GRAVÍSIMO: La SIDE nos considera enemigos y la jauría mileista pide cerrar el Congreso / Terrorismo y Montoneros / Merecidísimo Premio a «Patán» Ragendorfer
Hace varios días que no subo notas aquí, y posiblemente seguiría sin hacerlo si no fuera porque ayer por la noche mi gran amigo Ricardo Ragendorfer fue premiado con un merecidísimo Martín Fierro. Galardón que, me consta, no esperaba y que ganó por una extraordinaria crónica sobre el inicio de los enfrentamientos entre Javier Milei y Victoria Villarruel. Y supongo, también, por las muchas y muy buenas notas que, como aquella, publica regularmente en Tiempo Argentino y en otros medios como Acción y Contraeditorial. Notas que no pocas veces son replicadas aquí, en Pájaro Rojo. Pueden leer aquí la noticia como la dio Tiempo Argentino, y si quieren ir directamente al video que inmortaliza el instante en que recoge la estatuilla, pueden hacerlo aquí.

Y ya que no nos hemos puesto a escribir, continuemos haciéndolo.
Sediciosos impunes. Ayer vi el video hecho con IA en el que Milei dispara desde un tanque contra el Senado, mientras los trolls ensobrados por la SIDE del tránsfuga Diego Kravetz como el Gordo Dan, Franfijap y El Trumpista piden a coro el cierre del Congreso. Si no hay ningún fiscal ni ninguna Arroyo Salgado que los procese y detenga, se habrá cruzado, ya se cruzó un nueva línea roja. Estamos en peligro. En Argentina hay presos políticos por tirar bosta en una vereda, e impunidad para quienes aúllan que hay que cerra el Congreso. Ari Lijalad lo cuenta muy bien:
PS: Cerré esta nota sin haber visto el video de la presentación de la senadora Juliana Di Tullio, que fue contundente y Presentó una denuncia que puso en jaque a los tartufos de la justicia federal porteña. Véanlo aquí.
Contradicciones insalvables. Tenemos un gobierno autodenominado anarco-capitalista cuyo propósito explícito consiste en destruir al estad…, pero cataloga como terrorista a los “actores cuyo propósito manifiesto sea promover la ausencia de autoridad estatal como modelo de sociedad organizada”.
Aunque secreto, se filtró a los medios un Plan de Inteligencia Nacional (PIN). Es sobrecogedor. La revista Crisis lo abordó y con la ayuda de expertos, lo diseccionó. Se trata de una lectura imprescindible para saber dónde estamos parados. El PIN se origina en un decreto que es una burda burla a la Ley de Inteligencia Nacional. Alinea al país con el racista Trump y el genocida Netanyahu y estigmatiza como «terroristas» a todos los que nos opongamos al saqueo, al convalidar como de interés nacional (?) el extractivismo, es decir la entrega de nuestros recursos al capital financiero internacional.
El ejecutor del PIN es la SIDE de Santiago Caputo y Diego Kravetz y en menor medida, el Ministerio de Seguridad. Kravetz imitó a la ministra tránsfuga y pasó sin dar explicaciones de Miguel Bonasso a Alberto Fernández (que lo ungió jefe del bloque de legisladores porteños del peronismo) al macrismo, y de ahí a la SIDE dizqe anarco-capitalista. Ante la evidencia (el vínculo ya no es tácito sino explícito) de la subordinación de la SIDE a la CIA estadounidense y el Mossad israelí, cabe sospechar con fundamentos que Kravetz debe responder a estos servicios con su antelación a su ingreso a «la casa» y que contará con el respaldo de «Jaime» Stiuso, de triste memoria y opaco presente.
El silencio sobre la trayectoria de Kravetz (recuerdo un gran afiche con su rostro en una Unidad Básica de La Cámpora del barrio de Boedo), las actividades y presencia fantasmal de Martín Insaurralde y las sucesivas traiciones de Florencio Randazzo y Daniel Scioli, la nula autocrítica al respecto (no explícita pero tampoco tácita y en los hechos, ya que no pretendo arrepentimientos públicos) muestra tanto falencias ideológicas como vulnerabilidades nunca subsanadas. Este es un asunto que me parece muy grave y sobre el que volveremos, ya que me parece kriptonita desmoralizadora para los verdaderos militantes: (piensen en el impacto que debe haber tenido en los jóvenes la evidencia de lo hecho por el putañero multimillonario Insaurralde en el Mediterráneo). En fin, la distancia entre los verdaderos militantes y estos miembros vitalicios de la casta trashumante es la misma que hay entre el hincha encarnado por Discépolo y Rafael Di Zeo, por solo poner solo un ejemplo de boss barrabrava.
Volviendo al PIN. El trabajo hecho por los compañeros de Crisis es, me atrevo a decir, de lectura obligada para todos aquellos que no quieren ser como avestruces ante el acelerado deterioro de los vestigios democráticos de este régimen originado en las urnas (y en el ingente apoyo de que disfrutó Milei del justicialistas con el objetivo de restarle votos al macrismo) pero que ha desembocado en un neofascismo que atenta contra los niños, los discapacitados, los enfermos y los viejos, en una versión todavía homeopática si se la compara con el obsceno genocidio practicado por el Estado de Israel contra los palestinos de Gaza.
Pueden leer el trabajo de Crisis cliqueando aquí.
Y a quienes estén verdaderamente interesados en el tema, les recomiendo que también lo hagan aquí.

La recomendación la hago sin haberme metido a chapotear en este sitio, en principio tan atractivo, y sin tener mucha idea acerca de quienes lo patrocinan, sólo por el prejuicio de que, si se abocan a semejante faena y lo hacen respaldados por una fundación que lleva el nombre de Heinrich Böll (escritor al que venero y que escribió un duro alegato, El honor perdido de Karharina Blum, contra quienes endilgan el mote de «terrorista» como quien salpica con agua bendita) han de ser, en principio, personas probas. Pero atento a la deriva armamentista de los «verdes» alemanes que impulsan dicha fundación me gustaría recibir comentarios de lectoras y lectores que escudriñen este sitio, de la Iniciativa Ciudadana para el Control del Sistema de Inteligencia (ICCSI).
Montoneros y terrorismo. La derecha que en el mejor de los casos justificó el exterminio llevado a cabo por la dictadura con la muletilla de «algo habrán hecho» se empecina en calificar de «terrorista» a hechos que no lo fueron, y por ende a los partisanos que los protagonizaron. Viene de lejos: Recuerdo que en 1983 el joven Hezbolá voló las bases de soldados estadounidenses y franceses en Líbano con centenares de muertos y la prensa occidental calificó así esos ataques, haciendo una abstracción del carácter de invasores de los occisos, de la misma manera en que los godos realistas podrían haber calificado a «Los infernales» de Martín Güemes que rechazaban sus embates. El terrorismo es otra cosa: es aterrorizar a una población para petrificarla, dejarla sin respuesta, sin discriminar entre combatientes y civiles neutrales. El terrorismo es indiferenciado. Es lo que hace Israel cuando so pretexto de matar a un oficial de Hamás espachurra a decenas de palestinos de todos los sexos y edades que se encuentran en sus cercanías. Los guerrilleros argentinos jamás hicieron algo parecido. Villaruelines y maslatones se centran en el bombazo puesto en el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal (más conocida como Coordinación Federal) a mediados de 1976, obviando que ese lugar era –y seguiría siendo– un antro infernal donde se torturaba, asesinaba y desaparecía a centenares de compañeros. Ese bombazo fue, a mi juicio, un error político garrafal, pero no un acto terrorista.

Como pájaro que soy, me fui por las ramas. Me puse a perorar sobre Montoneros porque, como es público, fui parte de esa organización en el período preelectoral y luego democrático que va desde el ingreso en bloque de Descamisados a dicha organización políitico-militar, lo que ocurrió, si mal no recuerdo, a fines de 1972, hasta mi ingreso al servicio militar en marzo de 1974. Montoneros es un tema que, reconozco, me obsesiona, en gran medida por la gran cantidad de compañeros miembros o adherentes que fueron secuestrados, torturados y asesinados durante la dictadura (sin obviar a los que fueron asesinados antes por la Triple A).

A mi juicio, la conducción de Montoneros cometió muchos y graves errores, hasta el definitivo, que fue embarcarse en las llamadas contraofensivas, y hubo quienes nos dimos cuenta de que la orga aceleraba hacia el abismo y nos abrimos con tiempo para intentar otra cosas y quienes lo hicieron sobre el pucho. Entre estos estuvo la disidencia encabezada en 1979 por Rodolfo Galimberti y Juan Gelman, en la que participaron muchos compañeros valiosos y también Patricia Bullrich. La historia dejaría claro que si Gelman obró de buena fe, Galimberti lo hizo en primer lugar porque quería una tajada del rescate oblado por los hermanos Born, secuestro en el que había tenido un papel protagónico. De hecho, el propio Galimberti dijo haberse enrolado en la CIA tres años después, y su cuñada Bullrich luego de haberse proclamado jefa de una «Juventud Peronista Unificada» bicéfala (la otra cabeza era Juan Carlos Dante «el Canca» Gullo) siguió su estela, yendo de partido en partido hasta ser lo que es hoy, una sospechada de haber instigado el intento de asesinato de CFK.
El grupo encabezado por Galimberti editó en los años ’80 la revista Jotapé, y cuando Menem asumió la Presidencia varios de sus miembros, devenidos menemistas, se integraron en la SIDE, cuyo jefe había pasado a ser Juan Bautista «Tata» Yofre, secundado por Osvaldo Agosto –quien había sido un estrecho colaborador de José Ignacio Rucci– y Amílcar Fidanza –periodista y ex guerrillero, padre de Ignacio, creador y director de La Política Online. Se positivamente que entonces Claudia Peiró –que había dirigido como mano derecha de Galimberti la redacción de Jotapé– pasó a integrar la SIDE, supongo que de la mano de Fidanza y a pedido de Galimberti. Todo esto viene a cuento de exponer mis prejuicios. Desde entonces no he tenido trato con ella y dudo que de toparnos en la calle nos reconociéramos. Peiró le guarda un inocultable rencor a la conducción montonera sobreviviente que parece haber mamado de Galimberti, rencor que se basa sobre todo, en la actitud de los jefes montoneros de enviar (aunque nadie fue obligado a participar) a sus seguidores exiliados a participar en unas contraoefensivas que en gran medida estaban siendo atentamente monitoreadas por la inteligencia militar, lo que redundó en la muerte de la mayoría de los expedicionarios.
Ahora bien, los errores de la conducción de Montoneros no afectan al derecho constitucional a la resistencia incluso armada a las dictaduras, tal como reconoció la justicia argentina gracias, en gran parte, al trabajo tenaz del abogado y periodista Pablo Llonto. Ver aquí y aquí.

Mi desconfianza hacia Peiró no sólo deviene de su participación en una SIDE en pie de igualdad con militares genocidas, también porque no sé que alguna vez haya ventilado públicamente alguna crítica a su ex jefe Galimberti, el condottiero que se pasó con armas y bagajes a trabajar para servicios de inteligencia extranjeros que integran la antipatria.
Dicho esto, la lectura de la nota que Peiró acaba de publicar en Infobae un comentario sobre el libro Salvate vos de Juan Carrá (que narra la implacable persecución que la dictadura hizo de la familia Molfino) es de lectura imprescindible para quienes les interese como se produjo la definitiva derrota militar de Montoneros, y muy probablemente también lo sea el libro, ya que me consta que el recordado Eduardo Luis Duhalde atesoraba un montón de documentos acerca del «Caso Molfino», el secuestro en Perú de Noemí Molfino y la misteriosa aparición de su cadáver aún tibio en Madrid, y se proponía escribir un libro mucho antes de fallecer.
No voy a spoliarles la historia de los Molfino, que es apasionante.
Me gustaría recibir comentarios.
Y tan pronto haya quienes hayan leído el libro de Carrá, lo mismo.
A quienes les interese la historia de las contraofensivas montoneras, les recomiendo Fuimos soldados, de Marcelo Larraquy y, sobre todo, Lo que mata de las balas en la velocidad, de Eduardo Astiz.


Más allá de lo que Peiró haya sido después de todos estos hechos y a la sombra de Galimberti, la nota me pareció muy buena, sentida. No sé si es por la manera en que está escrita o por esos momentos trágicos que imaginamos vivieron todos ellos, no puedo dejar de sentir emoción.
Lo que se nota en la nota de Peiró es la crítica feroz hacia Montoneros y sus dirigentes, como Perdía en este caso. Explica el desprecio por la vida, de los otros, por supuesto, así fuesen compañeros.
Pero, el devenir de Peiró en agente de la SIDE, ¿no era entonces el mismo que habían recorrido en los años 70-80 algunos cuadros de las organizaciones político-militares?
Porque mirando las cosas crudamente , ¿quién se va a creer que los militares eran tan sagaces como para detener a la mayoría de los que participaron de la Contraofensiva sin prealablemente haber infiltrado esas organizaciones?
‘Pascualito’ Montoto, hoy tan amigo de Israel, ¿no lo era ya en ese entonces de la CIA y del Mossad?
Sin buscar ‘culpables’, la nota de Peiró ¿no busca también a través de esas muertes trágicas y esas críticas hacia Montoneros, demonizar toda opción insurrecta en una Argentina cada vez más polarizada?