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ALEMANIA Y EL ASCENSO DE LA DERECHA ¿NEONAZI?. Del fascismo a la disputa por el precio

Como era previsible, la derecha dura, nacionalista y xenófoba, ganó dos elecciones regionales en lo que fue la RDA,  la primera en Sajonia-Anhalt, el pasado 6 de septiembre. Al día siguiente, ni lerdo ni  perezoso, Pedro Cazes Camarero –que venía  siguiendo atentamente el fenómeno– termino de escribir este meduloso análisis, que tardé mucho más de lo deseado en publicar. Lo hago luego de que el pasado domingo 20, la Alternativa para Alemania (AfD) ganará también en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –otro land ubicado en lo que fuera la República Democrática Alemana (RDA), al norte y limitando con Polonia–, donde venció a la socialdemocracia y duplicó los votos obtenidos en la anterior elección. La confirmación del ascenso de la derecha no hizo más que subrayat la pertinencia del análisis de Pedro, uno de los cuadros más importantes de la dirección del PRT-ERP que –tengo para mi – si está vivo es solo porque cuando otros miembros de esa dirección fueron muertos o secuestrados, torturados y asesinados, solía estar preso.

A Pedro me une, además de muestro común oficio de periodista (llegó a ser director del diario El Mundo) y ancestros vascos, una ideología roja. Y nos diferencia nuestra adscripción política, ya que creo que en esta etapa de la humanidad corresponde fortalecer los estados nacionales, en el entendimiento de que –además de la solidaridad y fraternidad entre los pueblos y sus clases trabajadoras– es necesario que antes o al mismo tiempo estados democráticos e incluyentes avancen hacia la integración continental. El ascenso de la derecha sin ambages en Alemania hizo que muchos comentaristas se limitaran a calificarla perezosamente de neonazi o fascista, como si el etiquetarla supliera el trabajo de comprender qué es lo que está pasando. Algo que tiene ribetes absurdos ya que los nazis querían acabar con Rusia y demás repúblicas soviéticas, esclavizar a sus poblaciones y apropiarse de sus recursos naturales, y los ahora etiquetados como sus continuadores quieren reestablecer buenas relaciones con la Federación y volver a beneficiarse de su gas barato, mientras recelan entre dientes de que su país siga estando ocupado por militares estadounidenses. En fin, que si hay algo que está claro para tirios y troyanos es que en el mundo tiene hoy un valor muy alto la soberanía de las naciones. Y esto es compartido incluso por formaciones de izquierda, como la que lleva el nombre de Sahra Wagenknecht (BSW, una escisión de Die Linke, literalmente «La Izquierda», que acaba de ganar la elección en Berlín. Como la AfD, BSW es euroescéptica y recela del euro a pesar de que este tuvo como base el mercado alemán.

Digresión: respecto a la soberanía, en Argentina, el mismo Milei que admira a Churchill y a Thatcher (a la que ni siquiera la reprocha el haber hundido el crucero ARA General Belgrano) se travistió de mazorquero antes de ir a abrazar al genocida que coloniza a sangre y fuego lo que las Naciones Unidas consideran es Palestina. Lo que esos colonos sionistas aducen para ocupar Cisjordania (a cuya parte sur llaman Judea y a la norte Samaria) es similar a lo que los kelpers aducen para ocupar lo que llaman Falklands.

Retomando: Le pregunté a Cazes Camarero por qué utiliza el plural mayestático –»nosotros»– pero aún no me contestó. No creo que sea por motivos de clandestinidad, pero si que integra un colectivo de quienes siguen considerándose revolucionarios. Es, me `parece, la vieja disyuntiva entre movimiento y partido de cuadros que tan mal ha resuelto nuestra generación, quizá por considerarla excluyente. Considero que a pesar de tantas defecciones, el peronismo sigue siendo el principal núcleo de resistencia a la disgregación motorizada por el actual capitalismo concentrado, que algunos llaman tecnofascismo. Ante el centrifugado individualista, el peroniso ha sido hasta ahora el lugar donde volver a los lazos comunitarios, a ser pueblo.

Quizá mi movimientismo no sea incompatible con lo que Cazes Camarero denomina Magma Rojo.

Los dejo con él.

CRISIS ALEMANA:  Captura política y nuevas formas  de la derecha

Victoria de AfD: Del problema del fascismo a la disputa por el precio

Diputada Alice Weidel,, líder de Alternativa por Alemania (AfD). Mujer y lesbina al frente de un partido considerado machista y patrarcal.

POR PEDRO CAZES CAMARERO

El extraordinario crecimiento electoral de Alternativa para Alemania (AfD), y particularmente el resultado obtenido en Sajonia-Anhalt el 6 de septiembre de 2026, obliga a plantear un problema que excede ampliamente la clasificación convencional de este partido como “ultraderecha”. Las primeras proyecciones difundidas durante la jornada electoral le atribuían aproximadamente un 44,5 % de los votos, frente a una CDU reducida a menos de la mitad de esa cifra y con retrocesos muy importantes de la socialdemocracia y las restantes fuerzas tradicionales.‘

Naturalmente, la magnitud del resultado no relativiza las características efectivamente extremistas presentes en ciertos sectores de AfD. Existen dirigentes que han formulado expresiones revisionistas acerca del nazismo, posiciones etnonacionalistas y propuestas muy duras en materia de inmigración. Los ejemplos de Alexander Gauland, Björn Höcke y Maximilian Krah son suficientemente significativos como para impedir cualquier banalización del problema. Pero una cosa es reconocer la existencia de estos elementos y otra muy diferente generalizarlos como explicación suficiente del crecimiento electoral de AfD. Cuando una fuerza política se aproxima a la mitad del electorado de una región, no alcanza con clasificar ideológicamente a sus dirigentes. Es necesario explicar qué procesos históricos, económicos, territoriales, culturales y subjetivos hacen posible que millones de ciudadanos encuentren verosímil la interpretación de la realidad que esa fuerza política les propone. La pregunta deja de ser si AfD constituye una continuación del fascismo alemán, y pasa a ser:¿qué crisis real está siendo capturada y reorganizada políticamente por AfD? Ésta es una pregunta considerablemente más compleja.

Conviene comenzar por una precisión histórica. AfD fue fundada en 2013 como una fuerza conservadora y euroescéptica, originalmente concentrada en la crítica de la Eurozona y próxima a ciertas concepciones “ordoliberales”, como la disciplina monetaria, reglas fiscales fuertes, un Estado capaz de garantizar el funcionamiento del mercado y oposición a determinadas transferencias económicas dentro de la Unión Europea. El partido experimentó posteriormente una profunda transformación. La crisis migratoria de 2015 radicalizó sus posiciones, desplazó a buena parte de los fundadores y fortaleció tendencias nacionalistas, identitarias y antiinmigratorias.

El nacional- socialismo histórico constituyó un movimiento totalitario, racial-biológico, expansionista y militarista, organizado alrededor del Führerprinzip y orientado a la destrucción de la democracia parlamentaria, la guerra imperial y finalmente el exterminio racial. AfD actúa actualmente dentro de un régimen electoral competitivo, pretende alcanzar el gobierno mediante elecciones y contiene corrientes diferentes.

Esta diferencia no “absuelve” a AfD ni impide identificar tendencias autoritarias en su interior. Simplemente indica que la categoría “nazi” resulta inapropiada para explicar el fenómeno contemporáneo. Quizá convenga distinguir los matices entre las categorías de derecha conservadora, derecha radical populista, extrema derecha, fascismo y neonazismo. AfD parece caracterizarse más adecuadamente como una formación heterogénea de derecha radical nacional-populista, dentro de la cual existen corrientes inequívocamente pertenecientes a la extrema derecha e incluso algunos núcleos que mantienen proximidades ideológicas con tradiciones neonazis. Esta precisión conceptual vuelve más inteligible el problema.

La geografía electoral contiene una de las claves. AfD es extraordinariamente más fuerte en los territorios de la antigua República Democrática Alemana que en el Oeste. Esto obliga a incorporar la reunificación alemana como proceso social y no sólo como acontecimiento político ocurrido en 1990. La integración de la RDA dentro de la República Federal supuso la desaparición de gran parte de su estructura industrial, privatizaciones masivas, migraciones hacia el Oeste y una profunda desvalorización de instituciones, profesiones y trayectorias vitales. Las diferencias de desempleo entre Este y Oeste persistieron durante décadas. Sajonia-Anhalt concentra muchas de estas características: envejecimiento demográfico, emigración juvenil, debilitamiento del transporte público, escasez de médicos, despoblamiento de ciudades pequeñas y una estructura industrial nuevamente amenazada por la transición energética y el abandono del carbón.

Por todo eso deberíamos preguntarnos ¿qué proceso social hizo que una explicación nacionalista y xenófoba de la crisis resultara políticamente creíble? Aquí comienza el problema de la captura.

Millones de personas ingresaron en Alemania durante las últimas décadas. Ello plantea problemas de vivienda, educación, integración cultural, empleo, seguridad, gasto público y convivencia. Pero resulta erróneo convertir automáticamente estas tensiones en explicación de la crisis estructural alemana. Los datos de Sajonia-Anhalt muestran que los extranjeros constituyen una proporción relativamente reducida de la población, mientras que muchos de los problemas fundamentales del Land —desindustrialización, envejecimiento, emigración juvenil y deterioro de infraestructura— comenzaron mucho antes.

El inmigrante es, pues, un sujeto real dentro de transformaciones sociales reales, pero a la vez puede transformarse en significante capaz de condensar problemas cuya causalidad se encuentra en otra parte. El clásico concepto de chivo expiatorio describe parcialmente esta operación. Pero no se trata de atribuir culpas, sino de dar forma política a una angustia dispersa.

El crecimiento de AfD coincide además con una transformación profunda del modelo económico alemán. Durante décadas Alemania combinó industria exportadora altamente competitiva, energía relativamente barata, inserción privilegiada dentro del mercado europeo, acceso a mercados mundiales y protección estratégica estadounidense. La guerra de Ucrania y la ruptura de las relaciones energéticas tradicionales con Rusia alteraron uno de esos componentes. La industria alemana enfrenta al mismo tiempo la transición energética, la transformación tecnológica, la competencia china, el automóvil eléctrico, la digitalización y la necesidad de cuantiosas inversiones. Desde recientes perspectivas chinas, las dificultades industriales alemanas son un problema estructural y no sólo como resultado de la competencia con China. Un análisis publicado en Global Times en julio de 2026 vinculó el crecimiento de AfD con el estancamiento económico, el deterioro de la ventaja industrial alemana, las tensiones sobre el Estado de bienestar, la inmigración y el creciente desencanto con el gobierno federal.

Esta exitosa comedia estrenada en 2003 dio cuenta del desamparo en que se encontraron los partidarios del régimen comunista imperante en la RDA tras la caída el muro y la reunificacion.

Beijing no ha declarado apoyo político a AfD. La diplomacia china continúa considerando al gobierno alemán su interlocutor central y durante 2026 insistió repetidamente en profundizar la cooperación económica sino-alemana. En mayo, el viceprimer ministro He Lifeng definió a China y Alemania como socios económicos importantes, con fuerte complementariedad y amplio potencial de cooperación. La perspectiva china no debe confundirse así con una alianza China-AfD. Lo que aparece en los análisis chinos es algo diferente: la interpretación del ascenso de AfD como síntoma de contradicciones estructurales internas de Alemania y Europa.

La relación con Rusia posee otras características. AfD cuestiona las sanciones económicas, reivindica relaciones comerciales normales con Moscú y defiende la recuperación del suministro energético ruso. Alice Weidel sostuvo públicamente en junio de 2026 que la energía rusa barata había sido uno de los fundamentos del éxito industrial alemán y reclamó restablecer las importaciones de petróleo y gas. La declaración fue ampliamente recogida por TASS y recibió una valoración explícitamente positiva del responsable del Fondo Ruso de Inversión Directa, Kirill Dmitriev, pero conviene distinguir causalidad de aprovechamiento. AfD no necesita ser una creación rusa para que Rusia considere conveniente su crecimiento. Las causas fundamentales de AfD son endógenas de Alemania. Moscú puede beneficiarse de una fuerza política alemana que cuestione las sanciones, la política hacia Ucrania y la ruptura energética germano-rusa sin haber generado el fenómeno.

Desde la mirada marxiana podemos reconocer inmediatamente el sustrato material del fenómeno. La reproducción de la existencia social está sometida a transformaciones profundas: empleo, salario, energía, vivienda, estructura industrial, servicios públicos y seguridad económica. Pero sería un error suponer que esas contradicciones generan automáticamente conciencia de clase. Un trabajador que pierde su empleo no recibe junto con la indemnización una teoría acerca de las causas de su desempleo. Puede atribuirlo al capital, al Estado, a Bruselas, al inmigrante, a China, a Rusia, a la transición ecológica o a una combinación de todas esas causas. Entre la posición económica y la conciencia política existe siempre una mediación. La contradicción abre posibilidades, pero no determina por anticipado cuál será su representación. AfD toma experiencias materiales reales y las designa; dice Bruselas, inmigración, ecologismo, sanciones, globalización, elites políticas, etc. La eficacia política de ese revoltijo no depende de la exactitud causal de esa explicación, sino de que consiga articular experiencias existentes.

Según Gramsci, la hegemonía existe mientras las clases dirigentes consiguen presentar un determinado orden como razonablemente universal, necesario o al menos tolerable. Cuando esa capacidad se deteriora aparece la crisis orgánica. No significa que un gobierno pierda popularidad, sino que amplios sectores dejan de reconocer a las instituciones tradicionales como representantes de sus intereses y experiencias. Esto es lo que parece estar ocurriendo en Alemania oriental. CDU, SPD, Verdes y liberales ya no son percibidos por una parte del electorado como alternativas, sino como variantes del mismo sistema. AfD representa entonces una frontera de ellos o nosotros y en términos más amplios, establishment  o pueblo alemán. La operación gramsciana fundamental consiste en reorganizar elementos del sentido común y convertirlos en una visión relativamente coherente del mundo. “Antes vivíamos mejor” “Bruselas decide por nosotros” “Berlín no escucha al Este”. “La energía era más barata”.“ Los extranjeros reciben protección mientras nosotros perdemos derechos”. “Nuestra industria está siendo destruida”.

Durante buena parte del siglo XX la izquierda poseía una capacidad poderosa para transformar problemas particulares en explicación general. Salario, empleo, vivienda, educación, imperialismo y desigualdad podían ser articulados dentro de una totalidad denominada capitalismo. Una parte de la nueva derecha está realizando ahora una operación estructuralmente comparable pero ideológicamente inversa. El precio de la energía, el desempleo, la inmigración, la inseguridad, la guerra, el ecologismo y la burocracia europea son articulados dentro de una totalidad llamada pérdida de soberanía nacional. La nueva derecha ha recuperado así una capacidad política que buena parte de la izquierda ha perdido: convertir experiencias fragmentarias en un relato general.

Gilles Deleuze y Félix Guattari permiten dar otro paso, pues el capitalismo desterritorializa continuamente. Rompe profesiones, comunidades, instituciones, culturas, empleos, formas de organización y territorialidades. Pero simultáneamente necesita reterritorializar esos flujos. La reunificación alemana pudo ser interpretada, desde este punto de vista, como una enorme operación de desterritorialización en el Este. Desaparecieron empresas, instituciones, certezas sociales y formas enteras de reconocimiento. Décadas más tarde, globalización, migración, digitalización y transición energética agregaron nuevos procesos desterritorializantes. Bueno,  AfD ofrece una reterritorialización. Ante el flujo migratorio, frontera. Ante Bruselas, estado nacional. Ante multiculturalidad, identidad alemana. Ante incertidumbre económica, protección nacional. Ante globalización, soberanía. El nacionalismo adquiere así una potencia afectiva que no puede explicarse simplemente como doctrina política. Funciona como máquina de reterritorialización.

Deleuze y  Guattari (foto) también permiten complejizar la categoría “fascismo”, el cual no debe buscarse exclusivamente en la estructura estatal. Puede existir molecularmente como deseo de orden, homogeneidad, obediencia, exclusión y pertenencia. De ahí el concepto de microfascismo. Pero reconocer componentes fascistoides dentro de determinados deseos sociales no significa concluir que millones de votantes son nazis. Un mismo sujeto puede desear mejores salarios, protección industrial, paz, estabilidad económica y simultáneamente poseer una mirada xenófoba y ser antiinmigrante. El deseo político no es coherente. Puede contener a la vez elementos emancipatorios y autoritarios. Por eso puede ser capturado.

Marx anticipó en los Grundrisse una situación en la cual el conocimiento social general se convierte directamente en fuerza productiva. En el capitalismo postfordista, el lenguaje, la comunicación, el aprendizaje, la cooperación y las capacidades cognitivas generales inundan directamente la producción. Paolo Virno subraya que esta socialización del conocimiento no conduce automáticamente al comunismo. El General Intellect puede coexistir con la precariedad, la inseguridad, el oportunismo y nuevas formas de obediencia. Aquí resulta especialmente fecunda su distinción entre miedo y angustia. El miedo posee objeto, mientras la angustia resulta más difusa. El sujeto postfordista vive una incertidumbre angustiosa cuyo objeto resulta difícil de determinar. ¿Desaparecerá mi empleo? ¿Mi profesión? ¿Mi jubilación? ¿Mi empresa? ¿Mi seguridad? ¿Mi identidad? AfD realiza una operación política decisiva: transforma la angustia en miedo. La angustia difusa incorpora, como vimos, objetos identificables. El inmigrante. Bruselas. Los Verdes. La guerra. La globalización. Esto genera que la complejidad se vuelva manejable narrativamente.

El capitalismo contemporáneo no captura únicamente fuerza muscular, sino atención, lenguaje, comunicación, deseo y tiempo psíquico. El sujeto recibe continuamente información acerca de crisis climática, guerra, inflación, inmigración, inteligencia artificial, desempleo, mercados, epidemias y conflictos geopolíticos. Bifo Berardi (foto) nos advierte que la información aumenta mientras la capacidad efectiva de decisión disminuye. Crece la potencia cognitiva social mientras disminuye la sensación subjetiva de poder controlar el mundo. Esta diferencia produce ansiedad, frustración, agotamiento y eventualmente agresividad. El nacionalismo ofrece entonces una simplificación afectiva. Frente a la complejidad incontrolable, ofrece pertenencia. Frente al sistema mundial amenazante, ofrece nación. Frente al sujeto precario, ofrece comunidad. “Deutschland zuerst”  (Alemania primero) o cualquiera de sus equivalentes, funciona menos como teoría que como dispositivo afectivo de recomposición.

Pero el neoliberalismo no solamente distribuye recursos, también produce sujetos. La figura del hombre endeudado de Maurizio Lazzarato muestra cómo el poder económico captura incluso el futuro: el individuo debe responder en el presente por obligaciones contraídas respecto de un tiempo todavía inexistente. Los desarrollos posteriores de Lazzarato incorporan además al estado, máquina de guerra y geopolítica. Esto resulta particularmente pertinente para Alemania. La guerra de Ucrania no queda en la esfera diplomática. Penetra la vida cotidiana mediante la energía, la inflación, el gasto militar, el presupuesto público, la política industrial y la deuda. Una decisión estatal geopolítica puede aparecer meses después en una factura doméstica del gas o la luz. Aquí el análisis de Lazzarato se conecta directamente con nuestra teoría del precio.

Nuestra hipótesis puede formularse así: en el capitalismo contemporáneo, el precio no debe considerarse simplemente como expresión monetaria de un valor constituido previamente; funciona crecientemente como dispositivo de captura, distribución y comando. Esto no significa negar que existan costos de producción o trabajo, sino que el precio concreto cada vez más resulta atravesado por relaciones de fuerza institucionales y políticas.

Tomemos la energía. Su precio contiene producción, infraestructura, impuestos, regulación, mercados financieros, derechos de emisión, contratos, monopolios, decisiones estatales, sanciones y guerra. El precio puede entonces definirse provisoriamente como una inscripción monetaria contingente de una determinada relación social de fuerzas. El ciudadano común no experimenta directamente “la financiarización del capitalismo”, experimenta el alquiler. No experimenta “la recomposición de las cadenas globales de valor”, sino el precio del supermercado. No experimenta “la reconfiguración geopolítica energética europea”. Experimenta la factura del gas. La gente no vive cotidianamente categorías de economía política, vive precios. Por eso el precio constituye una interfaz entre la estructura y la experiencia.

La voladura de los gasoductos que abastecían de gas ruso a Alemania fue claramente una operación planeada por la CIA, pero el gobierno alemán fingió demencia y alentó que se lo atribuyera… a Rusia.

Un mismo aumento energético puede recibir narraciones diferentes. Una fuerza política puede decir: “es el costo inevitable de la transición ecológica”. Otra corriente dirá “es el resultado de la invasión rusa”. Una tercera, “es consecuencia de las sanciones y de la subordinación de Alemania a Estados Unidos”. Otra más: “es resultado de la especulación empresarial”. El precio no contiene dentro de sí su interpretación. Debe ser interpretado políticamente. La lucha por explicar el precio forma parte de la lucha por la hegemonía. AfD ha comprendido esto y vincula energía, industria, sanciones, Rusia, Bruselas y soberanía dentro de una misma narración. No importa aquí establecer si esa narración es causalmente correcta, sino reconocer su potencia articuladora.

Cuando conocimiento, cooperación y General Intellect adquieren centralidad productiva aparece una contradicción, señala Carlo Vercellone*. El conocimiento posee una tendencia estructural hacia la abundancia. Puede copiarse y reproducirse a costos marginales extremadamente bajos. Para convertirlo en fuente estable de apropiación privada resulta necesario reconstruir artificialmente la escasez mediante instituciones como patentes, copyright, licencias, plataformas y monopolios. En el postfordismo, la renta deja de ser simplemente una forma precapitalista o periférica. Puede transformarse en el mecanismo central de apropiación dentro del capitalismo cognitivo. Ahora bien, Vercellone continúa manteniendo un diálogo fundamental con las categorías marxianas de valor y renta. Nuestra teoría del precio propone una formulación más radical. En el capitalismo postfordista, el precio tiende a adquirir una creciente autonomía respecto del valor. No porque desaparezca el trabajo, sino porque resulta cada vez más difícil derivar precios concretos directamente de cantidades de trabajo socialmente necesario. Los precios dependen crecientemente de la propiedad intelectual, los monopolios, las plataformas, las redes, la deuda, la regulación, las finanzas, la escasez institucional y la geopolítica. La escasez ya no es exclusivamente natural. Puede ser artificialmente producida, y producir escasez significa adquirir capacidad para producir precio.

Si en el postfordismo la principal fuerza productiva reside crecientemente en una inteligencia social general —ciencia, cooperación, conocimiento, lenguaje, tecnología— la apropiación privada de esa potencia requiere nuevos dispositivos. Ya no basta con poseer físicamente la fábrica. Hay que controlar las patentes, los datos, los algoritmos, las redes, etc. que constituyen las máquinas de captura del General Intellect. Una sociedad como Alemania puede poseer una enorme capacidad potencial de abundancia y, simultáneamente, multiplicar instituciones cuyo objeto sea fabricar escasez para conservar o aumentar la rentabilidad. Éste es uno de los núcleos de nuestra teoría del precio.

Pero si el General Intellect se encuentra distribuido socialmente, la producción deja de depender de la organización capitalista directa, observa Toni Negri. La cooperación social posee una productividad propia. La multitud misma produce lenguaje, afectos, conocimiento, relaciones, información y formas de vida. El capital se presenta cada vez más como un dispositivo que captura una riqueza cuya producción lo desborda. Esto aproxima el problema del precio a la noción de lo común, propuesta por Negri. La cuestión consiste en quién puede apropiarse de una cooperación distribuida socialmente.

Desde esta perspectiva AfD realiza una operación peculiar. No captura directamente el General Intellect de la misma manera que una plataforma tecnológica. Realiza una captura política de las frustraciones producidas alrededor de esa cooperación social. Cuando la potencia productiva colectiva aumenta pero sus beneficios resultan privatizados o desigualmente distribuidos, se produce una diferencia entre potencia y apropiación. La izquierda puede interpretar esa diferencia como conflicto entre el común y la captura. La nueva derecha puede reinterpretarla como conflicto entre nación y extranjero.

Las sociedades no solamente responden a condiciones materiales, advierte Cornelius Castoriadis. Producen significaciones imaginarias, como “Nación”, “pueblo”, “progreso”, “Europa”, “Alemania”, “seguridad”, “decadencia” o “soberanía” que no son simples reflejos económicos, sino significaciones que organizan la percepción de la realidad. Esto permite evitar el reduccionismo de pensar que AfD crece simplemente porque existe crisis económica. También  creer que crece simplemente porque difunde discursos xenófobos. Entre ambos se encuentra la institución imaginaria de la sociedad. AfD intenta instituir la nueva significación de que Alemania ha perdido el control sobre su propio destino. Esta novedad exige reorganizar fenómenos heterogéneos, como los relacionados con la economía, la migración, la guerra, la cultura, la energía, etc. Una vez incorporados a esta significación, todos comienzan a parecer partes de un mismo proceso. Ahora bien, para Castoriadis, lo social no puede reducirse completamente a conjuntos identitarios y relaciones perfectamente determinadas. Existe una dimensión de significaciones que excede cualquier formalización completa y denomina el “magma”. A ese aporte, nosotros introducimos además una dimensión político-histórica, que denominamos “Magma Rojo”.  Podemos definirlo como el campo abierto de contradicciones, saberes, afectos, deseos, cooperaciones y potencialidades sociales que todavía no han quedado definitivamente codificados dentro de una representación política determinada. El Magma Rojo no equivale a proletariado ni a revolución. No es un sujeto previamente constituido. Es un campo de potencia. Por eso admite diferentes capturas.

Una hipótesis

Aquí podemos formular una hipótesis. Existe actualmente en Alemania un magma compuesto por experiencias muy diferentes: desindustrialización, resentimiento territorial, crisis energética, precariedad, temor migratorio, memoria de la reunificación, rechazo de las elites, oposición a la guerra, pérdida de identidad y deterioro de expectativas. Estas experiencias no generan por sí mismas la emergencia de una dirección política. Podrían ser articuladas dentro de un proyecto socialista, pero también uno sindical, ecologista, democrático-radical, nacionalista o abstencionista. AfD está demostrando gran capacidad para capturar una parte de ese magma antes que otras fuerzas políticas. Esta formulación permite comprender por qué la simple denuncia moral del electorado de AfD puede resultar inútil y hasta contraproducente. Si una persona experimenta una pérdida material y una fuerza política le proporciona una interpretación coherente de esa pérdida, calificar al sujeto de idiota y de fascista no elimina la experiencia que dio origen a su elección; deja intacto el terreno sobre el cual opera la captura.

Así, a los aportes de los autores mencionados, nuestra teoría del precio agrega el dispositivo monetario mediante el cual relaciones sociales y políticas se vuelven inmediatamente experimentables. Y Magma Rojo designa el campo todavía abierto donde todos esos procesos pueden adquirir significaciones políticas diferentes. Cada uno de los autores que mencionamos, ilumina una dimensión distinta del mismo fenómeno. La nueva derecha está consiguiendo apropiarse de problemas que históricamente podrían haber pertenecido al discurso de izquierda, como industrialización, salarios, soberanía económica, crítica de las elites, monopolios, guerra, empobrecimiento, etc. Pero cambia su cartografía, porque la contradicción ya no aparece principalmente como capital / trabajo, sino como nacional / extranjero. La distribución deja de organizarse como arriba / abajo,y pasa a representarse como adentro / afuera. La explotación puede convertirse discursivamente en invasión. La pérdida de control económico, como pérdida de soberanía, y la precarización como destrucción de la nación. Ésta es una extraordinaria operación de desplazamiento político.

Aquí nuestra teoría del precio vuelve a adquirir importancia. Supongamos que un trabajador observa que su salario nominal aumentó un poco, mientras alquiler, energía y alimentos aumentaron más. Su experiencia no será “mi tasa de explotación ha aumentado”. Será: “la plata ya no me alcanza”. El precio constituye el lenguaje cotidiano mediante el cual una relación económica abstracta se vuelve afecto. El precio es simultáneamente una categoría económica y un dispositivo de producción de subjetividad. Quien consigue explicar políticamente por qué suben los precios adquiere capacidad de intervenir en la producción de sentido. No basta con explicar cómo se forma el precio, sino disputar quién consigue narrarlo.

Así, el precio constituye uno de los principales dispositivos mediante los cuales la estructura económica y política captura materialmente la cooperación social, mientras el Magma Rojo designa el campo donde la experiencia producida por esa captura todavía puede adquirir sentidos políticos diferentes. Aparece así una secuencia conceptual: General Intellect → producción social → dispositivos de apropiación → escasez → precio → experiencia cotidiana → afecto → significación → captura política. El precio está más próximo al momento material de captura. El Magma Rojo, al momento político-ontológico de indeterminación. AfD interviene especialmente en la última parte de ese recorrido, pero su eficacia depende de todo lo anterior.

El fascismo histórico correspondió a condiciones específicas del capitalismo industrial de entreguerras. El capitalismo actual está organizado alrededor de condiciones muy diferentes: General Intellect, plataformas, redes, financiarización, inteligencia artificial, propiedad intelectual, migraciones globales, crisis ecológica, comunicación digital y guerra tecnológicamente mediada. Si emergieran formas autoritarias nuevas, no hay razón para suponer que reproducirían exactamente el fascismo de 1930. Pero Alemania posee una historia específica. El revisionismo respecto del nazismo, el antisemitismo, el racismo biológico o cultural y determinadas concepciones etno-nacionalistas no pueden ser tratados como elementos políticamente neutros. El hecho de que algunos dirigentes de AfD utilicen formulaciones históricamente asociadas con el nacional-socialismo radical alemán posee un significado propio. La discontinuidad con Hitler no elimina las continuidades parciales. AfD no constituye una simple reedición del nazismo, pero contiene corrientes que recuperan componentes de la tradición extrema alemana dentro de una configuración política nueva.

La condena moral no explica por qué determinadas personas encuentran plausible el discurso demoníaco. La izquierda dice:“esa explicación es moralmente inadmisible”, mientras la nueva derecha replica:“yo sé por qué usted vive peor”. Mientras esta diferencia persista, la derecha radical conservará una ventaja estratégica. La respuesta emancipatoria no consiste en refutar su explicación, consiste en disputar las causas. En el capitalismo industrial clásico la contradicción capital/trabajo poseía una centralidad extraordinaria, que todavía no ha desaparecido por completo. Pero hoy en día, ¿quién captura el General Intellect?

Hemos visto que el capital tecnológico intenta capturarlo mediante propiedad intelectual, plataformas y datos, las finanzas mediante deuda, los monopolios mediante escasez artificial y precio, los Estados mediante regulación, guerra y territorialización, y las nuevas derechas mediante identidad nacional y producción política de pertenencia. Nosotros, los movimientos emancipatorios, intentamos transformarlo en común, cooperación autónoma y nuevas instituciones democráticas. La lucha contemporánea puede entenderse crecientemente como conflicto entre diferentes máquinas de captura de una potencia social que ninguna de ellas ha producido completamente.

Desde el exterior, China observa principalmente la crisis alemana desde una lógica de sistema mundial: competitividad industrial, cooperación económica, multipolaridad y debilitamiento relativo del modelo europeo. Su posición oficial continúa privilegiando la cooperación con Alemania y la estabilidad de las relaciones bilaterales. Ciertos análisis chinos pueden interpretar AfD como síntoma de una crisis interna alemana, pero ello no equivale a respaldo político.

Rusia posee una convergencia más directa porque AfD propone precisamente modificar una de las decisiones geopolíticas fundamentales adoptadas por Alemania después de 2022: la ruptura energética y las sanciones. Ambas miradas logran percibir algo que parte del discurso europeo occidental deja en segundo plano, esto es: AfD no puede explicarse únicamente por la supervivencia histórica del fascismo.

 Conclusión

El resultado de Sajonia-Anhalt puede ser denominado el mayor resultado electoral de la extrema derecha alemana desde la Segunda Guerra Mundial, pero esa descripción histórica no constituye todavía una explicación. Alemania no está simplemente regresando a 1933, sino atravesando una crisis que pertenece al siglo XXI, crisis industrial, energética, territorial entre Este y Oeste, demográfica, migratoria, de representación, de precios, geopolítica, de subjetividad… Y una disputa por la significación de la crisis. Esto permite formular la hipótesis fundamental de este artículo: AfD constituye actualmente una de las máquinas más eficaces de captura política del magma producido por la crisis alemana. No ha creado esa crisis, ni la mayoría de las contradicciones que explota, pero está consiguiendo nombrarlas y reorganizarlas dentro de una cartografía particular: la nación amenazada, el “pueblo” traicionado, la soberanía perdida, el extranjero invasor, la elite traidora e indiferente.

La hipótesis explicativa que aquí proponemos es incómoda pero probablemente más fecunda que una mera repetición nostálgica de 1933: las nuevas derechas no son meros relictos del pasado; pueden constituir respuestas originales —autoritarias, nacionalistas y excluyentes— a contradicciones emergentes del capitalismo postfordista. Por ello deben ser tomadas seriamente. Si el capitalismo contemporáneo produce simultáneamente inteligencia social, abundancia potencial, precariedad, escasez institucional y pérdida de control subjetivo, la cuestión política central pasa a ser quién consigue organizar esa contradicción. El precio captura riqueza, la deuda captura futuro, la plataforma captura cooperación, la propiedad intelectual captura conocimiento, el algoritmo captura atención, el Estado captura territorio, y la política captura el sentido atribuido a todas esas capturas. AfD está intentando realizar esta última operación: convierte el malestar generado por el capitalismo contemporáneo en malestar de la nación, la crisis del precio en crisis de soberanía, la desterritorialización en deseo de frontera. Y convierte un magma social todavía abierto en un pueblo nacional imaginariamente homogéneo. Por eso el fenómeno quizá deba formularse finalmente de esta manera: el peligro no consiste en que Alemania vuelva al fascismo del siglo XX, sino en que las contradicciones específicas del capitalismo del siglo XXI encuentren una forma política autoritaria propia. Comprender esto antes de que termine de consolidarse exige mirar menos hacia las semejanzas superficiales con el pasado y mucho más hacia las nuevas máquinas de captura que están organizando el presente.

Referencias bibliográficas:

  1. Los dos artículos que dieron origen al análisis

Burtzyn, Darío. En Puro Chamuyo. “Triunfo de AfD”, septiembre de 2026. Es el primero de los artículos examinados. Resulta particularmente útil por la información sobre la evolución histórica del partido, la reunificación alemana, las diferencias del Este y las condiciones económicas y sociales de Sajonia-Anhalt.

Hublet, François. “La AfD obtiene el mejor resultado de la extrema derecha en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial”. Le Grand Continent, 6 de septiembre de 2026.

  1. Nota sobre “Teoría del Precio” y “Magma Rojo” (Pedro Cazes Camarero)

La teoría del precio que utilizamos —precio como dispositivo político de captura, institución de escasez y cristalización monetaria contingente de relaciones de fuerza— constituye una elaboración propia que dialoga principalmente con Marx y Vercellone, y secundariamente con la literatura sobre dispositivos de mercado, pero no es reductible a ninguno de ellos. Del mismo modo, Magma Rojo debe presentarse explícitamente como elaboración propia. Toma como antecedente ontológico el concepto de magma de Castoriadis, pero añade la dimensión de contradicción social, potencia política, cooperación, afectos y apertura de posibles capturas. No equivale ni al magma castoridiano, ni a la multitud de Negri/Virno, ni al proletariado marxiano, aunque entra en diálogo con los tres.

  1. Bibliografía

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Arzheimer, Kai (2015). “The AfD: Finally a Successful Right-Wing Populist Eurosceptic Party for Germany?”. West European Politics, 38(3), 535–556. DOI: 10.1080/01402382.2015.1004230.

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Callon, Michel; Millo, Yuval y Muniesa, Fabian (eds.) (2007). Market Devices. Oxford: Blackwell.

Castoriadis, Cornelius (1987 [1975]). The Imaginary Institution of Society. Cambridge, MA: MIT Press. [Original: L’institution imaginaire de la société. Paris: Seuil, 1975].

Cazes Camarero, Pedro (2026). “Magma Rojo”. Publicación digital, abril de 2026.

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