UNIVERSIDAD, SIONISMO Y LAMECULOS. Antecedentes de un abyecto servilismo a los genocidas
Alejandro «El Gallego» Álvarez fue el jefe indiscutido de Guardia de Hierro, un grupo fiel a Perón que él mismo disolvió cuando el general y entonces Presidente murió. Antes había encabezado la Mesa del Trasvasamiento Generacional junto a Roberto «Pajarito» Grabois, jefe del FEN (Frente Estudiantil Nacional) y en sus comienzos con Dardo Cabo del Movimiento Nueva Argentina (MNA). Poco después Cabo se pasó a Descamisados, organización que poco después se sumó a Montoneros.
A diferencia de los militantes de Montoneros, que fueron ferozmente reprimidos por la dictadura genocida, ex militantes de GH consiguieron ser protegidos por el almirante Massera y, ya en democracia, muchos de ellos integraron los planteles de distintos gobiernos.
Pero si hubo una actividad que unió a GH y afluentes con Montoneros y los suyos fue la reiterada exhibición clandestina durante la dictadura de los generales Onganía, Levingston y Lanusse del documental «La hora de los hornos», del Grupo Cine Liberación y más específicamente de Fernando «Pino» Solanas y Octavio Getino, una actividad riesgosa ya que los militares la consideraban «subversiva».
No se me ocurre mejor comparación con el film documental «La gran Palestina», del mexicano Rafael Rangel estrenado en su país a fines del año pasado y al que le deseo la enorme difusión que tuvo La hora de los hornos, que recién pudo estrenarse en los cines en 1973. La Gran Palestina es la segunda parte de una proyectada trilogía que su productora, Insurrección Films, presentó diciendo que «aborda el conflicto en la Franja de Gaza desde las entrañas del lugar, y se ocupa sin estadísticas ni voces especializadas de su bombardeo y destrucción. La saga se concentra en la terrible y devastadora situación del pueblo palestino, el sufrimiento de los heridos y de quienes perdieron todo, el desplazamiento masivo, la llegada al refugio de Rafah en el sur, también bombardeado…». Pero que seguidamente se cura en salud al agregar que todo eso tuvo lugar «a raíz de la respuesta de Israel al artero ataque llevado a cabo por Hamás y civiles palestinos el 7 de octubre de 2023, en el que fueron asesinados 1200 israelíes y secuestrados 220, hoy día en su mayoría muertos o en calidad de desaparecidos». Sin cargar las tintas sobre un hecho tan evidente como que Netanyahu se desentendió de la suerte de los rehenes, muchos de los cuales murieron a causa de los devastadores bombardeos israelíes.

La Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (a la que le agradezco que en dos oportunidades me haya invitado a presentar mis libros) organizó una proyección con un debate posterior que tuvo como principales protagonistas a dos filósofos judíos argentinos, Silvana Rabinovich, de la UNAM, y Federico Donner, de la UNR. Ambos pasaron de abrazar la causa sionista a denunciarla por el exterminio del pueblo palestino. Donner está vinculado al movimiento del “tercer cine”, del que Rangel forma parte.

La proyección y el subsiguiente debate provocó una virulenta reacción del Secretario de Políticas Universitarias de este gobierno: nada menos que el hijo homónimo del Gallego Álvarez, quien no hace mucho se presentaba como militante peronista. Se trata, además de un tránsfuga (al estilo de la garrochista Bullrich) que para acceder al cargo se presentó como profesor titular de la UBA sin serlo… lo que no puede extrañar demasiado ya que Milei también se presenta como «doctor» sin serlo.
Estrechamente vinculado a Santiago Caputo, quien controla la SIDE, es lógico sospechar que además de su sueldo, el Galleguito debe recibir «en negro» un sobresueldo proveniente de los cuantiosos fondos reservados del organismo.
Lo cierto es que el Galleguito se alejó tanto del peronismo como del catolicismode su padre para recalar en las animosas «Fuerzas del cielo».

El Galleguito ha tenido el tupé de enviarle al rector de la UNR, Franco Bartolacci, una carta titulada «Promoción de un grupo terrorista» en el que aduce que «La gran Palestina» fue rodada contando con la colaboración de un “Movimiento de Resistencia Islámica” que sería «el nombre original o alias del grupo terrorista HAMAS, conforme surge del Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET)».

Sigue Alvarez diciendo que la película promovería «el enaltecimiento, justificación o glorificación pública de actos terroristas o de quienes hayan participado en su ejecución» y su proyección «sería responsabilidad suya y de las autoridades universitarias involucradas, (que) serían pasibles de la comisión de los delitos expresamente previstos en el Código Penal».

Desde ya, no parece que el Galleguito haya visto la película, que se ha hecho con la colaboración de gazatíes que le remitían videos a Rangel, ya que ni éste ni sus colaboradores directos pudieron ingresar nunca a la devastada Gaza, sitiada por las tropas israelíes.
El Galleguito le exige al rector Bartolacci que «adopte las medidas administrativas necesarias a fin de evitar (que) se repita este repudiable accionar en la institución a su cargo y que se impongan las sanciones que correspondan a quienes promovieron esta convocatoria» y que se informe a esta Subsecretaría las actuaciones administrativas, medidas disciplinarias y sanciones realizadas por la Universidad».
¡Si será forro! Y no sólo por servir de instrumento al Estado Genocida de Israel y a la DAIA, sino también porque Álvarez y Milei se encuentran en flagrante violación de la ley a no efectivizar el presupuesto universitario tal como se lo ha ordenado el Congreso (al ratificar la Ley de Financiamiento Universitario) y la Corte Suprema. También porque en Argentina las universidades son autónomas y ni él ni Milei tienen la potestad de interferir en sus actividades, programas y contenidos.
