COMPUTADORAS e INTERNET: De como Manuel me salvó de que Clarín me inmovilizara
Chesterton tenía una debilidad por los detalles que, observados con suficiente atención revelan asuntos de importancia. De haber vivido ahora y utilizado compus, PC u ordenadores, como dicen mis ancestros gaitas, supongo que habría extraído alguna enseñanza moral de lidiar con la perversidad de que una insignificante pestaña del navegador puede convertir una máquina saludable en agonizante.

Me acaba de ocurrir. Trabajaba urgido para hacer un informe sobre las elecciones generales que se celebrarán en Brasil en octubre, tan importantes para el futuro de toda Latinoamérica y tenia varias pestañas abiertas, cuando la compu entró en una lentitud exasperante, como si cada letra tipeada se hundiera en un frasco de dulce de leche antes de ser visualizada. Así, cada cambio de ventana parecía requerir un debate parlamentario.
Quede perplejo: mi compu tiene un disco sólido —un SSD— y el técnico que me auxilia, Manuel, le aumentó recientemente la memoria RAM de 4 a 8 gigabytes. De modo que reapareció la vieja sospecha de estar siendo atacado por un virus; o bien que Windows me estaba sometiendo a algún raro experimento, una actualización clandestina o quién sabe qué otro demonio digital.
Manuel, que viene dedicándose desde hace años a resolver esta clase de entuertos informáticos sin obligar previamente al damnificado a comprar media computadora nueva, prefirió mirar antes de adivinar.
Y apareció el criminal.
Era Clarín.
Para no cometer una injusticia tecnológica contra todo el diario, dos notas de Clarín que yo había dejado abiertas desde hacía dos o tres días. Una de ellas era, para mayor ironía, una entrevista hecha a un gran amigo, Julio Spina, autor de un libro muy importante de reciente aparición, Matar. La historia completa de la Triple A.
Al revisar Manuel los procesos internos de Firefox apareció un número bastante extraordinario: el proceso correspondiente a Clarin.com había llegado a reclamar unos 14 gigabytes de memoria y consumía aproximadamente una cuarta parte del procesador.
Repito: 14 gigabytes.
La computadora tenía ocho.
¿Cómo es posible? Manuel me explicó que la memoria de una computadora no termina exactamente donde termina la RAM. Cuando ésta se llena, Windows comienza a utilizar parte del disco como una suerte de memoria de emergencia, llamada archivo de paginación. Es una solución muy ingeniosa mientras se usa moderadamente. Pero cuando se la obliga a trabajar como estibador del puerto en un cuadro de Quinquela Martín, la máquina sigue funcionando, pero a ritmo de via crucis.
Windows mostraba el 92 por ciento de la memoria física ocupada; apenas unos 300 megabytes disponibles y 27 gigabytes de memoria comprometida entre RAM y paginación.
Manuel había encontrado la explicación de mi súbita ancianidad informática.
Quedó en pie una pregunta. ¿por qué una nota periodística abierta desde hacía días consumía semejante cantidad de recursos?
Hubo que analizar el código que estaba ejecutándose. Las páginas de los grandes medios están hoy lejos de ser aquellas inocentes páginas HTML de los primeros años de Internet. Mientras uno lee una nota aparentemente inmóvil pueden estar funcionando por detrás sistemas publicitarios, estadísticas de audiencia, recomendaciones, videos, rastreadores, subastas automáticas de anuncios y programas de terceros.
Alguno de esos componentes puede sufrir lo que los informáticos llaman una fuga de memoria: va reservando memoria para hacer su trabajo y, por un error, no la devuelve correctamente cuando deja de necesitarla. Como una persona que saca un libro de la biblioteca con mucha frecuencia pero olvida devolverlos.
Días después, la mesa está cubierta de libros.
También puede tratarse de una incompatibilidad circunstancial entre ese contenido y el navegador o de algún otro error. Pero lo cierto es que cerradas las dos pestañas de Clarín (también éstabamos interesados en la novela que sobre Aníbal Gordon publico Marcelo Larraquy) la computadora volvió inmediatamente a la normalidad.
No hizo falta el empleo de un antivirus milagroso. No hizo falta un formateo. Ni comprar otros Gigabytes. No hubo que llevar la notebook a un negocio durante tres días para que regresara misteriosamente “optimizada”.
Se cerraron dos pestañas, eso fue todo.
Y pude terminar mi trabajo en tiempo y forma..
Lo cuento porque esta experiencia quizá les ahorre tener que comprar una compu nueva. Y para recomendar a Manuel, que encontró el problema y lo solucionó.
Porque hay una diferencia considerable entre el técnico que frente a una computadora lenta prescribe inmediatamente memoria, disco, reinstalación o sacrificio ritual del aparato, y el que se pregunta qué está ocurriendo y lo resuelve..
Manuel hace soporte informático para particulares, periodistas y profesionales: computadoras lentas, Windows, navegadores, Wi-Fi, correo, programas, páginas web y otros innumerables inconvenientes menores que, cuando uno esta urgido por la entrega de un trabajo dejan de ser menores.
Manuel encontró qué estaba haciendo lenta la máquina y lo resolvió sin que tuviera que ganar un peso.
Y en los tiempos que corren, tanto en informática como fuera de ella, no me parece una virtud desdeñable.
Si tu computadora anda lenta, se cuelga o algo dejó de funcionar, vale la pena consultarlo. Ofrece asistencia informática para particulares y profesionales, diagnóstico, Windows, navegadores, Wi-Fi, correo, WordPress y soporte remoto.
Primero hay que averiguar qué esta pasando. Recién después, si fuera menester, gastar.
El teléfono de Manuel (también WhatSSap) es 11-5872-0468
