EL MITO DEL GOLPE INCRUENTO. Una investigación inédita del Estado revela que el golpe que depuso a Peron le costó la vida -al menos- a 156 personas

Los trolls al servicio del Gobierno lanzaron esta convocatoria. Tras reparar que el 16 de septiembre también coincide con la Noche de los lápices, y que la represión que están sufriendo los adolescentes haría que la movida le supiera a chiste macabro a gran parte de la sociedad, debaten si pasar la cita para el sábado 23, cuando se cumpliránn 62 años de la asunción del general Lonardi, El Breve.

Una investigación histórica realizada por el Archivo Nacional de la Memoria (ANM), es decir, por el Estado nacional, logró establecer que el golpe cívico-militar-eclesiástico que comenzó el 16 de septiembre de 1955 y concluyó formalmente una semana después cuando el general Eduardo Lonardi asumió la Presidencia, lejos de haber sido muy poco cruento, como afirmaron los vencedores, tuvo un saldo de al menos 156 muertos (que, como se verá, pueden haber sido unos cuantos más), es decir más de la mitad que los que produjo el bombardeo de la Casa Rosada y la Plaza de Mayo que lo precedió exactamente tres meses antes, y que según una exhaustiva investigación anterior del equipo de investigación histórica del ANM tuvo como saldo luctuoso 308 muertos y más de un centenar de mutilados.
Según el sitio web del ANM, fue luego de la publicación en forma de libro de la investigación sobre el bombardeo de la Plaza de Mayo (hecho que según muchos especialistas inició el Terrorismo de Estado en nuestro país) y a consecuencia de dicha investigación que “permitió identificar a cada una de las víctimas, así como lograr una reconstrucción pormenorizada de los hechos, sus autores materiales y las complicidades civiles de aquella luctuosa jornada” que se decidió abordar “un nuevo desafío: el abordaje de los sucesos en torno al derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón en septiembre de 1955” porque “echar luz sobre estos acontecimientos tan significativos de nuestra historia es una responsabilidad y un compromiso asumido por el Estado nacional como parte de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia”.

Ramón Torres Molinas, ex presidente del ANM.

La realidad fue menos lineal. Publicado aquel libro (del que fui corresponsable de la versión final junto a Ricardo Ragendorfer) propuse junto a Gogo Morete que continuáramos investigando el golpe que había depuesto a Perón puesto que si el bombardeo de la Plaza de Mayo había dado pábulo a relatos tan exagerados que hablaban de “miles de muertos”, el alzamiento cívico-militar-eclesiástico contra las autoridades legítimamente constituídas había prohijado un mito de signo contrario: que el peronismo se había desplomado sin luchar carcomido por sus disensos internos, y que los golpistas se habían hecho con el poder casi sin haber derramado sangre.

Sin embargo, la propuesta de Morete y de quien escribe fue entonces dejada de lado, y tras largos cabilldeos y a instancias del recientemente fallecido Carlos Flaskamp, se decidió encarar un estudio sistemático del Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado) puesto en ejecución de manera secreta por el presidente Arturo Frondizi a fines de 1958 para enfrentar a la creciente resistencia peronista, plan que se ejecutó hasta agosto de 1961 y que prefiguró en variados aspectos a la cruenta represión desatada por el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, es decir la última, genocida, dictadura.

Eduardo Luis Duhalde, secretario de DDHH hasta su fallecimiento e impulsor de las investigaciones históricas.

Recién luego, por insistencia de Morete y con el decidido apoyo de quienes eran entonces las autoridades del ANM, Ramón Torres Molina (presidente) y Carlos Lafforge (secretario ejecutivo) encaró la investigación del golpe de septiembre de 1955 un equipo formado, además de Morete, por Rafael Cullen, Mariano Fatala y Marcelo Gil, contando con la notable contribución de Arturo Oviedo desde la ciudad de Córdoba, dónde las autoridades -gorilas como en 1955- escamotearon su colaboración (de modo que es posible que la cifra de muertos en Córdoba , que hasta ahora ha sido de más de la mitad de los 156 fallecidos de los que se cuenta con la partida de defunción sean bastante más).

Hoy, Horacio Verbitsky publicó un adelanto de la investigación que permanece inédita. No se publicó como libro porque el ANM depende de la Secretaría de Derechos Humanos y el cordobés Martín Fresneda (nombrado por Cristina Kirchner secretario de Derechos Humanos en reemplazo del fallecido Eduardo Luis Duhalde) nunca habilitó los fondos para ello, y sigue en esa situación porque, como resulta obvio, el secretario de Derechos Humanos del gobierno amarillo Claudio Avruj tiene nulo interés de que se publique una obra que pone en evidencia una vez más la tremenda violencia desatada contra el pueblo y los gobiernos de raigambre popular a lo largo de la historia de nuestra joven nación.

Vale recordar que tanto el jefe de la sublevada Flota de Mar con base en Puerto Belgrano, el vicealmirante masón Isaac Francisco Rojas como el general católico integrista Dalmiro Videla Balaguer, que encabezó la rebelión en Córdoba, habían recibido la medalla de la Lealtad Peronista. Y que el primero bombardeó las destilerías de YPF en Mar del Plata y seguidamente amenazó con hacer lo mismo con la de La Plata -a la que se tiene como la obra más onerosa de los gobiernos de Perón, lo que sumió a éste en una honda congoja) y el segundo asaltó el Departamento de Policía de Córdoba, el lugar donde se registraron más víctimas.

Ahora si, los dejo con Verbitsky. Hay un par de comentarios míos en rojo.

Reunión Nacional de Investigadores del ANM, 2014.

Subjetividad, historia y política

Una investigación del Archivo Nacional de la Memoria sobre el alzamiento cívico-eclesiástico iniciado el 16 de septiembre de 1955, al que luego adhirieron militares retirados, documentó al menos 156 víctimas fatales. Ocho de cada diez argentinos no habían nacido cuando se produjo ese golpe, entre ellos el actual presidente. Una excepcional colección de fotografías muestra la subjetividad de sus protagonistas y ayuda a reflexionar sobre cuán profundo se hunden las raíces de nuestro presente.
Imagen: Jorge Schneider

 

El sábado próximo se cumplirán 62 años del alzamiento cívico-eclesiástico contra el gobierno del presidente Juan Perón, al que días después adhirieron también grupos militares, bajo la jefatura del general retirado Eduardo Lonardi. La contraseña de los complotados fue Dios es Justo y en los tanques y aviones de los que lograron apoderarse pintaron una cruz dentro de la letra V, que se leía como Cristo Vence. Las acciones iniciadas el 16 de septiembre de 1955 en Córdoba, prosiguieron hasta el 21 y culminaron el 23 con la asunción de un nuevo gobierno, que se autodenominó Revolución Libertadora. El jefe golpista repitió una frase histórica, que Urquiza había pronunciado un siglo antes al concluir la batalla de Caseros: “Ni vencedores ni vencidos”. La repitió después de la batalla de Cepeda, en la que derrotó al separatismo porteño. “Declaré que el triunfo era de la Nación, no de un partido. Era una victoria sin derrota. Era el precursor en la reconciliación de la familia argentina, el emblema de la fusión política, la voz de la civilización cristiana y el lema de la igualdad ante la ley”.

Jorge Schneider

Apenas pasó un mes y medio hasta que Lonardi fue desplazado por el general Pedro Aramburu, que ilegalizó partidos políticos y asociaciones profesionales de trabajadores y pasó a docenas de opositores por las armas. El presidente Maurizio Macrì aún no había nacido, igual que el 82,6 por ciento de la población del país en 2016 (según la Encuesta Permanente de Hogares), que sin participación alguna en los hechos no pudieron escapar a sus consecuencias, que aún se sienten en los virulentos debates de la política actual.

Un grupo de cinco investigadores del Archivo Nacional de la Memoria (entre ellos Carlos Hugo Morete, a quien todos llaman Gogo, y Rafael Cullen) investigó en archivos públicos y privados lo acontecido en aquella semana de septiembre de 1955 y estableció que hubo no menos de 156 víctimas. Hasta ahora se conocía que más de 300 personas fueron asesinadas en los bombardeos de la Fuerza Aérea y la Armada del 16 de junio de ese año, pero se daba por supuesto que el golpe de septiembre había producido pocas bajas. Los investigadores remontan la escalada de violencia al retiro de la oposición de la Convención Constituyente de 1949, con argumentos que consideran contradictorios entre sí y que podrán analizarse en profundidad cuando se publique el trabajo.

Durante la tarea identificaron 156 muertos “producto de los enfrentamientos entre fuerzas defensoras de la legalidad y golpistas y de la represión a las protestas. Ese número fue confirmado a través de actas de defunción, registro y archivos de Fuerzas Armadas pero podría ser mayor, ya que la investigación sigue en curso y no fue posible acceder a archivos policiales. Otros fueron destruidos. En Rosario existen testimonios e información periodística sobre decenas de víctimas de la represión  militar, pero hasta ahora no pudieron contrastarse con fuentes documentales. De esas 156 víctimas se verificaron 107 en Córdoba, capital y provincia; 28 en Buenos Aires, capital y provincia; 16 en Ensenada, y 5 en Santa Fe, de las cuales 4 en Rosario y una en Reconquista. Las dificultades fueron aun mayores en Córdoba. El primer muerto fue un suboficial de la Policía Federal asesinado en la madrugada del 16 por un grupo de civiles en el barrio de Belgrano, según consta en el acta de defunción (su apellido era Altamirano y lo mató un comando civil que entre otros integraba Marianito Grondona). En Córdoba, la mayor cantidad de muertos se produjo en el ataque del ejército golpista a la Jefatura de Policía legalista. En el Río de La Plata, 6 de los muertos fueron producto del bombardeo de la Armada al barrio Campamento de Ensenada, dos soldados del Regimiento 7 de La Plata legalista, dos policías de la provincia de Buenos Aires que enfrentaron a los marinos junto con los vecinos, un dirigente ferroviario que se quedó a atender a los soldados y otro vecino que murió de un síncope en la evacuación del barrio.

Jorge Schneider

 

Las fotos desconocidas que acompañan esta nota fueron tomadas por Jorge Schneider. Este fotógrafo documentalista, que también fue músico, consideraba que Perón dividía a la sociedad argentina, pero no participó en los comandos civiles. Su hijo Hernán, que trabajó en el Departamento de Cine de la Universidad Nacional de Córdoba, fue detenido en 1975 y marchó al exilio al año siguiente, donó las fotos al miembro cordobés del equipo de investigación (Arturo Oviedo). Esas tomas restituyen el clima de un momento decisivo de la vida política del país. Algunas evocan imágenes de la guerra civil española, cuyo recuerdo indujo a Perón a no dar combate y explica su frase histórica sobre el tiempo y la sangre; otras parecen tomadas en los días de la liberación de París de la ocupación nazi. Todas muestran la subjetividad de sus protagonistas, y ayudan a reflexionar sobre algunas corrientes de la sociabilidad argentina que se prolongan hasta hoy. O sobre cuán profundo se hunden las raíces de nuestro presente.

Jorge Schneider

 

La investigación comprendió las cajas correspondientes al año 1955 en el Archivo de la Cancillería Argentina; los Diarios de Guerra de 1955 del Comando en Jefe del Ejército y el Comando en Jefe de Represión; los libros históricos del año 1955 de los Comandos de Ejército II, IV y V; los regimientos de Infantería de Ejército 3, 7, 11, 12,  14; las escuelas de Infantería y Artillería de Córdoba; el  Regimiento de Artillería 2 de Villaguay; los de Caballería 1 y 2; la  Agrupación Blindada “A”; los destacamentos 4 de Mendoza, 5 de Neuquén y 12 de Iguazú, la Escuela Antiaérea de Mar del Plata; el Fondo Documental del almirante Isaac Rojas, en el Archivo General de la Armada; los libros de actas de defunción de las provincias de  Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; los cementerios de la  Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Chacarita), La Plata, Rosario, Avellaneda y Córdoba; los expedientes presentados ante la Dirección de Gestión de Políticas Reparatorias de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, por el acogimiento a la Ley 26.564; los diarios de la época de la Capital Federal, La Plata, Rosario, Córdoba; las revistas Esto Es (Nº 93, Tercer Año); La Gesta Revolucionaria en Córdoba (Publicación inédita, Septiembre de. 1955); “Nosotros los Muchachos” (Número Extraordinario, Septiembre 1955); la  Fototeca del Archivo General de la Nación, los archivos históricos de las provincias  de Buenos Aire y Córdoba y el Archivo audiovisual del archivo Nacional de la Memoria.

Luego de convocar por las redes antisociales a una manifestación de apoyo a Macrì para el sábado 16, el oficialismo la postergó una semana para que no coincidiera con el aniversario. No todos estuvieron de acuerdo. De todos modos, el 23 de septiembre asumió Lonardi.

Jorge Schneider

Comentarios (4)

  1. Claudia

    Estimado Salinas: mi padre trabajo en la Secretaria de Prensa y Difusión (se agarraba literalmente a trompadas con Apold, aclaro) hasta la Libertadora misma, cuando fue detenido en el Comando en Jefe del Ejército donde había sido “invitado” junto a su nuevo jefe León Bouche para quedar inmediatamente incomunicados tras presenciar involuntariamente el arribo de un aviador de Cordoba que contaba los progresos efectivos de la revolucion.
    Mi padre sostiene hoy día (tiene lúcidos 96 años) que los muertos del bombardeo de Plaza de Mayo en junio no fueron 356 como se dice sino más de 1000 porque tuvo ante si la caja con fotografías tipo carnet de los muertos reconocidos (no los desmembrados) que el propio Mayor
    Renner le mostró. El cálculo surge de la cantidad de columnas con fotos apretadas en esa caja. En la década de 1960 Roberto Maidana, para Canal 13 , fue el único que se animo con ese tema para lo cual entrevisto a mi padre. Nunca fueron 356. Fueron muchos mas. Que vergüenza que el Peronismo todavía no tenga cojones para blanquear a sus muertos. Claudia Serra.

    1. Juan José SalinasJuan José Salinas (Publicaciones Autor)

      Participé activamente en la investigación del ANM y revisé personalmente las partidas de defundión de TODOS los muertos de esos días (16,17,18 y hasta el 20) y revisando en los libros de los cementerios buscando todos los que habian muerto por heridas y habían sido inhumados esos días, y no hay constancia de que haya habido más que 308 muertos (no 356). Es posible que haya habido algunos poco más… pero nada mas.

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  3. adhemarprincipiano

    Aun yace la contra historia de la republica, en la tumba . Un dia dejaremos de ser colonia en estado dependiente.

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