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EEUU – DROGAS: La CIA está involucrada en el tráfico a gran escala desde su creación

Lo que prueba cuan ridículo es el pretexto de Trump de que el bloqueo a Venezuela y los asesinatos de tripulantes de lanchas en el Caribe persiguen extrangular el trasiego de drogas hacia Estados Unidos, cuando eso siempre ha estado regulado por sus agencias federales. Esta trabajo publicado en CounterPunch en noviembre de en 2014 no tenía hasta ahora traducción al español.

La CIA y las drogas

Una historia de encubrimientos

Curiosamente este libro, cuya investigación le valió a su autor ganar el Premio Pulitzer. nunca fue publicado en castellano.

POR DOUGLAS VALENTINE*

Gary Webb fue un buen investigador. Vinculó a un narcotraficante de Los Ángeles, a través de proveedores de los Contras nicaragüenses, con oficiales de la CIA y políticos republicanos. Su editor, fascinado, se dejó llevar por la historia, y la serie «Dark Alliance» tuvo un gran impacto en la población estadounidense y particularmente en la afroamericana, que tuvo la evidencia de que la clase dominante seguía siendo tan racista como en tiempos de la esclavitud. Webb clavó una estaca en el corazón maligno de la «seguridad nacional» y expuso a los contactos de la CIA en los principales medios de comunicación. Lo que resultó imperdonable. Sufrió enormes presiones, esos grandes medios reescribieron la historia y Webb, desesperado, aparentemente se habría suicidado (N. del E.: con dos disparos en la cabeza) y eso que Webb solo había revelado una pequeña parte de la historia.

La cruda realidad es que el gobierno de Estados Unidos siempre manejó gran parte del negocio ilícito internacional de la droga, y lo hizo desde mucho antes de que existiera la CIA. Abundan los casos documentados, como el Escándalo del Opio de 1927, en el que un ex fiscal estadounidense en Shanghái proporcionó a un caudillo chino 6500 fusiles Máuser a cambio de opio por valor de medio millón de dólares de entonces. Dos años después, inspectores de aduanas estadounidenses encontraron una enorme cantidad de opio, heroína y morfina en el equipaje de la Sra. Kao, esposa de un funcionario nacionalista chino en San Francisco. Entonces el secretario de Estado Henry L. Stimson expulsó del país a una red de diplomáticos narcotraficantes del gobierno que presidía (en Nanjing) Chiang Kai-shek (que controlaba solo algunas provincias del sureste del país).

El Departamento de Estado también protegió en 1934 a una red de narcotraficantes, lo que produjo la entrada masiva de heroína a Nueva Orleans. Dos historiadores dijeron sobre el caso hondureño de Drogas por Armas: “La defensa del hemisferio occidental contra las potencias del Eje… redujo a la insignificancia los intentos de vincular al personal directivo de una importante aerolínea de carga con el contrabando”. [i]

Dicho de otro modo: Como fue desde un principio, es ahora y siempre será: el poder de la clase dominante reside en gran medida en su control del submundo criminal. Ya desde 1947 –año de su creación– la CIA tuvo  tenido la tarea de promover y proteger las redes clandestinas del tráfico de drogas. Consideremos, por ejemplo, el embate de la Oficina Federal de Narcóticos (FNB) contra Bugsy Siegel, que incluyó a Lucky Luciano y Meyer Lansky, quienes habían proporcionado sus servicios al gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.

El tráfico comenzó en 1939, cuando Estados Unidos aún no había entrado en la guerra. Fue cuando, a petición de Lansky, la atractiva Virginia Hill (foto) se mudó a México y sedujo a varios de los principales políticos, oficiales del ejército, diplomáticos y policías del país [ii]. Hill llegó a ser dueña de un club nocturno en Nuevo Laredo y viajaba frecuentemente a la Ciudad de México con la médica abortera Margaret Chung, miembro honoraria del Hip Sing T’ong y médica de cabecera de los Flying Tigers, la aerolínea privada que el gobierno estadounidense fundó para transportar suministros a las fuerzas de Chiang Kai-shek en Kunming, una ciudad descrita como infestada de espías y opio.

Como bien sabía la FBN, la Dra. Chung estaba involucrada en el narcotráfico en San Francisco.[iii] Chung recibía grandes pagos en efectivo de Siegel y le entregaba heroína a Virginia Hill en Nueva Orleans, Las Vegas, Nueva York y Chicago. Y, sin embargo, a pesar de que los agentes del FBN de la Costa Oeste la mantuvieron bajo vigilancia durante años, nunca pudieron presentar cargos en su contra, ya que Hill contaba con la protección del estamento militar. De hecho, el asesinato de Siegel en 1947 (y en la mansión que compartía con Hill) parece haber sido un golpe del gobierno con el objetivo de para proteger su operación de narcotráfico autorizada por el Kuomintang (KMT) y la mafia desde México.

Peter Dale Scott observó que, justo después del asesinato de Bugsy, el servicio de inteligencia, la Dirección Federal de Seguridad de México (DFS, disuelta en 1985) estableció relaciones con el principal narcotraficante mexicano, momento en el que la CIA «se vio envuelta en las intrigas del narcotráfico y la protección de la DFS». Lo cierto es para 1950, los narcotraficantes mexicanos recibían narcóticos de la conexión Lansky-Luciano, que se extendía hasta el Lejano Oriente.

La participación de la CIA en el narcotráfico del Lejano Oriente la heredó de su organización predecesora, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), que suministraba opio iraní a las guerrillas birmanas que luchaban contra los japoneses. Esto no es ningún secreto: el general William Peers, comandante del Destacamento 101 de la OSS en Birmania, confesó en su autobiografía: «Si el opio pudiera ser útil para lograr la victoria, el patrón estaba claro: lo usaríamos». [iv]

El jefe de la OSS, William Donovan, y el jefe de inteligencia de Chiang, el general Tai Li, se esforzaron por controlar el narcotráfico en China durante la guerra. Para garantizar la seguridad de las operaciones de contrabando del KMT, los estadounidenses enviaron un equipo a Chungking para entrenar a la policía política secreta de Chiang. El jefe del equipo, Charles Johnston, fue descrito como alguien que había pasado quince años «en el negocio de los narcóticos». [v]

El equipo de Johnston y los agentes de Tai Li trabajaron en estrecha colaboración con Du Yue-sheng, el narcotraficante designado por Chiang. Los agentes de Tai Li escoltaron las caravanas de opio de Du desde Yunnan hasta Saigón, donde el Kuomintang utilizó las operaciones de la Cruz Roja como fachada para vender opio a los japoneses. Dado que la seguridad nacional siempre prima sobre la aplicación de la ley antidrogas, esta operación contó con la misma inmunidad que el Destacamento 101 de la OSS.

Después de la guerra, los estadounidenses no hicieron nada para impedir que los franceses importaran toneladas de opio de Laos y lo vendieran en el mercado negro para financiar su guerra colonial contra los vietnamitas. Durante una visita a Saigón en 1948, un agente del FBN informó que el opio era “la mayor fuente de ingresos” de los franceses.[vi]

Las operaciones antidrogas de la CIA dieron un gran salto en 1949, cuando Mao persiguió a Chiang hasta Taiwán, donde los gánsteres del KMT masacraron a miles de personas y establecieron una red mundial de narcotráfico. Para facilitar esta conspiración criminal en nombre de la libertad y la democracia, funcionarios estadounidenses eximieron a una filial de la Corporación Mundial de Comercio de William Donovan de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros, para que pudiera suministrar al KMT todo tipo de material, desde máscaras de gas hasta aviones. Esta filial fue acusada de contrabando a Estados Unidos. Parte del contrabando provenía sin duda de la 93.ª División del KMT, que había huido de Yunnan a Birmania en 1949. A cambio de lanzar incursiones encubiertas en China, se permitió a estas emprendedoras fuerzas del KMT cultivar y exportar opio al mercado negro de Bangkok y Hong Kong. De la misma manera que el lobby israelí chantajea y soborna al Congreso para lograr sus fines criminales, el lobby chino-estadounidense atacó a los críticos del KMT y lanzó una campaña de propaganda masiva acusando a la República Popular como origen de toda la droga ilícita que llegaba a San Francisco.

Para facilitar el tráfico de drogas enviadas por la tropa del KMT en Birmania, el lobby chino recaudó cinco millones de dólares de fondos privados, dinero que la CIA utilizó para crear su aerolínea de contrabando de drogas, Civil Air Transport (CAT). El ya mencionado general Peers, jefe de la estación de la CIA en Taipei, organizó el apoyo de la CAT a las incursiones del KMT desde Birmania hacia Yunnan, lo que permitió al KMT comercializar «un tercio del suministro ilícito de opio del mundo».[vii]

Cuando en 1953 Birmania acusó al KMT de contrabando de opio, la CIA solicitó «una evacuación rápida para evitar la filtración de información sobre su negocio». El Departamento de Estado anunció que la CAT estaba trasladando tropas del KMT por aire a Taiwán, pero la mayoría permaneció en Birmania o fue reubicada en el norte de Tailandia con el consentimiento del principal policía y narcotraficante tailandés. El embajador estadounidense, William J. Sebald, no se dejó engañar por esta artimaña y preguntó retóricamente si la CIA había abandonado deliberadamente a las tropas del KMT en Birmania para continuar con “el negocio del contrabando de opio”.[viii]

Sobornar a la Policía

La del imperio de drogas de la CIA es la más encubierta de todas las historias encubiertas de la historia de los Estados Unidos, aunque los hechos básicos están disponibles en libros como The Politics of Heroin in Southeast Asia de Al McCoy y The Secret Army de Richard M. Gibson.
Inicialmente el encubrimiento dependía de la capacidad de la CIA para sobornar a FBN que,  a medida que el conflicto en Vietnam se intensificó, se vio obligada a investigar el flujo de drogas desde el Lejano Oriente hacia los Estados Unidos. Así, en 1963, la FBN envió al agente Sal Vizzini a Tailandia para abrir una oficina en Bangkok. Como Vizzini me dijo, “La aduana ya estaba en Vietnam, pero solo con la misión de ayudar a los soldados. Por lo que nada incomodaba a la CIA es su protección a los envío de drogas a sus señores de la guerra”- Lo dicho por Vizzini se confirmó el 30 de agosto de 1964, cuando el mayor Stanley C. Hobbs fue atrapado in fraganti contrabandeando 57 libras de opio desde Bangkok hacia un grupo de oficiales de Vietnam del sur destacados en Saigón.

Hobbs había volado a Saigón en la nueva aerolínea de la CIA dedicada al contrabando de drogas, Air America. El consejo de guerra de Hobbs se llevó a cabo en secreto y los testigos de su defensa fueron todos oficiales del ejército de EE UU y de la inteligencia de Vietnam del Sur. Los registros del juicio se extraviaron y Hobbs fue multado con apenas tres mil dólares y suspendido de cualquier ascenso durante cinco años. Como correo de drogas de la CIA no cumplió ninguna condena.

El comisionado de la FBN le escribió una carta al senador Thomas J. Dodd pidiéndole más información sobre Hobbs. Pero Dodd chocó con un muro de silencio, que dejó claro que la CIA podía subvertir la aplicación de las leyes antidroga en el más alto nivel legislativo.

General Vang Pao. Convicto por tráfico de drogas, obtuvo refugio en EEUU donde se le impuso su nombre a una escuela.

Más tarde, en 1963, el agente de la FBN Bowman Taylor reemplazó a Sal Vizzini en Bangkok. Taylor era famoso por haberse infiltrado en Laos y elaborado un caso contra el teniente general Vang Pao, a cargo del ejército privado de la CIA, compuesto por tribus indígenas dedicadas al cultivadoras de adormideras y su conversión en opio. Sin conocer la identidad de la persona a la que le compraría, organizó una compra encubierta  y fue al encuentro del traficante cubierto por la policía de Vientián, la capital de Laos. Pero cuando el vendedor salió de su coche y abrió el maletero, y los policías vieron que era Vang Pao, se dieron a la fuga, dejándolo solo.

“Sí, denuncié a Vang Pao y como resultado me expulsaron del país,” reconoció Taylor. “El primer ministro le devolvió su Mercedes Benz y su base de elaboración de morfina, y la CIA lo envió a Miami por seis meses para que se calmara. Escribí un informe al Comisionado, pero cuando este se dirigió a la CIA le dijeron que el incidente que yo había denunciado nunca habóa ocurrido.

“Los jefes de estación (de la CIA en Vientián) dirigían las cosas en el sudeste asiático,” señaló Taylor, y añadió que el primer secretario en la Embajada de Vietnam en Bangkok tenía una aerolínea privada para contrabandear drogas a Saigón, como la CIA sabía perfectamente. “Intenté atraparlo, pero no tuve ayuda. La CIA apoyaba activamente a la Policía Fronteriza de Tailandia,  que estaba involucrada en el tráfico.”

Taylor se encogió de hombros y remató:  “La CIA haría cualquier cosa para alcanzar sus objetivos.”

La Red de Inteligencia Estratégica 118A

La CIA no solo protegía a los caudillos vietnamitas, a sus socios corsos y a sus ejércitos privados de cultivadores de opio en Laos, Birmania y Tailandia, sino que también gestionaba la caravana que transportaba opio al mayor mercado del mundo, Houei Sai, Laos.

En 1991, en Chiang Mai, en el norte de Tailandia, entrevisté a William Young, el oficial de la CIA que organizó la operación. Hijo de un misionero estadounidense en Birmania, Young había aprendido los dialectos locales antes de dominar el inglés. Durante la Segunda Guerra Mundial, su familia se vio obligada a mudarse a Chiang Mai, donde su padre enseñó a William Donovan los entresijos del negocio del opio en la región.

Tras un período de servicio con el Ejército estadounidense en Alemania, Young fue reclutado por la CIA y, en 1958, fue destinado a Bangkok y posteriormente a Chiang Mai. Desde Chiang Mai, Young dirigió a una serie de oficiales de la CIA hacia las aldeas laosianas y birmanas estratégicamente ubicadas que con el tiempo servirían como bases de la Agencia.

Fue Young quien presentó al general Vang Pao a su primer agente de caso oficial de la CIA. Desde su cuartel general en la base aérea de la CIA en Long Tieng, al sur de la Llanura de las Jarras, rica en opio, Vang Pao reclutó a 30.000 miembros de tribus, muchos de ellos de tan solo 13 años, en un ejército secreto para luchar contra el Pathet Lao y sus aliados vietnamitas.

A cambio de vender a su gente como carne de cañón, a Vang Pao se le permitió amasar una fortuna vendiendo opio. Gran parte de la intermediación se realizaba en la aldea de Houei Sai, en el oeste de Laos. El testaferro de Pao era el jefe de la tribu local Yao, pero entre bastidores, Young era intermediario entre Pao, los principales generales y políticos laosianos y los generales del KMT en Birmania. País en el cual sus generales operaban puestos clandestinos de escucha de radio de la CIA en Birmania y, a cambio, se les permitía transportar el 90% del opio que llegaba a Houei Sai.

Fue un acuerdo feliz hasta octubre de 1964, cuando los chinos detonaron una bomba atómica en Lop Nor. Ese evento crucial destacó la necesidad de una mejor inteligencia dentro de China, y ello resultó en que la CIA le ordenara a Young que estableciera  una red de inteligencia estratégica en Nam Yu (también conocida como Base 118), a pocos kilómetros al norte de Houei Sai. El propósito de la Red de Inteligencia Estratégica 118A era utilizar una caravana de opio organizada por el KMT para introducir agentes en China. Los que Young colocó en la caravana eran sus amigos de la infancia, Moody Taw e Isaac Lee, miembros de la tribu Lahu. Young los equipó con cámaras, y en China fotografiaron a ingenieros chinos construyendo una carretera hacia la frontera tailandesa, y a los soldados chinos que se congregaban en ella. Conocer el número y la ubicación de estas tropas ayudó a la CIA a trazar una estrategia para combatir la guerra de Vietnam.

Entre 1962-1965: O’Jibway a la izquierda, al parecer con miembros de la Policía Fronteriza Tailandesa (arrodillado a la derecha) y guerrilleros laosianos. Cortesía de Teresa O’Jibway Cook.

Una vez que la red 118A estuvo en funcionamiento, Young se la entregó al oficial de la CIA Lou Ojibway, un fornido indígena chippewa que revistó tanto en la OSS como en la CIA. Tras su asesinato y desaparición en el verano boreal de 1965, tomó el mando Anthony Poshepny. Veterano de la Marina que sirvió con la CIA en Indonesia y el Tíbet, «Tony Poe» fue el modelo, calvo y robusto, del Coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando, en Apocalypse Now!

Poe también ejerció de figura paterna para los oficiales subalternos de la CIA (incluido Terry Burke, futuro jefe interino de la DEA) que comandaba en las selvas de Laos. Cuando entrevisté a Poe en Udorn, Tailandia, en 1991, dijo que «odiaba» a Vang Pao porque le  vendía armas a los comunistas. Pero Poe era un hombre de negocios y se aseguraba que la parte del opio de la CIA se entregara desde Nam Yu al aeródromo de Houei Sai.

El opio se envasaba en bidones de petróleo, se cargaba en C-47 y era transportado por mercenarios del KMT al Golfo de Siam. Los bidones se arrojaban al mar y eran recogidos por cómplices en sampanes que esperaban en coordenadas específicas. Seguidamente el opio se transportaba a Hong Kong, donde los químicos del KMT lo convertían en heroína y lo vendían a la mafia y a los corsos.

En un informe fechado el 27 de enero de 1996, el agente del FBN, Albert Habib, citó al oficial de la CIA, Don Wittaker, quien le confirmó el lanzamiento de bidones de opio al Golfo de Siam desde aviones procedentes de Laos. Wittaker identificó al químico a cargo de «la cocina» en Houei Sai y señaló a los líderes locales de Yao como los proveedores de opio.

Para cuando ese mismo año 1966 el agente del FBN, Douglas Chandler, llegó a Bangkok, la existencia de la caravana de opio 118A de la CIA era un hecho conocido. Recordó que «Un intérprete me llevó a conocer a un caudillo birmano en la ciudad de Chiang Mai, Tailandia. Hablando un inglés perfecto, el caudillo dijo ser graduado de la Universidad Estatal de Michigan y nieto del rey de Birmania. Luego me invitó a viajar con la caravana que traía opio de Birmania»

Chandler hizo una pausa para resaltar lo que dijo a continuación: «Cuando envié la información a la CIA, hicieron la vista gorda, y cuando se lo conté a la embajada, se pusieron furiosos. Teníamos agentes en la caravana que sabían dónde se encontraban los laboratorios de heroína del Kuomintang». Pero el Kuomintang era un ejército uniformado y equipado con armas modernas, así que el gobierno tailandés los dejó en paz.

Bill Young circa 1963

Como lo describieron Young y Poe, la Red de Inteligencia Estratégica 118A era el canal privado de drogas de la CIA para sus socios de la mafia en Hong Kong: gente como Santo Trafficante Junior, el jefe de la mafia que la CIA contrató para asesinar a Fidel Castro y al que protegió desde entonces. Lo mismo ocurre hoy en Afganistán, con la DEA encubriendo a la CIA y al ejército, tal como lo hizo el FBN en la década de 1960.

Lo que nos lleva de vuelta a Gary Webb. La CIA no estaba contenta de que Poe y Young estuvieran hablando. A Poe le ordenaron que se callara después de su charla conmigo, y lo hizo. Pero Young vendió su historia a un importante estudio de Hollywood por 100.000 dólares. Y eso fue imperdonable. El Día de los Inocentes de 2011, la policía tailandesa encontró su cadáver de Bill Young. Estaba perfectamente arreglado, con una pistola en una mano y un crucifijo en la otra. ¿Quizás él también estaba deprimido?

Lo  más deprimente es que nuestro corrupto gobierno, con la complicidad de los medios de comunicación tradicionales, pretendan que la CIA NO trafica drogas.

* Doug Valentine es el autor de The Strength of the Wolf: The Secret History of America’s War on Drugs («La fuerza del lobo: La historia secreta de la guerra estadounidense contra las drogas) y The Strength of the Pack: The Personalities, Politics, and Espionage Intrigues that Shaped the DEA («La fuerza de la manada: Las personalidades, la política y las intrigas de espionaje que moldearon a la DEA».

Notas

[i] Douglas Clark Kinder y William O. Walker III, «Fuerza estable en una tormenta: Harry J. Anslinger y la política de narcóticos de Estados Unidos, 1930-1962», The Journal of American History, volumen 72, n° 4, marzo de 1986, pág. 919.

[ii] Ed Reid, «La amante y la mafia», pág. 42.

[iii] Reid, «La amante», pág. 90.

[iv] William Peers y Dean Brellis, «Tras la carretera de Birmania», Boston: Little Brown, 1963, pág. 64.

[v] Milton Miles, Una guerra diferente, Nueva York: Doubleday, 1967.

[vi] William O. Walker, Opio y política exterior, University of North Carolina Press, 1991, pág. 177.

[vii] Burton Hersh, Los veteranos: La élite estadounidense y los orígenes de la CIA, Nueva York: Charles Scribner’s Sons, 1992, pág. 300.

[viii] Walker, Opium, p. 210.

 

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