POLÉMICAS: Rucci, peronismo, fachos y marxistas (con varios videos)

En APU (la Agencia Paco Urondo) Aldo Duzdevich hizo una reivindicación de José Ignacio Rucci y de la decisión del gobernador Axel Kicillof de ponerle su nombre a una calle de La Plata. Intenté poner un comentario pero me resultó imposible así que lo subiré aquí:

No todos los peronistas que repudiamos desde un primer momento el trágico asesinato de Rucci desconocíamos su amistad con los asesinos de la CNU. Y la mayoría de los enrolados en la llamada tendencia revolucionaria del movimiento (como el propio Aldo Duzdevich) no abogábamos por «la conciliación de clases» sin considerar la existencia tangible de la lucha de clases. Se debatía, si, acerca de cual era la contradicción primaria y cual la secundaria. Pero aún entre quienes planteaban la necesidad táctica de apuntalar el Pacto Social propuesto por Perón y enterrar las armas (nunca entregarlas) , había quienes proponíamos fortalecer las coordinadoras obreras (respaldadas tanto por peronistas como por la izquierda clasista)  que eran particularmente fuertes en las orillas del Paraná , y alejarnos del delirio militarista de combatir frontalmente a las Fuerzas Armadas como se había propuesto el ERP en Tucumán (y harían luego los Montoneros en Formosa).

Kicillof con Aníbal Rucci. Lo antinatural no es esto sino lo que hace su hermana Claudia, que secunda a Victoria Villarruel.

En el peronismo había lugar para todos, los que estaban con el joven Bergoglio y se fueron a la efímera Lealtad, y quienes, ya fuera desde el cristianismo o desde la izquierda nacional no desconocían la existencia palpable de la lucha de clases aun cuando ésta no fuera la contradicción principal. Aldo simplifica esa realidad y desconoce las posiciones del ala «basista» del movimiento, en muchos aspectos a la izquierda de Montoneros. Con lo que se corre el peligro de que mañana se pretenda beatificar a Rucci, un anticomunista feroz. Equiparar a  Lech Walesa y su compatriotaa Karol Wojtyla con Raimundo Ongaro y Jorge Bergoglio sólo es posible para algunos chupacirios.

Quien niegue la lucha de clases haría bien en reparar en lo que está sucediendo en los Estados Unidos.

En el movimiento peronista siempre hubo lugar, desde sus inicios tanto para cristianos como para judíos, musulmanes y marxistas como Cooke y Puiggrós. Como dijo Juan José Hernández Arregui: «Soy peronista porque soy marxista». Un par de paradojas: Una: Los hijos de Rucci cobraron una indemnización tras alegar que su padre había sido asesinado por la Triple A de José López Rega y el comisario Villar. Dos: Paco Urondo pertenecía al sector de Montoneros que mató a Rucci alegando que la conducción de Montoneros lo había acusado de promover la balacera del 20 de junio de 1973 en las inmediación del aeropuerto de Ezeiza cuando se produjo el regreso definitivo de Perón a la patria. Que se sepa, Urondo nunca criticó esa «ejecución» ni repudió el marxismo. Vade retro Satán: No sea cosa de haya algún ortodoxo que se quiera excomulgarlo.

Sería ridículo que quisiera hacerlo un clerical alineado con la misma iglesia que fue la columna vertebral de quienes depusieron a Perón y bendijeran las bombas fractricidas. La iglesia a la que Bergoglio/Francisco le dio otro cariz, retomando la senda emprendida por Juan XXIII.

Así como no hay una sola manera de ser cristiano, no la hay de ser católico ni de ser peronista. Para apoyar a Kicillof no es preciso desconocer a Cristina. Hay peronistas que no reconocen su jefatura, pero no deja de ser un oxímoron ser antikirchnerista y pretender ser peronista. El peronismo antikirchnerista no existe.

Ver, más abajo, los videos.

El primer video es una entrevista que Pedro Rosmblat le hizo a la joven y excelente historiadora Julia Rosemberg, fascinada por la figura de Rucci.  Me dolió que desconociera el importante papel desempeñado por la Juventud Peronista que reportaba a Montoneros para hacer posible el retorno de Perón. Porque si hay razones para criticar el desempeño de Montoneros luego del 25 de mayo de 1973, cuando Héctor Cámpora asumió la Presidencia, fuimos nosotros, la «juventud maravillosa»  (Perón dixit), que nos encuadrábamos con Montoneros como Duzdevich y quien escribe quienes nos pusimos al hombro la campaña «Cámpora al gobierno, Perón al poder», tal como el propio Perón había pedido, y  los sindicatos más poderosos desoyeron (crítica que, aclaro, no alcanza a Rucci).

Como bien dice Julia, esos sindicalistas «gordos» dejaron a Perón solo, practicando el «se acata pero no se cumple» porque no compartían que, ante su proscripción, Perón hubiera elegido como candidato a la Presidencia a Cámpora y no, como pretendían, a Cafiero.

De los aproximadamente dos millones de personas que acudimos a Ezeiza y emprendimos el regreso a casa con las manos vacías en un día de tristeza inconmensurable, la gran mayoría lo hizo encuadrada bajo las banderas de organizaciones juveniles y sociales que reportaban a FAP, FAR y Montoneros. Cuyo capital (no encuentro otra palabra) no era sólo su condición de «formaciones especiales» sino también su capacidad de movilización.

Me hizo un poco de ruido la poca atención que Julia le dispenso a Tosco, un dirigente sindical ejemplar. En el debate que tuvo con Rucci y que a continuación reproduzco, el cordobés destacó lo decisivo que es para el futuro de la nación  implementar una reforma agraria (asunto que hoy solo se atreve a mencionar Grabois), lo que impulsó entonces a la presentación de un proyecto del Secretario de Agricultura y Ganadería, Horacio Giberti (promotor también del impuesto a la renta potencial de la tierra para aumentar los  impuestos a las tierras improductivas) que fue bochada… por la total falta de apoyo de la CGT que lideraba Rucci.

La reputación de Rucci era tan mala en extendidos sectores del movimiento que cuando tocó votar la fórmula Perón-Perón, Jorge Abelardo Ramós, líder del Frente de Izquierda Popular (FIP), ofreció la alternativa de hacerlo desde las boletas de su partido, de modo de dejar constancia expresa  que NO se apoyaba ni a él ni a López Rega.

Esta táctica resultó un batacazo, ya que el FIP obtuvo así casi un millón de votos.

En contrapartida, Julia Rosemberg fue quizá demasiado comprensiva al calificar al asesinato de Rucci de «un error político». Fue bastante más que eso: constituyó una insondable, irreparable tragedia. Muchos creímos en un primer momento que había sido organizado por las CIA para provocar discordia dentro del peronismo, y todavía nos cuesta digerir que Rucci haya sido muerto por compañeros del calibre de Julio «Lino» Roque («Iván» en Montoneros) un docente con importante pasado sindical, cofundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Aquí tienen el video sobre él que hizo su incosolable hija. Muy recomendable aunque deje en pie los interrogantes más acuciantes, como el misterio de por qué un aplicado émulo del Che se prestó a ejecutar una sentencia de muerte dictada sin mayores evidencias contra quien, siendo ideológicamente fascistoide, era un instrumento irremplazable para Perón.

De que los autores del asesinato habían sido montoneros me enteré el mismo día del crimen por boca de Juan Carlos Dante «El Canca» Gullo, entonces el principal dirigente de la Jotapé. Debo aclarar: Gullo tampoco estaba de acuerdo con el asesinato de Rucci. Ni él, ni yo, ni Isaac Dricas (a) «Pato Fellini –que participó de la revelación en una mesa del café Gijón, a metros de la sede de la JP Regional 1– podíamos entender  los motivos. No porque quisiéramos a Rucci, sino porque nos parecía absurda la idea querer librarnos a balazos de nuestros rivales dentro del movimiento.

Comparto con Julia el estrujarme el cerebro tratando de imaginar como podría ser Argentina si en lugar de haber hecho un plan quinquenal y medio, hubiera hecho catorce al hilo, como hizo China.

Recapitulando: Comparto la vitriólica critica de Julia al apoyo de Claudia Rucci a Victoria Villarruel.

A pesar de que Rucci y el superministro José López Rega se detestaban, la ultraderecha peronista consideraba al secretario general de la CGT como uno de los suyos.

En síntesis: visto desde este presente distópico y tras escuchar el debate Rucci-Tosco, nos queda claro que, respecto a los actuales dirigentes de la CGT, Rucci casi casi parece Lenin. Del mismo modo, los dictadores de entonces no se pueden equiparar a los genocidas que los sucederían. Durante el onganiato se crearon las obras sociales de los sindicatos; con su sucesor, el general Marcelo Levingston, el ministro de Economía fue Aldo Ferrer, y Alejandro Lanusse impulsó el establecimiento de Aluar en Puerto Madryn mientras su ministro Francisco «Paco» Manrique (tan gorila paladar negro como él) fundaba el PAMI.

Al lado del retacón Milei, Lanusse adquiere la estatura de Charles De Gaulle.

Y dado el estado de postración de nuestra hermosa patria, no sería de extrañar que, de estar vivos, los Rucci y los Roqués; los Gorriarán y Seineldín, lejos de ser enemigos, resultaran aliados en el intento de impedir que la situación colonial de la Argentina sea irreversible.

 

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Un comentario

  1. Lo condenable es haber aceptado la Guerra de Bandas Armadas que la Oligarquía con asesoramiento de Especialistas internacionales habían ofrecido a los conductores de las Organizaciones Armadas y que estos aceptaron. Me consta que intentaron tomar por las armas el control de Puente 12 desde la tarde anterior al tiroteo, como geton del MVP me pidieron en nombre de Far-Montoneros que envíe a la calle Chile militantes armados para intentar tomar el Puente a la noche, no obedecí la orden sin alegar nada, al día siguiente en camino al Puente con nuestra Columna de Villeros del Bajo Belgrano y la UB de la Calle Amenábar que conducía la FAR, el Responsable al que llamaban El Monra con quién guiábamos la Columna, me comunica que se intentó pero fracasó la toma y que se resolvió tomarla con el grueso de la gente. Al llegar a unos kilómetros del Puente ordené que los Villeros nos recostemos al costado de la ruta a esperar, ya que por altavoz Leonardo Favio estaba pidiendo que la gente que estaba trepada a los árboles se bajaran, porque podrían ser confundidos como francotiradores, ya las ambulancias ululaban por toda la ruta y veíamos que llevaba personas armadas. Se oía tiroteo y al rato largo Favio comunicó que el General descendería en campo de Mayo en vez de Ezeiza. Resolvimos volver.
    Lo condenable es haber aceptado la Lucha de Bandas Armadas en vez de llevar adelante una Estrategia Revolucionaria que era acompañar y apoyar al Gobierno Popular por el que el Pueblo Peronista estábamos luchando. La lucha armada o violencia no era otra cosa que la alternativa a la que nos había llevado el Poder gobernante desde 1955.
    El asesinato de Rucci no estaba encuadrado dentro de la Lucha Revolucionaria, era terrorismo puro y para peor antiperonista.

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