BALOTAJE y voto en blanco

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​POR TEODORO BOOT

Para ahorrar el tiempo de ciertos lectores urgidos de discernir y clasificar cuanto antes las intenciones del autor, empecemos por un par de las posibles conclusiones de esta nota: votar en blanco en un balotaje es una de las propuestas más bobas que a una fuerza política se le pueden ocurrir y una de las reacciones más estériles y presuntuosas de cualquier votante.

Bien. Ahora que somos menos, avancemos de a poco.

Una tradición nacional

La abstención y el votoblanquismo forman parte de la tradición política argentina, pero no siempre un mismo instrumento tiene efectos políticos similares.

La abstención electoral yrigoyenista de tiempos anteriores a la ley S​a​enz Peña, siempre acompañada de acciones revolucionarias, puebladas, insurrecciones y conjuras militares, tiene poca o ninguna relación con la abstención electoral impulsada por Alvear durante la primera mitad de la Década Infame. En el primer caso, era parte de la protesta radical contra el fraude institucionalizado. En el segundo, la coartada necesaria de la oligarquía para la instauración del “fraude patriótico”.

El peronismo hizo uso frecuente del voto en blanco durante los largos 18 años en que estuvo impedido de participar de los actos electorales. Se trató, en general, de un voto en blanco orgánico, parte de una protesta contra la proscripción que incluía sabotajes, acciones armadas, huelgas, tomas de fábrica, conspiraciones militares y asonadas guerrilleras.

El votoblanquismo peronista contó con gran legitimidad popular pues eran vastos los sectores del pueblo impedidos de expresarse electoralmente en libertad, pero su efectividad fue relativa: si bien por su masividad el voto en blanco no permitió la consolidación de otra fuerza política mayoritaria a expensas del peronismo, tampoco impidió la instauración ​de ​gobiernos con aura de democráticos y la prolongación durante 17 años del régimen instaurado por la Revolución Libertadora.

Más o menos efectivo, la importancia del votoblanquismo peronista radicó tanto en su masividad como en su permanente vinculación con acciones revolucionarias. El mensaje era claro: no habría posibilidad de sistema político estable y duradero si se insistía en excluir y prohibir la participación electoral del partido político mayoritario.

El balotaje

El balotaje carece de cualquier clase de vínculo con el fraude o la proscripción. Consiste en una votación en segunda instancia entre las dos fuerzas más votadas de una elección, si acaso ninguna de ellas hubiera arribado al 50% de los votos válidos emitidos. Su ​proclamado ​propósito ​es impedir que alguien acceda al gobierno sin contar con el apoyo explícito de, por lo menos, el 50% de los votos válidos emitidos en esa segunda instancia.

El argumento: otorgar mayor legitimidad al nuevo gobierno, lo que en un régimen de representación proporcional carece de lógica y sentido. La legitimidad y capacidad de gobernar de un partido están íntimamente relacionadas con el número de legisladores con que cuenta en la(s) cámara(s). Pero como los legisladores son electos tras la primera ronda electoral y el resultado del balotaje no otorga al triunfador ningún plus de legisladores, en realidad, el balotaje no otorga ni más poder ni mayor legitimidad.

La razón de fondo del sistema de balotaje es dar a un conjunto de partidos y ciudadanos la posibilidad de coaligarse contra quien haya obtenido mayor número de votos. Este fue el propósito casi explícito del sistema electoral ideado por Arturo Mor Roig en 1972 e implementado por la dictadura de Agustín Lanusse para las elecciones de 1973. Ese también fue el propósito del sistema de balotaje uruguayo gracias al que, al menos en 1999, blancos y colorados pudieron impedir el acceso al gobierno del Frente Amplio, triunfante en la primera vuelta electoral.

Tal el sistema por el que, con argumentos y generalizaciones bastante pueriles, se inclinó la asamblea constituyente porteña en 1996.

En cambio, el sistema de balotaje que rige a nivel nacional no es más que otro de los muchos remiendos y engendros irracionales surgidos de las negociaciones del Pacto de Olivos: un balotaje que no parta del hecho de que ninguno de los dos primeros candidatos haya sacado el 50% de los votos es tan balotaje como el carril exclusivo para colectivos es un metrobus.

Pero así es la ley.

La papelera de reciclaje

En la ciudad de Buenos Aires rige un balotaje como dios manda: o un candidato obtiene el 50% de los votos o va a una segunda vuelta con el segundo. Ante esa instancia están ahora los porteños, con las cosabidas confusiones, petulancias y vanidades del caso.

Conviene aclarar que un balotaje no es una elección sino una opción, que es a lo que queda reducida cualquier elección entre sólo dos alternativas.

Conviene también aclarar que a ninguna fuerza política le fue impedida la participación electoral de manera que, en su momento, los ciudadanos pudieron inclinarse por aquellos que más se acercaran a sus preferencias o pretensiones. Quienes se sienten cercanos al nacionalsocialismo pudieron perfectamente votar al Führer Alejandro Biondini. Es verdad que muchos tal vez hubieran preferido hacerlo por el auténtico Führer, pero ya está visto que no se puede todo en la vida.

La cuestión es que, con sus carencias e insatisfacciones, las elecciones se realizaron y los ciudadanos pudieron votar sin impedimentos. Ahora llega la segunda instancia, cuando es necesario optar por uno de los dos candidatos más votados. De eso únicamente se trata: no hay terceras o cuartas alternativas, pues no puede haberlas: es un batolaje, no una elección.

Por lo que se ve, a no pocas personas y a algunas fuerzas políticas les resulta arduo entender esta diferencia. Mezclando peras con motores de combustión interna, creen ver coartada su libertad y ponen el grito en el cielo: “No pueden obligarme a optar entre dos tipos que no me gustan”.

Lamentamos informar que, justamente, de eso se trata y que, le guste o no, eso terminará haciendo todo votante, en forma consciente o inconsciente, ya que en el balotaje se computan únicamente los votos emitidos en forma positiva. El voto en blanco no es, no existe. Para decirlo en las truculentas palabras del teólogo existencial Jorge Rafael Videla, “No es, no está; está desaparecido”.

En rigor de verdad, la máquina de votación electrónica no debiera contemplar para el balotaje la posibilidad de voto en blanco o, en todo caso, tendría que llamar a esa casilla “papelera de reciclaje”, en razón de que esos votos ni siquiera se cuentan. Es como si en una votación tradicional, los votos en blanco fueran depositados no en una urna, sino en una máquina trituradora de papeles.

Así las cosas, por acción consciente, omisión o voto en blanco, el ciudadano no hace más que inclinarse por una de las dos opciones que surgieron del resultado electoral. En el caso puntual, sí o sí optará por Rodríguez Larreta o por Lousteau, así no concurra al comicio o vote en blanco. Su no voto o su voto en blanco beneficiará a quien cuente con mayores posibilidades de voto. Para el caso y hoy por hoy, Horacio Rodríguez Larreta.

Cualquiera está en su derecho a votar por Rodríguez Larreta, así como a hacerlo por Lousteau, pero sería bueno que se tratara de un acto consciente, que no crea estar haciendo una revolución cuando no hace más que votar al P​RO.

El voto en blanco, instrumento electoral de protesta si los hay, ¿contra quién iría dirigido en este caso? ¿Contra quién protesta quien vota en blanco en un balotaje? ¿Contra sí mismo, por no haber obtenido en número suficiente de votos?

Al ser una protesta difusa y directamente surrealista, y al no computarse, al no formar parte del resultado más que indirectamente (reforzando las chances del más votado) el voto en blanco en un balotaje resulta una tontería política asombrosa y una demostración de presuntuosidad y arrogancia individuales dignas de más útiles causas y mejores empeños​.


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11 comentarios

  1. Si el FPV lidera un voto en blanco contra la derecha en CABA – el combo Macri-Lusteau y Larreta que vamos a enfrentar en las nacionales – y salimos a militar ese voto en blanco, evitará invisibilizar a quienes no se asocian con esa derecha capitalina.
    Por eso:
    VOTEMOS EN BLANCO EN CAPITAL.
    Militemos el voto en blanco…que sea un voto de oposición real.
    Hagamos del voto en blanco una expresión de disenso en Capital que no se oculte en otro voto…
    Que sea nuestro NO a las políticas de Macri-Larreta-Lousteau y que apunte también a la nacional.
    VOTO EN BLANCO ES NO A LA DERECHA

  2. me gusta ese que escribió en la nota de Rouvier, necesitamos menos gritos y más reflexión.Esta nota es bien reflexiva, ahora si el voto en blanco es un instrumento electoral de protesta, se entiende que en el balotaje no. Pero entonces al formar parte del más votado, deja de ser protesta difusa, contra sí mismo o subrrealista, por lo tanto el voto en blanco se transforma en voto válido para el que tiene la mayoría, independientemente de las adjetivaciones (tontería política o demostración presuntuosa) que refieren a subjetividades del autor, no así el voto nulo?. para seguir pensando….

  3. El artículo está bien fundamentado y tiene mucho para tomar en cuenta. Pero no está bien el argumento ad hominem y encima colectivo de tontería y otros calificativos similares como presuntoso y arrogante. El llamado de Recalde “a votar” y a “votar por ninguno de los dos”, es un llamado que de ser tomado en cuenta solo puede resolverse con el VOTO EN BLANCO. Además, hice un esmerado fundamento de mi voto en blanco acá: https://www.facebook.com/EvaRow/posts/857477147675295?notif_t=like
    No dan los números para desplazar a Larreta. Y los VOTOS EN BLANCO no se cuentan para las proporciones pero SÍ SE CUENTAN para la información. Un voto en blanco orgánico en respuesta a Recalde, de ser un número grande, compensaría el impacto del porcentaje del 64% que Larreta obtendría si los votos de ambos fueran iguales a los que sacaron en la primera vuelta. La culpa del triiunfo de Larreta la tienen los pocos votos que sacó Lousteau y Recalde. Ambos, juntos sacaron menos que Larreta. Esa verdad es insuperable. Y tiraremos muchos kirchneristas a la basura cuando podrían sumar a los votos blancos contra el impacto del porcentaje de Larreta. Es una lástima que no se hayan adherido todos los kirchneristas a un voto en blanco tan significativo políticamente como podría serlo en esta oportunidad no importa la historia. YO VOTO EN BLANCO.

  4. Me gustó el artículo, pero no lo comparto porque menciona al Fûrer y a Videla. Entiendo que es en calidad de escepticismo, pero esas solas menciones nefastas me impiden compartir este texto entre mis amistades. Choca.
    Una pena.

  5. Muy buena nota y comparto mucho y agradezco la información que no conocía, pero… si hay un altísimo % de votos que van a la “papelera de reciclaje” (blancos o ausentes), eso no es invisible. Si vota un porcentaje muy bajo del padrón hay un mensaje bien claro.

  6. No entiendo por qué todo lo que se habla hace parecer que el voto en blanco SÍ contara en una elección común.
    Creo que favorece aún más al primero en una elección común que en el ballotage,m ya que al achicar el número neto de votos que suman el 100% positivo, son menos los votos necesarios para llegar al 50%+1 de los votos.
    Es decir, más voto al PRO fue el voto en blanco en la primera vuelta, que en el ballotage.

  7. Error grave señor Boot. Votar en blanco en un ballotage es restarle un voto a ambos, no favorece a ninguno de los dos. Gana el que saque la mitad mas un voto de entre los votos válidos y los blancos no se cuentan. La tontería es la suya de llamar tontos a quienes en todo caso no se dejan llevar por escritos falaces pretenciosos e irrespetuosos como el suyo.

  8. ESTE ARTÍCULO ES PROCLIVE A UNA EXPRESIÓN POLÍTICA IDENTIFICADA CON LOS NAZIS, CON LAS DECLARACIONES DE VIDELA Y LLAMA INDIRECTAMENTE A VOTAR EN BLANCO. NO CUESTA MUCHO PENSAR A QUIEN OBEDECE SU AUTORÍA… LES RECUERDO A UN ASESOR QUE QUERÍA CANDIDATOS PUROS.

  9. Es notable como los que desacreditan el voto en blanco necesitan mentir descaradamente y plantear obligaciones inexistentes:

    Teodoro dice “Ahora llega la segunda instancia, cuando es necesario optar por uno de los dos candidatos más votados. De eso únicamente se trata: no hay terceras o cuartas alternativas, pues no puede haberlas: es un batolaje, no una elección.”

    Es falso de toda falsedad y la prueba de que lo es se evidencia en que tenga que inventar un nuevo artículo de la Constitución porteña, que presuntamente impediría votar en blanco. Algo ostensiblemente falso. Boot, en lugar de hacer ese malabarismo sofístico debería decir cuál es el artículo de la Constitución que obligaría a optar por estos dos candidatos de Cambiemos. Y necesita violentar tanto la verdad que miente una vez más al decir que las elecciones se realizaron (?), cuando es público y notorio que no tenemos gobierno electo porque ningún candidato satisfizo el requisito exigido por la ley. Esto lo lleva a una conclusión que incluso contradice su propia intención, ya que si las elecciones se realizaron, entonces ganó Larreta, lo que cual haría abstracta su militancia por Lousteau.Teodoro degrada el debate político al apelar a tonterías inauditas, como asignarle al voto un significado conciente o inconciente, mezclando psicología berreta con argumentación falaz y política de engañifa. Un coctel letal. Para la antología del ridículo del debate político argentino.

    La elección terminará cuando tengamos un jefe de gobierno electo y hasta tanto eso pase, los ciudadanos seguimos disponiendo de la opción de votar a uno, al otro o a ninguno de los dos (derecho evidenciado por el mensaje de Recalde: hay que votar, pero los dos que se presentan son lo mismo, ergo….

    Evidentemente Teodoro no tiene ningún argumento, por eso tiene que recurrir al sofisma fácilmente desmontable. En el fondo es una admisión de impotencia política.

    Lo lamento porque escuché cosas más inteligentes de Boot y he leído notas muy interesantes en el blog del Pájaro Salinas. Ahora ambos se asocian para tender un manto de niebla sofística sobre el derecho inalienable del voto de los compañeros. ¿Les parece legítimo mentirles a compañeros? ¿No tienen ninguna razón que no sea una trampa para el lector para entusiasmar al voto a Lousteau?

    Así como quedó escrito, lo que Boot y Salinas difunden es un insulto a la inteligencia de sus lectores. Algo de Clarín ha quedado impregnado en cierta parte de la militancia kirchnerista.

    Una pena.

  10. Postdata: las preguntas con que pretende coronar su dislate (” ¿contra quién iría dirigido en este caso? ¿Contra quién protesta quien vota en blanco en un balotaje? ¿Contra sí mismo, por no haber obtenido en número suficiente de votos?”) son una bruma conspiranoica que se disipa con una respuesta sencilla: el que vota en blanco se manifiesta contra AMBOS candidatos.

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