ONU – COLOMBIA. Gustavo Petro le «cantó las cuarenta»* a Trump
Un discurso que hará historia:
«Si muere Gaza, muere la Humanidad»
El inicio de la Asamblea General de las Naciones Unidas (a la que Estados Unidos prohibió la asistencia de los representantes de la Autoridad Palestina) tuvo como picos de mayor interés los discursos de los presidentes de Colombia, Gustavo Petro, de Brasil, Luis Inacio «Lula» Da Silva y de Turquía, el ex gángster Recep Tayyip Erdogan, que al igual que los anteriores denunció el «genocidio» que está perpetrándose en Gaza y pidió un inmediato alto el fuego.
También es de interés la reacción de Trump, que ordenó a la delegación de su país, el anfitrión, retirarse en medio del discurso de Petro, a la vez que arremetió contra la ONU (que, si tuviera agallas, ante tanto destrato debería mudarse a Ginebra), la inmigración irregular que sus políticas y las de otros países desarrollados, antiguas colonias, han provocado con sus políticas, las energías «verdes» y el masivo reconocimiento de un hoy inexistente Estado palestino, que calificó de «premio» a Hamás.*
El discurso de Lula, que hizo eje en la soberanía de Brasil y la que deben preservar y defender todas las naciones que se respeten a si mismas ha sido muy importante y trataremos de destacarlo en cuanto tengamos un poco de tiempo, pero hoy me interesa especialmente el de Petro. Lo hago sin pretender una imparcialidad imposible. Desde fines de los años ’80 sigo atentamente la historia del Movimiento 19 de Abril (M-19) al que Petro perteneció siendo muy jovencito, con una gran simpatía por el proceso en el que dejó las armas. El M-19, emparentado de varias maneras con las expresiones guerrilleras del peronismo proscripto tuvo una impronta chévere desde su fundación por Jaime Bateman y muchas víctimas, entre ellas quizá la más conocidas sean las de Álvaro Fayad y Carlos Pizarro, quien fue asesinado en 1990 por sus custodios del Ministerio del Interior cuando era candidato a la Presidencia. Los tres, como otras muchas decenas de militantes, perecieron asesinados.

Recomiendo dos libros que me acercaron a ellos, M-19, El heavy metal latinoamericano, de Ángel Beccasino, y Siembra vientos y recogerás tempestades, de Patricia Lara. Si por ventura interesa la historia del M-19, remítase a Arjaid Artunduaga, un fundador de la organización. celoso custodio de ella y autor de una larga serie de videos (Aquí, el correspondiente a la acción inicial del M-19 al darse a conocer: el robo de la espada de Bolivar, evidentemente una réplica del robo de la espada de San Martín por la Juventud Peronista del Museo de Parque Lezama en 1963).
Colombia es una trágica, bellísima nación, hundida en la violencia desde hace tres cuartos se siglo, con el mejor gobierno en todo ese largo tiempo, con cinco bases militares de los yanquis en su territorio y con un Trump que sigue acusándola falsamente de promover el narcotráfico.
En su discurso, Petro acusó de asesino a Trump por ordenar el hundimiento por misiles de varias pequeñas embarcaciones y la muerte de todos sus tripulantes, nunca identificados, acusándolos sin pruebas de ser narcotraficantes cuando lo más probable es que se tratara de jóvenes colombianos muy pobres (y desinformados acerca de lo que está ocurriendo con los inmigrantes en el territorio de la unión) deseosos de arribar a las costas de Florida, Louisiana o Texas y mejorar sus paupérrimas existencias.
Petro defendió con datos certeros su política antidrogas, repudió el bloqueo marítimo que sufre Venezuela, denunció el genocidio en Gaza, del que consideró cómplice a Trump, al que llamó «tirano» y propuso la conformación de una fuerza militar internacional que repela a los invasores israelíes y proteja la vida de los palestinos que están siendo exterminados. «Es un genocidio y hay que gritarlo una y otra vez», subrayó.
El discurso de Petro me recordó otros en el mismo escenario hoy poco recordados como los de Fidel, Chávez y Gadafi, que la historia volverá a poner en valor más temprano que tarde.
En cambio, ya hoy mismo, nadie recuerda los dichos de Milei, que mañana será una anécdota insólita y bizarra, como la jefatura del emperador Calígula.
NOTA:
*Según la IA de Google: «Cantar las cuarenta» significa regañar o reñir a alguien con razón por algo que hizo mal, especialmente cuando la persona sabe que se ha equivocado. La expresión proviene de un juego de cartas llamado tute, donde «cantar las cuarenta» ocurre cuando un jugador obtiene el caballo y el rey del mismo palo, jugada de gran valor que otorga 40 puntos.

A raíz del formidable discurso de Gustavo Petro en la ONU y que destacás en esta nota donde también mencionás el hecho de haber seguido su trayectoria desde los tiempos del M19, me sentí reconfortado por la coincidencia. Yo viví , con alternancias unos diez años en ese maravilloso y conflictivo país y lo seguí y apoyé a Petro desde su gestión al frente de la alcaldía de Bogotá. En ese tiempo escribí unas cuarenta notas sobre Colombia y Petro, una de las cuales fue una entrevista a María José, hija del comandante Carlos Pizarro, cuando recién empezaba su carrera política y en ese momento se postulaba a la cámara de representantes. Fue ella la que le entregó la banda a Petro, con la imagen de su padre en la espalda. En mi última entrada en mi blog donde hago mención a la condena del «Matarife» Uribe, y donde comparto dos notas que subiste a Pájaro, agrego los enlaces a esas notas mías por si a algunos de tus lectores o a vos te puedan interesar. Abrazo y me alegro por las coincidencias.
https://albertointendente2011.wordpress.com/2025/08/04/colombia-la-estrella-del-uribismo-empieza-a-apagarse/
Me alegra mucho la coincidencia y leere atentamente tus notas. El M-19 de Bateman y compañía (incluso algén peronista como Toledo Plata) concitó en mi una intensísima simpatía.