La policía mata impunemente en Chubut

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Gatillo fácil en Trelew

El diario íntimo de la barbarie en Chubut

Tres fechas que enmarcan casos de violencia policial sobre cinco jóvenes en la localidad de Trelew, dos de los cuales fueron asesinados

Por Valeria Mutuberría Lazarini María Florencia Rodríguez / Tiempo Argentino

5 DE SEPTIEMBRE DE 2010. Denis y Sergio Aballay, que todavía pueden hablar, cuentan que salieron al boliche Místico de Trelew. Cuando quieren retirarse, un policía les dice que no pueden hacerlo con un vaso de cerveza en la mano. El vaso de Sergio se cae, o es derramado por una primera brusquedad del policía, o por cualquier motivo se derrama el contenido, sobre otro policía que estaba al lado. El hecho provoca una reacción en este efectivo que ya es ilegal: la agresión a Sergio, con golpes de bastón.

Los hermanos, junto con tres amigos, huyen del delito de derrame de cerveza, perseguidos por una policía que atiende sus propias urgencias. Hacia el sur, se les obliga a tirarse al piso. Allí se los golpea en estado de indefensión; Sergio huye y se lo balea con salva por la espalda. Se lo alcanza y se lo continúa golpeando hasta hacerlo ingresar en la Comisaría 4ª de Trelew. Se lo hace retirar por la puerta trasera, pidiéndole que no hable de lo sucedido. Tarde: su cuerpo habla solo con siete perdigones de goma, cortes en el cuero cabelludo, golpes. Norma Fuentealba, la madre de los hermanos, llama a la sede policial y se le dice que allí no hay nadie que ella busque. Llama una vez y le responden así; llama varias y le cortan.

Como los padres de Sergio y Denis Aballay, y esa misma noche, César Antillanca patrulla todas las dependencias policiales en busca de su hijo Julián, que también había salido al boliche, y que tampoco vuelve. Pero aquí no habrá más suerte, aunque sí habrá todavía mucha policía: habrá habido una salida del boliche, altercado, quizás, con la policía, y desaparición de su cuerpo. Sí: como en la época de los militares, negación en las comisarías, perversa ausencia de respuestas que no hacen nada por impedir sospechas de encubrimiento y un accionar que derivó en el asesinato de Julián.

19 DE MARZO DE 2012. En el edificio de Tribunales de Trelew se lee la sentencia que define el juicio por los casos Aballay y Julián Antillanca. Los oficiales de la policía imputados en el asesinato de Julián, por pruebas «insuficientes» (más allá de las certificaciones fundamentales de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; más allá de lo que hayan arrojado las pericias científicas; más allá de la declaración de los testigos y más allá de la obscena evidencia de la sangre de Julián en el zócalo de la puerta trasera del patrullero), son absueltos. Ahora tendrán licencia para seguir golpeando, para seguir matando, para seguir vejando. Porque «la policía, la justicia y el poder político del Chubut, (…) funcionan cada vez más como corporaciones que se encubren mutuamente». El asesinato de su hijo lo confirma, César. Los jueces Ana Laura Servent, Alejandro Defranco e Ivana González, que  absolvieron a los asesinos, lo han hecho posible. Con la policía no.

26 DE MARZO DE 2012. Una semana después de la sentencia que dio vía libre a la violencia, el 26 de marzo también mataron a un joven, también en Chubut, también, qué duda puede caber, allegados al poder, vinculados con la policía. Porque es, fue, un joven que había declarado contra la policía en una vejación ocurrida contra un menor de edad, de apellido Almonacid, quien es representado por el abogado Sergio Rey, en la seccional segunda de Trelew, el 18 de enero. Lo habían violado con un bastón reglamentario. Como esos que habían golpeado a los hermanos Aballay y sus amigos.
Bruno Rodríguez, que estaba detenido por robo, escuchó todo lo sucedido. Denunció el abuso, identificó a los responsables en una rueda de reconocimiento y desde allí comenzó a ser intimidado y presa de «accidentes» contra su integridad física. La justicia determinó retirarlo de la provincia para su seguridad. Bruno apareció, esta misma semana, apuñalado, en la provincia. El caso de la vejación ya no tiene testigos. Con la policía no.

Y sin embargo debemos luchar para la toma de conciencia de toda una sociedad, para no tener miedo, para caminar con libertad. Para ya no permitir que los policías abusadores, golpeadores y asesinos caminen por los mismos senderos que caminamos quienes intentamos luchar por un mundo digno para todos y todas. Pero queremos dejar bien claro que, además de no tener miedo, como pueblo, como ciudadanos que depositamos nuestra esperanza en que el poder judicial haga honor a las funciones que le fueron asignadas por el sistema democrático y la comunidad que lo sostiene, exigimos:

• Juicio político a los jueces que liberaron a los asesinos de Julián Antillanca.
• Reapertura del juicio.
• Castigo a los responsables de la violación a Almonacid y el asesinato de Bruno Monsalve.
• Justicia, libertad, igualdad, dignidad. Ley para todos.

Al menos cuatro palabras que de una vez por todas deben hacerse carne en todos/as los/as habitantes de nuestra provincia y de nuestro país. Un país con héroes en la policía, pero también con una policía profundamente bárbara, torturadora, que opera clandestinamente, que vigila al pueblo como si los ciudadanos fuéramos criminales, que «ficha» a las personas hace seguimientos macabros, intimidatorios y monstruosos cuando concurrimos o participamos de marchas o de eventos pacíficos; un país con una ley antiterrorista vigente, a merced de las interpretaciones de los funcionarios corruptos y violentos que elegimos con una fe y una esperanza que se ven imperdonablemente ultrajadas.

Un día dijimos NUNCA MÁS. Y es la voz soberana del pueblo la que hoy lo repite.


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