AGRESIÓN DE EEUU A VENEZUELA: La contundente respuesta de China / 2. Al filo de la guerra
El economista estadounidense marxista Richard Wolff no sólo explica detalladamente la naturaleza del conflicto económico financiero que enfrenta a los Estados Unidos con la ascendente China, sino que el video que sigue al texto (hecho con la ayuda de la IA) describe como ha escalado y llegado al punto de que (si Trump no corrige su errónea percepción de que China retrocedería ante el apresamiento de su más importante hombre en lo que hace a sus vínculos económicos con Latinoamérica) hay claros movimientos de ambas armadas y el riesgo de que terminen en una guerra (que rápidamente podría extendería por el planeta) es altísimo.
Curiosamente, no encuentro ninguna noticia de la detención, en Venezuela y bajo presión estadounidense (ni en ninguna otra parte) del «Doctor Cheng» y la incautación de ingentes recursos que éste manejaba, tal como denuncia Wolff en el video. No es un tema menor ya que Wolff explica que se trata –junto a la agresión estadounidense a Venezuela– de un auténtico casus belli.
Si Ud. amigo lector tiene información sobre este tema, le ruego que la aporte en los comentarios.
Todo esto se produce mientras Israel podría atacar a una República Islámica de Irán envuelta en una fuerte crisis económica, China ensaya un bloqueo total de Taiwan y Trump dice que si Dinamarca no acepta venderle Groenlandia la ocupará por la fuerza con el argumento de que si no, la ocuparán Rusia y/o China.
Debajo del video, un texto también muy actual de Wolff.
BRICS desafían al dólar y cambian la economía global
Un cambio de era

9 de enero de 2026.- En una entrevista que sacude los cimientos del orden económico global, el economista y profesor estadounidense Richard David Wolff advirtió que la última cumbre de los BRICS marca “el momento más peligroso para la hegemonía de Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial”. Con una mirada histórica y estructural, Wolff analiza el avance de un sistema financiero alternativo al dólar, el debilitamiento del petrodólar y las consecuencias directas que estos cambios pueden tener en la economía cotidiana, desde la inflación hasta el costo de vida.
Estamos hablando de un golpe económico, financiero y geopolítico que Washington veía venir desde hace años y que intentó prevenir con sanciones, presiones diplomáticas y negociaciones. Déjame explicar exactamente qué pasó, por qué importa y, sobre todo, qué significa esto para tu bolsillo, para tu moneda y para el precio de lo que comprás cada semana en el supermercado.
He dedicado décadas al estudio de la economía política, de los sistemas monetarios y de cómo los imperios construyen su poder y cómo lo pierden. He analizado archivos, debates legislativos, informes de bancos centrales, flujos comerciales y de capital. Y puedo decir con absoluta certeza que lo que estamos presenciando no es una noticia más: es el principio del fin de un orden mundial que ha durado 80 años.
Los BRICS acaban de dar el paso que Estados Unidos intentó evitar durante dos décadas: el paso que representa la mayor amenaza existencial para el dólar como moneda de reserva mundial y, por extensión, para todo el sistema financiero global.
Los BRICS se están convirtiendo en un sistema paralelo, diseñado específicamente para funcionar sin el dólar, sin el sistema SWIFT, sin el Fondo Monetario Internacional y sin el Banco Mundial. Un sistema que, si funciona, deja a Estados Unidos sin su arma más poderosa: la capacidad de emitir la moneda que el mundo entero necesita para comerciar.
Para entender la magnitud de esto hay que retroceder a 1944, al hotel de Bretton Woods, en New Hampshire. Allí, en plena Segunda Guerra Mundial, los países aliados diseñaron el sistema monetario de la posguerra. Estados Unidos, que en ese momento poseía dos tercios del oro mundial, impuso una condición clave: el dólar sería la moneda central, convertible en oro a 35 dólares la onza, y todas las demás monedas se vincularían al dólar.
Fue un golpe maestro. De un plumazo, Estados Unidos se convirtió en el banco del mundo. Todo país que quisiera comerciar internacionalmente necesitaba dólares. El dólar dejó de ser solo la moneda de un país y pasó a ser la sangre del sistema económico global.
Cuando en 1971 Richard Nixon rompió la convertibilidad del dólar en oro, el sistema debería haber colapsado. Pero no ocurrió. ¿Por qué? Porque Estados Unidos selló un acuerdo estratégico con Arabia Saudita: el petróleo solo se vendería en dólares, y a cambio Washington garantizaría la seguridad militar del reino. Así nació el petrodólar y con él la demanda global de dólares quedó asegurada durante décadas.
Ese sistema permitió a Estados Unidos algo único: financiar déficits imprimiendo la moneda que el mundo necesita. Es lo que los economistas llaman el “privilegio exorbitante”. Vivir por encima de sus medios sin consecuencias inmediatas.
Pero ahora ese privilegio está siendo erosionado.
Los BRICS, que originalmente eran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se expandieron de forma inesperada. Se sumaron países como Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Etiopía, mientras más de 40 Estados manifestaron interés en incorporarse. El bloque ampliado representa casi la mitad de la población mundial, más de un tercio del PIB global y una porción enorme de los recursos naturales estratégicos.
Lo que realmente encendió las alarmas en Washington no fue la cantidad de países, sino el anuncio de un sistema de pagos alternativo que no pasa por el dólar ni por SWIFT. SWIFT es el sistema nervioso del comercio internacional, controlado por Occidente, y ha sido durante años una poderosa herramienta de sanción geopolítica.
Rusia demostró que se puede sobrevivir fuera de ese sistema. Pese a las sanciones más severas de la historia, su economía no colapsó. Encontró compradores dispuestos a pagar en yuanes, rupias y mediante mecanismos bilaterales que no requerían dólares.
Lo que los BRICS están haciendo ahora es institucionalizar esa alternativa. No es improvisación. Es una infraestructura financiera diseñada para funcionar de manera permanente sin el dólar, permitiendo el comercio en monedas locales o canastas respaldadas parcialmente en oro y commodities, con sistemas de compensación propios.
En paralelo, los bancos centrales del bloque están comprando oro a un ritmo sin precedentes y repatriando reservas almacenadas en Londres y Nueva York. El oro, a diferencia del dólar, no es deuda de nadie y no puede ser congelado con una orden administrativa.
El rol de Arabia Saudita es clave. El país comenzó a aceptar pagos en yuanes por su petróleo, profundizó su cooperación con Rusia y normalizó relaciones con Irán con mediación china. El pilar del petrodólar empezó a resquebrajarse desde adentro.
La participación del dólar en las reservas mundiales cayó del 70% en 1999 a menos del 60% hoy. Al mismo tiempo, la deuda estadounidense y el costo de sus intereses siguen creciendo a un ritmo preocupante.
El mundo está entrando en una fase de transición. El viejo sistema todavía funciona, pero el nuevo ya está tomando forma. Y es en estas transiciones donde suelen ocurrir las crisis más severas.
Esto no es una noticia aislada. Es un cambio de era.
Las reglas escritas en Washington durante 80 años están siendo reescritas, y el nuevo orden aún no tiene forma definitiva, pero una cosa es clara: ya no será unipolar.

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