SOBERANÍA NACIONAL: Hombres y mujeres en la Vuelta de Obligado
¿Que se festeja el 20 de noviembre?
Emotivo recuerdo del historiador Lucas Yañez. El feriado del 20 de noviembre se estableció en 2010. Antes, en 1974 se había instituido como Día de la Soberanía Nacional. Y antes, durante los largos años de proscripción del peronismo, fue una fecha reivindicada por su militancia, a veces incluso con ataques a establecimientos o propiedades de países imperialistas. Es una festividad amenazada por el gobierno entreguista, que hasta el momento solo apuesta al olvido. Y no le está yendo mal: si se pregunta en la calle que se conmemora el 20 de noviembre, la mayoría, y en especial los más jóvenes, presumiblemente no sabrán contestar.
Lo que hace doblemente valioso este aporte de historiador Lucas Yañez, en momentos en que, en los hechos, el Paraná (rebautizado como «Hidrovía») está en manos extranjeras. Yo mismo, reconozco, no sabía del reconocimiento por parte de un combatiente británico del heroismo del coronel Ramón Rodríguez. Ni siquiera de su mera existencia.
Después de la nota, un video en el que Alfredo Zitarrosa canta el «Triunfo de ka Vuelta de obligado» (letra de Miguel Brascó, música de Alberto Merlo», y un oficial de Regimiento de Patricios explica in situ como fue el combate y por qué San Martín en reconocimiento de su actitud legó su sable corvo al gobernador Juan Manuel de Rosas.
POR LUCAS YAÑEZ
¿Qué harías si tuvieras mucha, pero mucha, plata? Quizás porque fui educado por la industria cultural del séptimo arte, en viejos cines de barrio con funciones en continuado y en los sábados de súper acción del viejo canal 11, creo que haría películas. No sé si me da para estar detrás de una cámara. Mucho menos delante. Pero si tuviera mucha plata creo que haría las películas que siempre tuve ganas de ver.
Siempre soñé con ver películas argentinas nutridas con la historia argentina. Los últimos acontecimientos electorales me dicen que tendré que seguir soñando. Algunas escenas de mis sueños podrían ser así…
Fundido a negro
Costa bonaerense del Río Paraná. Recodo o Vuelta de Obligado. Hace un par de horas que ha amanecido. En las barrancas, a cierta distancia una de otra, hay cuatro baterías de cañones, no muy grandes y no muy nuevos, por cierto. Los grupos de hombres que los sirven esperan. Con la mirada fija en la curva que pega el río. Con los dientes y los puños apretados esperan.
Una decena de barcos de banderas británica y francesa se acercan. Cuando los tengan casi enfrente, se escuchará la voz del general Lucio Norberto Mansilla:
“¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria, al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco, y debemos morir todos antes de verlo bajar de donde flamea”.
Tendrán tiempo todavía de cantar el Himno Nacional y de dar vivas a la Patria, antes de que Mansilla ordene, “¡Fuego!”
Y la costa bonaerense del Paraná se transforme por las explosiones que estallan esa mañana del 20 de noviembre de 1845.

Thorne
El combate entre la flota anglo-francesa y las baterías patriotas durará todo el día. El poder de fuego de la primera irá mellando a las segundas hasta hacerlas callar al atardecer de la jornada. Las filas patriotas han derrochado heroísmo pero son pocos los artilleros que consiguen mantenerse en pie y prácticamente no quedan municiones. El teniente coronel Juan Bautista Thorne mira a su alrededor en la batería Manuelita. Encuentra una última bala. Como puede, la carga en el último cañón bueno que queda en la batería. Prende un cigarro y elige adónde hacer blanco con ese último tiro. Da un par de pitadas rápidas para avivar la llamita y acerca el cigarro a la mecha. No alcanzará a ver el impacto de su disparo. Un proyectil enemigo estallará a pocos metros de donde se encuentra. La onda expansiva lo eleva por los aires. Su cuerpo choca contra un árbol. Algunos de sus hombres heridos se acercan como pueden a socorrerlo. Para su sorpresa, Thorne se levanta de un salto,
—“No fue nada” — dice sereno.
Pero algo anda mal. Sus hombres le hablan y para él todo es silencio. La explosión le ha roto los tímpanos. Desde entonces Juan Bautista Thorne será “el sordo de Obligado”.

Romero
Distinta será la suerte del teniente José Romero. En su batería también se agotaron las municiones, pero le queda un último disparo. Como Thorne, apuntará cuidadosamente y verá como la bala da de lleno en la cubierta de uno de los buques invasores.
–Tomen hijos de puta– Romero se desahoga con un grito.
Se toma revancha por sus compañeros caídos. Se sube al cañón que acaba de disparar y, desde esa pequeña altura desafia:
—¡Vengan, cabrones! ¡Vengan! ¡Acá hay más para ustedes! –saca su facón y lo blande en el aire.
Hasta que un disparo enemigo lo derriba.
“Cagones” -será su último grito, su último golpe al enemigo.

Mansilla
Cuando los ingleses y franceses comprenden que las baterías patriotas han quedado en silencio, alistan los botes con infantes de marina y desembarcan en las playas. Mansilla, que hasta entonces se multiplicaba de batería en batería dando órdenes y arengando a sus hombres, reunirá a quienes aún están en condiciones de combatir y cargará, al frente de una maltrecha pero enardecida infantería, para evitar que los invasores logren establecer una cabecera de playa. Un golpe de metralla lo alcanzará en su costado izquierdo y lo arrojará de su caballo. Desde el suelo, antes de desvanecerse por el impacto, mantendrá a raya con su sable a los soldados enemigos.
No será mucho el tiempo que permanecerá inconsciente. Cuando despierte ordenará un repliegue y dividirá sus fuerzas en pequeñas patrullas. Al caer la noche deberán hostigar a los invasores desde las sombras. No será necesario. Ingleses y franceses comprenden que no es seguro pisar suelo firme y, antes de que se ponga el sol, volverán a los botes. Se llevarán consigo unos pocos cañones de bronce como curiosos trofeos de guerra.

Rodríguez
Los franceses harán desfilar alguno de esos cañones por las calles de París, junto con algunas banderas argentinas. Sin embargo, se cree que esas banderas estaban en los botes que Mansilla había ordenado desplegar de orilla a orilla del Paraná, atados con cadenas, para contener el avance de la flota anglo-francesa.
Hay quienes dicen que el bombardeo fue tal que algunas de las banderas que flameaban en las baterías se consumieron por el fuego.
A fines de 1883, casi cuarenta años después del combate de la Vuelta de Obligado, un anciano de paso lento pero porte marcial golpea las puertas del consulado argentino en Londres y deja un pequeño paquete. En su interior, prolijamente doblada, descansa una bandera argentina un tanto ennegrecida y con manchas que podían ser de sangre. Una nota acompañaba la insignia,
“Quiero restituir al coronel Ramón Rodríguez si vive, o al Regimiento de Patricios de Buenos Aires si aún existe, la bandera bajo la cual y en noble defensa de su Patria cayeran tantos de los que en aquella época lo componían. Si el coronel Rodríguez ha muerto y si el Regimiento de Patricios no existe, pediría que cualquiera de los miembros sobrevivientes de su familia la acepten en recuerdo suyo y de las muy bravas conductas de él, de sus oficiales y de sus soldados en Obligado. Los que luchamos contra él y hemos presenciado su abnegación y bravura tuvimos grande y sincero placer al saber que había salido ileso hasta el fin de la acción”.

Mujeres
No sabemos quiénes ayudaron a Mansilla cuando perdió el conocimiento en el campo de batalla, pero es posible que hayan sido mujeres. Las hermanas Josefa y María Ruíz Moreno, Francisca Navarro, Faustina Pereira, Rudecinda Porcel, Carolina Suárez son alguno de los nombres de vecinas de la zona que durante toda la jornada asistieron a los heridos e incluso colaboraron en el combate. En el parte de guerra que Mansilla dirige a Rosas se destaca la tarea de Petrona Simonino. Es la esposa de Juan de Dios Silva, un estanciero de la región que participó en el combate sirviendo un cañón. Sea por su posición social o por su carisma, Petrona tiene ascendencia sobre las mujeres que como ella están en Obligado acompañando a sus hombres y hará las veces de “oficial” de esa tropa de aguerridas que también entendieron que a orillas del Paraná se libraba la batalla por la Soberanía.

¿Fin?
No podemos decir que este 20 de noviembre haya sido un día auspicioso para la Soberanía Nacional. Las recientes elecciones legislativas le dieron aire a este cuarto experimento neoliberal en Argentina y esta ideología política y económica tiene todo de entrega de la Patria y nada de defensa del Pueblo y la Nación.
Alguien escribió alguna vez que en momentos de incertidumbre el Pueblo se repliega sobre lo conocido. Suena presuntuoso que digamos que conocemos de historia como para replegarnos en ella; pero si podemos decir que la historia es una gran compañera que nos deja abrevar en sus fuentes cuando acudimos con desconcierto en busca de aquellas señales que fueron dejando los hombres y las mujeres que nos antecedieron en eso que decía otro poeta, “no hay nada más sin apuro que un Pueblo haciendo la historia”.
Vayan pues estas líneas ¿tan sólo? para recordar que hace 180 años atrás, en la ribera del Paraná, hombres y mujeres de la Confederación Argentina supieron hacer frente a los dos imperios más poderosos de aquel entonces y los hicieron recular y antes de marcharse con las manos vacías, ingleses y franceses tuvieron que saludar al pabellón azul y blanco con 21 salvas de cañones en desagravio, reconocimiento y homenaje.


Que lindo recordatorio y que lindo aprender un poco mas de historia argentina. Una pregunta, ¿quién pinto el cuadro que esta arriba del video de YouTube?
Gracias,