HOROWICZ RECARGADO: “Está en juego la vida en el planeta” / “Alberto Fernández asumió en una Argentina a la que Macri le había dado la extremaunción”

Estaba a punto de subir la entrevista que a Horowicz le hizo Gabriel Fernández cuando me llegó la que ahora subo primero, hecha por la redacción mexicana del diario El País, originalmente de Madrid. Ambas son muy interesantes aunque quizá dejen un sabor amargo: no es fácil creer que la máquina capitalista (aunque en gran medida dominada por un partido que se dice comunista) altere su funcionamiento al punto de preservar la vida. Por lo demás, y a partir de lo que dice en la segunda entrevista es fácil coincidir con él que no hay más perspectiva para la Argentina y los demás países de la región que una integración que permita tener un solo Banco Central… y concluir, a la vista de los gobiernos que imperan en en casi todos los países de Suramérica, que esa integración se presenta ardua y lejana. Aferrémonos pues al optimismo que da el pertenecer a un pueblo que ha dado reiteradas muestras de agrandarse en la adversidad, de encarar las dificultades con espíritu épico y de torcerle el brazo al destino. El gobierno de Alberto Fernández se inició en un país devastado, destruido, al Macri le había dado la extremaunción, dice Horowicz. Y encima le tocó la pandemia. Pero he aquí que sorpresivamente, los argentinos venimos ganando esta batalla. No la ganamos todavía, pero venimos haciéndolo bastante bien.

Conozco y disfruto de Horowicz desde que ambos éramos muy jóvenes. Comparto prácticamente todo lo que dice… a pesar de lo dinámica que resulta la realidad en algún detalle. Por ejemplo, si él señalaba con acierto que la Alemania de Ángela Merkel por primera vez se distanciaba de los dictados de los Estados Unidos, horas después, bajo intensa presión de Estados Unidos e Israel, Alemania declaró “terrorista” a la rama política del Hezbolá libanés, allanando sus locales e incautando sus propiedades, jugada que busca agudizar el bloqueo, no contra Líbano, sino contra Irán. Y lo hizo en abierta oposición a la Unión Europea, con sede en Bruselas. Que se  niega a ello porque Hezbolá integra el gobierno del Líbano. Donde se encarga, entre otras áreas, del Ministerio de Salud que lleva a cabo la lucha contra el coronavirus.

Proveniente de la izquierda nacional, estudioso y reflexivo, pocos son los que están a la altura de Horowicz a la hora de analizar los trazos gruesos del devenir histórico. Compruébenlo.

Alejandro Horowicz, ensayista y doctor en Ciencias Sociales

“La pregunta es qué se hace con el virus del capitalismo”

El ensayista Alejandro Horowicz en un bar de Buenos Aires, Argentina.
El ensayista Alejandro Horowicz en un bar de Buenos Aires, Argentina.Nicolás Savine

 

El sociólogo argentino Alejandro Horowicz, profesor de Los cambios en el sistema político mundial, explica por qué las crisis de los mercados han superado los límites de lo real.

A comienzos de este año, cuando Alejandro Horowicz volvió a Buenos Aires después de celebrar su cumpleaños 70 en Nueva York, el nuevo coronavirus era apenas una “misteriosa neumonía china” y el adjetivo “histórico” recién empezaba a saltar de los titulares sobre los incendios en Australia a las noticias sobre la decisión del príncipe Harry y Meghan Markle de ser normales. En febrero estalló el contagio en Europa, pero las noticias sobre el virus tardaron casi un mes en volverse algo “histórico”: el 28 de febrero, después de siete días en picada, los mercados bursátiles de todo el mundo informaron sus mayores caídas en una semana desde la crisis financiera de 2008. Una caída histórica, la primera de varias en la carrera descendente de los mercados, seguida por otro récord histórico en Estados Unidos, en este caso ascendente: el de los números de desempleo.

“Los mercados practican el socialismo al revés: las pérdidas son de todos, las ganancias son de los mercados”, dirá después Horowicz, un miércoles por la mañana, del otro lado de la pantalla. Horowicz es ensayista, doctor en Ciencias Sociales, profesor en la Universidad de Buenos Aires y autor de varios libros, entre ellos Los cuatro peronismos, un clásico del pensamiento político en Argentina. El año pasado publicó su último libro, El huracán rojo (un estudio sobre las revoluciones desde la de Francia en 1789 hasta la de Rusia en 1917), fruto de años de investigación y escritura. El trabajo, que tenía previsto lanzarse en España este año, “no es una visita al museo de las revoluciones”, advierte la sinopsis; por el contrario, la obra lee las revoluciones en tiempo presente: como condición de posibilidad de la democracia política, la transformación tecnológica o la educación masiva que conocemos hoy.

El escritor Rodolfo Fogwill decía que siempre se escribe en contra de algo; Horowicz parece la prueba de que siempre se piensa y se enseña (mejor) en contra de algo. En esta entrevista, por ejemplo, contra las explicaciones vacías y las miradas ahistóricas del presente.

-Desde que empezó la crisis por el coronavirus, todo el tiempo leemos que tal Bolsa de valores o tal moneda se han desplomado por el temor de los mercados. ¿Quiénes son “los mercados”? ¿De quiénes estamos hablando?

Los mercados forman parte del género literario de los anónimos, a los cuales se les puede hacer decir prácticamente cualquier cosa, porque uno los “interpreta” como le viene en gana. Existen los llamados supuestos datos objetivos de los mercados, que son el precio al que cotizan los valores. Pero para poder creerles a los mercados es preciso ser, fundamentalmente, muy ignorante. ¿Por qué digo esto? Si vos mirás la deuda pública soberana del conjunto de los países de este mundo y sumás ese valor, y sumás los productos brutos, el ingreso de esos mismos países, vas a ver un fenómeno por lo menos muy curioso que no registran los mercados: que la deuda soberana es cuatro veces mayor a la producción anual de riqueza del planeta Tierra. Entonces, la pregunta es: ¿cómo puede ser que se deba cuatro veces lo que existe?

Los economistas tienen un modo muy divertido y encantador de explicar lo que no explican y que consiste en decir que eso es capital ficticio. Entonces, la pregunta se traslada: ¿qué es el capital ficticio? Porque convengamos en que, cuando yo digo que esto es una ficción, sabemos que no rige el estatuto de la verdad.

Los mercados te muestran simplemente una aspecto, que es la compra y la venta de un bien, y parten de la presuposición de que ese precio es el precio justo. Pero esto surge de transformar en abstractas y en igualdades cuestiones que de ninguna manera son iguales entre sí. Por ejemplo, a nadie se le ocurre que un señor que vende su fuerza de trabajo es igual al capitalista que se la compra. Porque ahí estamos frente a lo que Marx llamaba “la libertad de morirse de hambre”. Esa es la libertad de los mercados: la de que te podés morir democrática y libremente de hambre, de coronavirus o de cualquier otra maldita peste. La primer cuestión, cuando decimos “los mercados”, es que estamos hablando de procesos que ignoramos, cuya profundidad desconocemos, que no nos proponemos averiguar y que simplemente estamos formulando una respuesta que vale tanto como el abracadabra.

-¿Qué significan entonces las crisis de los mercados?

R. ¿Qué es una crisis en términos de mercado? Una ruptura de un conjunto de determinados equilibrios. ¿Cuál es ese equilibrio? Pues bien, que el gasto público esté por encima de las posibilidades de esa determinada sociedad. Por lo tanto, en aceptación al dictamen de los mercados, la Unión Europea, por ejemplo, tiene reglas extremadamente duras sobre cuál debe ser el comportamiento de cada uno de sus Estados nacionales miembro respecto del gasto público. Ahora, ese gasto público tiene algunas curiosidades inenarrables. La primera curiosidad es que en 2010, la deuda de los países respecto del gasto era de la mitad. Esto es: debían la mitad de lo que producían. Uno puede decir que está bien, que está mal, pero todavía no es ficción literaria pura. No estamos frente a una esquizofrenia. Estamos frente a algo que se comporta según patrones convenidos previamente. Pues bien, entre el 2010 y el 2020, ¿viste esa transformación de 0,5 a 4,2? [la deuda soberana de los países pasó de ser la mitad a ser cuatro veces lo que producían]. Lo que vos ves es una fenomenal transferencia de ingresos de los sectores productivos al sistema financiero internacional. ¿Esta es la primera vez que lo ves? No, de ninguna manera. Esto es una política constante.

Si vos mirás la crisis de 2008 en los Estados Unidos, ves que un conjunto de bancos quiebran. ¿Por qué quiebran? Porque hicieron préstamos chatarra, acumularon los préstamos chatarra, emitieron títulos sobre los préstamos chatarra, no tenían ninguna clase de control, prestaban a cualquiera de cualquier modo, hacían diferencias siderales hasta que, por supuesto, la bola de nieve… pasó lo que tenía que pasar; es decir, se cayó a pique. El dislate consiste en que el valor de mercado no tiene nada que ver con el de la producción de bienes reales, porque el mercado no registra la producción de bienes reales en rigor de verdad, sino las operaciones y los flujos financieros.

¿Cuál es el sentido de esos flujos financieros? Pues bien, como los bancos hicieron lo que hicieron, quebraron. En el momento en que quiebran los bancos descubrimos qué es el mercado: el mercado es la incapacidad de autorregularse; porque si la lógica del mercado funciona librada a su propio modo de operar, lo que sucede es que el mercado y las sociedades reguladas de este modo se van al mismísimo carajo. ¿Qué hace el Gobierno de los Estados Unidos, que tiene una cierta comprensión fanática de algunos principios económicos, pero que no se suicida tan sencillamente? Establece una inyección de 750.000 millones de millones de fondos públicos para rescatar a los bancos. ¿Qué nos enseña la economía de mercado? Que si yo pongo la plata, yo soy el dueño. Ustedes, muchachos, quebraron, entonces los bancos son públicos, son de aquellos que pagamos los impuestos. Pero no, los mercados practican el socialismo al revés: las pérdidas son de todos, las ganancias son de los mercados; es decir, del sistema financiero internacional.

Entonces, cuando hablamos de los mercados no hablamos de ninguna otra cosa que del sistema financiero internacional. Y cuando hablamos del coronavirus, de lo que hablamos es del efecto que una gramática mercantil que se extiende sobre todo, produce como efecto destructivo sobre todo. Yo no soy un infectólogo, no soy médico y no pretendo dar lecciones de aquello que ignoro, ni mucho menos. No sé cómo se combate específicamente esta pandemia, pero sé como se combate el sistema y la lógica de las pandemias. Es decir: si los mercados siguen regulando la producción, y el planeta Tierra se explota como una especie de granja sin límites, donde el único concepto de los mercados, que es la rentabilidad, puede destruir todo, incluido el mercado, lo van a hacer. Sin ninguna duda. Entonces, zafemos o no zafemos del coronavirus, la pregunta es qué se hace con el virus del capitalismo. Ese es un virus altamente peligroso.

El autor de “Los cuatro peronismos” en uno de sus espacios de trabajo.
El autor de “Los cuatro peronismos” en uno de sus espacios de trabajo.(Foto: Nicolás Savine)

 

-Cuando empezaron a colapsar los mercados, recuerdo haber visto varios posteos en redes sociales que decían: de pronto estamos descubriendo que, al final, a la economía la sostenían los cuerpos que trabajan. ¿Esto es así o gran parte de las ganancias de los flujos de capital que vemos son simplemente ficticias? O sea, no se corresponden con…

-Se corresponden con las necesidades del capital, no con las necesidades de la actividad. Y las necesidades del capital tienen que ver con la rentabilidad. Y esto tiene una ecuación matemática enormemente sencilla. Tomemos el ejemplo de los autos de Fórmula 1. Cuando vos mirás los corredores de autos Fórmula 1, ves que la diferencia entre el primero y el último son unas centésimas de segundo, un segundo. Entonces vos decís: ¿qué relevancia tiene esto en andar en auto? Ninguna. Es decir: si tu auto tiene un pique de una fracción de segundo sobre 400 kilómetros respecto del mío y hace que tengas una ventaja de cuatro segundos en llegar. ¿Qué es lo que sucede con tu auto? ¿Por qué es mejor que el mío? ¿Se puede usar ese auto? ¿Vos podés subirte a ese auto y usarlo en una carretera? No. Esta es la fantasía de los mercados y de la productividad infinita a cualquier precio.

La idea de tardar menos para hacer una cosa es importante si yo tardo 15 días en llegar desde Madrid a Buenos Aires en barco; cuando yo voy en avión, la cosa cambia. Y si el avión, en lugar de ir a 900 kilómetros por hora, puede ir a 1.800 kilómetros por hora, está bien. Pero hay un momento en que se constituye lo que se llama un límite fisiológico; esto es: a esa velocidad los cuerpos se desintegran. Por lo tanto no es una velocidad útil, no nos sirve, le sirve a otra cosa. La sociedad humana ha llegado a un punto donde la economía de tiempo ha alcanzado, en muchos de sus elementos —no digo en todos—, topes imposible de superar, por así decirlo. Vos fíjate que esto hasta nos produce un efecto subjetivo. Una carta tardaba, en alguna época, cuando el correo funcionaba de verdad, seis días, cinco días en llegar de Buenos Aires a Londres. Ida y vuelta, 15 días. Hoy, cuando yo tengo que esperar 15 segundos en la computadora para entrar a mi charla de Zoom con vos, digo: “¡Qué lenta que está esta máquina, carajo!”. Ahora, esta percepción es una percepción real. No es un disparate. Pero someter a esta percepción el conjunto de las decisiones de la existencia de un planeta sí es un disparate. Este es el punto.

Tenemos estructuras de medición y evaluación absolutamente arbitrarias. Y estamos acostumbrados a un ejercicio que destruye todas las especificidades. Ahí vemos el final de esta lógica, que es básicamente una lógica teológica. Una lógica que no admite sino un Dios único todopoderoso. Hemos construido un Dios único, todopoderoso, que es la gramática mercantil y su altar son los mercados.

 -¿Cuál ha sido el comportamiento de los mercados en otros momentos críticos de la historia reciente? Más allá de la crisis de 2008, ¿ha habido momentos que hayan sido esenciales para transformar la relación entre el capital y los Estados nacionales?

-Sin duda. Cuando vos ves el fenómeno que arranca en 1890, que desemboca en la Primera Guerra Mundial, ves la ampliación del mercado nacional como un mercado insuficiente. Viene la lógica de esto que estamos planteando como lógica de los mercados. ¿Cuándo es insuficiente el mercado nacional? Yo puedo decir que es insuficiente porque hay una sobreoferta. Esa es una lectura. La segunda lectura es que la demanda es demasiado pobre, es demasiado incapaz.

Cuando vos mirás al interior de los Estados nacionales y ves, por ejemplo, una comparación entre Alemania y Francia, ves que Alemania, teniendo un mercado mucho más grande que Francia —numéricamente la población alemana es casi dos veces la población francesa— al mismo tiempo tiene una demanda muy baja. ¿Por qué? Porque las sociedades campesinas que no han hecho la revolución democrática son muy incapaces de comprar. En consecuencia, vos necesitás vender fuera lo que no podés vender dentro. Esta necesidad de ampliación de mercado se expresa como imperialismo geográfico, como el imperialismo más elemental y obvio. Y entonces ves en ese mismo período previo, entre 1860 y 1890, que Gran Bretaña quintuplica sus posesiones coloniales. Y se mastica, ni más ni menos, que a la India. No estamos hablando de una pequeña cuestión, no estamos hablando de las Falklands [las Islas Malvinas], estamos hablando de la India, de un tamaño descomunal, con una sociedad que tiene varias decenas de veces la población y la extensión de Gran Bretaña. Entonces nos damos cuenta de que estamos frente a un fenómeno de otro nivel.

Cuando vemos cómo ingresa el mercado y el capitalismo en Japón, vemos que ingresa con las cañoneras. Cuando vemos cómo ingresa el capitalismo en China, vemos que ingresa con una guerra de opio. Cuando vemos cómo se amplía el mercado mundial, vemos exactamente mecanismos político-militares relativamente atroces. Este ajuste es permanente y para cada ciclo tenés nuevos ajustes. Porque no es que vos ingresaste al mercado mundial en 1848 y por lo tanto, en la crisis posterior de 1946, te va bien. En 1848 Gran Bretaña hegemonizaba el mercado mundial. En 1946, Gran Bretaña era la gran perdedora del mercado mundial. Termina endeudada con los Estados Unidos y, de la potencia colonial imperial que era, tiene que retroceder, perder la India, perder su lugar, poner fin al imperio de la reina Victoria. Entonces no hay ninguna duda de que hay una relación directa entre una cosa y la otra. Lo que tenemos que tener muy, muy en claro, es que esta relación no es amable.

Cuando Marx escribe “hay un adentro y un afuera del mercado mundial”, el afuera del mercado mundial es todavía más grande que el mercado mundial. Con la caída del Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, el mercado mundial y el planeta Tierra se han vuelto lo mismo. Tenemos un dominio globalizado que no tiene ninguna forma de control democrático. ¿Quién elige al presidente del Fondo Monetario Internacional, al presidente del Banco Mundial, al conjunto de sistemas que en rigor son los que gobiernan y deciden en última instancia?

Hemos visto cómo el mercado mundial cambiaba al primer ministro de Italia, al primer ministro de Grecia. Hemos visto cuestiones que, con los estándares que usábamos para caracterizar los golpes de Estado en América Latina, se llamaban golpe de Estado. Sin embargo, nadie se inmutó demasiado. Nadie creyó que esto era particularmente grave. Nadie se plantea que el problema… el problema sigue siendo cuál es el déficit, el déficit fiscal es lo que nos quita el sueño, porque esto es lo que pone nervioso a los mercados. ¿Y qué es, en definitiva? Lo que te está diciendo es que lo único que se propone es garantizar que pagues lo que debes, no que clausures la deuda. Están planteando una transferencia sistémica de bienes, permanente, que no tiene modo de ser soportada por esa estructura sin derrumbarse.

En Marx, la noción de competencia y la noción de crisis son prácticamente iguales. La competencia entre capitales supone, obviamente, la derrota de los más débiles, la reconcentración y la crisis como modo de saldar esta actividad. Lo que tenemos que entender es que el volumen, la importancia, la intensidad y la calidad de todo esto ha llegado a un punto en que, desde la bomba atómica para acá, militarmente, y ahora financieramente, somos capaces de poner fin a la existencia de la vida en el planeta Tierra. Esta es la novedad que los diarios no ponen en tapa.

HOROWICZ / Entre los ganadores, está China

Alejandro Horowicz, ensayista y autor del libro “Los Cuatro Peronismos”, fue entrevistado por Gabriel Fernández en Radio Gráfica donde mantuvieron una charla profunda sobre la actualidad política y la situación continental en medio de la pandemia. Además, refirió al “cuarto peronismo”, contenido en su libro, para explicar el marco en el que ingresa el gobierno de Alberto Fernández.

-Uno de los libros que más disfruté de tu autoría, es “Los Cuatro Peronismos”. ¿Dónde insertás la gestión de Alberto Fernández con esta emergencia en el medio?

En primer lugar, Alberto Fernández ingresa en un momento extremadamente particular que es una característica, te diría, del proceso que yo denomino el cuarto peronismo. A partir de 1976, en la Argentina se inicia un ciclo que se puede caracterizar, saqueo- recomposición- saqueo. Los que saquean son unos, los que recomponen no son los mismos que saquean, pero al mismo tiempo el techo de la recomposición es el próximo saqueo. Cuando termina el gobierno de Cristina se inicia un proceso de saqueo, que está a la vista. Y cuando termina el gobierno de Macri, el saqueo había llegado a un punto que podemos llamar “la extremaunción”. Es decir, se llegó al punto tal, que Macri ya no podía seguir con los mismos instrumentos y pasa de una política absoluta- de falta de restricciones al sector externo y de libre circulación de capitales- a una política de control absoluto del sector externo, porque no hay modo de sostenerlo más y porque la deuda se vuelve ingobernable. Pero la diferencia fundamental con el 2001, no solo es el ciclo de saqueo en la Argentina, sino el ciclo general del capitalismo a nivel global. Si miras, el ciclo del capitalismo a nivel global es un fenómeno por demás curioso. Si sumas, por un lado, las deudas soberanas y, por otro lado, el producto bruto de todos los países de este planeta. Vas a ver que la deuda soberana es 4 veces mayor que el producto bruto. Es decir, si el mundo entero pagará todo junto- lo que produce a lo largo de un año- estaría pagando menos del 25% de lo que adeuda. Entonces, uno se hace una pregunta curiosa ¿cómo puede ser que la deuda sea 4 veces más grande que la riqueza, siendo que la riqueza no ha cesado de crecer en el planeta tierra en décadas? En consecuencia, uno descubre que lo que está viendo es un sistema financiero que saquea de distintos modos, distintas direcciones y con un único beneficiario, el sistema financiero global organizado como bancocracia. Ya no se trata simplemente de que el saqueo en la Argentina alcanza un límite, sino que el saqueo global ha construido su propio límite. Y la pandemia, no es otra cosa que el límite fisiológico de esta lógica del saqueo, la idea de que es posible gobernar el planeta tierra y manejarlo como si fuera un territorio a saquear, es una idea que ha encontrado un límite físico. Por eso, gobiernos que tradicionalmente explicaban que el equilibrio entre los gastos generales del estado y la recaudación era la fórmula, han abandonado brutalmente la fórmula. Y se han vuelto keynesianos de la peor manera, igual que Macri recurriendo al control de cambio en el final de la crisis que su misma política lo generó.
Se ve, no casualmente, que Vargas Llosa y el conjunto de los muchachos que expresan las bondades de la libertad de mercado, están aterrados porque comprenden que reactivamente es posible, a caballo de esta crisis, marchar en otra dirección.

-Esto me lleva a indagar. Con esta dualidad entre bienes tangibles, bienes de producción y consumo y recursos naturales, y bienes ficticios, imaginarios o papeles, que está haciendo eclosión. ¿Esto implicaría el final del patrón dólar y el liderazgo internacional de aquellas que apostaron por un capitalismo productivo, como Eurasia por ejemplo, vamos en esa dirección en el mediano plazo?

Tu pregunta es muy ambiciosa, voy a tratar de contestar de algún modo con el siguiente planteo. Esto es una observación empírica elemental. Cualquiera que enfrenta al mercado mundial con un revólver, termina haciéndose gárgaras con el revólver. Porque la potencia, desde la gramática del mercado mundial, pone fin a esta discusión. En el momento en el que (Donald) Trump intenta detener a China, a caballo de utilizar un revolver, porque no puede ya enfrentarlo en el terreno de la disputa de la productividad social del trabajo, está anticipando el resultado. Cuando miras los datos del Banco Mundial sobre cómo va ser el 2020 y cómo se imaginan el 2021, todos los países- salvo China- tienen una caída brutal de su Producto Bruto Interno (PBI). En los Estados Unidos esto es exponencialmente increíble, han pasado a 15 millones de desocupados en el término de 45 días. Mientras que China, si bien reduce su productividad y su crecimiento a valores que son simplemente desastrosos, 1.2 a favor. Está claro que en el 2021, China despega con absoluta virulencia y que el resto no. Entre los ganadores de la crisis está China , el perdedor neto de la crisis son los Estados Unidos. Y esto deduce, y ahí viene la pregunta del problema del patrón dólar, que si esta crisis del patrón dólar no supone que el yuan se transforme, por lo menos, en la segunda moneda de cotización internacional, con la diferencia abrumadora de que si China pasa a tener, a caballo de la mayor productividad social del trabajo, la capacidad de utilizar su propio sistema financiero como eje global, estaríamos entrando a un fenómeno absolutamente desconocido. En general, estos cambios de patrón organizado de esta manera, suponían una guerra mundial con derrotas y victorias. Esto nos hace saber que el coronavirus es el equivalente a una guerra mundial y que el resultado de esta guerra es una nueva victoria con nuevas alineaciones de fuerza. Y por primera vez Europa, ya no solo no juega con los Estados Unidos, sino que vimos el fenómeno notable de un gobierno alemán, que se separa por primera vez-desde 1945- de la política norteamericana.*

-¿El Peronismo viene solo a reparar, no viene a elaborar un proyecto nacional diferenciado, a tu entender?

Aquí viene la cuestión de las posibilidades, no solo del Peronismo sino de cualquier clase de gobierno en la Argentina. Y es que no hay la posibilidad de resolver, un programa nacional que sea estrictamente solo un programa nacional. Un programa que no esté a escala sudamericana, no tiene la menor posibilidad de viabilidad, de ser eficaz. Salvo, transitoriamente, para encontrar en condiciones de crisis un modo de reconstituir aquello que ha sido brutalmente dañado, pero el techo de ese crecimiento es muy evidente y se alcanza muy rápido.  Y si no se construye a escala sudamericana, no hay manera. El modo y la velocidad en que fueron desbancados gobiernos populares con distintos instrumentos, pero con un fin único y con un resultado general. Vas a ver que Bolsonaro es expresión brutal de esta misma situación, como su conducción política lleva a Brasil a una catástrofe como nunca se vio. No hay modo de evitarlo, ya sucedió. Mira el fenómeno, tenes un levantamiento de los gobernadores contra el poder central, los gobernadores ejecutan una política contraria al poder central, existe una presión militar sobre un presidente que es un capitán- que de alguna manera integra ese sistema- y aun así el presidente no solo no es destituido, sino que conserva cierta capacidad de daño que permite que se continué en la misma dirección. La idea de que eso es sostenible o que eso puede ser detenido, ahora, simplemente cambiando de política, ya no es cierto y la prueba de esto es los Estados Unidos.

El problema es político. La velocidad y la capacidad de restablecimiento, del gobierno de Alberto y de todo gobierno sudamericano, dependen de cómo se resuelve esta crisis. Si esta crisis no se resuelve con una integración mayor, no tienen instrumentos capaces de enfrentarla. Sin un banco central sudamericano no hay modo. El banco sudamericano por el volumen y la significación de toda Sudamérica, está en condiciones de poner fin al problema de la crisis del dólar y eso es el primer elemento real de la política que se proponga no hacer de la inflación un instrumento incontrolable. Porque se puede no producir o producir muy poco y que la actividad económica sea mínima, y el precio del dólar siga disparándose infinitamente.

-Hacías mención y no quería dejarlo pasar, finalmente, al tema de Estados Unidos ¿Que pasó con Trump, que buscaba industrializar internamente?

El programa con el que Trump gana las elecciones, no parecía ser un programa norteamericano, parecía ser un programa de un país sudamericano. ¿Por qué digo esto? Porque, que el gobierno de los Estados Unidos tenga que producir empleo es una novedad notable. Normalmente, era la actividad privada la que generaba empleo y era la que garantizaba el despegue general de esa economía. Ahora, el hecho de que ellos sean una economía global que tengan el 5 % de la población del mundo y consuman el 25% del producto del mundo, y tengan una balanza comercial crónicamente deficitaria y que puedan sostener ese déficit crónico, a caballo de la máquina de imprimir billetes que es exactamente la Reserva Federal, queda muy claro que los Estados Unidos saquean con su aparato financiero un fragmento de lo que produce el resto del mundo y ellos consumen. Ahora bien, esta es una idea que se puede sostener una cierta cantidad de tiempo en una cierta relación de fuerzas, más tarde o más temprano esto no puede seguir sucediendo.

Comentario (1)

  1. Ridi Pagliaccio

    Tenemos el ímpetu, la consideración, la fuerza, los recursos, las estructuras, el conocimiento, la experiencia, las herramientas, y la inteligencia colectiva. Solo faltan las nuevas ideas que concilien los denominadores comunes.

    La punta de lanza en donde predomina lo cierto, es en la Ciencia, y deberían constituirse como los satélites en el territorio de las ideas, ya que afina la percepción sobre las creencias convenidas como inamovibles. De esta manera puede definirse mejor el corto, mediano y largo plazo en la acción social, política, económica y ecológica.
    El problema radica en que la Ciencia siempre propondrá soluciones que dejan en obsolescencia lo establecido, como lo es con la generación por fisión nuclear, motores de hidrógeno, alimentación energética sin red física, desalinización del agua de mar, forestación y producción agrícola en entornos hostiles.
    Entonces, el cambio pareciera mantener los principios y estándares de escasez del siglo XX desde la concepción monopólica como una especie de reto, siendo normal constatar el buen uso de una maquinaria, para luego, sí, poder modificar su estructura o cambiar de máquina si es necesario. Mientras, el 1% viaja en el siglo XXI.

    Lo simple es lo más bello, y difícil de asimilar desde el desconocimiento, y es probable que el 99% de lo que creemos fundamental no sea más que accesorio y entretenimiento para la psicología, a lo mejor, ese contenido no esté destinado para el pensamiento, sino mas bien para la creatividad, es decir, que los movimientos de flujo son algo más que los económicamente establecidos como técnicos.

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