ORLETTI. De cómo Gila salvó a Marta Bianchi y Beto Brandoni, secuestrados por Aníbal Gordon

Siempre tuve ganas de narrar esta anécdota (por suerte, sólo fue una anécdota, aunque Brandoni y Bianchi la pasaron fatal), del CCD conocido como “Automotores Orletti” (“El Jardín” para los asesinos) donde hubo innúmeras tragedias, como el asesinato de mi amigo Marcelo Gelman;  alguna farsa (también Mariano Grondona fue llevado hasta allí secuestrado por los Gordon Boys) y alguna victoria (como cuando los Morales se fugaron  desnudos y a los tiros, obligando a cerrar ese centro clandestino de detención),  pero Clarín (en el suplemento Zona de ayer) se me adelantó, bien que poniéndole un título choto.
Me encanta el protagonismo de Gila, de quien siempre supe por mi padre que era una bellísima persona y con cuyos chistes antibélicos me rei mucho en mi niñez. Gila solia vestir camisas rojas, como hace ahora Chávez, para reivindicar su condición de “rojo” derrotado en la Guerra Civil. En cuanto al general Corbetta, si mal no recuerdo fue a quien la pesada de la SSF, la descendencia de Villar, le hizo un golpe de palacio después de que se negara a ejecutar una represalia por la bomba que explotó en el comedor de esa dependencia, represalia que una vez removido Corbetta se ejecutó como lo que se conoce como “La masacre de Pilar”. JS
Acá lo tienen a Gila. es muy naïf, pero con eso nos reíamos en los almuerzos familiares. Y con la Revista Dislocada, claro.

Gila

Luis Brandoni: “Le debo la vida a un general”

El humorista español Miguel Gila mantuvo la calma. Le parecía increíble terminar la noche secuestrado en Buenos Aires, en ese invierno de 1976. Justo él, que había escapado de un pelotón de fusilamiento en Valsequilla, España, porque los franquistas que le dispararon estaban borrachos. Ahora, bajo otra dictadura, había caído en la emboscada tendida a sus amigos argentinos Marta Bianchi y Luis Brandoni.

El actor de “La tregua” y “La Patagonia rebelde” había pasado diez meses exiliado en México, entre setiembre de 1974 y julio de 1975, empujado por la Asociación Anticomunista Argentina, la organización que seguía los designios de José López Rega.

Pero Brandoni, dirigente de la Asociación Argentina de Actores, había decidido volver. Y los matones lo tomaron como un desafío: “Vos te cagaste en nosotros. Ahora nosotros nos vamos a cagar en vos”, le enrostraron ese día feriado, 9 de julio de 1976.

Gila fue subido a uno de los autos, pero fue dejado a unas cuadras. Bianchi, Brandoni y una amiga de ambos, con los ojos vendados, fueron llevados al centro clandestino de detención conocido como “Automotores Orletti”, en Floresta.

Empezaron a correr horas decisivas. Aníbal Gordon y los miembros de su patota celebraron la captura. Bianchi pudo ver fotos de Hitler, Juan Manuel de Rosas y del comisario Alberto Villar, uno de los fundadores de la Triple A. Ella se sintió mal, ellos lo notaron: “No te marees, porque esto recién empieza”.

Gordón la encaró: “¿Por qué no bajás la vista? Vos sos la más zurda de todas”. Pero ella le sostuvo la mirada, quería defender su dignidad. “De la cintura para abajo me temblaba el cuerpo. Es una sensación muy difícil de describir”, le contó al tribunal que juzga los crímenes en Orletti. Uno de los captores la agarraba de la mano. Otro le gritaba para asustarla. El juego del bueno y del malo.

-¿Qué pasa?, ¿Tenés miedo?- la sobró Gordon.

-Sí, mucho, el mismo que tendrías vos si estuvieras en mi lugar.

Habían pasado dos horas, pero el tiempo del reloj no era el de su terror.

Gila entró en acción. Buscó un teléfono y llamó al actor Emilio Alfaro, que marcó el número reservado sólo para momentos difíciles. Era el de un general del Ejército, pero Arturo Corbetta no era un general común: pedía actuar con la ley en la mano, no con la picana. Acababa de perder su puesto como jefe de la Policía Federal, pero le quedaban influencias. Habían pasado 4 horas de la redada.

El general Arturo Corbetta al ser nombrado jefe de la Policia Federal por el ministro del Interior de la dictadura, general Eduardo Albano Hardindeguy.

De repente, el walkie talkie de Aníbal Gordon empezó a sonar. Hubo mensajes cruzados, primero con tono subido, pero enseguida con sumisión.

-Se van. Y vos Brandoni, festejá el 9 de julio como el verdadero día de tu cumpleaños, porque hoy volviste a nacer. Igual, no te hagas el vivo y ni se te ocurra describirnos a la Policía, porque vas a aparecer en una zanja.

El actor, su mujer de entonces y la amiga de la pareja se reencontraron. Los volvieron a vendar y los llevaron cerca de sus casas.

-Bájense-dijo uno-, y basta de amigos judíos y obras bolches.

Los testimonios de Bianchi y Brandoni fueron escuchados en el subsuelo de los tribunales de Comodoro Py. A los ciudadanos que fueron a presenciar la audiencia se les preguntó: “¿De qué lado quiere estar, con la defensa de los acusados o la querella?”.

Brandoni miraba todo el tiempo a un hombre calvo que estaba sentado en las primeras filas. Le pareció cara conocida, pero recién al terminar la declaración le dijeron quién era. Era Raúl Guglielminetti, ex agente de inteligencia y del plantel de “Orletti”.

Hoy, tomando un café con Clarín, Brandoni evoca su condición de desaparecido por cinco horas. “Fue un episodio doloroso de mi vida, pero no he hecho nunca un martirologio de esa situación. Fue la Triple A, que seguía activa y nos salvamos gracias a Gila, Alfaro y Corbetta. A este hombre yo lo había visto dos veces en mi vida, en reuniones sociales. Me dijeron que se murió de tristeza y yo me quedé con un sabor amargo, con una lágrima en el corazón, porque nunca le pude agradecer que me salvó la vida”.

PS: Estamos en agosto de 2010. Puedo decodificar el gorilismo irredento de Brandoni, que al testificar sobre lo que le ocurrió en plena dictadura, eligió decir que la autora de su secuestro fue la vieja Triple A… que no existía hacía mas de un año, y no la dictadura militar.

 

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