AMIA – NISMAN / 3. Juicio por el encubrimiento: Kollman le tira el fardo a Roman Lejtman, que se ahoga en su «fuente»

«Tuni Kollmann descargó todas las responsabilidades en Roman Lejtman», sintetizó un periodista que presenció la larga declaración del periodista de Página/12 el pasado primero de septiembre. En su momento (1997), Kollmann tuvo el tino de bajarse del proyecto de enmascarar con un libro escrito a cuatro manos entre ambos“»la confesión»”de Carlos Telleldín acusando falsamente a un grupo de policías bonaerenses, tal como se comprobó en el largo juicio culminado hace una década. Aquella era una maniobra pergeñada por el jefe de Gabinete, Carlos Corach, para enmascarar el pago de 400.000 pesos/dólares de los fondos reservados de la SIDE a Telleldín. Que fracasó porque ninguna editorial argentina le hubiera pagado esa suma -¡ni la mitad!- ni siquiera a Gabriel García Márquez.

Lo que sigue es la descripción de la audiencia realizada el 1º de septiembre tal como la extraje de Emet Digital:

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Tuni Kollmann. Se bajó a tiempo.

Kollmann declaró por espacio de tres horas y media. «Si bien las referencias a la comunidad judía estuvieron muy lejos de ocupar el centro de su testimonio, su impacto las convirtió en el aspecto más resonante del día, al punto que motivó el primer pedido de careo entre un testigo y un imputado.»

«Tuve una reunión con (el entonces titular de la DAIA, Rubén) Beraja en su oficina del Banco Mayo (que encabezó hasta su liquidación, en 1998) y me dijo que la comunidad debía disculparse con (el presidente Carlos) Menem porque le había hecho mucho daño, pero yo no lo publiqué para protegerlo porque estaba muy ‘en falsa escuadra’ y le tenía cariño”, dijo Kollmann ante los constantes cuestionamientos de la defensora de Beraja, Valeria Corbacho, quien pidió confrontar a ambos cuando los jueces lo determinen.

Kollmann dijo que el punto de quiebre fue el 3er. aniversario del atentado, cuando Laura Alche de Guinsberg, en nombre de los familiares de las víctimas, arremetió contra el gobierno nacional y el provincial, mencionando explícitamente al presidente Carlos Menem y al gobernador Eduardo Duhalde. Entonces, al intentar hablar a la concurrencia, Rubén Beraja, fue interrumpido por una rechifla generalizada.

Poco después, y en compañía de otros dirigentes de la DAIA, Beraja se apersonó en la Casa Rosada para pedirle disculpas a Menem por no haber podido evitar que las sospechas se dirigieran a sus allegados, por ejemplo a Monzer al Kassar.

Kollmann dijo que le parecía que había una alianza entre la DAIA, los fiscales (Eamon Mullen y José Barbaccia) y el juzgado (a cargo del luego destituido Juan José Galeano), y que se mezclaban las cosas. Por eso hicieron un viaje juntos a Brasil y (la letrada querellante Marta) Nercellas (defensora de Beraja, que la heredó de Alfredo Yabrán) habló con un imputado, (el policía bonaerense Bautista) Huici, con un equipo de grabación (escondido entre sus ropas) un tema que (tras ser denunciado) llegó hasta el Colegio de Abogados, dónde creo que Nercellas fue absuelta», relató Kollmann.

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Laura Guinsberg en aquel recordado discurso.

Dijo luego que «si bien había un gran clima de disconformidad antes del acto por el aniversario de 1997, me sorprendió el discurso de Laura Ginsberg en nombre de los familiares, que denunció lo que se veía desde el primer día: que los dirigentes de la AMIA y la DAIA tenían una posición blanda y condescendiente y no eran firmes a la hora de exigir respuestas.»

Añadió Kollmann que por la tarde de ese mismo día (18.07.1997) Beraja y otros dirigentes de la cole fueron a pedir disculpas a la Casa Rosada», y que «eso ya fue demasiado» (sic).

También dijo saber que dos años antes, el último poseedor conocido de la Trafic usada como coche-bomba (sic), Carlos Telleldín dijo que declararía si la DAIA garantizaba la seguridad de su familia y (su entonces abogado y hoy juzgado en este debate oral, Víctor) Stinfale se había reunido con Beraja en el Banco Mayo», pero agregó no saber si se habían puesto de acuerdo.

Lejtman, obstinado en pretender que Corach sea nada más que «una fuente»

 

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Corach y Emir Yoma.

Entonces, a mediados de los ’90, Roman Lejtman también era periodista de Página/12. Lejtman volvió a declarar el jueves pasado. La única referencia escrita a su testimonio que encontré fue el publicado por el sitio Fiscales el viernes. Hace 13 años, Lejtman había estado a punto de ir preso al negarse a revelar el nombre del funcionario que lo había instado a escribir un libro con“»la confesión» de Telleldín.

Ahora vuelve a estar en la misma situación.

«Un funcionario del gobierno nacional, sabiendo que íbamos a escribir un libro con Carlos Alberto Telleldín y que el dinero no cerraba, se ofreció a saldar la diferencia, a lo que yo no acepté y el libro no salió», dijo, en resumidas cuentas, hace 13 años Lejtman.

Insólitamente, Lejtman pretextó entonces que dicho funcionario (a todas luces Carlos Corach) era una “fuente”y se obcecó en no revelar su nombre.

En el 2003, por su parte, Kollmann dijo que Lejtman se había entrevistado en la cárcel con Telleldín «para proponerle que escribiera un libro en el que narrara en qué circunstancias le entregó la camioneta (supuestamente utilizada para volar la AMIA) a los bonaerenses».

Jorge Lanata, que entonces la iba de progresista y que hoy no acepta hablar con servicios de menor rango que la CIA, diría que ambos reportaban a la SIDE.

El jueves pasado Lejtman fue algo más concreto. Ya no dijo que «una fuente» vinculada al Gobierno le había ofrecido «completar» el dinero ofrecido como adelanto por la Editorial Sudamericana hasta satisfacer los requerimientos de Telleldín, sino que dijo que dicha «fuente» le había ofrecido todo el dinero, «400.000 pesos/dólares para que haga la edición del libro, con la expresa intención de «desviar la atención hacia la Provincia de Buenos Aires».

Es decir, de quitar la lupa sobre los policías federales que habían colaborado en la ejecución del ataque y reemplazarlos por policías bonaerenses, tirándole el fardo al gobernador Eduardo Duhalde, para entonces ya enconado rival político del presidente Carlos Menem.

Lejtman admitió ahora que «un miembro del gobierno nacional» le ofreció «400.000 pesos/dólares” en el curso de un almuerzo en un restaurante de Puerto Madero.

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Lejtman con Fernando Rubin, gerente general del Banco Hipotecario.

Luego de un breve cuarto intermedio para que los jueces determinen si el testigo debía o no decir de qué funcionario nacional se trataba (una obviedad: se investiga un delito y el funcionario inducía a perpetrarlo) Lejtman, dijo que la idea de editar el libro con la Editorial Sudamericana se había caído luego de una reunión que tuvieron con Victor Stinfale y la editora en la que no se llegó a un acuerdo económico.

Según Lejtman, la idea era hacer un texto con algunos capítulos destinados al estado de la investigación del atentado, y otra parte estaría destinada a un reportaje a Carlos Telleldin. En este sentido, manifestó que vio varias veces al encarcelado reducidor de autos, y que la relación con él fue intermediada por (quien era entonces su abogado) Víctor Stinfale.

Lejtman procuró mejorar su incómoda situación diciendo que «estaba en una constante tensión. El gobierno nacional desviaba la atención a la Provincia de Buenos Aires (…) lo que había que ver era si era una desviación del gobierno, para que no se concentre en ellos la responsabilidad (…) la intención de desviar la atención para involucrar al gobierno de Duhalde». Y agregó: «Lo que el gobierno no quería era una investigación puntual sobre el gobierno sirio».

Decir algo así es «un saludo a la bandera», tirar la pelota afuera. Inmerso en una guerra total en la que los Estados Unidos y sus aliados procuran su destrucción, el gobierno de Damasco, encabezado por uno de los hijos de quien entonces lo presidia, no lo va a desmentir.

En realidad, lo que el gobierno argentina quería evitar, desviando las investigaciones, es que éstas se centraran en algunos argentinos descendientes de sirios que constituían y constituyen el entorno más íntimo del entonces presidente Menem.

Baste recordar que unas pocas horas después del atentado a la mutual judía los investigadores habían llegado al departamento «de soltero» que ocupó Carlos Menem en la calle Cochabamba al 2600 cuando la dictadura le concedió la libertad ambulatoria (durante un tiempo, en libertad vigilada, no había podido alejarse de Mar del Plata). En un edificio en el que también tenían departamentos el médico de Menem, Alejandro «Alito» Tfeli y Julio Argentino Yahía, «El Tío Nosir», un íntimo de Emir Yoma a cuyas oficinas los policías habían visitado primero.

Acaso procurándole darle un último servicio a su «fuente»” gubernamental que tan generosamente la había ofrecido poner en sus manos 400 mil dólares, Lejtman dijo que seguía creyendo que Telleldín le había dado la Trafic (que supuestamente habría servido luego de vehículo-bomba) a policías bonaerenses.

Es decir, pretende, en sintonía con Beraja, el ex juez Galeano y los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia el despropósito que lo que se probó falso en el megaproceso de hace una década, vuelva a ser considerado verdadero.

Por cierto, en el juicio de la AMIA, finalizado hace una década, Antonio Horacio Stiuso dijo, repitió y reiteró hasta el cansancio que aquella camioneta jamás salió de la órbita de Alejandro Monjo y de la Policía Federal con la que aquel estaba asociado en la lucrativa industria de la duplicación o «mellizaje» de automotores.

Acerca de la «fuente»

Las partes se enzarzaron en un encendido debate acerca de si Lejtman debe o no revelar el nombre del alto funcionario gubernamental a quien se obstina en llamar «mi fuente».

El uso y abuso de citar al «Sr. Fuentes» ya fue objeto de burla por el gran Juan Carlos Onetti, recordó el también escritor y periodista canario Juan Cruz. Y es que el «Sr. Fuentes» está más desacreditado que un violador serial de párvulos.

Los fiscales de la UFI AMIA argumentaron que el oficialmente aun ignoto funcionario no era «una fuente» porque convocó a Lejtman para hacerle un ofrecimiento de dinero, y que el derecho a resguardar la identidad no es absoluto y debe caer ante casos excepcionalísimos como éste!. Y recordaron que «El atentado a la AMIA es un delito de lesa humanidad» y que «la Argentina se comprometió a esclarecer los hechos y ya pasaron 21 años».

A juicio de quien escribe es más grave aún. No se trata de establecer cuales son los «casos excepcionalísimos». Si un periodista se reune con una fuente habitual y ésta le propone matar a alguién y ese alguién efectivamente muere asesinado tiempo después, es absurdo que el periodista argumente al ser interroagado como testigo que aquella fue una reunión profesional y que debe reservarse el nombre de su «fuente». Es elemental que el deber cívico de denunciar el crimen en ciernes, prevalece sobre el anónimato de una «fuente» que ha dejado de serlo para mudar a instigadora u «autor intelectual» del asesinato.

Corach citó a Lejtman para proponerle la consumación de un delito: desviar las investigaciones haciendo que Telleldín acusara falsamente a un grupo de policías bonaerenses, es decir metiéndola ex profeso en un callejón sin salida, para solaz de los impunes asesinos.

El Tribunal dispuso un cuarto intermedio hasta el próximo jueves, pero no dio fecha aún de cuando se resolverá si el periodista Roman Lejtman está o no obligado a revelar el nombre de aquel funcionario, concluye el informe de Fiscales.gob.ar.

Lejtman, dicen colegas que lo conocen mejr que yo, estaría dispuesto a ir preso unos días, incluso algunas semanas, con tal de no pronunciar el nombre de Corach.

Vinculado desde comienzo de los ’90 a Eduardo Menem y José Luis Manzano entre otros políticos que entonces revistaban en el sector «celeste» del gobierno menemista, Lejtman tiene en común con Corach, entre otras cosas, su estrechisima relación con la Embajada de Israel.

Comentarios (3)

  1. Caio

    La nota es muy buena. De Lejtman había leído un libro que creo se llama Yomagate (sobre las samsonite llenas de dinero de la droga) y algunas buenas notas en Pag.12. Ahora es afin a Macri o por ahí. ¿Lo hace porque quiere salvarse de la cana o porque actualmente mutó a reaccionario?

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    1. Alberto Mazzeo

      Por lo que puedo entender este muchacho parece q siempre estuvo al «servicios’de la embajada.
      En su momento desviando la atención en cuanto a Como y quien voló la AMIA y ahora sigue siendo consecuente
      La AMIA y el gobierno estan de acuerdo en como llevar la investigación.
      De servicios y otras yerbas

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  2. Pingback: AMIA – NISMAN / SCOOP-NOTICIA BOMBA: Menem ordenó liberar a claros partícipes de la voladura de la mutual judía, afirmó Roman Lejtman | Pájaro Rojo

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