de Borges plantea, evidentemente el problema de la impostura al escribir, y su autor –desde un punto de vista que podemos llamar “nacional y popular”– camina al filo de la repetición, actualizando el misterio de por qué el célebre «George de Palermo” no escribió ninguna novela… O sí lo hizo, y es un enigma a resolver.
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Un adelanto de Coto de Caza, aquí:
El Citroën, pequeño bulto naranja, descansa bajo el farol. El Negro reitera los pasos que lo separan del automóvil. Hace frío en la noche alta y clara. El ronroneo asmático del motor y la tardanza le advirtieron el peligro; tendría que llevarlo al taller, ese burro no da más. Pero ¿con qué? Sin guita y sin laburo la cosa se hace difícil. Dos meses sin trabajo y ya se comió las chirolas del despido. No aparece nada. En algún momento pensó volver a Rosario. Las corridas en las vías del tren. El puerto con olor a barcos, a sudor y a humo. Robar naranjas en la siesta y jugarpicados en el potrero con las zapatillas rotas. Fue feliz. Nunca volvió, ¿acaso sepuede volver a ese Rosario? El único ojo del cóncavo cíclope naranja se pierde en la noche callejera; mal iluminando los bordes del camino.
Todo devino nada. La muerte del padre, el “Cordobazo”, el “Rosariazo”, sus amigos, la necesidad de creer y el retorno de Perón lo habían deslizadoinexorablemente hacia la militancia, la política, la Revolución. Esos pedernales queaún hoy golpea para sacarles las chispas que regresen el fuego, el calor, la vida, el sentido. Volver a pensar al pueblo como artífice de su destino.
El bocinazo del Scania lo vuelve al volante, desde el espejo sólo ve un paragolpes monstruoso y dos luces enceguecedoras. Cede el paso mascullando que la revolución se había diluido, desaparecido. El cartel marca giro a la derecha.
“La ‘Democracia Argentina’, ficción metafísica de los partidos, significa la continuidad económica del “proceso” –escribió alguna vez–, avalada por la estadística cómplice de los votos, las falsas promesas, las traiciones, el hambre, la desocupación…” y ese ruido de mierda que sigue haciendo el bendix.
¿Dónde está la revolución?; ¿fue siempre una utopía? Aquel lugar que buscaron hasta la desesperación, hasta la desesperanza. Lugar que no está en ninguna parte; precisamente por eso, porque está afuera, al que hay que llegar y que nunca se alcanza, como la zanahoria para el burro, me cago en el puto burro, esto va aterminar en el taller, ya no se puede seguir esperando.
Así es, años y golpes le enseñaron esa verdad: La revolución no está a la vuelta de la esquina, o en los montes, o más allá del mar, o tras un largo camino. No, la revolución está acá, entre nosotros, en la superficie y adentro de nosotros, en la piel y en la sangre. No está en Utopía, está en el pueblo, ¿porque ¿seguimos siendo el pueblo, no? Perón lo sabía, pero no lo entendimos. Perdidos en teorías y prácticas, combates y roscas no pudimos oír ese murmullo incesante que está detrás de todos los sonidos, de todas las palabras y de esa maravillosa música.
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Como argumento de venta, en Amazon figura que…
La primera obra publicada por Pedro S. Menares tiene como punto de partida y eje argumental al Concurso Internacional de Novela organizado por la Fundación Nobel como homenaje y desagravio a Jorge Luis Borges a una década de su muerte. La noticia llega a quienes, seducidos por el significativo premio y necesitados de abrazarse a una ilusión, de rehacerse en torno a un proyecto, se convierten en cuatro personajes que van en busca de… ¿una novela? ¿un botín de guerra? ¿una utopía? Por momentos caricaturesco y por momentos sobrio, con multiplicidad de voces, con humor y desbordes; el estilo caleidoscópico de Menares conecta al lector con la fragmentación del fin de siglo, mientras los encuentros en un bar y el vino compartido son un ineficaz conjuro de otros tiempos. La literatura -y en ese campo la omnipresencia de Borges- abre una puerta posible, que se entreteje con lo cotidiano en un juego donde lo grupal es esencial y la pluralidad es una clave de acceso. En este sentido, el universo de “Coto de caza” es tan borgeano como marechaliano. Cabría conjeturar una cierta metonimia entre los proyectos colectivos y las novelas; objetos ambos cuya elaboración requiere de un tiempo, una dedicación y una concentración que tienden a desaparecer con la frenética aceleración iniciada en los años en que transcurre esta historia. Finalmente, la idea de que a Borges le haya sido dado practicar en secreto ese subgénero del relato del que públicamente abjuraba, es el sugerente misterio indagado por Menares en una crónica atravesada por los avatares ideológicos y culturales de una generación en años de deriva.
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3 comentarios
Muy prometedor. Lamentablemente, no me da el presupuesto: 9,5 x 1378,4 (dólar tarjeta de hoy) = 13.094,8.
Muy prometedor. Lamentablemente, no me da el presupuesto: 9,5 x 1378,4 (dólar tarjeta de hoy) = 13.094,8.
Pedro S. Menares suena a anagrama. ¿Perros de Manes?
No, es un chiste pero es otro chiste.