LOS SANTOS VIENEN MARCHANDO ¡EN PATOTA! Espiridión, Otilia, Francisco de Asís, Franco Lippi, Eulalia y Leocadia.

Compartí

Abelardo Santiago se puso al día con el santoral. A mi, viejo lector de Vidas  ejemplares,  los santos me causan un poco de gracia. Pero espero que mañana infundan pavor como lanceros de Pincén entre los fortineros.

14 de diciembre

Espiridión

Obispo, m. hacia 348 
Se crió como pobre pastor de ovejas en la muy pobre isla de Chipre y murió siendo obispo. Hay quienes aseguran que tan meteórica carrera se debió a sus padres, que le enseñaron a leer de muy pequeño, pero otros la atribuyen a su santidad, habida cuenta que semejante movilidad social sólo pudo haber sido fruto de un milagro. Como fuere, alguna deuda tuvo Espiridión con sus padres ya que, en efecto, sabía leer y se aprendió de memoria todo el Evangelio. Además de su valor intrínseco, este empeño lo libró de ser víctima de la zoofilia y las venéreas que agobiaban a los demás pastorcillos.
Fuera de saberse el Evangelio de memoria, Espiridión era capaz de

dar un ojo de la cara con tal de no caer en la idolatría, lo que efectivamente ocurrió durante la persecución del emperador Maximino, cuando lo dejaron tuerto, le cortaron el tendón de la rodilla izquierda y lo condenaron a trabajar en una mina.

El martirio se prolongó hasta la muerte del emperador, cuando el santo pudo regresar a Chipre. Allí pronto gozó de gran prestigio debido a su virtud milagrosa; así, por ejemplo, su oración puso una vez fin a una terrible sequía. Suena un tanto paradójico que en la actualidad sea invocado contra las inundaciones, pero eso es materia teológica.
Cuando la sede episcopal quedó vacante, los creyentes lo eligieron como su pastor, en lo que deben haber influido sus antecedentes juveniles.

 

Entretanto, el emperador Constantino había caído enfermo. Dícese que una noche se le apareció un ángel y le mostró una brillante asamblea de obispos. Señaló al emperador a dos hombres que no conocía y le dijo: “Estos dos te curarán”. Supo así Constantino que debía convocar al Concilio de Nicea.

 

Va de suyo que quienes curarían al emperador serían Espiridión y su fiel ayudante Trifilio, pero no fue ese el mayor portento del santo. Ocurrió que de camino a Nicea, Espiridión y Trifilio se unieron a un grupo de obispos y otros altos dignatarios, quienes pronto se sintieron molestos por el aspecto y, más que nada, el hedor que exudaban los pastores, habituados a convivir con las bestias. A fin de sacárselos de encima, una noche los poco piadosos obispos decapitaron las dos mulas –una marrón y otra blanca– de nuestros amigos.

Espiridión se despertó antes del alba y descubrió la masacre. Moviéndose con sigilo en la oscuridad de la noche, se acercó a las mulas y a tientas volvió a colocarles las cabezas. Fue así que Espiridión causó sensación en Nicea al entrar a la ciudad montando una mula blanca de cabeza marrón.

Patrono de Corfú y Dalmacia y protector de los huérfanos, como ya se ha dicho, es invocado contra las inundaciones.

 

13 de diciembre

Otilia 

Monja, hacia 600
Nacida en Alsacia y ciega de nacimiento, su decepcionado padre la encerró en un convento, donde las monjas le inculcaron los principios cristianos.

 

Fue objeto o protagonista de un milagro al momento de su bautizo, cuando recuperó la vista. No parece haber hecho buen uso de ella, ya que se pasó la vida mirando a Dios, para lo que no le hubieran hecho falta ojos.

 


Patrona de los ciegos, los ópticos y los oftalmólogos, se la invoca contra la conjuntivitis y la miopía.

 


Comparte su día con Lucía, hermosa doncella de Siracusa que, entregada en cuerpo y alma a Cristo, rechazaba a todos sus pretendientes. Uno de ellos no tuvo mejor ocurrencia que reprocharle la belleza de sus ojos, de los que se había enamorado perdidamente. Entonces Lucía se los arrancó, enviándoselos al joven en un plato.

 


El joven dejó de importunarla y Lucía recibió de la Virgen María otro par de ojos, aún más bellos, razón por la que es invocada contra la ceguera.

 

12 de diciembre

Francisco de Asís

Fundador de las órdenes menores, 1182 ‑ 1226
Heredero de una rica familia de comerciantes, Francisco sentía desde niño una profunda repulsión hacia los leprosos, tal como les sucede a todos los niños en su sano juicio. Pero al entrar en la pubertad, de buenas a primeras un día se apeó del caballo, dio una moneda a un enfermo y le besó la mano. Asimismo, declaró experimentar una intensa dicha al comer del mismo plato que un leproso con heridas sangrantes en los dedos.

Su inusual comportamiento no acabaría ahí. Rezaba en una iglesia cuando escuchó a la imagen del Crucificado decir: “Reconstruye mi casa caída”. 

Alguna clase de afección mental inducía a Francisco a tomar todo

al pie de la letra, por lo que se puso de inmediato a reconstruir el edificio. Mas no era eso lo que el Señor reclamaba de él; pronto le quedó claro cuando sostuvo una violenta discusión con su padre debido al dinero que estaba gastando en reconstruir la iglesia y a su nueva costumbre de intercambiar ropas con los mendigos. Su padre lo acusó de estar robando su dinero y Francisco se quitó las ropas, las arrojó hacia su padre y se marchó desnudo y sin un céntimo. Pronto se colocó calzoncillos, y una sencilla túnica con un ceñidor de cuerda, pero juró no volver a poseer dinero nunca jamás.

Rechazado con burlas de la iglesia luego de que subiera al púlpito en paños menores para exhortar a los feligreses a la introspección, se dirigió al bosque y procedió a predicar a los pájaros. Es que le gustaba hablar con los animales –quienes jamás lo contradecían– y llamaba “hermanas” a las cigarras y las golondrinas y “hermanos” a los conejos, los corderos y los faisanes.

 


Su relación con los cerdos, en cambio, era más distante. Cuando en una ocasión un cerdo mató a un pequeño cordero a mordiscos, Francisco lo maldijo y al cabo de tres días, el cochino murió.

 

 

Su afán de penitencia era extraordinario. Pocas veces comía algo cocido y bebía únicamente agua. Se flagelaba sin compasión y con tal ímpetu que pronto su ejemplo fue imitado por numerosos jóvenes de la localidad, deseosos de sufrir y andar andrajosos por las calles para así mejor servir a Dios.

El papa no veía las cosas de la misma manera. Cuando Francisco y su grupo de desarrapados marcharon en peregrinación a Roma, congregándose en la galería de San Juan de Letrán para exponer a Su Santidad su noción de la pobreza evangélica, Inocencio III lo trató de cerdo y le sugirió que buscara alojamiento en un chiquero.

 


El astuto cardenal Colonna, sin embargo, persuadió al Santo Padre de la inconveniencia de rechazar a un fanático dispuesto a imitar la vida de Jesús, autorizándosele entonces a predicar la penitencia por el mundo, lo más lejos posible del Vaticano.

 

Francisco fundó la orden de los Mínimos, de las Clarisas y la Tercera orden para seglares y pronto más de cinco mil religiosos observaban su regla, habían evangelizado toda Europa y Noráfrica y el propio Francisco acompañaba a un ejército de cruzados a Palestina, donde se encontró con el sultán y sostuvieron largas conversaciones.

 

Al regresar, se encontró con muchas irregularidades en su orden, destinó a otro monje como director y se retiró al monte Alverna, donde ayunó durante cuarenta días en honor al arcángel Miguel.

 


En 1226, prácticamente ciego y muy enfermo, luego de escribir su Canción para el hermano Sol, recibió alegremente a la hermana Muerte.

 


Contraviniendo su deseo de ser enterrado en el cementerio de indigentes –hubiera sido demasiado–, su cuerpo se conserva como reliquia en la rica basílica de Asís que lleva su nombre.

 


Más que un organizador religioso, Francisco fue un héroe carismático capaz de predicar a los animales, establecer un pacto con los lobos, conversar con los musulmanes, instituir la tradición del pesebre navideño y, durante su retiro en el monte Alverna, recibir en su cuerpo los cinco estigmas de Cristo.

 

Protector de sastres, tejedores, vendedores de papeles pintados y pobres en general, así como del correo internacional y el medio ambiente, es de gran ayuda contra el fuego y la peste.
Su sola invocación proporciona alivio inmediato en caso de dolor de cabeza.

 

11 de diciembre

Franco Lippi

Eremita, 1211 – 1291

 

Condotiero violento, insubordinado y perezoso, aficionado al juego, las mujeres y las francachelas, perdió sesenta y cinco años haciendo tonterías y ganó los últimos quince de su vida al hacerse ermitaño, monje carmelita y bienaventurado.

 


Desde que la mismísima Virgen le ordenó hacer penitencia pública por los escándalos que había provocado en Siena, comenzó a recorrer las calles flagelándose vestido de harapos. Si bien su mala reputación no se había olvidado, a su muerte el pueblo lo reconoció como santo de gran austeridad. Sin embargo, su culto fue confirmado recién cuatrocientos años después. Tantos habían sido sus pecados.

10 de diciembre

Eulalia 

Mártir, hacia 292 – 304

 

Una de las famosas santas de España, hija del senador romano Liberio, nació en Emerita Augusta, la actual Mérida. No había cumplido los 12 años cuando se presentó ante el gobernador Daciano para protestar por un decreto imperial que prohibía el culto a Jesucristo y ordenaba adorar los ídolos paganos.

 


El gobernador intentó razonar con ella, mostrándole todos los instrumentos de tortura. Y le dijo: «De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas en sus altares este poquito de incienso». Mas Eulalia lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y respondió temerariamente: «Al sólo Dios del cielo adoro; a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más».

 


Daciano mandó que la golpearan con varillas de hierro, desgarraran sus tiernos pechos y los abrieran con garfios sus virginales costados, hasta llegar a los huesos, y sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas.

 


Todo lo que se le escuchó decir fue: «He aquí que escriben Tu nombre en mi cuerpo. ¡Cuán agradable es leer estas letras, que señalan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre».

 


Tan abstraída estaba Eulalia contando sus heridas, que no advirtió que su hermosa cabellera se prendía fuego, pero la ardiente fe de la niña fue más viva que las llamas, que ni siquiera pudieron destruir su cuerpo.

 

 

Antes de dar su último suspiro, una blanca paloma surgió volando de su boca y tomó el camino de las estrellas, provocando la huida aterrorizada de los verdugos.

 


Milagrosamente preservados por una oportuna nevada, sus despojos mortales fueron subrepticiamente rescatados por anónimos y piadosos cristianos de la localidad y hoy descansan en la catedral de Oviedo.

 

Publicado por Abelardo Santiago en 12:49 No hay comentarios:

9 de diciembre

Leocadia 

Virgen y mártir, m. hacia 305

Sin una queja soportó los más espantosos tormentos: su cuerpo fue azotado, desgarrado con garfios de hierro y quemado con antorchas, pero su alma se mantuvo incólume y su virtud intacta.

 


Sangrando por sus muchas heridas, fue arrojada a un calabozo, donde con su sangre dibujó una gran cruz en la pared antes de echarse a sus pies y expirar, para la mayor gloria de Dios.

 


Patrona de Toledo, es invocada contra la peste.

 

 


Compartí

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *