ESPAÑA – ONU. Lo que dijo el presidente Pedro Sánchez en la Asamblea General me tocó el alma
Estoy emocionado y tengo miedo de meter la pata y mostrar la hilacha. Digo, la envidia. Mi abuelo Constantino, el prócer de la familia, decía que no veía contradicción entre ser alsasuarra, navarro, vasco y español. Yo no llegó a tanto pero en cuanto criollo no sólo no reniego de mi costado ibérico sino que tengo en alta estima mis años de exilio en Barcelona. Todo esto viene a cuento de lo mucho que me gustó –en comparación con los de Trump y Milei– el discurso del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Y, también, los comentarios que hizo sobre el mismo el colega Alan Barroso, con los que estoy en un todo de acuerdo. Sé bien que del dicho al hecho hay mucho trecho, pero a pesar de mi aquilatada desconfianza en el Partido Socialista Obrero Español, que tiene poco de socialista, menos de obrero, y de español según quien ejerza su liderazgo (pienso en el tartufo de Feli-pillo, vendido en cuerpo y alma a los globalistas), pero aún así, me parece que Sánchez pronuncio palabras sentidas. Probablemente la burricie fascista de Vox y su energuménico cabecilla, Santiago Abascal, lo hayan radicalizado y devuelto a las raíces del socialismo español, fundado por el gallego y obrero gráfico marxista Pablo Iglesias.
Escribo sabiendo que quedaré a tiro de comentarios irónicos. Recuerdo a los compañeros bien intencionados que durante el gobierno de Raúl Alfonsín llenaron las calles de mi ciudad con afiches que decían: ¡Ay, Patria mía dame un presidente como Alan García! Aun así, y aunque corro el riesgo de que mañana se me lo reproche, el discurso de Sánchez merece ser oído y meditado.
envidia
