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DEFINICIÓN. Ilan Pappé, historiador israelí: «La defensa de los palestinos es una obligación moral»

“Tel Aviv siempre consideró que debe dominar al mundo árabe”

Pappé publicó en Francia, España y Argentina una «Breve historia del conicto entre Israel y Palestina» mientras Israel continúa atacando Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria.

Tapa de la edición argentina, publicada por la editorial Sudestada.
El autor Ilan Pappé y la portada de su libro español. Montaje infoLibre / Gwenaelle Lenoir (Mediapart)

MEDIAPART 

El lunes 4 de mayo salió a la venta la edición francesa de un breve libro del historiador israelí Ilan Pappé con un título muy claro: Breve historia del conicto entre Israel y Palestina (Les Liens qui libèrent; editado en España por Capitán Swing). En menos de 200 páginas, el profesor de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, resume décadas de trabajo de los denominados “nuevos historiadores” israelíes —él es uno de ellos—, que han puesto en tela de juicio la historia ocial del conicto entre Israel y Palestina.


Pappé, nacido en Israel en una familia de judíos alemanes que huyeron de la Alemania nazi, se ha convertido, a raíz de sus investigaciones históricas, en un intelectual comprometido, antisionista y defensor de los derechos de los palestinos. Actualmente dirige el Centro Europeo de Estudios sobre Palestina.

El compendio que publica hoy subraya con contundencia la continuidad ideológica entre los orígenes del sionismo y la política actual del Gobierno de Netanyahu en la Franja de Gaza, Cisjordania y el resto de Oriente Medio.

¿Qué le llevó a escribir esta Breve historia del conicto entre Israel y Palestina, y por qué ahora?
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La escribí en inglés hace un año y medio, tras una feria del libro en la que me di cuenta de que la gente buscaba una obra que  pusiera en contexto los acontecimientos ocurridos desde octubre de 2023. Los libros presentados los consideraban demasiado voluminosos, demasiado especializados. Y, al mismo tiempo, la mayoría de la gente no estaba satisfecha con el contexto que presentaban los medios de comunicación y quería más, sin por ello embarcarse en estudios universitarios sobre el tema. Es por eso que este libro se vende bien: porque aporta, en cierto modo, relatos que no ofrecen los medios de comunicación generalistas, y mucho menos los políticos tradicionales. Estos últimos suelen plegarse al relato de Israel, según el cual los acontecimientos del 7 de octubre fueron fruto del antisemitismo islamista y los orquestó Irán. Israel quiere que se traten así y exige que no se analice el contexto histórico del 7 de octubre.
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En cuanto a la clase política occidental, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, citó una frase atribuida a la primera ministra israelí Golda Meir: «Podemos perdonar a los palestinos que maten a nuestros hijos, pero nunca les perdonaremos que nos obliguen a matar a los suyos»— en relación con la nueva ley israelí sobre la pena de muerte para los palestinos. Quería subrayar que el ethos del Estado de Israel era humanista. ¿Qué piensa de eso?
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[Risas] ¡No conocía ese episodio! Pero su ministro lo está interpretando de forma totalmente errónea. Es la interpretación más extraña que he visto nunca de esa frase, porque no muestra el humanismo de Israel, sino exactamente lo contrario. Golda Meir dijo eso en Haifa, en 1948, después de que Israel llevara a cabo la limpieza étnica de la ciudad. A un periodista que le preguntó: “¿No cree que lo que ve aquí se parece a los pogromos perpetrados contra los judíos en Europa del Este?”, ella respondió: “Sí, me entristece mucho ver esto, y nunca perdonaremos a los palestinos por habernos obligado a hacerles esto”. No hubo un solo día desde la llegada de los sionistas a Palestina en el que los palestinos no hayan estado expuestos a su brutalidad. La frase de Golda Meier pone de maniesto la hipocresía, la pretensión de virtud y la incapacidad de los israelíes para aceptar que los palestinos sean víctimas, ya que consideran que solo los judíos pueden ser víctimas. Es como si una persona golpeara a otra con tanta violencia, hasta el punto de casi matarla, y le dijera: “Es culpa tuya. Me hiciste enojar tanto que casi te mato. Nunca te perdonaré por haberme llevado casi a matarte”. Me sorprende mucho que Barrot u ministro haya mencionado esta anécdota para justicar una visión positiva de Israel.
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Volvamos a su último libro. Al repasar los capítulos dedicados a los inicios del sionismo y su implantación en la Palestina histórica, a menudo se tiene la sensación de que existe una fuerte continuidad entre ese periodo y la actualidad. ¿Es así?
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Hay una pequeña diferencia, pero no cambia lo fundamental. Para que el sionismo se hiciera realidad, se necesitaba una coalición muy fuerte que aceptara la idea de que la única solución al problema judío en Europa era un Estado judío en el corazón del mundo árabe a costa de los palestinos, y que si los palestinos y el mundo árabe se oponían a ello, tendrían que enfrentarse a una coalición mundial. Eso no ha cambiado. Los palestinos percibieron como una amenaza existencial la idea de que debían ser sustituidos, desplazados y suplantados por los judíos de Europa, y más tarde también por judíos procedentes de países árabes y orientales, y formaron su propio movimiento de resistencia. Y ese movimiento de resistencia sigue activo hoy en día. Por lo tanto, para mantener a Israel, sigue siendo necesaria una amplia coalición.
 Esa coalición está compuesta por miembros que no están de acuerdo en todo, pero que, no obstante, coinciden en el proyecto sionista. Por ejemplo, los sionistas cristianos siguen creyendo que se trata de un programa divino, que traerá la segunda venida del Mesías. Los conservadores estadounidenses, o “nuevos  conservadores”, consideran que es importante porque se trata del bastión de Occidente y de Estados Unidos en una región muy hostil. Las multinacionales que comercializan material militar consideran que se trata de una oportunidad formidable. Y luego, por supuesto, está el sentimiento judío, que es probablemente el más auténtico entre los miembros de esas alianzas, según el cual se necesita una especie de nuevo Estado refugio al que poder acudir si las cosas se tuercen, como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial.
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Pero durante décadas, si no se seguía la actualidad a diario, se podía tener la sensación de que la brutalidad era menor que en los primeros días. Hasta hace dos o tres años, hasta el regreso de Netanyahu al poder.
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Creo que han ocurrido dos cosas. En primer lugar, la comunidad internacional no reacciona ante la brutalidad cotidiana. Reacciona cuando la brutalidad es muy dramática. Pero no ha habido un solo día desde la llegada de los sionistas a Palestina en el que los palestinos no hayan estado expuestos a la brutalidad sionista, aunque ciertamente no siempre a gran escala.
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En segundo lugar, Internet y las visitas de jóvenes de todo el mundo a Cisjordania y la Franja de Gaza han comenzado a revelar la realidad de la opresión israelí.
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Y es cierto que claramente ocurrió algo diferente después de noviembre de 2022, cuando, por primera vez, los elementos más fundamentalistas, más extremistas y más racistas de la sociedad judía israelí comenzaron a tomar el poder. No se trataba sólo de Netanyahu. Se trata de la alianza de Netanyahu con esas fuerzas. Tienen muchos menos escrúpulos que la generación anterior a la hora de utilizar armas y estrategias aún más mortíferas y destructivas contra los palestinos. Desde el 7 de octubre eso se ve por todas partes, aunque, como he dicho, ya existía antes. Los palestinos siempre han estado a merced de un ejército muy poderoso que, en muchos aspectos, se constituyó para vigilarlos, controlarlos y ocuparlos desde hace décadas.
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Teniendo en cuenta lo que ha analizado en el marco de su trabajo, ¿ve puntos de comparación entre el pasado y la situación actual en la Franja de Gaza, por un lado, y en Cisjordania, por otro?
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Veo muchas similitudes, pero también diferencias. Lo que estamos presenciando hoy en Gaza me recuerda a las últimas fases de la Nakba, las operaciones llevadas a cabo por Israel en 1948, cuando este país era incapaz de ocupar —o no estaba dispuesto a hacerlo— la totalidad de la Palestina histórica. Así es como surgieron Cisjordania y la Franja de Gaza. Los israelíes expulsaron a tantos palestinos como pudieron, tanto hacia Cisjordania como hacia la Franja de Gaza. Luego construyeron una especie de muro alrededor de Israel para separarse de esas zonas palestinas, con la esperanza de que los jordanos y los egipcios se ocuparan de ellas.
Ahora los palestinos de Gaza no pueden ir a ninguna parte, mientras que la mitad de la Franja de Gaza está vacía y totalmente controlada por Israel. No gozan de ninguna protección y siguen enfrentándose a las continuas operaciones militares israelíes. Se
está produciendo una escalada en términos de inhumanidad, barbarie y voluntad de diezmar abiertamente a las poblaciones, y no solo de obligarlas a marcharse.
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La situación actual es mucho más preocupante, creo, que durante la Nakba, en 1948. Porque, en 1948, la gente, aunque lo había perdido todo, pudo reconstruir su vida en los campos de refugiados, en la diáspora, en Cisjordania, en la Franja de Gaza. En la actualidad se ven amenazados de extinción. Quizá Israel no consiga llevar a cabo este genocidio, pero el sufrimiento será inmenso.
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En cuanto a Cisjordania, los palestinos dicen que la Nakba es un proceso continuo. Estoy totalmente de acuerdo. En Cisjordania, se trata de una limpieza étnica progresiva y gradual. Y solo estamos viendo la
primera etapa. Consiste en intentar expulsar a los palestinos de la zona C, según los acuerdos de Oslo, que representa aproximadamente el 60% de Cisjordania, para desplazarlos hacia las zonas B y A, y luego sacarlos de la zona B, y crear una especie de Franja de Gaza en la zona A, es decir, bajo asedio. A continuación, les dirán: “Si se portan bien, podrán desplazarse y disfrutar de cierta. Pero si no lo hacen… fíjense lo que le ha pasado a la Franja de Gaza”.
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Esa es la estrategia de Smotrich, ocialmente ministro de Defensa encargado de Cisjordania, pero que es en realidad el gobernador general de facto de Cisjordania. Smotrich habla de ello muy abiertamente. Cuenta con el apoyo de la mayoría de los miembros del Likud y de Netanyahu.
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Desde hace dos meses, asistimos a dos nuevos conictos, contra Irán y contra el Líbano. ¿Usted cree que estos conictos se inscriben en lo que usted denomina el conicto israelo-palestino?

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Existe una relación. Para hacer realidad la ambición sionista fundamental, es decir, controlar toda la Palestina histórica con un número muy reducido de palestinos —y palestinos que, si se quedan, no tengan ningún deseo de resistirse a la opresión—, Israel siempre consideró que debía dominar el mundo árabe y oponerse a cualquiera que, ya fuera por cinismo o por convicción, pudiera acudir en ayuda de los palestinos.
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Siempre fue así. Israel intentó derrocar a los regímenes progresistas de Egipto y Siria antes de 1967, porque entendía que esos líderes, como Gamal Abdel Nasser en Egipto y el partido Baas en Siria, eran pro-palestinos.
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Hoy los actores son diferentes. Pero la hegemonía en la región, para los responsables políticos israelíes, sigue siendo una condición previa para completar la transformación total de la Palestina histórica en un Estado puramente judío. Por lo tanto,
no se trata de un deseo de derrotar a Irán solo por el placer de hacerlo.
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A ello se suma el hecho de que los partidarios del sionismo mesiánico, que ahora constituyen una parte muy importante del Gobierno. Creen que están reconstruyendo el reino bíblico de David y Salomón, que era temido y respetado por todos en Oriente
Medio. Y eso se condice con su visión de que Israel debe 
ser una teocracia, ya que si eres una teocracia, haces lo que Dios quiere, y si haces lo que Dios quiere, estarán justificadas tus políticas hacia el mundo árabe.
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En entrevistas anteriores, usted armaba que Israel estaba al borde de una guerra civil fría, o incluso de una implosión, debido al conicto entre el Estado teocrático de Judea, que acaba de
describir, y el Estado de Israel, que usted considera más laico y más liberal. ¿Sigue siendo así dos años y medio después del 7 de octubre?
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Sí, porque el Estado de Israel y el Estado de Judea no están realmente en desacuerdo sobre la cuestión palestina, ni sobre la necesidad de atacar a Irán o al Líbano. Esos no son los puntos de discordia, que se refieren al futuro de la sociedad judía en Israel.
¿Será una sociedad laica y liberal, o una sociedad  teocrática? Ahí está el conflicto. Y en esta lucha, creo que el Estado de Judea tiene ventajas. Las tendrá hasta que se vuelva demasiado absurda y aterradora, incluso para quienes la apoyan…. Y ya se puede observar en Estados Unidos un cambio radical en la actitud hacia Israel, incluso entre los jóvenes judíos. En Europa se vislumbran los primeros indicios de una toma de conciencia. La joven generación de políticos empieza a comprender que el peligro en Oriente Medio no es que Irán quiera desarrollar un arma nuclear, sino que Israel posea 220 bombas nucleares. Y que se convierta en ese Estado agresivo con rasgos teocráticos, con una mayor
opresión de los palestinos.
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¿Cree que estamos asistiendo a la última fase del sionismo?
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Sí. Pero como historiador, debo precisar que la última fase de un proceso histórico puede prolongarse durante 20 o 30 años. No me refiero a un periodo de cinco o seis años a partir de hoy. No espero ningún cambio fundamental dentro de Israel, por desgracia. Pero si se observa en el extranjero un movimiento que empieza a vincular la política interior en Europa y en Estados Unidos con las posturas respecto a Israel.  Por ejemplo, para las elecciones municipales en Reino Unido, hay un partido muy importante que se presenta en el ayuntamiento de Birmingham, llamado Coalición por Gaza. Ahora bien, el problema en Birmingham no es Gaza. El problema en Birmingham es la incapacidad del ayuntamiento para gestionar, ya sabe, la basura, el alcantarillado, etc. Pero a ojos de mucha gente allí, está relacionado. Su postura moral respecto a Gaza está ligada a su postura moral sobre cuestiones que son importantes para los habitantes de Birmingham.
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¿Está usted de acuerdo?
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Sí, estoy de acuerdo, algo tiene que ver. Creo que hay una relación entre los políticos que han perdido todo valor moral, que solo piensan en su carrera, que solo piensan en las próximas elecciones y se distancian de los verdaderos problemas de la
sociedad, y los que no son así. Creo, sinceramente, que una persona que afirma que la defensa de los palestinos es una obligación moral también se ocupará con sinceridad de las cuestiones que afectan a su propia comunidad y a su propio electorado.
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Esta entrevista se realizó el 2 de mayo. La división de Cisjordania en zonas viene de los acuerdos de Oslo y divide el territorio en tres zonas: A: los centros urbanos, con control de seguridad y administrativo palestino; B: control administrativo palestino, de seguridad israelí; C: control israelí total. Esta zonificación se ha visto muy mermada desde hace varios años en lo que respecta a la seguridad, por las incesantes incursiones del ejército israelí en todos los lugares.

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